Liahona Septiembre 2021

Solo en formato digital: Retratos de Fe

Ya no tenemos miedo

Por Christie Jamison, Alabama, EE. UU.

Estábamos destrozados cuando a nuestro hijo se le diagnosticó cáncer, pero su enfermedad condujo a grandes bendiciones para nuestra familia.

Me crié en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero dejé de asistir la Iglesia cuando era adolescente después de que mi familia se mudara de Alabama. Más tarde, me mudé a California, donde trabajé y estudié. Allí conocí a Patrick. Seis semanas después, nos comprometimos.

Al casarnos y comenzar a tener a nuestros hijos, comprendimos que era esencial que entendieran la importancia de la fe y la religión. Queríamos que eso fuera parte de nuestra familia.

Nos convertimos en lo que llamamos “feligreses de vacaciones” y visitamos muchas iglesias. Probamos esta por aquí y la otra por allá, pero nunca nos sentíamos bien.

En 2012 viajamos a Alabama para volver a conectarme con los miembros de mi familia. Nos enamoramos de la zona donde vivía cuando era niña. Así que nos mudamos allí en 2014, compramos algunas tierras y animales, y comenzamos a cultivar y vender productos.

“¿Por qué no he sido bautizado?”

Una mañana, nuestro hijo de siete años, Jesse, entró en nuestra habitación con una Biblia ilustrada para niños.

“Mamá, mira esta lámina de Jesús”, dijo. “Se está bautizando. ¿Por qué no he sido bautizado?”.

Todos los niños leyeron esa Biblia que les encantaba, y todos empezaron a hacer preguntas similares: “¿Por qué no tenemos una Iglesia? ¿Cuándo nos van a bautizar?”.

Más o menos al mismo tiempo, comenzamos a hacer caramelos con leche de cabra y a venderlos en los mercados de agricultores locales. A las personas les encantaban y nuestro negocio tuvo mucho éxito. Para ese otoño, estábamos vendiendo nuestros caramelos en unas 30 tiendas. Para junio de 2015, fuimos a un mercado internacional importante en Atlanta y agregamos unas cien tiendas. Al poco tiempo, estábamos en la televisión y en un par de revistas.

Estábamos haciendo caramelos a tiempo completo antes de ese otoño. Fue entonces cuando las cosas dieron un giro en nuestra vida.

“Prepárense para una larga estadía”

Tenía lo que pensé que siempre había querido en la vida: un negocio agrícola en el que trabajaba con mi familia y enseñaba a mis hijos sobre la vida por medio de una granja. La gente tenía esta hermosa imagen de nuestra familia trabajando unida, pero estábamos pasando por grandes dificultades.

Estábamos ignorando a los niños para hacer que el negocio funcionara. Nuestro matrimonio no estaba recibiendo atención. Estábamos tratando de hacer demasiado. Nuestras prioridades no eran claras. No teníamos una base espiritual. No teníamos al Padre Celestial que guiara nuestra vida. Solo estábamos tratando de hacer todo solos.

Ese otoño, todos los niños enfermaron de faringitis estreptocócica. Les dimos antibióticos y pronto todos se recuperaron excepto Jesse. Su tos no se iba y se le hinchaba el cuello. Pat lo llevó al pediatra por lo que pensábamos que sería un segundo antibiótico.

Dos horas después, Pat llamó del hospital. El pediatra había remitido a Jesse allí para que le hicieran una radiografía y verificar si había infección en sus pulmones. En lugar de ello, los médicos le encontraron un tumor de 11 pulgadas (unos 30 centímetros) en el pecho.

“Regresen a casa, alisten a su familia, vayan a Birmingham y prepárense para una larga estadía”, dijo el médico.

Unos días después de llegar al hospital infantil de Birmingham, recibimos el diagnóstico de Jesse. Tenía leucemia linfoblástica aguda pediátrica, un tipo poco común de leucemia agresiva.

“¿Te acuerdas de mí?”

Durante las tres semanas siguientes, Pat y yo vivimos en el hospital. Mientras yo cuidaba a Jesse, Pat hacía el viaje de 90 minutos de ida y vuelta de nuestra casa al hospital. Trató de mantener nuestro negocio en marcha y cuidar de nuestras cabras. Mi suegra vino de California y se quedó con nuestros otros hijos.

El tumor de Jesse había comenzado a cerrarle las vías respiratorias, pero se redujo después de seis semanas de quimioterapia. Pensábamos que una vez que el cáncer entrara en remisión, las cosas serían más fáciles, pero luego Jesse tuvo un coágulo de sangre en el cerebro. Después de que los médicos lo trataron, contrajo neumonía fúngica. Estuvo entrando y saliendo del hospital siete veces durante los siguientes meses.

En diciembre de 2015, mientras Jesse estaba nuevamente en el hospital, comencé a leer el Libro de Mormón. Pensé: “Dejé de ir a la Iglesia y solo quiero descartarla como he descartado todas las demás iglesias”. Pero de inmediato, tuve una fuerte impresión, una paz plena. El libro me habló. Ni siquiera tuve que orar para saber que era verdad. Desde el principio supe, en mi corazón, que era verdadero. Leía durante horas sentada en esa habitación del hospital.

Un día, Jesse tuvo fiebre muy alta que continuó por 10 días. La fiebre no cedía y los médicos decidieron que debían hacer una biopsia de médula ósea para ver si la leucemia había regresado. Recuerdo que estaba acostada en el suelo del hospital. Había tocado fondo. En ese momento decidí llamar a Elaine Oborn, una miembro de nuestro barrio de cuando yo era niña en Alabama.

