Liahona Septiembre 2021

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Doctrina y Convenios 102–105

Regresar a casa antes de tiempo:
Lo que aprendí del Campo de Sion

Por Rebecca Cowley
La autora vive en Utah, EE. UU.

Cuando regresé de mi misión a casa antes de tiempo, encontré consuelo en una historia de los primeros santos.

Mientras crecía, mi vida era sencilla y sin preocupaciones. La escuela y los pasatiempos me resultaron fáciles. No tenía mucho de qué quejarme y en general era feliz, pero después de cumplir 19 años, mi vida cambió.

Cuando partí para mi misión en Asunción, Paraguay, estaba emocionada. Esperaba que todo saliera bien, como había sucedido durante el resto de mi vida. Sin embargo, después de unos cuatro meses en mi misión, me encontré de regreso en mi ciudad natal debido a una contundente depresión y ansiedad. En mi mente, siempre había tenido éxito, alguien que no tenía debilidades, como si eso fuera posible. Ahora me consumían el temor, la culpa, el enojo, la desesperanza y la tristeza. Solo podía pensar en lo fracasada que me sentía.

Aprender del Campo de Sion

Una relato de la historia de la Iglesia me brindó cierto consuelo. El 24 de febrero de 1834, José Smith recibió una revelación (Doctrina y Convenios 103) con el fin de organizar a más de 100 hombres para que viajaran al condado de Jackson, Misuri, EE. UU., y ayudar a los santos a recuperar las tierras que habían perdido cuando fueron expulsados de allí el año anterior. Alrededor de 230 hombres, mujeres y niños se unieron a la expedición, conocida como el Campo de Sion. Después de prepararse, el grupo partió en mayo y marcharon hasta 65 kilómetros por día1.

El Campo de Sion no solo tuvo que enfrentar los aspectos físicos del trayecto, sino que algunos miembros del grupo también cayeron en murmuraciones, desobediencia y rebelión. Sin embargo, muchos otros permanecieron fieles y consideraron la expedición y la oportunidad de estar con José como un privilegio. Dado a que las circunstancias a su alrededor cambiaban, el Profeta buscó la guía del Señor y recibió otra revelación en junio (Doctrina y Convenios 105) que indicaba que ya no era necesario continuar con sus esfuerzos. Los miembros del grupo regresaron a casa sin parecer haber cumplido con su propósito de redimir a Sion, aunque muchos reconocieron que no fue un fracaso porque el trayecto les permitió acercarse más a Dios y ver Su mano en sus vidas2.

Desviar la atención de los “porqués” del pasado

Cuando los santos del Campo de Sion se enfrentaron a la noticia de que regresarían a casa sin la bendición que esperaban, es posible que se hubieran preguntado por qué nuestro Padre Celestial les había pedido que hicieran el trayecto en primer lugar. Yo también me preguntaba por qué se me habían guiado en una dirección que no resultó como lo había planeado.

Después de varias semanas de sentir más tristeza de la que nunca antes había sentido, me di cuenta de que no quería seguir viviendo con una actitud tan negativa. Sabía que no había sido enviada a la tierra para vivir una vida consumida por el desánimo y el pesimismo. Al fin y al cabo, existimos “para que tenga[mos] gozo”. (2 Nefi 2:25). Decidí desviar la atención de los “porqués” del pasado para encontrar propósito en medio de la aflicción.

Me acerqué a otras personas, me ocupé en nuevos pasatiempos, y volví a la universidad. También comencé un diario de gratitud. Lo que comenzó como anotaciones de una línea se convirtieron en páginas completas a medida que comencé a reconocer la mano del Señor en mi vida con más facilidad. Mis oraciones cambiaron de listas de deseos a listas de gratitud.

Aunque mis días difíciles no desaparecieron —aún están presentes— , ahora sé la diferencia que marca el centrar mi perspectiva en lo bueno de la vida. En lugar de ver mis pruebas como algo malo, decidí verlas como una oportunidad de crecimiento.

Reconocer las razones

Al mirar atrás en cómo han resultado las cosas desde que llegué a casa de Paraguay, puedo ver cómo el Padre Celestial me estaba guiando y dando oportunidades a través de mis experiencias. Conocí a algunos de mis amigos más cercanos en los meses posteriores a mi misión y pude comenzar a estudiar de inmediato en una universidad local, a pesar de que la fecha límite para la inscripción había pasado. Ese programa me llevó a estudiar en el extranjero en Suiza, donde pude compartir el Evangelio con mi familia anfitriona.

Esos años en los que escogí conscientemente la gratitud me han inculcado el hábito de agradecer al Padre Celestial todas las cosas, lo que aumenta mi fe en Él.

Las palabras de una bendición del sacerdocio que recibí durante una semana difícil también me han ayudado a comprender la fe: “Te bendigo con entendimiento y conocimiento de que Dios… te dará esas cosas que no solo serán para tu bien, sino que… te ayudarán a convertirte en todo lo que Él anhela que seas. Esas no siempre serán bendiciones fáciles, ya que nuestras luchas y adversidades son las cosas que nos hacen crecer”.

Sé que nuestro Padre Celestial consagra nuestros esfuerzos y, como ha enseñado el presidente Russell M. Nelson, “[e]l Señor se deleita con el esfuerzo”3. Dios realmente procura nuestra felicidad y siempre estará a nuestro lado.


  1. Temas de la historia de la Iglesia, “El Campo de Sion (campamento de Israel)”, ChurchofJesusChrist.org/study/history/topics?lang=spa
  2. Temas de la historia de la Iglesia, “El Campo de Sion (campamento de Israel)”.
  3. Russell M. Nelson, en Joy D. Jones, “Un llamamiento especialmente noble”, Liahona,mayo de 2020, pág. 16
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