El  Lamanita mestizo

Capítulo 8

La urgencia del momento


Si alguien nos dijera que nuestra casa se estaba quemando, es muy probable que diéramos un salto, dejáramos todo lo que estuviéramos haciendo y corriéramos a toda prisa a apagar el fuego.

Pues, casi casi. Es urgente que despertemos y demos un salto para salir de la condición en que los lamanitas nos encontramos. El remedio está en conocer bien las profecías sobre nosotros en estos últimos días y en prepararnos para cumplirlas. Las promesas son grandes y maravillosas.

La urgencia del momento para el lamanita mestizo, es enorme.

El lamanita debe apurarse a buscar el aceite para su lámpara. No es que las cosas se deban hacer precipitadamente, sin embargo, hay mucho qué hacer. Hay mucho qué preparar para que Dios nos tenga confianza y sepa que puede contar con nosotros para hacer la obra que tenemos que hacer en esta dispensación.

Lo primero es pedir que la gracia del cielo venga a nuestro rescate y después hacer todo lo que podamos (2 Nefi 25:23).

Para participar de lleno en los planes que Dios tiene en estos últimos días, muchos nos sentimos débiles, inexpertos, faltos de habilidad.

Necesitamos la gracia del cielo.

«…y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tiene fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos (Éter 12:27).

Como lamanitas mestizos estamos en una situación muy difícil y con una responsabilidad muy grande. No estamos educados, no estamos organizados. Vivimos en un ambiente corrupto. Sufrimos de pobreza y deshonrradez. No estamos educados. Nuestra visión es corta. Vivimos para el momento, con poca confianza en el futuro. Vivimos una vida natural, no una vida espiritual.  No estamos educados.

Afortunadamente, ésos son problemas que tienen remedio si combinamos la gracia del cielo y el esfuerzo nuestro. Pero ésos son problemas para gente que se prepara, gente con visión, gente con esperanza, gente que tiene metas porque tiene una causa grande en la vida.

Nuestra tierra es rica. Desde México hasta el fin de Sudamérica hay abundancia de riquezas naturales. Lo que nos falta es instrucción, organización, honradez, esfuerzo, tenacidad y metas firmes.

Cada quien puede hacer su propio plan, pero aquí vamos a sugerir un bosquejo para salir de la problemática en que nos encontramos como pueblo y para prepararnos y estar listos para cuando venga el milenio.

Primero. Vamos a pedir la gracia del cielo:

Para aceptar que tenemos problemas. Para entender bien esos problemas. Para hacer un convenio con Dios Para resolverlos. Para tener la fortaleza para actuar.

Segundo. Vamos a educar a nuestra juventud.

La preparatoria no es suficiente. La preparatoria es para prepararnos para estudiar.

La educación técnica es para aprender sólo una técnica; para poder subsistir mejor.

No. Esa es educación práctica. Buena solamente para este mundo, para ganarse el pan de cada día.

Debemos educarnos para aprender a pensar. Para que la gracia del cielo haga más impacto sobre nosotros.

Pero hay que cuidarnos. La educación secular de alto nivel, sin un testimonio de la verdad, nos puede desviar de nuestra misión eterna. Eso sería peor que no saber leer. La educación secular debe estar cimentada sobre valores eternos. Si está basada en valores gentiles, es decir, buscar fama, poder, prestigio, riquezas de este mundo, esa educación secular no nos puede ayudar con nuestra misión eterna.

La gracia del cielo tiene más impacto sobre los que se preparan para servir y para cambiar las cosas. La gracia del cielo, por supuesto, nos ha mantenido vivos por 500 años y nos ha dado para comer.

Pero ahora necesitamos más que eso.

Queremos más. Queremos recibir su imagen en nuestros rostros. Queremos un cambio de corazón. Queremos renacer espiritualmente (Alma 5:12-14).

No queremos existir solamente. Queremos vivir vidas abundantes. Queremos tener un impacto en nuestro medio. Queremos cambiar la sociedad. Para eso necesitamos la gracia de Dios y la educación para hacer lo que la gracia nos indique.

Los lamanitas tenemos que aprender a recurrir al Señor (1 Nefi 15:3).

Tenemos que aprender a pedir en todo (DyC 46:7).

Tenemos que aprender que la voluntad de Dios es que le pidamos (DyC 103:31).

Pero también tenemos que actuar y recordar que hicimos un convenio con El antes que el mundo se formara. Y que tenemos una misión en este mundo. El mundo no sabe nada de eso. El mundo sabe muy poco o nada de la misión de Israel. Los filósofos gentiles no saben nada sobre nuestra naturaleza (somos eternos), no saben nada de nuestro origen (somos hijos de Dios), no saben nada sobre el propósito de la vida (vinimos a pasar una prueba y a obtener un cuerpo), no saben nada de la redención de Cristo (viven con terror a la muerte).

En cambio nosotros tenemos las escrituras y revelación del cielo, con el conocimiento necesario para dirigir nuestra vida.

Por eso necesitamos la educación. Necesitamos educar el intelecto dentro de un marco moral.

No una educación para este mundo solamente, sino la educación para pensar y aprender y cambiar la vida, cambiar la sociedad, cambiarnos a nosotros mismos.

Por eso, para comenzar, sugerimos un decálogo lamanita.

La pureza sexual, la honradez y la fe son prerrequisitos para recibir la Gracia de Dios. Además, para organizar nuestra vida hay que obtener una bendición patriarcal y leerla a menudo.

Este decálogo puede montarse en un marco y colocarse donde uno lo vea diariamente.

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