El  Lamanita mestizo

Capítulo 7

La misión del lamanita mestizo


Falsa teoría de las razas

Se dice que Hernán Cortés dejó a Doña Marina (La Malinche) porque tuvo vergüenza de llevarla a España.

En varias regiones de Estados Unidos, casarse con un hawaiano, o con otro lamanita de las islas del Pacífico, fue penado por la ley durante muchos años.

Un árabe, dueño de propiedades de renta en Monterrey, México, rehusaba rentar sus departamentos a familias indígenas.

Por un tiempo, los clubes sociales europeos en México rehusaron el ingreso a los mexicanos.

Algunos sudamericanos europeos emigrados a Estados Unidos se indignan mucho cuando los llaman mexicanos.

Por siglos, los ingleses han evitado relacionarse socialmente con «los nativos» en Hispanoamérica.

Como éstos, hay miles de casos en que los gentiles han hecho grandes esfuerzos para no alternar con «razas inferiores».

De todas las ironías del universo entero, este tipo de discriminación se lleva el premio de la ignorancia: los gentiles impidiendo mezclarse o asociarse con la única gente que puede ser su eslabón para la salvación.

Sin la Casa de Israel los gentiles no tienen otra puerta hacia la salvación.

Hay ideas tan ridículas en el mundo gentil que, si no fuera porque causan tanta tragedia, serían muy buenos chistes. Pero desgraciadamente aunque esa idea de superioridad no es ningún chiste, el único que se ríe es Satanás. Todas esas creencias ridículas, y por supuesto falsas, inventadas por Satanás y reveladas por él a hombres ignorantes, forman gran parte de las culturas gentiles. La ignorancia del Plan de Salvación ha producido muchas ideas falsas. Cuando Israel olvidó o perdió el Plan de Salvación por apostasía, se hizo tan vulnerable como los gentiles a las ideas falsas, especialmente las ideas sobre la naturaleza y el origen del hombre.

Fueron los gentiles los que inventaron la teoría de que existen varias razas humanas. Esa teoría se inventó por conveniencia militar, comercial o económica, como parte de los mecanismos de conquista y de explotación de un pueblo sobre otro. La infame teoría del Poligenismo concerniente al origen del hombre sobre la tierra, cuya tesis era que las diversas poblaciones humanas tenían orígenes diferentes, hizo mucho daño a las relaciones humanas, para después quedar en el olvido en libros que están llenos de polvo en las bibliotecas. Hitler se adhirió a esa teoría.

Por supuesto que hay grandes diferencias entre los pueblos de la tierra. Pero esas diferencias no son genéticas o «raciales», y no indican que un grupo sea intrínsecamente superior o inferior a otro.

La única raza que existe en el mundo es la raza humana; la raza de Adán; la raza creada por Dios.  Todos los humanos somos hermanos.

Una gran diferencia entre los grupos humanos, y muy importante, es la diferencia cultural, es decir la diferencia entre las creencias, los valores sociales y morales en que se basan los pueblos para crear las instituciones sociales que los identifican. Muchas de esas diferencias culturales son el resultado del abandono o «apostasía» de los hombres de la cultura original que Dios le reveló a Adán. De ese abandono brotaron las tradiciones falsas, cuando los hombres se enfrentaron a los desafíos de la vida basándose en su propia sabiduría y entendimiento.

Al principio, para que Israel se protegiera de ideas falsas, Jehová le aconsejó que no se mezclara con naciones extrañas, las cuales, no teniendo el Plan de Salvación, habían inventado toda clase de tradiciones equivocadas.

El lamanita mestizo en la apostasía ha vivido muchas de esas tradiciones falsas, muchas de ellas traídas por los gentiles.

En la primera dispensación, la de Adán, Dios reveló un conjunto de ideas originales, que le dio al hombre para que se organizara en la tierra. Cuando los hombres empezaron a usar mal el libre albedrío, empezaron las apostasías y desviaciones del patrón original de cómo vivir en esta tierra. Cuando eso sucedió, el Dios del cielo lloró de tristeza (Moisés 7:28, 32,33).

