“Esta es la vida eterna”
Élder Bruce R. McConkie
Del Primer Consejo de los Setenta
Creemos que Dios se ha revelado en nuestros días para que los hombres nuevamente puedan obtener la vida eterna en Su reino. El conocimiento de Dios, el conocimiento en cuanto a la naturaleza y clase de Ser que Él es, constituye el fundamento de roca sobre el cual se basa toda religión verdadera; y sin ese conocimiento y sin revelación proveniente de Él, no es posible que los hombres esperen ni obtengan las bendiciones, honores y glorias de la eternidad.
El Maestro dio la clave de este principio en Su gran oración intercesora cuando dijo:
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3
El profeta José Smith dijo: Es el primer principio del Evangelio conocer con certeza el carácter de Dios y saber que podemos conversar con Él como un hombre conversa con otro (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 345).
Este conocimiento de Dios, que siempre viene por revelación, se ha tenido en cada época de la historia de la tierra cuando el Evangelio ha estado presente. Los profetas lo han conocido y han dado testimonio al pueblo acerca de Sus atributos y Sus leyes. Él creó a Adán “a imagen de su propio cuerpo” Moisés 6:9 y luego caminó y habló con él, con el mismo hombre a quien había creado a Su semejanza. Envió a Su Hijo Primogénito espiritual, Jehová, para comunicarse con Moisés “cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” Éx. 33:11 Y después, en el Meridiano de los Tiempos, envió a este mismo Hijo, entre otras razones, para manifestar al mundo la naturaleza y clase de Ser que Él es, a fin de que los hombres pudieran conocerle, adorarle, guardar Sus mandamientos y así tener derecho a volver nuevamente a Su presencia.
Cristo dijo que Él era el Hijo de Dios Juan 10:36 Dijo que salió del Padre Juan 8:42 que vino para dar testimonio del Padre Juan 18:37 Está escrito de Él que es la imagen misma de la persona de Su Padre Heb. 1:3 y este conocimiento existió en todas las épocas. Sin embargo, cuando comenzó el período de oscura apostasía, los hombres, sin revelación y sin el Espíritu del Señor, se reunieron en convenciones y concilios y redactaron credos que intentaban definir qué clase de Ser era Él. Dijeron que era, de alguna manera mística, tres en uno; que llenaba la inmensidad del espacio; que estaba en todas partes y en ninguna en particular; que era incomprensible, incognoscible, increado, incorpóreo y todo lo demás. Y esa era la comprensión que prevalecía en el mundo en la primavera de 1820 cuando el Profeta fue a aquel lugar apartado, en una arboleda, para preguntar al Señor cuál de todas las iglesias era la correcta y a cuál debía unirse. El Profeta dijo:
“…vi una columna de luz arriba de mi cabeza, más brillante que el sol, la cual descendió gradualmente hasta descansar sobre mí.
…Cuando la luz reposó sobre mí, vi a dos Personajes cuyo fulgor y gloria no admiten descripción, en el aire arriba de mí. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: ¡Este es Mi Hijo Amado: Escúchalo!” JS—H 1:16–17
Desde ese momento el conocimiento de Dios comenzó a extenderse nuevamente por el mundo, y esperamos ver el día en que el conocimiento de Dios cubra la tierra, así como las aguas cubren el mar Isa. 11:9 cuando ya no será necesario que ningún hombre diga a su prójimo: “Conoce al Señor”, porque todos le conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande Jer. 31:34
Tenemos una escritura que dice: El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos tan tangible como el del hombre; el Hijo también; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu. DyC 130:22
Si hubiéramos vivido en el principio, en los días de Adán, y hubiésemos recibido el conocimiento de Dios enseñado por revelación de la boca de Adán, el sumo sacerdote presidente de la Iglesia, habríamos visto que el mismo nombre del Padre, interpretado literalmente, significaba Hombre de Santidad, porque como dice la escritura:
“…en el idioma de Adán, Hombre de Santidad era su nombre, y el nombre de su Unigénito es el Hijo del Hombre”. Moisés 6:57
Cuando Cristo se refirió repetidamente a Sí mismo como el Hijo del Hombre, estaba certificando que Hombre de Santidad, Dios el Padre Eterno, era Su Padre, y no hacía referencia a Su mortalidad ni a Su nacimiento como hijo de María.
Todos nosotros que hemos recibido el Evangelio hemos recibido poder para llegar a ser hijos de Dios Juan 1:12 Podemos hacerlo por medio de la fe. Y Pablo dice que aquellos que llegan a ser, por adopción, hijos de Dios, son coherederos con Jesucristo Rom. 8:14–17 teniendo así derecho a recibir, heredar y poseer, tal como Cristo heredó antes. El apóstol Juan, el amado discípulo del Señor, escribió estas palabras:
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
Y ahora nótese particularmente lo que dice: “…ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. 1 Juan 3:1–3
A ese mismo Juan, que había escrito estas palabras movido por el Espíritu Santo, el Señor le dijo: El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Apoc. 21:7
Y nuevamente: Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. Apoc. 3:21
Estas escrituras del Nuevo Testamento, y muchas otras que podrían citarse, enseñan la doctrina de la exaltación, una doctrina de vida eterna y vidas eternas, una doctrina de coherencia con Cristo el Hijo. Y este conocimiento ha sido dado nuevamente, con mayores detalles, por revelación en nuestros días. Se nos enseña que Cristo no recibió la plenitud al principio, sino que fue de gracia en gracia hasta recibir una plenitud, y que finalmente recibió todo poder tanto en el cielo como en la tierra. Después de registrar esta verdad en la revelación, el Señor dice que lo hace para que sepamos lo que adoramos y cómo debemos adorar, y que si guardamos Sus mandamientos, podemos ir de gracia en gracia hasta que, siendo uno en Él como Él es en el Padre Juan 17:21 podamos heredar una plenitud de todas las cosas DyC 93:12–20
Ahora bien, el conocimiento de Dios es el principio de toda religión verdadera. Sin él no puede haber fe en Dios. El conocimiento de Dios es también el fin de toda religión verdadera. Si tenemos ese conocimiento y procuramos, como dice Juan, purificarnos así como Él es puro 1 Juan 3:3 podremos seguir adelante en la progresión eterna, habiendo alcanzado las bendiciones de paz y felicidad aquí DyC 59:23 y teniendo la seguridad de una recompensa eterna en las mansiones que han sido preparadas, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























