El  Lamanita mestizo

Capítulo 6

El recogimiento de Israel


(Este capítulo es un poco complicado y tal vez el lector se va a dormir antes de terminarlo. Por eso es bueno que aquí se dé una reseña breve de las conclusiones generales de este capítulo:

Aquí se presenta el fondo histórico del recogimiento de Israel. Se documenta la tremenda importancia de tal evento como una de las últimas etapas de la preparación para la segunda venida de Cristo. Se explica que el recogimiento fue planeado y que los profetas de Israel lo anunciaron. Se menciona que el recogimiento, por derecho, tendría que estar a cargo de Efraín, la tribu de la mayordomía, y que, para llevarlo a cabo, el Señor debe haber puesto a un remanente de Efraín entre las naciones gentiles del norte de Europa; que muchos de esos «gentiles » vendrían a este continente y organizarían la gran nación gentil anunciada por Nefi; que un descendiente de Efraín, de nacionalidad gentil, sería llamado como profeta y recibiría la autoridad para organizar el reino de Dios por la última vez, incluyendo la restauración del sacerdocio y de todos los poderes celestiales, con las llaves para el recogimiento de la Casa de Israel de entre todas las naciones de la tierra, en preparación para la segunda venida de Jesucristo.1

Ahora, si el lector quiere saber los detalles, y las escrituras que documentan esas conclusiones, puede seguir leyendo).

La salida de Israel de la tierra de Egipto fue un acontecimiento tan dramático que azoró por muchos años a las naciones en toda la región. El evento quedó en la memoria de la gente como una referencia concreta del poder de Jehová, el Dios de Israel, y de su amor por su pueblo escogido.2

Y sin embargo, a pesar de la fama de ese histórico acontecimiento, el profeta Jeremías, hablando del futuro recogimiento de Israel en los últimos días, dice:

«… he aquí vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino:

Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.

He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte y por todo collado…»  (Jer. 16:14-16).

Después de siglos de esparcimiento, el recogimiento de Israel sería una gran señal nada menos que de la segunda venida de Jesucristo.   Una escritura en particular describe el retorno de las Diez Tribus:

«Y los que estén en los países del norte serán recordados ante el Señor, y sus profetas oirán su voz, y no se contendrán por más tiempo; y herirán las peñas, y el hielo fluirá ante su presencia.

Y se levantará una calzada en medio del gran mar.

Y traerán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín, mis siervos.

Y los confines de los collados eternos temblarán ante su presencia.

Y allí se postrarán, y serán coronados de gloria, sí, en Sión, por la mano de los siervos del Señor, los hijos de Efraín»   (DyC 133:26-27,30-32).

Eso es sólo una parte del recogimiento. Pero será una parte tan esplendorosa e imponente que aun los que la esperan quedarán maravillados. Toda persona que haya leído las escrituras que anuncian ese recogimiento, entenderá lo que está sucediendo en la historia del mundo, y sabrá que el milenio está a las puertas.

Pero, ¿por qué habrían de venir las Diez Tribus a Efraín?

Y si las Diez Tribus iban a venir a Efraín, ¿dónde estaría Efraín en ese tiempo?

Y si Efraín estaba establecido para recibirlas, ¿cuándo se estableció?

Pues no sólo las Diez Tribus, sino toda la Casa de Israel vendrá a Efraín, porque Efraín tiene la mayordomía. La mayordomía es la presidencia del sacerdocio, es decir, las llaves de la administración del Reino de Dios.

Todo eso es parte del gran plan que se hizo antes de este mundo. El plan de esparcir a la Casa de Israel por todas las naciones, el plan para bendecir a los gentiles y el plan para recoger a la Casa de Israel después de esa gran misión.

El lamanita mestizo tiene una parte central en todos esos sucesos. Nosotros los lamanitas necesitamos enterarnos perfectamente de todos los preparativos porque somos parte de los recogidos y de los recogedores. Nuestros antepasados prepararon el Libro de Mormón para nosotros, para que nos informáramos de ese glorioso recogimiento. Sí, somos de los que serán recogidos y, bajo la dirección de profetas modernos, seremos también recogedores.

