El  Lamanita mestizo

Capítulo 1

Introducción


Hay gente que recuerda haber oído historias sobre los primeros hijos de madre india y padre español. Al crecer en esa sociedad conquistada, muchos de esos hijos mestizos pronto han de haberse dado cuenta de que el rechazo social que sentían, sin entenderlo, provenía de los dos lados: ni los españoles ni los naturales los consideraban sus iguales. Ignorando su identidad verdadera, es decir, no sabiendo que eran Hijos de Israel, y que habían sido preparados desde antes de la fundación del mundo para cumplir una misión redentora muy especial, esos hijos mestizos inauguraron una etapa de quinientos años de sufrimiento, rechazo, vejaciones, discriminación, ignorancia y pobreza. Ellos no sabían que esa etapa había sido planeada desde antes de la fundación del mundo. Tampoco sabían que todas sus experiencias en este mundo, a pesar de ser amargas, serían un aprendizaje y una preparación para llevar a cabo una gran misión en la vida. Estos hijos mestizos tampoco sabían que, como otro de tantos de los misterios de Dios, ese sufrimiento se tornaría a su debido tiempo en el inigualable gozo de la misión cumplida. Porque escrito está que el lamanita mestizo se levantará y cumplirá la misión que le fue encomendada en el Gran Concilio por el Capitán de las Huestes de Israel: la misión de salvar a las dos naciones que lleva en las venas.

El primer grupo importante de mestizos en el continente fue de madres mexicas, y muchos aseguran que de ahí se derivó el nombre e identificación de los mexicanos. En otros lugares del continente, el mestizo adoptó otras identidades nacionales, pero mestizo fue el término general aplicado a lo que se creyó era una raza nueva de la familia humana.

Se puede dar por cierto que ese lamanita mestizo ignoró entonces, y sigue ignorando ahora, que la mano del Todopoderoso estaba dirigiendo su destino, y que su misión como mestizo en este mundo era, y es, salvar a las dos naciones que lo crearon, es decir: salvar al lamanita de Israel que ha degenerado en la incredulidad y que nunca se españolizó, y salvar al gentil español, para quien la esperanza en Cristo no existía a menos que se mezclara con la casa de Israel.

El lamanita mestizo es la mezcla del lamanita original y el gentil europeo. Ese lamanita original podría ser descendiente de:

  1. Lamán, Lemuel, Sam, Nefi, Jacob o José.
  2. Los hijos de Ismael, que descienden de Efraín (J. of D. 23, p. 184, Erastus Snow), o 
  3. Mulek, que desciende de Judá.

Lo más probable es que cada familia lamanita moderna tenga la sangre de al menos dos de estas tribus de Israel, pues por los últimos 2500 años, las sociedades nefita, lamanita y mulekita se habrán entremezclado, a veces más, a veces menos. Por eso, en algunas familias lamanitas de hoy, según las bendiciones patriarcales, la mitad de los hijos puede ser de Manases y la otra mitad, de Efraín. Nosotros, los descendientes de esas tribus, somos parte de las ramas naturales del olivo, habiendo sido «desgajados de la casa de Israel» (1 Ne. 15:12).

Así que el lamanita original que se mezcló con el gentil, llevaba en sus venas la sangre de Manases, Efraín y Judá.

En la realidad eterna no hay espíritus mestizos. Pero en el cuerpo terrenal, Dios mandó a la casa de Israel que se mezclara con las naciones gentiles de la tierra para hacerlos participar de la esperanza en Cristo. Ese mestizaje trajo grandes sufrimientos, los cuales parecieron una maldición del cielo. Pero el plan de Dios incluía tornar esa maldición en bendición. Como en el caso de José el de Egipto: Dios cambió a bendición y gloria eterna la maldición de ser vendido, de ser esclavo y de padecer ignominia indecible (Génesis 50:15-20).

Uno se puede preguntar: ¿Habrá sido el prototipo de todo esto el hecho que José el de Egipto se casó con Asenath, una mujer gentil, y Efraín y Manases, sus hijos, fueron de los primeros mestizos en la historia de Israel? (Génesis 41:45, 50).

