Liahona Septiembre 2021

Mensaje del Área del Caribe

“Estar preparados”:
línea por línea, precepto por precepto

Por el élder Kevin G. Brown
Setenta de Área

Tenía 12 años cuando el Huracán Gilbert, un huracán de categoría cinco, azotó Jamaica1. Recuerdo estar en una reunión de la Iglesia unos meses antes cuando un mensaje del presidente Ezra Taft Benson, entonces Presidente de la Iglesia y el amado profeta de mi infancia, invitó a los santos a prepararse para las emergencias a través del almacenamiento de agua y alimentos, evitar deudas y ahorrar tanto como fuera posible. En mi familia, tratar de almacenar alimentos parecía imposible y, para un niño de 12 años, simplemente no parecía importante. Además, en el momento en que llegó el mensaje, no había necesidad inmediata de prestar atención a ese consejo.

La mañana en que se esperaba la llegada del huracán, fui a la escuela. Estaba lloviendo y cuando llegué a la puerta de la escuela, estaba cerrada con llave y el guardia de seguridad les decía a todos los estudiantes que se fueran a casa. Su pregunta para todos nosotros fue: “¿No vieron las noticias?” Fue mi primera experiencia con un huracán y una que nunca olvidaré.

Esa noche, durante la turbulencia del huracán con vientos aulladores y techos estrellándose, mi familia oró, se abrazó y lloró. Recuerdo que teníamos en casa una pareja visitándonos de Canadá. La mujer lloraba en los brazos de su esposo preguntándose por qué habían viajado a Jamaica para morir.

La luz de la mañana siguiente dejó en claro que el huracán Gilbert fue el peor que Jamaica había experimentado en mucho tiempo. Causó estragos en nuestro país y muchos hogares quedaron sin electricidad, agua y alimentos básicos durante semanas. En mi casa habíamos hecho los preparativos mínimos y estábamos entre los muchos que deseaban poder conseguir pan, hielo, carne o galletas saladas. Anhelaba un trago de agua fría o una buena rebanada de pan caliente. Me preguntaba si alguna vez dejaríamos de comer carne y sardina enlatada. Tuvimos muchas noches oscuras porque las velas escaseaban y los lugares para comprar aceite para lámparas eran como campos de batalla.

Comparto esta historia de mi infancia porque escuché a mi abuela y a muchos miembros de la Iglesia testificar en las semanas posteriores a este terrible desastre que recordaban haber escuchado, cuando la carta del profeta fue leída en la reunión sacramental sobre prepararse y todos expresaron su pesar por no haberlo hecho. Aunque fue una lección difícil de aprender, también fue edificante para el testimonio porque todos los presentes declararon su conocimiento seguro de que estábamos siendo guiados por profetas y apóstoles que sabían cómo guiarnos. Para un niño de 12 años que acababa de experimentar algo inolvidable, esos testimonios penetraron en mi corazón y decidí entonces prestar atención a las advertencias de los profetas.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Algunos miembros de la Iglesia opinan que los planes y suministros de emergencia, el almacenamiento de alimentos y los kits de 72 horas ya no deben ser importantes porque las Autoridades Generales no han hablado recientemente y de manera extensa sobre estos y otros temas relacionados en conferencia general. Sin embargo, durante décadas, los líderes de la Iglesia han proclamado repetidas advertencias para que nos preparemos. La constancia del consejo profético a lo largo del tiempo crea un potente concierto de claridad y un volumen de advertencia mucho más fuerte que el que pueden producir las actuaciones de un solista”2.

El Señor declaró: “si estáis preparados, no temeréis”3. Esto es tanto una invitación como una promesa. Es una declaración del Señor de que, si hacemos nuestra parte, Él nos protegerá y al menos podremos actuar sin pánico, miedo ni duda.

Hay varias formas en que podemos estar preparados para el futuro, línea por línea y precepto por precepto4.

  1. Preparación espiritual:edificar el testimonio, hacer y guardar convenios sagrados, asistir al templo, hábitos espirituales diarios como el estudio de las Escrituras, la oración, el arrepentimiento y el servicio.
  2. Preparación física:actividades educativas, mochila de emergencia, almacenamiento de alimentos y agua en el hogar, jardinería doméstica, el ahorro, reducción de deudas y construcción de relaciones familiares cercanas.

Hermanos y hermanas, por favor comprendan que no se espera que logremos cada área de preparación de la noche a la mañana. De hecho, el viaje para lograr prepararnos en cada área es tan importante como el destino en sí. El Señor nos invitó a no correr más aprisa de lo que nuestras fuerzas nos permitan y a hacer todas las cosas con sabiduría y orden5.

Mirando hacia atrás, he reconocido que la mentalidad que tenía cuando era niño, de no tener lo suficiente para hacer lo que se nos pedía, era una excusa. El Señor nos invita a preparar todo lo necesario6. En esa sencilla invitación no debe faltar nada. Preparamos un poco de todo lo necesario hasta que tengamos suficiente y tengamos una casa que pueda describirse como una casa de Dios. Con mis responsabilidades como padre, proveedor y poseedor del sacerdocio, me tomó diez años lograr la meta de un primer grado que, como norma, tomaría cuatro años. Sin embargo, logré el objetivo y estuvo bien.

El hermano Ashton García de la Estaca Puerto España, Trinidad, compartió su experiencia al prepararse línea por línea. Dijo que cuando su esposa se desempeñaba como presidenta de la Sociedad de Socorro, recibió revelación personal después de leer las palabras del presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) para comenzar a almacenar alimentos7. Aprendieron lecciones valiosas de seguir al profeta, iniciar un huerto, almacenar frutas y verduras, administrar un presupuesto y utilizar los recursos con prudencia. Él compartió que “a medida que avanzábamos con fe y seguíamos los mandamientos del Señor, Él nos guio con revelación línea por línea sobre cómo actuar y ser obedientes. Recibimos paz del Espíritu al saber que estábamos preparados y al guardar los mandamientos”.

Mientras preparamos todo lo necesario, tendremos la alegría de saber que para “Él, la dirección en la que vamos es mucho más importante que nuestra velocidad”8. Hermanos y hermanas, permanezcan en el camino de la preparación. No renuncien al proceso. Testifico que el Señor ama el esfuerzo9, tal como lo enseñó nuestro amado profeta, el presidente Nelson, quien también nos invitó a prepararnos ahora para sobrevivir espiritualmente en los días venideros10. El Señor, nuestro Redentor, se preparó para los deberes y responsabilidades más difíciles que conoce el hombre; y mientras se preparaba, crecía “en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”11. En el nombre de Jesucristo. Amén.


  1. Véase https://www.history.com/this-day-in-history/hurricane-gilbert-slams-jamaica
  2. David A. Bednar, “Con esto los probaremos”, Liahona,nov. de 2020, pág. 9.
  3. Véase Doctrina y Convenios 38:30.
  4. Véase Isaías 28:10, 13.
  5. Véase Mosíah 4:27.
  6. Véase Doctrina y Convenios 88:119.
  7. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball[2006], 117–118.
  8. Larry R. Lawrence, “¿Qué más me falta?”, Liahona,nov. de 2015, pág. 35.
  9. Joy D. Jones, “Un llamamiento especialmente noble”, Liahona,mayo de 2020, pág. 16.
  10. Russell M. Nelson, “Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas”, Liahona,mayo de 2018, pág. 96.
  11. Véase Lucas 2:52.
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