Los temas sobre las «razas», culturas y filosofías del mundo telestial son demasiado extensos y llenos de tantas ideas falsas que sería desperdiciar papel si les diéramos más espacio en este estudio. Así que la discusión extensa de doctrinas falsas es innecesaria. En este libro estamos presentando ideas de las verdades reveladas a los profetas. Las escrituras sagradas, reveladas a la Casa de Israel, nos dan base firme para entender esas verdades.

La tragedia del lamanita mestizo

La ignorancia de su origen y de su propósito en esta tierra, le ha causado al hombre incontables tragedias. La historia del mundo está llena de casos tristes y dolorosos. Sin embargo, aquí en este capítulo nos concierne solamente una de esas tragedias, la nuestra, la tragedia del lamanita mestizo. Vamos a describirla, y a analizar algo de su dinámica y consecuencias sociales. Al final vamos a evaluar esa tragedia desde el punto de vista de las eternidades. Es decir, vamos a considerar esa tragedia nuestra y a entender que es parte de una misión y un llamamiento muy importantes y que de nosotros depende transformarla en una bendición tan sublime que es casi imposible imaginarla.

Le llamamos tragedia porque fue causada por la desobediencia de nuestros propios antepasados. Esa desobediencia nos trajo la guerra, pobreza, debilidad e ignorancia de nuestra identidad, y nos hizo susceptibles a las ideas falsas. Los gentiles simplemente vinieron a ser el instrumento para llevar a cabo el proceso.

Por eso, porque sabemos que el castigo vino por la rebelión intencional (4 Ne. 1:38), al analizar la tragedia del lamanita mestizo tenemos que controlar la amargura y todo sentimiento negativo. Debemos aceptar aun sin comprender totalmente que:

«…todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe» (2 Ne. 2:24).

Ahí está la clave; que todo se ha hecho según la sabiduría de Dios.

Y aunque no es fácil recordar esa clave cuando a uno le duele hasta el alma, hay que creer que todo lo que nos pasa, cuando andamos en una misión, puede tornarse para nuestro bien.

Es absolutamente indispensable que aceptemos que Dios lo sabe todo, y que nosotros aquí en esta vida no podemos comprenderlo todo. En esta vida vivimos bajo un velo que cubre nuestra memoria de la vida anterior. Nos debe bastar «saber» por el espíritu, ya que no podemos saber intelectualmente. Es decir, debemos obtener un sentimiento interno por medio de la fe, de que Dios tiene todo bajo su control.

Como hijos de Israel, nosotros mismos, en la vida anterior, aceptamos la misión en que nos encontramos ahora. Aceptamos que habría dolor, sufrimiento, y agonías físicas y mentales, hasta el punto de querer rebelarnos en desesperación al padecer injusticias que no entenderíamos.

Pero ahora, sabiendo por qué no sabemos, y sin embargo, sabiendo quienes somos, y creyendo en la importancia de la misión que tenemos, eso nos puede y nos debe dar la entereza de espíritu para sufrir todo y aguantar todo y aún hasta agradecer por la confianza puesta en nosotros por nuestro Padre Celestial.

Al hablar del lamanita mestizo, y pensar en su sufrimiento, sería muy fácil llenarnos de resentimiento, de rencor, de odio y hasta de deseos de venganza. Pero si hacemos eso fracasaremos en la gran prueba de la vida. Las escrituras nos dan grandes ejemplos de cómo y por qué confiar en Dios —sin ponerle límite de tiempo— y de verdad creer que cuando la prueba de la vida termine, toda experiencia habrá sido para nuestro beneficio.

Y todavía hay más:

Mientras más pruebas tengamos en la vida, y mientras más duras sean, más buena opinión han de tener de nosotros en el cielo. Porque el Señor al que ama, disciplina (Hebreos 12:1). En otro lugar dice: «De cierto, así dice el Señor a vosotros a quienes amo, y a los que amo también disciplino para que les sean perdonados sus pecados…»  (DyC 95:1).

Nuestro Padre Celestial no es un Padre indiferente. Él es un Padre que nos ama hasta el extremo de haber ofrecido a su Hijo Unigénito para que nosotros tengamos vida eterna. Pero El reprende para perfeccionarnos.

