El  Lamanita mestizo

Capítulo 3

Los gentiles en el segundo estado


Durante la sequía de tres años y medio en Israel, Dios mandó a Elías el profeta que se hospedara con una mujer viuda. La mujer y su hijo estaban a punto de morir de hambre al tiempo que Elías le pidió algo de comer.

Solamente un puñado de harina tengo y un poco de aceite— dijo la pobre mujer— para mí y mi hijo. Hazme a mí primero una pequeña torta, y después harás para ti y para tu hijo.

Después de obedecer a Elías, ni la harina ni el aceite le volvieron a faltar a la mujer. Esto fue en la ciudad de Sarepta, en Sidón. La mujer era gentil (1 Reyes 17:9-16).

Un general leproso fue a ver al profeta Elíseo, con la esperanza de ser sanado. Respondiendo a la petición, Elíseo le dijo que se lavara siete veces en el río Jordán. El general lo hizo y se curó, y se fue muy agradecido. El general era gentil, de Siria (2 Reyes 5:1-15).

Cuando Cristo se presentó en su propia sinagoga de Nazaret y comenzó formalmente su ministerio, les leyó Isaías 61:1-2, y ahí mismo les anunció que él era el Mesías. La congregación, aunque impresionada por sus palabras, no le creyó. Entonces Cristo, después de mencionarles que «ningún profeta es acepto en su propia tierra», les recordó algo terrible en la historia de Israel. Les dijo algo que les hirió tanto el alma que ahí mismo lo quisieron matar: Cristo les mencionó los milagros antes citados, hechos por Elías y Elíseo entre los gentiles, y les dijo que esos gentiles habían sido más dignos que los israelitas de aquel tiempo, y que ahora, al rechazarlo a Él, ellos seguían siendo indignos de su presencia. Por eso, «al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira» (Lucas 4:16-30).

Hay otro caso en las escrituras que muestra esa diferencia enorme que existió entre la Casa de Israel y los gentiles. Una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, se acercó a Jesús y le pidió que echase fuera de su hija al demonio.

Jesús le dijo que no estaba bien que El tomara el pan de los hijos (Israel), y se lo diera a los perrillos (los gentiles). La mujer, sin ofenderse, y usando el mismo simbolismo, dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija-. Y Cristo hizo una excepción a su propia regla de no ministrar a los gentiles en persona, pues, la mujer era gentil, griega, de Sidón (Marcos 7:24-30).

¿Quiénes son los gentiles?

¿Por qué dijo Cristo que El, oficialmente como el Salvador, no visitaría a los gentiles en esta vida? (3 Nefi 15:23).

¿Qué hicieron los gentiles en el primer estado, o qué habrán dejado de hacer, para nacer en esta tierra fuera del convenio, es decir, fuera de la Casa de Israel?

Los gentiles, las naciones paganas —los pueblos que no son de la Casa de Israel— son también hijos de Dios. Pero por razones que no sabemos específicamente, ellos nacieron en el segundo estado para ser probados de manera diferente. El hecho de que no nacieran dentro del convenio tiene que haber estado relacionado con el ejercicio del libre albedrío en el primer estado, como lo dice el profeta Alma (Alma 13:4).

Tal vez una manera de describir a los gentiles sea mencionando las bendiciones que ellos, como pueblo, no recibirían en esta vida. Al hacer esto tal vez podamos apreciar más la inmensa bendición que tenemos de pertenecer a la Casa de Israel:

  1. Entre los gentiles no nacería un solo profeta verdadero, es decir, ninguno de los testigos de Dios en la tierra. Cada profeta verdadero que ha venido a este mundo, nació dentro de la Casa de Israel. Una de las misiones de cada profeta fue anunciar y testificar de Cristo (2 Nefi 25:19).
  2. Los gentiles no producirían una sola línea, párrafo o página de los escritos del mundo que pudieran llamarse «la palabra de Dios», es decir, los libros canónicos. Todos los registros sagrados, escritos con autoridad divina para dirigir al hombre en esta tierra y mantenerlo en contacto con su Creador, serían producidos por la Casa de Israel.
  3. Los gentiles, como pueblo, no recibirían el Plan de Salvación. Es decir no tendrían las ideas y conceptos que explican el significado de la vida, que describen la naturaleza, el origen y el destino del hombre. Los gentiles no sabrían de la creación de la tierra como morada temporal, ni tendrían la filosofía correcta de la existencia, o lo que también se llama el evangelio de Cristo o las Buenas Nuevas. Como pueblo, los gentiles no tendrían el testimonio de que el nacimiento no es el principio de la vida, ni la muerte su fin. Por falta de esa información entre ellos, y debido a la necesidad innata del ser humano de entender el porqué de las cosas, entre los gentiles se producirían ideas falsas para tratar de explicar los misterios de la vida. Por ejemplo:
  •  La momificación del cuerpo para tratar de lograr la inmortalidad.
  • La idea de la reencarnación y la predestinación como explicaciones de la vida.
  • La idea del destino, de la fortuna, y la suerte como fuerzas que podrían afectar el albedrío.
  • La evolución orgánica como explicación del origen del hombre sobre la tierra.
  • El racismo o creencia de que hay varias «razas» humanas y la superioridad de unas sobre otras.
  • La idolatría. Ante la terrible desesperación por sentirse solos, sin la presencia de Dios en sus vidas, los gentiles se dejarían engañar más fácilmente por Satanás y recurrirían a la magia, adivinos y poderes ocultos prohibidos a Israel (1 Samuel 28:3, 6, 7).
  • El terror a la muerte.
  • El placer físico como fuente de felicidad.
  • Y muchas otras ideas y «explicaciones» falsas de los misterios de la vida.
  • Toda idea que contradice al Plan de Salvación ha sido producida en el mundo por los gentiles, o bajo su influencia. Eso, por el simple hecho de no saber su identidad como hijos de Dios, ni tener el Plan de Vida entre ellos.
  1. Los gentiles no recibirían un solo llamado para actuar con autoridad en las ordenanzas de salvación. Es decir, ellos no tendrían las ordenanzas necesarias para que el hombre regrese de esta vida a la que sigue, debidamente preparado para reportar sobre su experiencia en el segundo estado. En otras palabras, los gentiles, como pueblo, no tendrían el sacerdocio.
  2. Los gentiles no tendrían el linaje —la familia— para el nacimiento del Salvador del mundo. El Cristo, el Ungido, el Hijo de Dios, nacería en la familia de Israel (Números 24:17).
  3. Durante su primera venida al mundo para hacer su obra de redención, Jesús, el Mesías, no visitaría personalmente a los gentiles.
  4. Los gentiles no tendrían la esperanza de un Salvador. La redención de Cristo no los alcanzaría a menos que ellos se mezclaran «racialmente» con la Casa de Israel o fueran adoptados al aceptar el evangelio.
  5. Los gentiles harían un servicio —de acción negativa pero de gran importancia—, relacionado con el inmutable plan de Dios de dar el Libre Albedrío al hombre. Ellos, los gentiles, servirían como azote o látigo en la mano de Dios para corregir a la Casa de Israel cuando ésta usara mal el libre albedrío (2 Nefi 10:18).
  6. Los gentiles no serían pesados en la misma balanza como si hubieran recibido las grandes bendiciones que recibiría Israel en esta tierra. Por haber recibido muy poco de los valores eternos, de ellos también se esperaría poco (DyC 75:22).
  7. Los gentiles dedicarían —en esta vida— su energía mental a las cosas de esta tierra. Sus dones serían el uso del «brazo de la carne» y el uso de la razón como único criterio de verdad.

