El hogar Santo de los Últimos Días
Élder Harold B. Lee
Del Consejo de los Doce Apóstoles
El amor, el respeto, la responsabilidad compartida y la espiritualidad proporcionan seguridad y felicidad al hogar.
Hogar • Amor • Respeto
Dos de los oradores de esta tarde han expresado su agradecimiento por la cortesía y la consideración que reciben de los santos cuando viajan en cumplimiento de asignaciones de la Iglesia por sus diferentes estacas y misiones. Yo también siento en mi corazón gratitud por ese servicio. Una de las recompensas más importantes que recibo de mi actual llamamiento es el hecho de que, dondequiera que sea enviado bajo tales circunstancias, durante ese periodo de servicio tengo la oportunidad de visitar y trabajar con las personas más excelentes de la comunidad y con las mejores personas del mundo.
Durante unos momentos quisiera hablar acerca de algunas observaciones que he hecho mientras he disfrutado de ese privilegio. El tiempo es demasiado breve para analizarlas con mucho detalle, por lo que solamente mencionaré algunas de ellas.
PELIGROS QUE AMENAZAN NUESTROS HOGARES
El élder Moyle ha dirigido nuestra atención hacia algunos hechos trágicos que nos advierten acerca de los peligros que amenazan nuestros hogares. El aumento de la delincuencia, de los divorcios y de la delincuencia juvenil indica que la buena influencia del hogar familiar se está debilitando y que están aumentando los peligros que amenazan con destruirlo. Por la importancia que se ha concedido al hogar y al matrimonio, no solamente en las Escrituras, sino también periódicamente en nuestras conferencias, parecería que siempre se ha considerado fundamental para establecer una vida religiosa sólida y edificar el reino que los hogares de nuestro pueblo sean protegidos y el matrimonio sea considerado sagrado.
En el primer matrimonio que se efectuó sobre esta tierra, el Señor hizo cuatro declaraciones significativas. Primero, que no era bueno que el hombre estuviera solo; segundo, que la mujer fue formada para ser ayuda idónea para el hombre (Génesis 2:18); tercero, que ambos debían ser una sola carne; y cuarto, que el hombre debía dejar a su padre y a su madre y unirse a su esposa (Mateo 19:5).
Posteriormente, el Señor reforzó esa enseñanza al decir:
…Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (Mateo 19:6).
CONCEPTOS ELEVADOS DEL HOGAR
No conozco ningún otro pueblo sobre la faz de la tierra que posea conceptos tan elevados acerca del matrimonio y de la naturaleza sagrada del hogar como los Santos de los Últimos Días.
En una revelación dada en nuestra época, el Señor dijo: …el matrimonio lo decretó Dios para el hombre.
Por consiguiente, es lícito que tenga una esposa, y los dos serán una sola carne; y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación (Doctrina y Convenios 49:15–16).
Sin embargo, existen evidencias inconfundibles de que los mismos peligros que se encuentran en el mundo también están entre nosotros y procuran destruir esta institución que Dios nos ha dado: el hogar. Muchas personas han ofrecido consejos desde los ámbitos científicos relacionados con la vida familiar; pero, en gran medida, sus conclusiones acerca de los hogares modernos han sido tomadas de hogares destrozados e infelices. He tenido el privilegio de visitar regularmente, junto con las demás Autoridades Generales, los mejores hogares de nuestros miembros. De esas visitas he obtenido algunas ideas que quisiera mencionarles acerca de los elementos que producen fortaleza y felicidad en el hogar.
AMOR Y DESEO DE TENER HIJOS
Si tuviera que mencionar lo primero que siempre me impresiona en estos excelentes hogares Santos de los Últimos Días, diría que es el amor hacia los hijos y el deseo de tenerlos. Son hogares en los que no se postergó la llegada de los hijos debido a determinados objetivos sociales, educativos o económicos, y donde no se ha limitado el tamaño de las familias mediante la práctica del control de la natalidad.
Hace algunos años leí ciertas estadísticas obtenidas de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Estas indicaban que, de los 180.000 divorcios registrados durante aquel año, el 57 por ciento se produjo en hogares donde no había hijos y el 21,2 por ciento en hogares donde había solamente un hijo. En las familias con cinco hijos o más, los divorcios variaban desde ninguno hasta apenas el 0,7 por ciento. Resulta claramente evidente que el amor y la unidad de los padres que provienen de una paternidad planificada constituyen una garantía segura de felicidad en el hogar.
EL MILAGRO DE LA MATERNIDAD
Hace algún tiempo tuve el privilegio de conocer algo acerca de la influencia proveniente de uno de estos hogares mediante una carta escrita por una encantadora hija que acababa de dar a luz a su primer bebé. El niño había nacido durante las primeras horas de la mañana y, al finalizar la tarde, ella se encontraba en un estado de ánimo reflexivo. En medio de esa reflexión escribió a su familia. En la carta, primero relató sus impresiones y sentimientos acerca del milagro de la maternidad y cómo había tenido el privilegio de participar en aquella maravillosa creación. Después escribió lo siguiente:
Me sorprende que a nosotras, las mujeres, no se nos requiera soportar incluso más que los dolores de parto para traer a estos pequeños desde otro mundo hasta este. Parece muy apropiado que, por medio del dolor, se nos obligue durante unos minutos, al menos, a penetrar parcialmente en otra esfera, como si tomáramos de la mano a nuestro bebé para traerlo a este nuevo mundo.