El padre que no reprende es un padre indiferente (Proverbios 13:24).

Entonces, considerando la idea de que el sufrimiento es un buen maestro, tenemos que aceptar que el Señor tuvo muy alta opinión de José, el vendido en Egipto, el heredero de la mayordomía de Israel y antepasado nuestro. Él fue el prototipo de las pruebas que tendríamos nosotros los lamanitas, sus descendientes, en estos últimos días:

Sus hermanos lo vendieron.
Lo reportaron muerto.
Fue esclavo en Egipto.
Lo acusaron falsamente.
Lo echaron en la cárcel,
Pero,
Terminó como Gobernador de Egipto,
Y salvó a la naciente
Casa de Israel.

Sus hermanos después tuvieron miedo por lo que le habían hecho. Pero José les dijo que la maldición se había tornado en bendición.

«Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» (Génesis 50:20).

El mismo principio se aplica a la tragedia del lamanita mestizo. Dios preparó al mestizo como parte de un plan para bendecir a los gentiles —sí, esos gentiles que casi nos hicieron pedazos—. El mestizo existe para bendecir a los gentiles, compartiendo con ellos las bendiciones que Israel tiene, las cuales los gentiles no pueden alcanzar por si solos. Esas bendiciones son el conocimiento de Cristo y las ordenanzas de salvación. Los gentiles nunca tuvieron la doctrina de Cristo porque nunca tuvieron profetas. Sin nosotros, esos gentiles, que ahora son nuestros antepasados, tampoco tendrían esperanza.

Entonces la tragedia del lamanita mestizo es una bendición disfrazada de maldición.

¿De qué otra manera se podría explicar esto para que el lector lo crea? Un profeta, tratando de explicar los terribles padecimientos que Efraín pasaría al cumplir su gran misión de hacerse casi gentil para salvar a los gentiles, y después de eso explicar la bendición que recibiría, lo dijo así: ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? (Oseas 14:9).

Debe haber sido una terrible experiencia eso de casi perder la identidad para vivir por siglos bajo ideas e instituciones falsas, a fin de poder cumplir la gran misión encomendada. Efraín lo hizo por más de 2700 años entre las muchas naciones gentiles. Los judíos llevan casi 2000 años de estar pasando por esa experiencia. Los lamanitas llegaron a los 1800 años de apostasía, incluyendo 500 de vivir bajo la influencia gentil.

Una ironía muy significativa en el encuentro entre el lamanita y el gentil español es que el «Cristo» que los gentiles le trajeron al lamanita era un «Cristo» falso que se impuso a la fuerza y que no tenía ni sombra del Cristo verdadero que se caracteriza por el amor al prójimo, respeto a la persona, abnegación, persuasión, longanimidad y las demás virtudes que producen esperanza, gozo, paz, seguridad y contentamiento.

Y la agonía fue doble, y doble fue la amargura. Porque el lamanita mestizo fue forzado no sólo a aceptar una falsedad como si fuera verdad, sino también a creer que un Dios bondadoso era el autor de esa falsedad. Ese dilema ha creado en su mente una ambivalencia llena de confusión. Por eso su lealtad hacia los valores está dividida. Un ejemplo de esa lealtad dividida y confusa, en el caso del mexicano, es el querer ser fiel a su religión tradicional y al mismo tiempo tener respeto y orgullo por héroes como Benito Juárez. ¿Cómo ser leal y respetar a dos ideas que se contradicen? Muchos mexicanos viven con ese tipo de ambivalencia en la cultura del presente, que está llena de contradicciones y tradiciones falsas.

El «Cristo» falso impuesto por el gentil tiene que ser rechazado por el lamanita mestizo y reemplazado en su corazón por el Cristo verdadero que sus antepasados conocieron. La profecía dice que en los últimos días el gentil recibirá esa esperanza en el Cristo verdadero, y le llegará por medio del lamanita.

