Conferencia General Abril 1951

“Llamad, y se os abrirá”

Presidente Joseph Fielding Smith
Del Consejo de los Doce Apóstoles

La certeza espiritual de que toda persona puede conocer la verdad por sí misma mediante la fe, la oración sincera y la revelación del Espíritu Santo.


Me siento humilde, y también siento la pérdida de nuestro amado Presidente, así como vosotros que estáis reunidos aquí sentís esa pérdida. Con la ayuda del Señor, daré mi testimonio. Estoy muy agradecido al Señor por el conocimiento que tengo de la verdad de esta obra divina. Fui bautizado cuando tenía ocho años. En aquel momento se me hizo comprender que mediante el bautismo había recibido la remisión de mis pecados y que me encontraba puro y limpio ante el Señor. Tenía una hermana que era muy bondadosa, como lo eran todas mis hermanas, y ella inculcó en mi mente la necesidad de conservarme sin mancha del mundo. Sus enseñanzas el día en que fui bautizado han permanecido conmigo todos los días de mi vida, y honro su memoria.

MISIÓN DIVINA DEL PROFETA

Tengo un conocimiento perfecto de la misión divina del profeta José Smith. No hay duda en mi mente de que el Señor lo levantó y le dio revelación y mandamientos, abrió los cielos para él y lo llamó a estar al frente de esta gloriosa dispensación. Estoy tan convencido de que, siendo joven, cuando salió a orar, contempló la presencia real de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo, como de cualquier otra cosa; en mi mente no existe duda alguna. Sé que más tarde recibió las visitas de Moroni, el Sacerdocio Aarónico bajo las manos de Juan el Bautista, el Sacerdocio de Melquisedec bajo las manos de Pedro, Santiago y Juan, y que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue organizada el seis de abril de 1830 por mandato divino. Estas cosas las sé. El Señor me las ha revelado, y este conocimiento lo he tenido desde el día en que fui bautizado.

Sé que el poder del Todopoderoso guía a este pueblo, que estamos bajo convenio de guardar Sus mandamientos y andar en luz y verdad. Es mi firme convicción que todo miembro de esta Iglesia debería poder testificar y declarar con palabras sobrias que estas cosas son verdaderas; que el Libro de Mormón es verdadero; que las revelaciones dadas al profeta José Smith son verdaderas; y que el destino de esta obra de los últimos días es verdadero y, de acuerdo con las revelaciones, debe cumplirse y se cumplirá.

LA SEGUNDA VENIDA

Creo que la venida del Hijo de Dios no está muy lejana. Cuán cercana está, no lo sé, pero sí sé que está más de cien años más cerca de lo que estaba cuando el profeta Elías se apareció al profeta José Smith y a Oliver Cowdery en el Templo de Kirtland el tres de abril de 1836. Las palabras de Elías señalan que estamos mucho más cerca. Y este antiguo profeta declaró que, mediante la restauración de aquellas llaves, sabríamos que el grande y terrible día del Señor está cerca, aun a las puertas.

He abierto las Escrituras en el capítulo siete de Mateo, y deseo leer los versículos siete y ocho:

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá;

“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.

TODOS PUEDEN CONOCER LA VERDAD

¿Existe alguna buena razón por la que toda alma viviente no pueda conocer la verdad y dónde encontrarla? ¿Hay alguna razón que cualquier miembro de esta Iglesia pueda dar para explicar por qué no sabe que Jesucristo es el Hijo de Dios, que José Smith fue y es un profeta de Dios, y que esta es Su obra? Si nos falta ese entendimiento, no tenemos a nadie a quien culpar sino a nosotros mismos.

Tengo perfecta confianza en las palabras del Señor y Salvador Jesucristo; y cuando Él dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá; porque todo aquel que pide, recibe”, estoy tan seguro de que cada miembro de esta Iglesia puede saber por sí mismo que Dios vive, que Jesucristo es el Hijo de Dios y que esta es Su obra establecida sobre la tierra.

No tenemos excusa alguna para no saber y para no tener una fe y una confianza absolutas en este evangelio restaurado de Jesucristo. Es nuestro deber saberlo. En una revelación dada a la Iglesia hace muchos años, en los días del Profeta, se advirtió a los miembros contra los falsos profetas, los falsos espíritus y aquellos que acechan para engañar. Entonces se nos dio una clave mediante la cual podemos saber la verdad.

Pero repito que esta clave, dada por nuestro Salvador en Su Sermón del Monte, es tan verdadera hoy como lo fue hace casi dos mil años. Es Su palabra, y puede aceptarse y comprobarse hoy tan plenamente como pudieron hacerlo Sus discípulos cuando la escucharon de Sus labios.

Al entrevistar a los misioneros, con frecuencia les pregunto, casi siempre, si tienen un testimonio de la verdad. Algunos responden: “No, no lo tengo. Creo que es verdad, pero no lo sé; sin embargo, tengo la seguridad de que, si voy a esta misión, aprenderé que es verdad”. En lo profundo de su corazón dan una respuesta honesta, pero creo que saben más de lo que dicen.

Sin embargo, es el derecho de todo miembro bautizado de esta Iglesia saber por sí mismo, mediante las revelaciones del Espíritu del Señor, que todo lo que he dicho respecto al establecimiento de esta obra es absolutamente verdadero. No existe razón alguna por la que una persona no pueda saber dónde encontrar la verdad. Si tan solo se humilla y busca con espíritu de humildad y fe, acudiendo al Señor tal como acudió el profeta José Smith para encontrar la verdad, la encontrará. No hay duda de ello.

No existe razón alguna para que los hombres no encuentren el conocimiento y la comprensión del evangelio de Jesucristo, si tan solo escuchan los susurros del Espíritu del Señor y buscan como Él desea que busquen. No hay ninguna razón, excepto la dureza de sus corazones y su amor por el mundo.

“Llamad, y se os abrirá.”

Este es mi testimonio. Sé que es verdad. Lo sé tan ciertamente como sé que estoy aquí. El Señor me lo ha revelado a mí, así como lo ha revelado a mis hermanos.

Que el Señor os bendiga a todos, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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