Los designios divinos en cuanto a la mezcla de las tribus de Israel entre ellas mismas, no se saben todavía. Lo que sí sabemos es que toda esa gente es pueblo del convenio que Dios hizo con Abraham. También sabemos que los lamanitas son no sólo herederos de las más grandes promesas, sino que, como pueblo, tienen una misión de lo más responsable y privilegiada que pueblo alguno tuvo jamás. El lamanita de los últimos días fue preservado por Dios para un propósito especial. Como se mencionará en este estudio, el lamanita mezclado con gentil europeo, es decir, el mestizo, es el eslabón preparado por Dios para rescatar al remanente lamanita original que todavía se encuentra en la incredulidad y casi abandonado, y al gentil europeo que vino al sur del continente, quien no puede participar de la esperanza en Cristo a menos que el mestizo lo rescate.

Otra vez, uno se podría preguntar: en los pasados quinientos años, ¿cuántas veces no se habrá arrepentido Cortés y cuántas veces no le habrá pedido perdón a Cuauhtémoc? ¿Y cuántas súplicas diarias no hará Cortés, rogando para que alguno de sus descendientes mestizos se apiade de él y lleve a cabo las ordenanzas del Templo y lo emparenté con la casa de Israel? Porque toda persona gentil que ha sido traída por la mano de Dios a este continente (2 Ne. 1:6) para participar del Plan de Salvación, tendrá que emparentarse con la casa de Israel personalmente o vicariamente.

El enfoque principal del presente libro es considerar la misión especial del lamanita mestizo. Al analizar el caso del lamanita mestizo vamos a descubrir uno de los grandes misterios que Dios quiere que conozcamos. Como dice la sección 6 de DyC, versículo 7:

«No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados…»

Nefi, en 1 Nefi 10:19, aconseja:

«Porque el que con diligencia busca, hallará; y los misterios de Dios le serán descubiertos por el poder del Espíritu Santo, lo mismo en estos días como en tiempos pasados, y lo mismo en tiempos pasados como en los venideros…».

Y Alma explica en Alma 12:10:

«Y, por tanto, el que endurece su corazón recibe la menor porción de la palabra; y al que no endurece su corazón le es dada la mayor parte de la palabra, hasta que le es concedido conocer los misterios de Dios al grado de conocerlos por completo».

El lamanita mestizo es parte de la dispersión de Israel

La dispersión y el recogimiento de Israel son uno de los misterios más interesantes e importantes que contienen las escrituras. Sin embargo, el esclarecimiento y comprensión de esos misterios también está en las escrituras mismas. Una cuestión básica sobre el tema es: ¿por qué la casa de Israel, la gente escogida de Dios, tuvo que ser dispersada entre todas las naciones? La profecía de esa dispersión fue dada como bendición a Abraham antes que sus descendientes nacieran en este mundo.  Entonces, ¿por qué la dispersión?

El lamanita mestizo es parte de esa dispersión. Entonces, ¿qué propósitos tenía el Señor para su pueblo escogido? La contestación a esta pregunta y muchas otras relacionadas, está en las escrituras. Estos son los misterios del evangelio que Dios quiere que sepamos. Este es el conocimiento que Dios nos quiere revelar mediante nuestro estudio de las escrituras.

En este estudio vamos a usar las profecías de Isaías, las cuales fueron explicadas y clarificadas por Nefi en el Libro de Mormón, en los diecinueve capítulos de Isaías que Nefi tomó de las planchas de bronce y puso en sus dos libros (1 Nefi y 2 Nefi). También haremos referencia a los capítulos de Isaías que se encuentran en 3 Nefi y tratan de la casa de Israel en los últimos días.

Lehi pasó los últimos años de su vida hablando de la Casa de Israel. Parece que desde el día en que Dios lo llamó para que llegara a ser una de las ramas desgajadas del olivo, y que saliera de Jerusalén y viajara a la tierra prometida, Lehi se preocupó constantemente por que sus hijos entendieran el enorme desafío y la gloriosa misión a la cual habían sido llamados. Laman y Lemuel no creyeron ni entendieron la visión de Lehi, la cual trataba en parte de la Casa de Israel (1 Nefi 15:7). En cambio, Nefi sí creyó la visión de su padre y le pidió a Dios que se la mostrara a él también. Los capítulos 11,12,13 y 14 de 1 Nefi son la repetición de esa visión a Nefi.