Los misioneros, pescadores y cazadores llamados y enviados por Efraín, han entrado a casi todas las naciones de la tierra desde 1830 hasta la fecha. Efraín ha estado dirigiendo el recogimiento de la casa de Israel desde hace ciento setenta y un años, y no parará hasta completar esa monumental obra que es parte de las preparaciones para la segunda venida del Salvador del mundo.

Pero alguien todavía preguntará:

¿Cuándo se preparó Efraín y dónde estaba cuando el llamamiento le llegó?

¿Quién o quiénes fueron los profetas que Dios levantó para esa obra?

Y si sólo Efraín puede tener las llaves, y si las recibió, ¿dónde está Efraín en estos últimos días?

¿Cómo y cuándo recibió Efraín las llaves para poner en acción la mayordomía que le pertenece?

Ese misterio se descubre en las escrituras.

Acordémonos de que todos los acontecimientos de este mundo están bajo un plan maestro que se hizo antes de la fundación del mundo.

Sabemos que el Señor no hará nada (especialmente un evento tan grande como el recogimiento), sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Amos 3:7).

Si los que dicen creer en la Biblia se pusieran a meditar un momento, se darían cuenta de que el recogimiento tendría que comenzar con el llamado de un profeta moderno.

Pues eso precisamente tuvo lugar en 1820.

José Smith, un joven de casi quince años de edad, anunció al mundo que los cielos estaban abiertos otra vez, y que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo habían contestado su oración.

José Smith fue y es un descendiente directo de Efraín. Su misión había sido anunciada nada menos que por su propio antepasado, José de Egipto (2 Nefi 3).

José, el hijo de Israel, fue el heredero original de la mayordomía, e Israel la confirmó personalmente sobre su nieto Efraín (Génesis 48:19). José predijo también que un descendiente suyo, en los últimos días, se llamaría José, como él, y que sería el profeta restaurador de la última dispensación.

Otro profeta predijo la organización del Reino de Dios en los últimos días: Daniel dijo que ese reino no sería jamás destruido, ni sería dejado a otro pueblo. (Daniel le estaba hablando a Nabucodonosor, un rey gentil). Ese reino que consumiría a todos los otros reinos y permanecería para siempre, no podría ser dejado a otro pueblo sino a Israel, y por supuesto, a la tribu de la mayordomía en Israel, o sea Efraín (Daniel 2:44; DyC 90:2, 3).

Y mientras más escudriñamos las escrituras, más encontramos las partes de ese maravilloso plan que Dios preparó antes de la fundación del mundo.

Para que Efraín estuviera en el lugar y tiempo debidos para recibir el reino, un remanente de Efraín se mezcló con las naciones gentiles por siglos y, en los últimos días, se encontraba entre la nación gentil que Nefi vio organizada en este continente. Nefi escribió lo que el ángel le reveló. El evangelio vendría a los gentiles en los últimos días. Y así fue. Todos los ciudadanos de esa nación serían «gentiles» incluyendo ese remanente de Efraín.

Desde siglos atrás Efraín se había hecho «gentil». Había vivido y había sido asimilado entre ellos aun antes que las Diez Tribus se fueran al «norte». (Oseas 5:3-11). Efraín casi había perdido su identidad (Oseas 7:8) y había sido ocultado casi totalmente (Oseas 8:8).

Y otra vez, es interesante leer que aunque Efraín se rebeló, Dios siempre lo cuidó (Oseas 11:3). Lo cuidó porque, aun en apostasía, Efraín, iba a una misión muy importante.

Todo es parte de un plan

La palabra Efraín es una palabra hebrea y quiere decir fructífero (Génesis 41:52). Cuando Israel adoptó a Efraín y a Manases como sus propios hijos, y los bendijo, a Efraín le dijo que su descendencia formaría multitud de naciones (Génesis 48:19). Algunos autores han traducido esa frase como plenitud de los gentiles, porque la frase en hebreo tiene la palabra goyim que se puede traducir como nación, gentil o pagano.3 Los descendientes de Efraín serían fructíferos, es decir, un pueblo grande o numeroso (Josué 17:14-15), y parte de esa numerosa descendencia se mezclaría con los gentiles. El profeta Oseas lo dijo: Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada» (Oseas 7:8). Eso parece decir que en la misión de Israel de mezclarse con las naciones de la tierra, Efraín tenía una supermisión como cabeza de Israel, de casi perder su identidad (Oseas 9:13), y llegar a ser la plenitud de los gentiles, es decir, asimilarse casi completamente o en plenitud con los gentiles, para cumplir su gran misión redentora que duraría desde el día de su dispersión hasta los últimos días, cuando los gentiles terminarán de recibir el beneficio de su presencia entre ellos, o hasta la plenitud de los gentiles.