Bien podemos entender ahora por qué la «conversión» forzada, y por lo tanto falsa, hundió más al lamanita en la desesperación y en la amargura. La «conversión» no le trajo ni prosperidad, ni salud, ni paz —las bendiciones prometidas a Israel desde el principio— (Dt. 7:12-15). Al contrario, esa «conversión» lo dejó sumido en la negrura de la ignorancia, en la confusión de su identidad como ser humano y en la pobreza de ideas para conquistar el medio ambiente y vivir decentemente. Cumpliendo la profecía, el «Cristo» del gentil sólo perturbó el juicio del lamanita. El «hombre blanco» que él esperaba, y que algún día regresaría para iluminar y guiar su vida, fue un mensajero que le llenó el alma de tinieblas, dolor y desesperación. Eso también había sido profetizado (Dt. 28:29, 36). Pero sigamos recordando que Dios ha dicho que todo puede volverse para bien si nuestra actitud está basada en la fe. Toda experiencia se tornará para nuestro beneficio, aún las experiencias de 500 años de agonía. (DyC 90:24).

La tragedia como parte de una misión

Hablamos de la tragedia del lamanita, no para tenernos lástima a nosotros mismos ni para quejarnos, ni para albergar sentimientos de venganza. Hablamos de ella para entender que antes de que este mundo se organizara, estuvimos en un Gran Concilio y aceptamos venir y pasar por cualquier experiencia que tuviéramos relacionada con la misión y llamamiento que aceptamos como miembros de la Casa de Israel: la misión de compartir con los gentiles la esperanza en Cristo, a cualquier precio. Allí nos instruyeron y entendimos que somos seres eternos e indestructibles. Allí nos dijeron que, como hijos de un Dios, toda pena, sufrimiento, dolor, agonía y sacrificio en esta vida, sería para nuestro beneficio, crecimiento y bendición. Si no entendemos eso, o si no lo creemos, la vida no tiene sentido para nosotros. Pero tenemos que examinar esas experiencias, y en nuestra mente transformarlas de maldición en bendición.

La tragedia del lamanita mestizo, el precio que pagó y sigue pagando para llevar la salvación a los gentiles, incluye entre otras cosas:

  • La pérdida de su libertad.
  • El sufrimiento de 500 años de ignominia.
  • La pérdida de todo poder social.
  • La ignorancia de su propia identidad.
  • El despojo casi total de su patrimonio.
  • El dolor de verse pisoteado.
  • La pérdida temporal de toda esperanza.
  • La constante injuria a su dignidad humana.
  • La imposición de tradiciones falsas.
  • La adopción forzada de filosofías y cultos falsos.
  • La pobreza desgarradora. Etc., etc., etc.

Esa tragedia del lamanita mestizo, decimos, se volverá un tesoro de experiencia para las eternidades. Esto tendrá lugar cuando:

«… en aquel día el resto de los de nuestra posteridad sabrán que son de la Casa de Israel, y que son el pueblo del convenio del Señor, y entonces sabrán y llegarán al conocimiento de sus antepasados, y también al conocimiento del evangelio de su Redentor, que El ministró a sus padres. Por tanto, llegarán al conocimiento de su Redentor y de los principios exactos de su doctrina, para que sepan cómo venir a Él y ser salvos.

Y entonces ¿no se regocijarán en aquel día, y alabarán a su eterno Dios, su roca y su salvación? Sí, ¿no recibirán en aquel día la fuerza y nutrición de la verdadera vid? Sí, ¿no vendrán al verdadero rebaño de Dios?

He aquí, os digo que sí; se hará memoria de ellos otra vez entre la casa de Israel; y siendo una rama natural del olivo, serán injertados en el olivo verdadero» (1 Ne. 15:14-16).

Breve resumen de la historia del mestizo

Una revisión de la historia del mestizo en América, a vuelo de pájaro, nos muestra que:

El lamanita había degenerado social y culturalmente hasta llegar a practicar sacrificios humanos. Francamente, es muy difícil imaginar que un pueblo llegue a niveles más bajos.

Habiendo desarrollado y pertenecido en tiempos pasados a la sociedad más hermosa bajo el cielo (4 Ne. 1:3), nuestros antepasados, por rebelión abierta, cayeron víctimas de su propia desobediencia (Mormón 1:16).  Así estaban en 1492.

Un día, el gentil europeo llegó buscando especias y pronto se dedicó a buscar oro.