Cuando Nefi regresa de la montaña, después de la visión, encuentra que Laman y Lemuel están disputando sobre lo que Lehi les había explicado. Todo el capítulo 15 es la explicación de Nefi a sus hermanos de lo que Lehi les había enseñado antes. Y en ese capítulo 15, Nefi da tres claves para entender el misterio de la dispersión de la Casa de Israel, y la misión de ésta entre los gentiles.

Para entender el misterio de la misión de la Casa de Israel es también indispensable saber que el Señor relacionó esa misión con el destino de los gentiles en esta tierra. Deuteronomio 32:8 dice así:

«Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los Hijos de Israel».

Nefi lo dice muy claro:

«Ahora bien, lo que nuestro padre quiere decir concerniente al injerto de las ramas naturales, por medio de la plenitud de los gentiles, es que en los días postreros, cuando nuestros descendientes hayan degenerado en la incredulidad, sí, por el espacio de muchos años, y muchas generaciones después que el Mesías sea manifestado en la carne a los hijos de los hombres, entonces la plenitud del evangelio del Mesías vendrá a los gentiles; y de los gentiles vendrá al resto de nuestra posteridad» (1 Nefi 15:13).

Jacob también enseña:

«Más he aquí, este tierra, dice Dios, será la tierra de tu herencia, y los gentiles serán bendecidos sobre la tierra».

«Por consiguiente, mis amados hermanos, así dice nuestro Dios: Afligiré a tu posteridad por mano de los gentiles; no obstante, ablandaré el corazón de los gentiles para que les sean como un padre; por tanto, los gentiles serán bendecidos y contados entre los de la Casa de Israel» (2 Nefi 10:10,18).

No podremos comprender los sufrimientos, sacrificios, penas, desventuras, experiencias, percances que le han sucedido a la Casa de Israel en este mundo, hasta que entendamos que, detrás de todo eso, el Dios del cielo tiene un plan maravilloso y lleno de misericordia para salvar a los gentiles. El precio de la salvación de los gentiles sería el esparcimiento y el sufrimiento de Israel, incluyendo el rechazo temporal de Israel por parte de Dios. Pero eso también incluía el hecho de que, en el futuro, Dios usaría a los gentiles para rescatar a Israel de la apostasía en que caería al mezclarse con los gentiles precisamente para salvarlos.

Todos esos planes vienen de la sabiduría de Dios para «llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre». Como lo veremos ampliamente explicado en el capítulo 7, el caso del lamanita mestizo es parte importante de ese plan. El Señor necesitaba salvar a los gentiles en los últimos días, y también a los lamanitas que degenerarían con el tiempo. Así que preparó al lamanita mestizo para salvar a esos dos pueblos.

¿A qué precio? Al enorme precio de un sufrimiento casi indecible: despojo, oprobio, rechazo, ignominia, discriminación, pobreza, ignorancia y mucho más.

Pero, ¿con qué resultados? Con la grande satisfacción de haber cumplido la misión que aceptamos antes de la fundación del mundo. Porque cuando el Salvador, en el Gran Concilio, pidió ayuda para hacer su obra de redención en esta tierra, nosotros respondimos con dedicación y entusiasmo.

Esa ayuda pedida por Cristo, el Capitán de las Huestes de Israel, consistía en aceptar grandes sacrificios en esta tierra para rescatar a los gentiles que en su primer estado no aceptaron los convenios ofrecidos también a ellos, los cuales fueron aceptados sólo por Israel (Alma 13). Allí, en ese concilio, nació la casa de Israel. Allí, la casa de Israel, por mérito, logró las promesas y los llamamientos que los gentiles rechazaron. Allí, el lamanita mestizo aceptó también su gran misión de los últimos días. Pues en la tierra él sería parte de la tribu de José, quien heredaría este continente desde entonces prometido al primogénito de Israel. Esto se explicará más a fondo en los capítulos restantes de este libro.

