Sed Valientes
Élder Spencer W. Kimball
Del Consejo de los Doce ApóstolesLa valentía espiritual se demuestra mediante la fidelidad y la obediencia constante al Señor y a Sus siervos escogidos.
Mis hermanos y hermanas, estos son días trascendentales. Las experiencias de esta semana no las olvidaremos pronto. También me impresiona, como expresó el hermano Cowley, la importancia del cuerpo al cual pertenezco. Esta es la primera conferencia general a la que he asistido que ha sido dirigida por el Consejo de los Doce.
DECLARACIÓN DE PABLO
Recuerdo la declaración de Pablo a los efesios cuando dijo:
Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros.
Luego explica cuidadosamente con qué propósito fueron llamados:
A fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo [la Iglesia] de Cristo.
Y después continúa y hace una declaración que considero verdaderamente muy importante para todo Santo de los Últimos Días:
Para que ya no seamos niños, llevados de aquí para allá y arrastrados por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres y por astutas artimañas con que engañan.
LÍDERES ESCOGIDOS
En muchos otros lugares, Pablo también nos advirtió contra los engañadores que vendrían aun antes de su partida. Y han continuado viniendo, y están entre nosotros hoy. Las autoridades que el Señor ha colocado en Su Iglesia constituyen para el pueblo de la Iglesia un puerto seguro, un lugar de refugio, un poste al cual sujetarse, por así decirlo. Nadie en esta Iglesia se desviará jamás demasiado si se ata firmemente a las Autoridades de la Iglesia que el Señor ha puesto en Su Iglesia. Esta Iglesia nunca se desviará; el Cuórum de los Doce nunca los conducirá por sendas equivocadas: nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Podría haber individuos que flaquearan; pero nunca habrá una mayoría del Consejo de los Doce en el lado equivocado en ningún momento. El Señor los ha escogido; les ha dado responsabilidades específicas. Y las personas que permanezcan cerca de ellos estarán seguras. Por el contrario, cuando alguien comienza a seguir su propio camino en oposición a la autoridad, se encuentra en grave peligro. No diría que los líderes que el Señor escoge sean necesariamente los más brillantes ni los más altamente capacitados, pero son los escogidos; y cuando son escogidos por el Señor, son Su autoridad reconocida, y las personas que permanecen cerca de ellos tienen seguridad.
Recuerdo cuando Moisés fue llamado a su tremenda responsabilidad de sacar a los hijos de Israel de la esclavitud, y se quejó al Señor diciendo: “Soy débil, soy torpe de palabra”; y el Señor le dio una voz en su hermano Aarón. Pero el Señor no lo reemplazó por esa voz.
LA NECESIDAD DE SER VALIENTES
El Señor está al timón, hermanos y hermanas, y continuará estando allí, y Su obra seguirá adelante. La pregunta importante es si nosotros, como individuos, iremos en esa misma dirección. Eso depende de nosotros. Este es un evangelio de obra individual. Quisiera que nuestros Santos de los Últimos Días llegaran a ser más valientes. Al leer la sección setenta y seis de Doctrina y Convenios, la gran visión dada al profeta José Smith, recuerdo que el Señor dice que al grado de gloria terrestre pueden ir aquellos que no son valientes en el testimonio, lo cual significa que muchos de nosotros que hemos recibido el bautismo por la debida autoridad, muchos que hemos recibido otras ordenanzas, incluso bendiciones del templo, no alcanzaremos el reino celestial de gloria a menos que vivamos los mandamientos y seamos valientes.
¿Qué significa ser valiente? Creo que Juan, en el libro de Apocalipsis, dice algo acerca de la valentía. Él está hablando al pueblo de Sardis, una de las ciudades donde Pablo había predicado. Está hablando a los santos, ténganlo presente, no a las personas del mundo. Dice: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”.
MUERTOS ESPIRITUALMENTE
Hay muchas personas en esta Iglesia hoy que piensan que viven, pero están muertas para las cosas espirituales. Y creo que incluso muchos que aparentan ser activos también están espiritualmente muertos. Su servicio es mucho de la letra y poco del espíritu. Nuevamente noto que habla a otro grupo, los laodicenses, y dice:
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
Aquellos eran santos que habían sido bautizados en el reino, habían recibido el Espíritu Santo, suponemos, y se esperaba que estuvieran en camino hacia la exaltación. Pero no fueron fieles, no fueron valientes. El Señor dice nuevamente en estos versículos por medio de Juan:
Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios; y escribiré sobre él mi nombre nuevo.
Dice nuevamente acerca de estos miembros de la Iglesia en Sardis:
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.
Recuerdo a un gran pueblo de la antigüedad que pertenecía a la Iglesia de nuestro Señor, que llegó a ser tan justo como grupo que fue trasladado al cielo. Y me pregunto por qué otros grupos no han sido llevados. La única conclusión a la que puedo llegar es que los grupos completos no han sido lo suficientemente justos. Ayer sepultamos a un hombre justo. Si todas las personas de esta Iglesia fueran tan justas como él, tal vez habría más traslaciones. Pero no estamos viviendo los mandamientos del Señor tan bien como sabemos que deberíamos. Muchos de nosotros no somos valientes.
MAYOR ACTIVIDAD EN LA IGLESIA
Ruego al Señor que nos bendiga a todos para que podamos captar una visión de mayor actividad en esta Iglesia, todos nosotros; para que ninguno permanezca al margen sintiéndose justo en sí mismo, como el hipócrita que fue con el publicano al templo a orar:
El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano.
Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
Entonces Jesús continúa diciendo:
Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Todos somos pecadores. Todos necesitamos arrepentirnos. Todos necesitamos cambiar nuestra vida y hacerla más justa, y llegar a ser valientes como lo fueron los hijos de Enoc, para que podamos recibir las bendiciones que se nos han prometido y por las cuales nos esforzamos. Muchos de nosotros aún no nos hemos rendido, o si lo hemos hecho, ha sido una rendición condicional, con muchas reservas.
Que Dios nos ayude, hermanos y hermanas, a rendirnos incondicionalmente al Señor, a Su programa y al espíritu de la obra, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.


