La superstición, ignorancia y debilidad militar del lamanita pronto incitó al gentil europeo a ambicionar más de lo que había imaginado. Y la vulnerabilidad del lamanita fue casi total ante el gentil europeo.

El gentil europeo que conquistó México y todo el centro y sur del continente, no trajo mujeres. Por lo tanto, la mezcla de mujeres lamanitas y hombres gentiles produjo un pueblo nuevo en este continente: el lamanita mestizo.

Las primeras generaciones de mestizos habrán sufrido un oprobio único, pues fueron rechazados por los dos pueblos que les dieron vida. Al lamanita mestizo pronto le señalaron un rango social inferior al de ambos padres en su respectiva sociedad. Esto simplemente habrá sido la reacción a lo desconocido. Ya para la segunda o tercera generación, cuando se podían casar entre ellos mismos, el oprobio habrá disminuido un poco, pero el rango social ya estaba establecido y las actitudes, cristalizadas. Y su experiencia incluyó algo aún más terrible. En el proceso, para proteger su dañada autoestima, muchos mestizos rechazaron y menospreciaron su abolengo lamanita.

El lamanita mestizo se definió a sí mismo según lo definieron los seres más importantes de su vida. Ahí su autoestima no tuvo bases firmes para fortalecerse y crecer con toda dignidad. La personalidad herida, para sobrevivir tuvo que desarrollar defensas sicológicas que le restaban energía. Así estaba predicho desde siglos atrás (1 Ne. 13:11,14).

Entre otras cosas, con respecto a su piel bronceada, el lamanita mestizo, ignorando que era un hijo escogido de Dios y que su verdadera dignidad era poco menor que la de los ángeles (Salmos 8:3-6), se complicó la vida adquiriendo otros complejos. Las leyes genéticas de la herencia no se entendían bien en esa época. Así que cuando dos mestizos se casaban y sus genes latentes se combinaban, a veces producían hijos más morenos o más blancos que ellos mismos. Ahí está el origen de otra teoría falsa basada en las apariencias y no en la realidad genética. Ante esa apariencia, los mismos mestizos se comportaban de una manera ridícula aunque con lógica social. Porque los padres llegaron a tener vergüenza de un hijo más moreno que ellos, o los hijos más blancos se avergonzaban de sus padres y trataban de pasar a grupos sociales de más prestigio. La ignorancia de que los cambios en el color de la piel no tienen valor eterno ha llegado hasta el extremo de que algunas personas recurren al agua oxigenada para no aparecer «tan morenas» y así ser más aceptables ante la sociedad que las desprecia.

El conocimiento revelado sobre la naturaleza del hombre nos dice que no es el color de la piel lo que le da valor a un cuerpo, ni es el cuerpo lo que le da valor al individuo. Todas esas características son pasajeras.

No hay espíritus mestizos. El cuerpo que tenemos hoy no es el cuerpo que se levantará en la resurrección. Nuestro espíritu tendrá el verdadero código de la clase de cuerpo que levantaremos para heredar la gloria que hayamos merecido (DyC 76:70,78). La renovación del cuerpo depende de la obediencia (DyC 84:33; 3 Ne 2:14-16).

Pero la ignorancia produce tragedias sin límite. Y el mestizo, como ignora que su condición temporal de mestizo era para salvar a sus dos pueblos, sufre y paga el alto precio de no saberse hijo del convenio, parte íntegra del pueblo de Dios, y miembro legítimo de la Casa de Israel.

Con el advenimiento del lamanita mestizo comienzan los últimos 500 años de consecuencias de la apostasía que comenzó en el año 210 d. de C. (4 Ne. 1:24-27).

Sin embargo, no hay que dar rienda suelta a la amargura. Al contrario, hay razón para un gran regocijo cuando empezamos a comprender otro de los misterios de Dios. Porque al comenzar esos 500 años también comienza el proceso de preparación para que el lamanita mestizo cumpla su gran misión sobre esta tierra. Esa misión, repetimos, es la salvación de los gentiles que vinieron a este continente y se mezclaron con los lamanitas, por supuesto, sin entender que sus víctimas serían sus salvadores. Esa misión solamente un Dios pudo haberla diseñado.