Los ocho capítulos de este libro están organizados de la siguiente manera:

1. Introducción

2. Isaías, Lehi, Nefi, y la casa de Israel

Lehi explica a sus hijos la misión de la casa de Israel. Laman y Lemuel ni creen ni entienden. Nefi sí le cree a su padre y desea tener la misma visión. El ángel le da una vista panorámica del futuro del mundo. Nefi menciona tres veces a sus hermanos la clave para entender los misterios de Dios referentes a la casa de Israel. Se mencionan las promesas y la gloria de Israel en este mundo y en el venidero.

3. Los gentiles en el segundo estado

Los gentiles, que por causas desconocidas no recibieron las promesas dadas a Israel en la vida anterior, recibirían otra oportunidad en esta tierra. En esta vida Cristo no los visitaría en persona, sino sólo por medio del Espíritu Santo. Aun así, Dios los bendeciría y les ofrecería la salvación.

4. Israel, los gentiles y el lamanita mestizo

Esta segunda oportunidad a los gentiles estaría a cargo de la casa de Israel, cuya misión en la tierra incluye ser dispersada para bendecir a todas las naciones de la tierra. Los gentiles también serían una prueba dura para Israel. En los últimos días Dios bendeciría a los gentiles y los llamaría para rescatar a Israel, en parte, de las terribles consecuencias de haberse mezclado con los primeros para llevarles la esperanza de la redención de Cristo. Otro misterio de Dios que muestra su gran misericordia para todos sus hijos.

5. Cómo fue dispersado Israel

La manera usada por Dios para dispersar a Israel y así cumplir la promesa hecha a Abraham, de que mediante sus descendientes (quienes tendrían el Plan de Salvación, las escrituras sagradas y el sacerdocio) todas las naciones de la tierra recibirían el conocimiento de la esperanza en Cristo. La dispersión en tres etapas: 1. La dispersión de las Diez Tribus en el año 720 a. de C. 2. Las «ramas desgajadas» traídas al Nuevo Mundo en el año 600 a. de C. 3. Judá dispersada entre todo el mundo desde el año 70 de nuestra era.

6. El recogimiento de Israel en los últimos días

La preparación de Efraín, dispersado por siglos entre los gentiles europeos. Efraín entre la migración gentil al Nuevo Mundo. Los «gentiles» en el norte del continente. Los gentiles en el sur del continente. La formación del lamanita mestizo y su misión en este mundo. La formación de una gran nación gentil bajo principios revelados. La organización del Reino de Dios en los últimos días. Las profecías del esparcimiento y del recogimiento de Israel reveladas y explicadas. Las llaves del recogimiento restauradas en 1836. Efraín identificado, comienza la obra del recogimiento. Manases y Efraín entre los lamanitas identificados. Los judíos comienzan su regreso a Palestina. El recogimiento en las estacas de Sión.

7. La misión del lamanita mestizo

El lamanita se mezcla con el gentil europeo. El lamanita «puro» en abandono y en la incredulidad. El gentil europeo sin esperanza en Cristo. El lamanita mestizo, preparado como una esperanza para el lamanita en la incredulidad y para el gentil europeo sin esperanza.

La misión esplendorosa del lamanita mestizo: llevar la salvación a dos naciones. La recuperación de su identidad como salvador en el monte de Sión.

8. La urgencia del momento

El lamanita necesita caridad para entender y perdonar. El lamanita necesita enseñanza para entender y recobrar su identidad como hijo de Israel. Cristo, la fuente de la caridad, hizo grandes promesas a los lamanitas. El sufrimiento del lamanita se convertirá en gozo. La urgente necesidad de prepararse para ayudar a Efraín con el recogimiento de toda la casa de Israel. La gloria futura del lamanita por la misión cumplida. Un decálogo para el lamanita mestizo.


