Liahona Septiembre 2021

Mensaje del Área Sudamérica Sur

Encontrar a los escogidos

Por el élder Pedro A. Sanhueza
Setenta de Área

Una doctrina que me ha hecho pensar mucho es la de que el Señor prepara a las personas para recibir Su evangelio. Los tiempos son distintos para cada persona, pero el saber que todos los que han estado, estamos, y estarán en la tierra pertenecemos a la familia de Dios1, que apoyamos Su plan y que aceptamos venir a esta tierra para experimentar la condición de seres mortales y progresar hacia la vida eterna2 me hace pensar que algunos antes y otros después aceptarán el Evangelio y el Plan que se nos presentó antes de venir a esta tierra.

Fui criado en una familia católica, aunque no éramos devotos para asistir regularmente a la iglesia.

Durante mi época de juventud, al concentrarme en mis estudios universitarios, terminé de alejarme de lo espiritual y no tenía interés en conocer nada que se relacionara con Dios.

A los 25 años me encontraba recién titulado de ingeniero civil, y varias preguntas comenzaron a inquietarme. Unas de ellas eran: ¿de qué vale todo lo aprendido hasta el momento, si al morir se pierde todo? ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos una vez que morimos? Siendo mi padre un profesor, me dijo que esas eran justamente preguntas que nadie podía responder. Creo que, mediante esas preguntas, el Señor comenzó a guiarme en mis primeros pasos para recibir Su evangelio.

El proceso se aceleró cuando conocí a una joven miembro de la Iglesia, quien también había estudiado ingeniería, pero a diferencia de mí, ella sí había despertado en cuanto a Dios3. Reconocí en ella a alguien especial y estuve dispuesto a saber más del mensaje que transmitía con su ejemplo. Ahora sé que el Señor puso en mi camino a alguien que me abriría las puertas al conocimiento de cosas que hasta ese momento no sabía, pero que en el fondo me inquietaban.

No logré conectar estos sucesos sino hasta mucho después de mi bautismo, cuando aprendí que el Señor prepara una vía no solo para que cumplamos con lo que nos ha mandado, sino que, además, Él nos conoce y sabe exactamente cuál es la mejor manera de que Sus escogidos despierten y lleguen al conocimiento de la verdad4.

En estos años de vivir el Evangelio he llegado a saber que, aunque todos los que llegamos a la tierra podemos aceptarlo, no todos estamos igualmente preparados para hacerlo. Sin embargo, debemos compartirlo con todos, ya que no sabemos de qué manera el Señor acercará a estas personas a la verdad. Debemos llegar a entender que el encontrar con quien compartir el Evangelio por el Espíritu es tan importante como el enseñar por el Espíritu.

En Predicad Mi Evangelio5 se enseña que debemos estar siempre atentos para reconocer las oportunidades que se nos presentan. De esta forma nos daremos cuenta de que Dios colocará en nuestro sendero a quienes Él esté preparando para recibir el Evangelio restaurado.

Fue así con mi amiga, quien me hizo una pregunta clave al poco tiempo de conocernos: “¿Pedro, crees en Dios?”, a lo cual contesté que no, pues no podía creer en algo que ni siquiera sabía qué forma tenía. Su segunda pregunta fue más fácil: “y entonces, ¿crees en Jesucristo?”. Entonces mi respuesta fue: sé de Jesucristo porque de Él se habla en Semana Santa y desde joven me encantaba ver las películas que se transmitían sobre Jesucristo en dicha semana.

De esta forma, el Señor me preparó para estar receptivo al mensaje que cambió mi vida. El Espíritu Santo me testificó que el relato de la Primera Visión realmente había ocurrido. Fue algo que al principio no entendí, pues no sabía que el Espíritu testifica la verdad, pero ese sentimiento de seguridad de que José Smith vio al Padre y al Hijo me ha acompañado desde ese momento en que aún no era miembro de la Iglesia. Este sentimiento me permitió aceptar y abrazar el evangelio restaurado de Jesucristo y unirme a Su Iglesia. A partir de ese momento, comencé a entender el Plan de Salvación y a saber de dónde venía, cuál es el propósito de la vida, y hacia dónde iremos una vez que dejemos el cuerpo inerte en esta tierra; que todo lo aprendido aquí en la tierra no se pierde, sino que ese conocimiento nos acompañará cuando volvamos a vivir.

Ahora sé que: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero”6.

El Señor prepara a las personas, y nosotros, junto a los misioneros regulares, debemos abrir la boca y ser ejemplos para que aquellos que están buscando hallen la respuesta a través de nosotros.

Sé que fuimos preparados para esto aun antes de nacer7. Es ahora que como obreros llamados por el Señor debemos trabajar en la obra más importante sobre la tierra. De esto testifico en el nombre de Jesucristo, Amén.


  1. Véase Moisés 3:5.
  2. Véase Abraham 3:22–26.
  3. Véase Alma 5:7.
  4. Véase Doctrina y Convenios 123:12.
  5. Predicad Mi Evangelio,una guía para el servicio misional.
  6. Véase Doctrina y Convenios 130:18–19.
  7. Véase Doctrina y Convenios 138:56.
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