Dios también ama a sus hijos gentiles europeos. Y para ofrecerles a ellos la esperanza en Cristo, ha preparado a sus hijos del convenio, a los lamanitas mestizos, para ofrecerles a los gentiles otra oportunidad en el segundo estado.

Uno tiene que recordar constantemente que la misión de Israel fue y es muy dura, y que el precio para cumplirla es muy alto. Porque Israel, al cumplir la misión de bendecir a todas las naciones de la tierra, sufriría grandes padecimientos y a veces se sentiría abandonado y rechazado. Por eso Dios le recuerda que Él nunca lo ha olvidado. Y aunque parte del sufrimiento proviene de la rebelión y desobediencia de Israel, la misericordia divina no tiene límites. Él nunca ha olvidado la eterna promesa que le hizo a Abraham, aun cuando los hombres lo desobedecen, lo ignoran o aún peor, creen que los ha abandonado. Anticipando todo eso, y hablando como esposo fiel a Israel, el Señor dijo hace mucho tiempo:

«¿Te he repudiado yo, o te he echado de mi lado para siempre? Pues así dice el Señor: ¿Dónde está la carta de divorcio de tu madre? ¿A quién te he abandonado? Sí, ¿a quién te he vendido? He aquí, por vuestras maldades os habéis vendido, y por vuestras iniquidades es repudiada vuestra madre» (2 Ne. 7:1).

El pacto con Abraham

«Jehová es mi nombre y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano. Y haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones» (Abraham 2:8-9).

El pacto que Dios hizo con Abraham fue un hecho extraordinario: Si hubiéramos estado presentes cuando el Señor habló con Abraham, es posible que hubiéramos escuchado algo así:

«Tu descendencia, Abraham, será mi pueblo escogido en esta tierra, porque, como espíritus fueron escogidos antes de la fundación del mundo. Ellos me ayudarán a llevar a cabo mi obra de redención. A ellos les revelaré mi plan para que al terminar su prueba de ese segundo estado, puedan regresar a mi presencia. Ellos tendrán las ordenanzas y la autoridad. Los gentiles no tienen eso porque no son hijos del convenio. Entonces tu descendencia se mezclará con ellos para que, si acaso aceptan el Plan de Salvación, también regresen a mi presencia. Tu nieto Jacob, a quien le daré el nombre de Israel, hijo de tu hijo Isaac, tendrá doce hijos. A esos doce hijos los llamaré la Casa de Israel. Ellos serán mi pueblo escogido. Los espíritus que me apoyaron en el Gran Concilio nacerán en cuerpos dentro de la Casa de Israel. De las doce tribus que serán doce pueblos, habrá dos con misiones muy especiales: Judá y José. A Judá, especialmente, le mandaré que no se mezcle con ningún otro pueblo hasta que Yo, como Jesús de Nazaret, nazca entre ellos. Pero después le mandaré que se mezcle con todas las naciones.

A José (un resto de Efraín y un resto de Manases), le mandaré que pueble un continente nuevo. Efraín, que será más numeroso, ya estará mezclado siglos antes con muchas naciones gentiles antes de ir a la parte norte del Nuevo Continente. A la otra rama de José, la de Manases, mezclada con Efraín y Judá, que será conocida como los lamanitas, le mandaré que se mezcle con los gentiles que ocupen la parte sur del Nuevo Continente después de que los gentiles lleguen ahí. Tengo una misión especial para los espíritus que ocupen esos cuerpos mestizos. Yo tengo mis propios propósitos para hacerlo así y las razones las revelaré a su tiempo».

El mestizo tiene una misión en este mundo y cuando la cumpla (¡Porque sí la va a cumplir!), se dará cuenta de que todo el sufrimiento valió la pena. Esa misión es:

  • Llevar la salvación a su hermano lamanita que ha quedado rezagado y casi ignorado por la sociedad moderna, y
  • Llevar la salvación al gentil europeo que tiene la esperanza de Cristo y que sin mezclarse con Israel no tiene manera de obtener las ordenanzas de salvación.