Resumen

En esta introducción hemos anunciado un estudio sobre el lamanita mestizo. Queremos saber quién es este lamanita mestizo que por quinientos años ha poblado el continente americano. Existen hoy algo así como trescientos millones de mestizos, y desde el primero de ellos, que habrá nacido en el año 1493, podríamos calcular que habrán nacido, vivido y muerto algo así como dos mil millones.

¿Para qué preparó Dios a estos lamanitas mestizos? (2 Nefi 2:24). Escudriñando las escrituras encontramos algo de gran importancia sobre este lamanita mestizo.

  1. Él es descendiente de la Casa de Israel.
  2. Es descendiente también de los gentiles que Dios trajo a este continente.
  3. Este lamanita no desciende solamente de los primeros lamanitas, hijos de Laman y Lemuel, sino de los segundos lamanitas, hijos de todos los hijos de Lehi y también de los hijos de Ismael, y de una rama de Judá.1
  4. Este lamanita mestizo es mencionado en las profecías de Isaías interpretadas por Nefi. Ahí se dice que el lamanita no sería destruido totalmente en su contacto con el gentil que lo conquistaría. Eso significa que este lamanita tiene una misión asignada por Dios. Esa misión fue mencionada por profetas antes de que el lamanita existiera en la carne; entonces, esa misión tiene que haber sido asignada en el Gran Concilio, antes de la fundación del mundo.
  5. Siendo de Israel, este lamanita mestizo sufrió las consecuencias del esparcimiento de ese pueblo escogido por Dios para una misión extraordinaria aquí en la tierra.
  6. Puesto que sus hermanos lamanitas que nunca se españolizaron siguieron en la trayectoria de la apostasía, rebelión e ignorancia (unos cuarenta millones viven hoy día en el mundo entero), este lamanita mestizo, con herramientas de civilización más adecuadas, sería el eslabón de quien Dios dependería para llevar la salvación a sus hermanos en esta vida o vicariamente.
  7. El lamanita mestizo lleva en sus venas la sangre del gentil que lo conquistó.   ¡Cuán grande es la sabiduría de Dios!

No existe medio más perfecto para tornar el corazón de una generación hacia otra anterior, que el parentesco. Una vez que el lamanita mestizo comprenda que su misión es salvar a esos parientes gentiles; y una vez que entienda que esa misión él la aceptó desde antes de la fundación del mundo; y una vez que sepa que todo el sufrimiento que soportó fue el precio para cumplir esa gran misión; y una vez que vea que toda la Casa de Israel supo de la misión y de su precio, y supo también que esa misión era de amor y que el Salvador del mundo cumplió su misión bajo el mismo criterio de sufrir para salvar, entonces su alma descansará y su espíritu tendrá la paz prometida por Cristo.

El lamanita mestizo, escogido y llamado para cumplir esa misión, también debe haber sabido que todo sufrimiento se convertiría en gozo, en aprendizaje y en poder y gloria espiritual (DyC 122), por medio de una fórmula que por ahora solamente Dios conoce.

La documentación de estas ideas está en los capítulos que siguen, y proviene de las escrituras que el Señor ha revelado en estos últimos días y que El mismo nos pidió que escudriñáramos.


Notas

  1. El profeta Mormón en el capítulo 5 de su propio libro, hablando de que el registro vendría en los últimos días «al resto de la casa de Jacob» (verso 12), dice que «este pueblo» (los nefitas), «será dispersado, y llegará a ser una gente de color obscuro, inmunda y repugnante, sobrepujando la descripción de cuanto se haya visto entre nosotros; sí, aun lo que haya habido entre los lamanitas; y esto a causa de su incredulidad y su idolatría». (Mormón 5:15).
    Aquí el profeta plenamente dice que los nefitas llegarían a ser parte de los lamanitas de los últimos días. Los lamanitas modernos vienen de todos los hijos de Lehi así como de Ismael y de Mulek. Por 200 años después de Cristo, más o menos, toda la gente había sido un pueblo. Y desde 200 años antes de Cristo los mulekitas se habían mezclado con los nefitas. Alma le dio un nombre Mulekita a su hijo Coriantón (Éter 12:18-23).
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