Liahona Septiembre 2021

El Señor nos ayuda a vencer los desafíos
cuando realizamos Su obra

Por Luis Rojas Silva
Estaca Las Américas, Nicaragua

Si les falta fe o fuerzas para seguir adelante, supliquen a Dios y Él pondrá el medio para que puedan realizar todo lo que sea necesario.

En las tierras de Taquincó, La Esperanza, en la aldea cercana a Sajonté, correspondiente a Chulac, Alta Verapaz, Guatemala, me encontraba en mi séptima semana en la misión; con mi compañero pensamos que la familia Che no iba a poder progresar en su camino para realizar las ordenanzas con nuestro Padre Celestial.

La familia Che fue una referencia que recibimos de parte de un miembro de la Iglesia, el hermano Cucul. En la familia del hermano Cucul solo él era miembro, su esposa y tres hijos aún no. También a ellos deseábamos ayudarles en su progreso.

La primera cita con la familia Che

Era mi primera semana en la misión. Con mi compañero, el élder Flores, nos dirigimos por primera vez hacia Taquincó, La Esperanza. Recuerdo perfectamente ese día; había sol intenso de mediodía y caminábamos entre la montaña, en medio de un camino de lodo. Llegamos a la casa del hermano Che, junto con el hermano Cucul, para poder compartir un mensaje. Me encontraba aprendiendo el idioma Q´eqchi y tan solo podía decir unas tres frases. Ya de regreso, como si fuese otro día porque el clima cambió, una fuerte tormenta nos acompañó durante todo el camino. A esas alturas no sabía si estaba agradecido por no tener tanto calor o porque la lección no hubiese sido un desastre. Recuerdo mis lágrimas por no haber podido entender la lección y de lo cansado que me encontraba, pero el espíritu que sentimos en la casa de la familia Che aún lo conservo.

Los desafíos

La familia Che cumplía con los compromisos de orar y leer las lecciones, también participaban de la lectura en familia; pero tenían un inconveniente, no lograban asistir a la capilla debido a la gran distancia. Al mismo tiempo, yo todavía era un misionero tratando de aprender un idioma por mi cuenta, suplicando el don de lenguas para poder decir las cosas correctas. Muchas veces durante el trayecto de ese primer cambio, consideré que quizás no era el lugar para mí.

Buscamos al Señor y nos concedió el milagro

Volviendo a la séptima semana de misionero, tenía otro compañero, el élder Tims; aún la familia Che no había asistido a la Iglesia, un desafío grande para que ellos pudieran realizar su convenio bautismal. En ese momento vinieron a mi mente las palabras del élder Flores: “No pierda la fe en la familia Che”. Fue entonces que, junto con mi compañero, decidimos realizar un ayuno especial por la familia Che. Recuerdo el poder de las palabras del élder Tims ese día, cuando les explicaba por qué el sacrificio de caminar tres horas hacia la capilla era tan importante y por qué nuestro Padre Celestial necesitaba verlos ahí. Recuerdo las lágrimas del hermano Che y su familia, cuando me tocó hablar a mí, me pude expresar en Q´eqchi fluido: “Ninnaw naq li nokoxra, Laj Qawa’ Che li Dios Nakatxra (Sé que Dios nos ama, hermano Che, Dios le ama)”.

Le hicimos la invitación del bautismo y de asistir a la Iglesia. El día domingo, mientras estábamos en la reunión sacramental, nos encontrábamos esperando a la familia Che. Fue nuestra sorpresa cuando se abrió la puerta de la capilla y vimos al hermano Che, a su esposa y dos de sus hijos; junto con ellos también su buen amigo el hermano Cucul. Tres semanas después, la familia Che, junto a los hijos del hermano Cucul y su esposa fueron bautizados. Los acompañaron todos los miembros de la Rama Chulac II. Siempre estaré agradecido a los miembros por todo su amor y apoyo.

Muchas cosas aprendí de esta increíble experiencia como misionero, que no podría terminar de explicarlas. Los miembros de la Iglesia son muy importantes en la conversión de los investigadores, sin ellos toda la función de la obra misional sería en vano. La fe junto al ayuno son un medio efectivo para suplicar fortaleza y guía. No valen las excusas para no asistir a la Iglesia. El hermano Che es un hombre que trabaja la tierra durante la semana y aun saca energías para caminar ese trayecto hasta la capilla con su familia.

Antes de terminar la misión, pude ver por última vez a la familia Che. En Sajonté encontraron maneras de ayudarles ciertos domingos al irlos a traer para poder llegar a la capilla, pero los domingos que no se podía, las familias Che y Cucul emprendían el camino para la renovación de sus convenios bautismales.

Wi’ yookex chi rab’inkil li watin, nawaj raj chi xnawb’aleb’ naq nekexinra chi anchal inch’ool ut junelik nekexwan chi sa’ lin ch’ool. Se’ junaq wutan tinxik rik’in lin junkab’aal ut yooqo chi wa’ak jun mama’ kaxlan (Si están escuchando mis palabras, quisiera que supieran que los amo con todo mi corazón. Un día iré, ya con mi familia y vamos a comer un buen caldo de pollo1).

Doy gracias a mi Padre Celestial por haber conocido a la familia Ché, les invito a que, si les falta fe o fuerzas para seguir adelante, supliquen a Dios y Él pondrá el medio para que puedan realizar todo lo que sea necesario.


  1. El caldo de pollo es una tradición de celebración, parte de la cultura. No se le hace caldo de pollo a un desconocido.
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