La revelación que Dios les daría sería más a la mente que al corazón. No conociendo al Dios verdadero para tener fe en El, inventarían dioses falsos —hechos por la mano del hombre— y gastarían gran parte de sus energías en ceremonias y ritos ineficientes, sin valor eterno (1 Reyes 18:25-29).

Las naciones gentiles de la tierra descienden de Jafet, el hijo menor de Noé. Esas naciones, algunas de ellas llamadas antiguamente «Gog y Magog», incluyen a China, Japón, India, Turquía, Persia, Iraq, y otras en esas áreas. También naciones mediterráneas como Egipto, Grecia, Italia, etc., y el resto de las naciones europeas.

Los árabes son gentiles también y descienden de tres líneas diferentes. Unos descienden de Lot, sobrino de Abraham; otros, de Ismael, hijo de Abraham y Agar, su esposa gentil; y otros, del hermano de Israel, Esaú, quien rechazó el sacerdocio (Génesis 15:3-4). Si pudiéramos usar una escala para juzgar a los gentiles en términos de privilegios espirituales, los árabes tendrían un alto puntaje.

Las naciones de gente negra (los descendientes de Caín y, después del Diluvio, descendientes de Cam, el segundo hijo de Noé, quien se casó con una descendiente de Caín) son otra clase de gentiles. Ellos también están incluidos en el plan de Dios, pero desde el tiempo de Adán hasta este siglo estuvieron bajo ciertas restricciones especiales para ellos (Abraham 1:21-27). Por ejemplo, hasta 1978, cualquier descendiente de Israel que se mezclara con ellos perdía las bendiciones de Israel en lugar de compartirlas con ellos, como era el caso de quienes se mezclaban con los gentiles blancos. Desde la revelación al Presidente Spencer W Kimball, en 1978, tal restricción terminó y toda persona digna, hombre o mujer, de cualquier pueblo, lengua o tribu, puede gozar de las bendiciones dadas por derecho a la Casa de Israel. Los detalles de ese misterio en el Plan de Salvación no se han revelado.

A estas alturas de la historia del mundo, durante la última dispensación, sería tal vez imposible encontrar una sola nación gentil que no se haya mezclado con la Casa de Israel, aunque sea parcialmente. La plenitud de los gentiles, o el tiempo en que Israel terminaría la misión de llevarles el evangelio a ellos, está llegando a su fin, lo que indica que la segunda venida de Jesucristo se aproxima cada vez más.

Naciendo en esta tierra, carentes del evangelio de Cristo y de las ordenanzas de salvación, los gentiles estarían condenados a una vida espiritual muy pobre. Al morir regresarían a la presencia de Dios con pocos logros de valor eterno. La más alta gloria que la mayoría de ellos podría alcanzar sería tal vez la gloria terrestre (DyC 45:54; 76:72).

Pero la misericordia de Dios no tiene límites cuando los hombres se arrepienten. La esperanza en Cristo se llevaría a los gentiles bajo un plan divino. Ese plan sería ejecutado en esta tierra por la Casa de Israel.

El lamanita mestizo tiene un papel importantísimo en ese plan.

En el capítulo siguiente consideraremos la relación entre Israel —especialmente el lamanita mestizo— y los gentiles o las naciones paganas de la tierra. Debemos notar que de las escrituras se pueden derivar al menos cuatro definiciones de la palabra «gentil». Sin embargo, para los propósitos de este estudio la palabra aquí se aplica a todos los que nacieron fuera del convenio que Dios hizo con Israel. Vamos a entender que la misión de Israel entre los gentiles es una misión de dedicación, de servicio, de amor. Vamos a entender que el sufrimiento del lamanita mestizo es parte de un plan eterno y que todas sus experiencias se tornarán en el gozo de una misión cumplida.

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