La hija de la hermana Oborn había sido mi mejor amiga. Aunque no había hablado con la familia Oborn durante veinte años, no podía dejar de pensar en Eliane. La busqué en Facebook y allí, desde el suelo del hospital, la llamé.

“¿Te acuerdas de mí?”, le pregunté.

“Los ángeles vienen por nosotros”

Después de explicar lo que estaba pasando en nuestra familia, le dije a la hermana Oborn: “No sé lo que necesito, pero necesito algo. No estoy activa en la Iglesia. Ni siquiera tenemos una iglesia, pero sigo pensando en ustedes. Por favor, ¿puedes ayudarme?”.

“Podemos comenzar por darles una bendición a ti y a Jesse”, dijo ella. Dijo que su esposo, Lynn, iría al hospital esa noche.

Después de la llamada, le dije a Pat: “Sé que no eres miembro de la Iglesia, pero ¿podemos pedir a algunos hombres que vengan a darle una bendición a Jesse?”.

“Lo que sea necesario para que se sienta mejor”, dijo.

Esa noche, llegó el hermano Oborn con dos misioneros de tiempo completo, todos vestidos con ropa blanca de protección médica porque Jesse estaba muy enfermo.

“Los ángeles vienen por nosotros”, recuerdo haber pensado al abrir la puerta.

Le dieron una bendición a Jesse. Luego, el hermano Oborn hizo que todos los niños formaran una fila y les dio una bendición a cada uno de ellos. Luego él me dio una bendición. Después le dio una bendición a Pat. Esa fue una de las primeras experiencias en la que todos sentimos el Espíritu. Fue algo impactante. Al día siguiente, a Jesse le bajó la fiebre. Tan pronto como fue dado de alta del hospital, comenzamos a asistir a la Iglesia.

“La encontramos”

En febrero de 2016, los misioneros de tiempo completo comenzaron a visitarnos. Al principio, Pat pensó que venían a ayudar en la granja. Cuando aceptamos una invitación para que nos enseñaran, pensó que las lecciones serían solo para los niños.

Mientras los misioneros se preparaban para enseñarnos su primera lección, Pat salió a trabajar en el tractor. Después de unos 20 minutos, me di cuenta de que ellos —dos hermanas y dos élderes— estaban desanimados. En ese momento, sentí que debía buscar a Pat y pedirle que fuera a escucharlos por unos minutos.

Más tarde, los misioneros me dijeron que habían estado orando para que yo hiciera eso. Ellos sabían que Pat necesitaba escuchar lo que estaban enseñando.

Después de que los misioneros nos enseñaron durante varias semanas, Jesse, Bo y Frank querían bautizarse. Pat pensó que eso era maravilloso, pero sintió que él estaba “más allá de la salvación”. Eso fue antes de conocer a Von y a Glenda Memory y escuchar al élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, hablar durante la conferencia general.

Cuando vimos al hermano Memory en la Iglesia, lo reconocí de cuando era niña. Ahora prestaba servicio como líder misional de barrio. Pat se presentó y le dijo al hermano Memory que realmente quería la Iglesia para nuestros hijos.

“Eso suena bien”, dijo el hermano Memory con brillo en sus ojos. “Lo haremos por los niños”.

Unas semanas más tarde, al terminar una lección de los misioneros sobre el Plan de Salvación, el hermano Memory dijo: “Muchachos, vamos a hablar de su bautismo”. Luego agregó: “Y después vamos a hablar del bautismo de su papá”.

Pat dijo que estaba bien, pero sus dudas en cuanto a su preparación y dignidad persistieron hasta la conferencia general de abril.

“Es posible que tengan temor, estén enojados, apenados o que las dudas los torturen”, dijo del élder Uchtdorf en su discurso. “Pero así como el Buen Pastor encuentra a Su oveja perdida, si solo elevan su corazón al Salvador del mundo, Él los encontrará”1.

Pat dijo: “Antes de eso, no se me había ocurrido que realmente podría ser parte de esto, que era digno de salvación. Pero después de escuchar al élder Uchtdorf, me di cuenta de que no era demasiado tarde para mí. De hecho, tengo una oportunidad de llegar al cielo. Nunca había sentido algo así. De allí en adelante lo supe. Esta es la Iglesia del Salvador; la encontramos. Me bauticé y recibí el sacerdocio. Una semana después bauticé a mis hijos. Cuando nuestras niñas tuvieron la edad suficiente, las bauticé”.

Un año después, nos sellamos en el Templo de Birmingham, Alabama.

“Ya no tenemos miedo”

Vivir el evangelio de Jesucristo como miembros de Su Iglesia ha fortalecido nuestro matrimonio. Me ha hecho una mejor madre. Ha dado a nuestros hijos un fundamento que nunca habrían tenido. Confiamos en su futuro, ahora que tienen la Iglesia en su vida.

Estoy muy agradecida por todo lo que ha sucedido y por todas las lecciones que he aprendido. Creo que era importante para mí pasar por muchas cosas, mucha angustia mental. Tenía que ser humilde, sentirme desesperada por la ayuda, el amor y el perdón de Dios, y perdonarme a mí misma por las ofensas que había cometido antes en mi vida.

Jesse completó la quimioterapia y su último ciclo de esteroides en marzo de 2019. Nos sentiríamos deshechos si su cáncer reapareciera, pero ahora tenemos una perspectiva eterna. Ya estamos sellados como familia. No puedo imaginar no tener la Iglesia como mi refugio para todo. El Evangelio nos ha cambiado para siempre.

Pase lo que pase, todo va a estar bien. Ya no tenemos miedo. La enfermedad de Jesse dio lugar a lo mejor que nos ha pasado. Nos llevó a la Iglesia del Salvador.


  1. Dieter F. Uchtdorf, “Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa”,Liahona,mayo de 2016, pág. 104.
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