Esto nos hace recordar que Efraín mismo, como Manases, fue hijo de madre gentil (Génesis 41:50). Al parecer, Dios diseñó esa circunstancia tal vez para facilitarle o predisponerlo a llegar a ser casi gentil y tener ciudadanía gentil por varios siglos. ¿Será por eso que el Libro de Mormón llama gentiles (por nacionalidad) a los que recibirían el evangelio en la nación gentil de los últimos días? No es necesariamente extraño llamar a un pueblo por su nacionalidad. Nefi nos llama judíos (nacionalidad) a nosotros, sus descendientes (2 Ne. 30:4), y Doctrina y Convenios también nos llama judíos a nosotros, los lamanitas (DyC 19:27), porque originalmente nuestros antepasados —aunque de la tribu de José— fueron ciudadanos judíos.

Podemos empezar a entender el misterio de cómo Efraín llegó a ser «gentil» cuando leemos que el profeta Oseas pone una atención casi desmedida en el comportamiento de Efraín. Otra vez vemos el terrible precio que los escogidos del Señor han tenido que pagar para cumplir una misión redentora. En ese tiempo todas las tribus de Israel habían pecado y se habían olvidado de Jehová, pero el profeta Oseas se enfoca en Efraín, porque sabe que Efraín tiene la mayordomía y tiene más responsabilidad:

«Efraín es dado a ídolos» (Oseas 4:17). «Yo conozco a Efraín… Oh, Efraín, te has prostituido (Oseas 5:3).

«Efraín será asolado en el día del castigo» (Oseas 5:9). «Efraín es vejado, quebrantado enjuicio» (Oseas 5:11). «Yo, pues, seré como polilla a Efraín… y verá Efraín su enfermedad… irá entonces Efraín a Asiría…» (Oseas 5:12,13).

Entonces, si en la dispersión de las Diez Tribus Efraín jugó el papel central (a costa de un sacrificio enorme, voluntariamente aceptado en la vida anterior), es natural que también en el recogimiento tuviera el papel principal. Y así fue.

Cuando Cristo visitó a nuestros antepasados en este continente, profetizó sobre nosotros, los futuros lamanitas y nos prometió bendiciones maravillosas. Pero también habló de toda la casa de Israel en general, así como de los gentiles.

Cristo dijo a nuestros antepasados que en los últimos días «los de mi pueblo, que son un resto de Jacob, estarán en medio de los gentiles» (3 Nefi 21:12), es decir, que un resto de Efraín estaría en medio de la gran nación gentil vista por Nefi.

Algunos podrán pensar que cuando Cristo dijo «un resto de Jacob» se refería a los lamanitas. Pero Cristo ya les había dicho lo mismo a los lamanitas en 3 Nefi 20:16-19. A los lamanitas Cristo les dice que «estaréis en medio de aquellos que serán muchos», pero a Efraín, quien también es un resto de Jacob, le dice que estará en medio de los gentiles (3 Nefi 21:12).

Además, esa escritura no es original del Libro de Mormón. En esa escritura Cristo estaba citando al profeta Miqueas, a quien El, como Jehová, le había revelado esa misma escritura siglos antes. Pero en Miqueas la palabra goyim se tradujo como naciones. Así que la misma escritura en la Biblia dice: «… el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos» (Miqueas 5:7). Esto parece referirse más a Efraín porque los lamanitas nunca hemos estado en medio de muchos pueblos. Como ya se dijo, el nombre mismo de Efraín quiere decir multitud de naciones o pueblos, o plenitud de los gentiles, según como se traduzca la palabra hebrea goyim?

A Efraín, siglos antes, por medio de Miqueas; a los nefitas y lamanitas, personalmente, (3 Nefi 20), y otra vez a Efraín, en el Libro de Mormón, (3 Nefi 21), el Salvador les está diciendo que en los últimos días, ellos, los dos hermanos, la tribu de José, tienen una obra muy importante que hacer para establecer orden en el reino de Dios «si los gentiles no se arrepienten».