Después de 500 años de sufrimiento casi inaguantable, no es fácil para el lamanita mestizo creer que él puede hacer eso. No es fácil quitarse el resentimiento. No es fácil aprender a perdonar.

Pero debe empezar a creerlo y a hacerlo, porque así está escrito.

La tarea de salvar al lamanita caído

Veamos primero la tarea de salvar a su hermano lamanita que quedó rezagado. En este grupo se incluye todo lamanita de México, Perú, Bolivia, Guatemala y los otros países que tienen población indígena marginada, y que tienen 500 años de vivir mayormente en un ambiente cultural aislado de lo moderno. Un ambiente grandemente primitivo. Un ambiente donde no hay escuelas eficientes o libros, o lenguajes modernos en los cuales se llevan a efecto las ordenanzas de salvación, es decir, el español, el inglés y el portugués. En este grupo también se incluyen los pocos lamanitas que están en las reservas canadienses y las reservaciones norteamericanas. Y habrá algunos grupos en las islas del Pacífico donde es posible que exista el mismo tipo de población.

Por ahora no es fácil llegarse a esos grupos. En general, ellos viven bajo una dislocación institucional —es decir, sus instituciones sociales son mixtas, parte moderna y parte tradicional— que les impide incorporarse a la sociedad en que viven. En cierto sentido viven aún peor que sus antepasados, quienes nunca respondieron a los esfuerzos nefitas de llevarles el evangelio (Enós 1:14).

Estos lamanitas aislados del tiempo presente no son feroces, ni son agresivos, ni tienen el ánimo destructivo que tenían sus antepasados, pero en términos de pobreza, de ignorancia y especialmente de la falta de instituciones sociales para levantarse, están en una condición desesperante. La sociedad en la cual vivían antes que él gentil viniera, y la cultura que entonces tenían, ya no existe en toda su fuerza.

Es el lamanita mestizo el que tiene el llamado para rescatarlos. Si el rescate no se hace en vida porque la resistencia persiste, se hará en los templos vicariamente durante el milenio.

¿Y de dónde vendrán los registros para preparar las genealogías?

Dios tiene todos los registros guardados para cuando sean necesarios (3 Ne. 27:26).

Lo importante es que el lamanita mestizo tiene parentesco con ese grupo de lamanitas abandonados, que viven en la incredulidad, por así decirlo. Viven abandonados por la sociedad moderna, pero nunca olvidados o abandonados por el Dios de Israel, cuyas promesas jamás caducan (1 Ne. 10:14).

Los miles o millones de lamanitas que nunca se españolizaron, que quedaron marginados por siglos y llegaron a ser extranjeros en su propia patria, esos lamanitas serán rescatados por sus hermanos mestizos que tienen los medios sociales, y pronto tendrán los medios espirituales, para cumplir con su misión. El lamanita mestizo, sobre todo, tiene la orientación para llevar las ordenanzas de salvación a sus hermanos. La tarea es inmensa, pero el espíritu de la misión de Israel también es grande y las promesas de los profetas a ellos son también muy grandes (Mormón 7:10).

La tarea de salvar al gentil español

A muchos mexicanos nos han enseñado desde chicos a odiar, o al menos resentir al gentil español. Algunos mexicanos juraron que un monumento a Cortés jamás se levantaría en México.

Pero esos sentimientos son telestiales. Esas ideas negativas no concuerdan con el Plan de Dios. La perspectiva de la doctrina de Cristo es de eternidad en eternidad y los eventos y las experiencias de esta vida no pueden comprenderse con una perspectiva corta o limitada al tiempo presente.

Además, el lamanita mestizo le debe mucho al gentil europeo. La contribución de los gentiles a la civilización de los últimos días, entre otras cosas, incluye:

  1. La Biblia. Escrita por los judíos pero traída a este continente por los gentiles. Aunque incompleta y de traducción imperfecta, la Biblia mantuvo la idea de la existencia de Dios y su interés en los asuntos del hombre en esta tierra.
  2. Aunque con brutalidad, justificada o no, los gentiles pararon los sacrificios humanos y otras prácticas lamanitas que mostraban una degeneración moral y una decadencia destructiva.
  3. Los gentiles trajeron lenguajes modernos, la imprenta y muchas otras ideas para establecer formas más eficientes de organización social.