Y hay todavía otras razones que tal vez ayuden a apoyar la idea de que Efraín estaría mezclado entre los gentiles que poblarían la parte norte de nuestro continente, en los últimos días. Hay cuando menos cuatro:

  1. José Smith es de Efraín (2 Nefi 3:6-15).
  2. Nadie, excepto la tribu de la mayordomía, podía recibir la restauración del reino en los últimos días. Los gentiles «puros» nunca tuvieron, ni nunca tendrían, profetas ni sacerdocio ni la dirección del reino.
  3. Casi el cien por ciento de los santos de los últimos días estadounidenses o descendientes de anglosajones europeos, son de Efraín, según las bendiciones patriarcales, aunque sean «gentiles» por nacionalidad.
  4. Doctrina y Convenios contiene al menos trece escrituras, una de las cuales dice que los gentiles anglosajones que aceptan el evangelio no son rebeldes y son «de la sangre de Efraín».4

No podemos saber cuántos de los gentiles que han venido a este continente son «los gentiles» que Nefi vio y describe en el versículo 12 del capítulo 13 de 1 Nefi, y cuántos serán los «otros gentiles» que Nefi describe en el versículo 13 del mismo capítulo. Pero sí sabemos que los gentiles rebeldes «no son de la sangre de Efraín» (DyC 64:36).

El profeta Mormón, obedeciendo a un mandato directo de Jesucristo, parece dirigirse a los gentiles rebeldes y les hace una invitación muy directa y muy fuerte (3 Nefi 30).

Efraín, entonces, está a la cabeza del recogimiento. El reino está en las manos de los que tienen la mayordomía. Los profetas con las llaves del sacerdocio están llamando al mundo entero al arrepentimiento.

Como leímos en el capítulo 5, el esparcimiento tuvo lugar en tres etapas históricas desde el año 720 a. de C. hasta el año 70 d. de C.

¿En cuántas etapas tendrá lugar el recogimiento?

Estamos en la primera etapa. En ciento setenta y un años Efraín ha establecido el reino sobre firmes cimientos. La obra monumental que Efraín ha realizado es admirable. A costa de sacrificios incalculables y con una devoción espiritual tal vez sin paralelo, Efraín ha hecho lo que Dios esperaba. Ellos han llevado el evangelio a casi el mundo entero y cada día que pasa, ese esfuerzo de Efraín se acrecienta. Es impresionante la evidencia de que el reino establecido en estos últimos días goza de los dones celestiales. Los profetas y apóstoles que ministran en el reino bajo la dirección de Jesucristo, hablan con poder y autoridad.

No hay poder sobre la tierra que pueda detener el avance del reino establecido (DyC 1:2-5).

Los grupos de Manases y de Efraín5 que llegaron a este continente bajo la dirección de Lehi, ya están identificados, y los lamanitas ya empiezan a florecer. Pero es el lamanita mestizo el que ahora debe elevarse a un nivel espiritual, social y cultural más alto para participar de lleno en la obra del recogimiento. Mucha de esa obra se llevará a cabo en los templos.

Un primer aspecto del recogimiento de los judíos ya tuvo lugar. El profeta José Smith envió al Apóstol Orson Hyde, en 1844, a dedicar la tierra de Palestina para el regreso de los judíos.

En 1948, por primera vez desde el año 70, cuando fueron esparcidos por todo el mundo, los judíos volvieron a Palestina y se organizaron legalmente como país.

El recogimiento comenzó oficialmente en el año 1836, cuando el 3 de abril, en el templo de Kirtland las llaves para el recogimiento de Israel fueron dadas a José Smith y Oliverio Cowdery.

Moisés tenía esas llaves y vino en persona a entregárselas a José Smith, un representante legítimo de Efraín.6

«…se apareció Moisés ante nosotros y nos entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las Diez Tribus desde el país del norte» (DyC 110:11).

Por fin, después de varios siglos, empezó el recogimiento, uno de los últimos actos del tremendo drama en la historia del pueblo de Dios. Muchas cosas se habían preparado para ese gran acontecimiento:

Los profetas lo habían predicho.7 Parte de la tribu de Efraín había sido estratégicamente esparcida entre los gentiles europeos, anticipando su posterior migración al norte del Nuevo Continente como parte de los «gentiles» que Dios traería a esta tierra (2 Nefi 1:6). Se había descubierto el Nuevo Continente, y las personas que Dios traería aquí seguían llegando. Surgió el lamanita mestizo y empezó su preparación para salvar a los gentiles que vendrían al centro y sur del continente, así como a sus hermanos lamanitas abandonados.

Los «gentiles» en el norte del continente ya habían organizado una nación fuerte y libre, profetizada por Nefi, para recibir la última dispensación del evangelio (DyC 109:60-67). El Reino de Dios había sido establecido con autoridad, en 1830 (Daniel 2:44).

Los pescadores y los cazadores anunciados por Jeremías empezaron a salir a viajar por toda la tierra para juntar a los esparcidos de Israel (Jer. 16:16).

Las otras etapas del recogimiento de Israel están por comenzar. Las fechas exactas no se saben pero todo indica que son inminentes. Los judíos siguen regresando a Palestina y hacen planes para reconstruir su famoso templo, aunque para saber qué hacer en él tendrán que visitar la ciudad de Lago Salado. El tiempo y la conversión total de los judíos están descritos dramáticamente en Zacarías 12:10; 13:6; 14:14; y DyC 45:47-53.

Las Diez Tribus sin duda se estarán preparando para el tiempo de su salida «de la tierra del norte». Antes de establecerse en Palestina, la tierra de su herencia, pasarán a la Nueva Jerusalén en este continente, y recibirán instrucciones y bendiciones de las manos de Efraín.

El lamanita mestizo, siendo residente conocedor en el continente, tendrá entonces la enorme tarea de trabajar con Efraín y con Manases para heredar su parte del continente. Continuará con la obra de predicación y redención, en vivo y vicaria, por todos sus antepasados gentiles y lamanitas, y se preparará para gozar de la gloria del milenio y también para el juicio final, como el resto del mundo.

El recogimiento probablemente seguirá durante el milenio hasta que el gran Jehová diga: ¡La obra está hecha!