Uno podría hacer una lista larga de los muchos beneficios que el gentil europeo trajo al lamanita del Nuevo Mundo. Si el lamanita hubiera seguido su trayectoria cultural y social que por siglos había establecido, es posible que todavía estuviera en ese mismo derrotero, o tal vez uno más degenerado. El lamanita estaba en la apostasía y estaba perdido con respecto al verdadero propósito de la vida. El gentil europeo, en un choque violento que pudo o no ser menos devastador, puso fin o cambió el rumbo de las estructuras institucionales de la sociedad lamanita.

Por más que uno admire el esplendor pasado de la cultura indígena o lamanita, se debe admitir con toda honradez y abiertamente que sus instituciones habían degenerado en el absolutismo del inca, la idolatría azteca, la condición nómada del tarahumara y otras tribus del norte, y las abominables ceremonias en los cenotes mayas, etc., etc.

Y sobre todo, el gentil europeo se mezcló con el lamanita de Israel, dando origen al lamanita mestizo que sería el medio de su propia salvación así como la salvación del lamanita tradicional, quien quedaría al margen de la nueva sociedad creada por el encuentro de los dos pueblos.

Como se llevará a cabo la salación del gentil europeo

El lamanita mestizo ya empieza a cambiar de recogido a recogedor. Como parte de Israel, ya tiene más de cien años de haber recibido el evangelio de parte de su hermano Efraín y ya tiene las ordenanzas y algunos templos para seguir ahora como recogedor en los últimos días.

El recogimiento de Israel en la práctica consta de tres procedimientos o dimensiones:

Primero, la persona recibe el mensaje de la restauración del evangelio en estos últimos días y entra al Reino de Dios por medio de las primeras y fundamentales ordenanzas del evangelio: el bautismo y la confirmación. 

Segundo, la persona se embarca en un largo proceso hacia la perfección que consiste en una vida de servicio a sus semejantes, así como en el aprendizaje y enseñanza del evangelio de Cristo.

Tercero,   la persona obtiene las ordenanzas de salvación en los templos y vuelve su corazón a sus antepasados, y en forma vicaria comparte esas ordenanzas de salvación con ellos.

Es en la parte de la obra vicaria donde el lamanita mestizo puede tornar su corazón a sus antepasados, incluyendo sus antepasados gentiles, y compartir con ellos las bendiciones de la Casa de Israel.

Todo lamanita mestizo, al trabajar en su genealogía, tarde o temprano se conecta con las familias gentiles del continente europeo. Muchas de esas familias jamás pusieron un pie en nuestro continente, y sin embargo, por algún eslabón de parentesco con algún descendiente, podrán conectarse con un lamanita mestizo que les ofrezca las bendiciones de Israel.

La plenitud de los gentiles llegará cuando cada familia gentil tenga un eslabón familiar con Israel. De cada persona o familia dependerá si aprovecha ese eslabón o no, pero hasta que exista esa conexión, la misión de Israel no estará completa. Según los profetas modernos, ese tiempo está a las puertas.

Efraín, siendo de descendencia más numerosa que Manases, tuvo la misión de mezclarse con una multitud de naciones. Parte de Manases tuvo la misión de tomar posesión de este continente con la misión de producir el Libro de Mormón y proteger una copia del registro judío (las planchas de bronce) en caso que los gentiles destruyeran la copia que ellos heredarían de los judíos. Y como sabemos, la copia que los gentiles trajeron sufrió cambios al grado de distorsionar muchas partes del evangelio puro de Cristo (1 Ne. 13:24-29).

El libro guardado y prometido al lamanita mestizo ya llegó a sus manos. Ese libro, preparado por sus antepasados, le devuelve su identidad, le enseña el propósito de la vida, le informa de la misión de la Casa de Israel, de la cual él es parte, le habla de su gran misión en esta tierra y sobre todo, le da un testimonio completo de Jesús, el Cristo, el verdadero Mesías, el Redentor del mundo, el Creador de todo, el Autor de la paz de nuestra alma en este mundo y de la esperanza en el mundo venidero.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s