Notas

  1. Que conste aquí que el material incluido en este capítulo es una parte mínima de lo que se ha revelado sobre el recogimiento de la Casa de Israel. Parte de la gloria que nos espera a los lamanitas está descrita en el capítulo 21 de 3 Nefi y la gloria que le espera a toda la Casa de Israel está descrita en el capítulo 22, que es lo mismo que Isaías 54. Otra parte de esa gloria está descrita en el capítulo 14 de Oseas, especialmente el versículo 8, donde dice que Efraín (referido como la casa de José entre los gentiles en DyC 90:10) abandonará la casi increíble apostasía que sufrió para cumplir su misión redentora de llevar la luz de Cristo a los gentiles. El lector debe leer esos capítulos hasta que el entendimiento le llegue poco a poco.
  2. Éxodo 15. También la historia de Balaam y su asna muestra el temor que los reyes paganos tuvieron al saber que Israel venía de Egipto a poseer la tierra (Nm. 22-24).
  3. La idea de la interpretación del hebreo sobre la palabra goyin está elaborada en el capítulo 3 del libro The Last Days, escrito por Abraham Gileadi (Deseret Book Company, 1991).
  4. DyC 27:10; 35:25; 64:36; 84:32; 86:8-11, 96:6-7; 98:32; 103:17; 109:57-58; 132:30; 132:49; 133:30; 136:21.
  5. Y como el libre albedrío es un principio eterno y ningún plan de Dios puede forzar a los hombres a seguirlo, Dios siempre ha de tener planes de contingencia, por si los hombres siguen otro camino.
    Tal vez por eso el Señor preparó a otra rama de Efraín entre los lamanitas, en caso de que fallara la otra rama de Efraín que estaría mezclada con los gentiles de Europa y que poblaría el norte de este continente para recibir la última dispensación. Porque es bien sabido que gran número de lamanitas son de Efraín por parte de Ismael, el hermano de la esposa de Lehi. Todos los profetas en el Libro de Mormón fueron de Manases y no se sabe lo que hicieron los lamanitas de Efraín durante esos mil años de historia nefita, pero es posible que estuvieran en este continente como reserva, por si el otro plan se tenía que modificar. El Señor tiene todas las contingencias cubiertas.
    Y tal vez por eso el Libro de Mormón repite muchas veces que si los gentiles no se arrepienten y aceptan el evangelio, serán rechazados. Hasta Moroni se preocupó algo sobre ese punto y le pidió al Señor que bendijera con gracia y caridad a los gentiles y el Señor le contestó a Moroni: «… Si no tienen caridad, es cosa que nada tiene que ver contigo; tú has sido fiel; por tanto, tus vestidos estarán limpios» (Éter 12:36-37).
  1. Después que José el de Egipto murió, Efraín, sus descendientes y toda la casa de Israel permanecieron en Egipto como esclavos por cuatrocientos treinta años. El sacerdocio que habían heredado de Abraham se perdió o dejó de funcionar durante esos años. Cuando Moisés fue llamado, Jehová lo ordenó por medio de Jetro, su suegro, y Moisés ejerció los poderes del Sacerdocio Mayor como pocos profetas antes o después de él. En el proceso de organización de las tribus como pueblo, Jehová les ofreció las más grandes bendiciones bajo la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec. Pero el pueblo se rebeló y rechazó el ofrecimiento. 
    Moisés llamó a doce príncipes, uno de cada tribu, como líderes, y uno de ellos fue Josué, de la tribu de Efraín (Nm. 13). La casa de Josué hubiera ejercido los derechos de la mayordomía si hubiera tenido el Sacerdocio Mayor. La mayordomía, o llaves, o derechos de la presidencia, puede funcionar solamente bajo el Sacerdocio Mayor, pues su relevancia está ligada a las ordenanzas espirituales. 
    Jehová, decepcionado de su pueblo, varias veces quiso reemplazarlo y darle a Moisés otro pueblo, pero Moisés intercedió. Bajo mandato divino, Moisés nombró a los levitas, su propia tribu, como custodios del Sacerdocio Menor, que sólo tiene la autoridad sobre asuntos temporales y ordenanzas preparatorias. Por 1300 años —de Moisés a Cristo— Israel vivió bajo el Sacerdocio Menor, y aunque Efraín tuvo la mayordomía —y supo que la tuvo, porque a veces reclamó sus derechos (Jueces 8:1)—, no tenía el Sacerdocio Mayor con que ejercerla. 
    El pleito y celos entre Efraín y Judá (Isaías 11:13) fue en parte porque Efraín tenía el derecho de la presidencia, pero sin el sacerdocio necesario para implementarlo, mientras que Judá mantuvo el poder de gobernar, con cierto mérito, ya que casi todos los profetas de Israel fueron de la tribu de Judá, y ellos personalmente sí tuvieron el Sacerdocio Mayor por necesidad de su llamamiento. 
    En el tiempo de Cristo la autoridad del Sacerdocio Mayor llegó a los apóstoles (judíos), a través del mismo Jesucristo —que es la fuente de toda autoridad—. Y sin embargo, El llamó a Moisés al Monte de la Transfiguración para mostrar a los apóstoles el modelo de ordenación. Sin embargo, las llaves de la primogenitura no fueron entregadas porque Efraín tenía ya siete siglos de estar entre los gentiles y, de todos modos, en esa dispensación no habría recogimiento ya que ni siquiera había terminado la dispersión. A propósito, Moisés vino como ser trasladado, pues no había muerto. Cristo lo necesitaba en esa conferencia con los apóstoles, y si Moisés hubiera muerto, hubiera tenido que resucitar también, lo cual no era posible porque Cristo todavía no había vencido la tumba…
    Efraín, en plena apostasía, ya estaba sufriendo, aprendiendo y bendiciendo a los gentiles con su presencia y, por supuesto, esperando su plenitud entre los gentiles y esperando que un remanente, identificado como gentiles, recibiera el llamamiento del cielo con toda la autoridad del Sacerdocio Mayor para ejercer su mayordomía y hacerse cargo del recogimiento de Israel, y supervisar la preparación del mundo para recibir al Hijo de Dios, el Salvador y Redentor de Israel. Esa espera de Efraín terminó cuando Moisés, muy probablemente ya un ser resucitado, vino a José Smith y le entregó las llaves del recogimiento en 1836.
  1. Un hijo de Isaías se llamó Searjasub, que quiere decir un remanente volverá (Isaías 7:3). El recogimiento fue mencionado por casi todo profeta que anunció el esparcimiento, muchas veces en el mismo capítulo o versículo (Isaías 14:2; 1 Ne. 10:13,14,1 Ne. 19:14-15; Zacarías 10:9,10).
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