La belleza de los pensamientos de aquella joven acerca de los elevados ideales de la feminidad y del sagrado llamamiento de la madre en el hogar solamente puede compararse con lo que escuché en Canadá cuando entrevisté a un joven que se preparaba para salir a una misión. Procuré averiguar cuáles habían sido sus ideas y sus normas en cuanto a honrar a las mujeres. Él me miró fijamente a los ojos y respondió:
Hermano Lee, mi madre me ha enseñado durante toda mi vida que una madre puede criar a su hija; pero se necesita una madre y, además, una joven buena y pura para criar correctamente a su hijo.
GARANTÍAS DE UN HOGAR FELIZ
Recuerdo la observación de un joven a su novia y la respuesta de ella cuando él pensaba postergar el matrimonio debido a su situación económica. Él le dijo con cierto tono de broma: «Creo que probablemente todo lo que puedo prometerte es una casa entre la artemisa de Idaho». Ella respondió: «Bien, eso está muy bien; entonces, si alguna vez llegamos a tener algo, nos pertenecerá a los dos y no solamente a ti».
Pienso en aquella madre bendecida con una familia de hijas que se arrodillaba cada noche y pedía a Dios que en algún lugar hubiera una madre criando hijos varones dignos de convertirse en esposos de sus hijas. Finalmente, las hijas se casaron. Al conversar con las madres de sus yernos, descubrió que aquellas mujeres habían estado orando desde el nacimiento de sus hijos para que, en algún lugar, Dios estuviera preparando jóvenes dignas de convertirse en las esposas de ellos.
Les digo, hermanos y hermanas, que esos conceptos elevados acerca del hogar, la familia y las responsabilidades familiares constituyen garantías seguras de un hogar feliz y exitoso.
Cuando regresaba en tren desde California durante esta última semana, viajé con una de esas encantadoras madres a quien conozco y que ha criado una familia excelente. Conversamos acerca de las cosas que la habían ayudado a mantener a su familia por el camino correcto. Ella dijo:
Hermano Lee, cuando llegaron mis hijos, adopté como práctica y norma establecer tantos vínculos con ellos en el hogar como me fuera posible. Siempre estaba allí cuando se iban a la escuela; planificaba abandonar todo lo demás, si era necesario, para encontrarme allí cuando regresaran; estaba presente cuando celebraban sus fiestas y recibían a sus amigos en casa; y siempre permanecía despierta después de las fiestas nocturnas para saludar a mis hijos cuando regresaban. Descubrí que, en esos momentos, podía fomentar la franqueza entre nosotros y disfrutar de sus confidencias, las cuales, con el transcurso de los años, desarrollaron un compañerismo que los mantuvo seguros durante los momentos difíciles.
¡Qué bendición es una madre tan sabia! En momentos de tensión y tormenta, los hijos a quienes se enseña de esa manera y con quienes sus padres han establecido tal compañerismo acudirán a su madre y a su padre como un barco sacudido por la tormenta acude al puerto en busca de seguridad.
EL AMOR EN EL HOGAR
El apóstol Pablo, aparentemente debido a la importancia que reconocía en el amor dentro del hogar, hizo esta declaración:
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella.
Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos (Efesios 5:25, 28).
Otro profeta condenó con las siguientes palabras la infidelidad de los hombres hacia sus compañeras y el incumplimiento de sus responsabilidades como padres:
Porque he aquí, yo, el Señor, he visto el dolor y he oído el lamento de las hijas de mi pueblo en la tierra de Jerusalén; sí, y en todas las tierras de mi pueblo, a causa de la iniquidad y las abominaciones de sus maridos.
…Habéis quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de vuestros malos ejemplos ante ellos; y los sollozos de sus corazones ascienden a Dios contra vosotros. Y a causa de la severidad de la palabra de Dios que desciende contra vosotros, muchos corazones murieron traspasados de profundas heridas (Jacob 2:31, 35).
LOS HIJOS COMO SOCIOS
He observado que una de las características que distingue a estos hogares Santos de los Últimos Días es que la familia se ha convertido en una sociedad. Durante los primeros años, el padre y la madre administran los ingresos y conceden pequeñas asignaciones semanales a los hijos para convertirlos en socios. A medida que crecen, se establece una especie de sociedad parcial, con el padre y la madre como la corporación principal; cuando son aún mayores, se establece una sociedad plena; y, finalmente, durante la vejez, los padres venden los bienes a sus hijos y se jubilan con los ingresos provenientes de las propiedades transferidas. Aprender a trabajar en la granja y participar en el cuidado del hogar y en los ingresos familiares constituye una garantía segura contra la delincuencia juvenil. La joven indiferente, excesivamente maquillada y vestida sin modestia presenta solamente la triste imagen de una muchacha infeliz que procura obtener una clase de popularidad que sus cualidades personales no le proporcionaron. Con frecuencia, el joven que fuma su primer cigarrillo, consume su primera bebida alcohólica y comienza a utilizar lenguaje profano es alguien que procura ocultar un sentimiento de inferioridad y actúa de ese modo para parecer capaz de enfrentarse a una situación difícil. Los hogares que he descrito, como los que se encuentran entre los líderes de las estacas y misiones de esta Iglesia, son hogares donde rara vez se encuentra delincuencia, debido a las responsabilidades que se han dado a los hijos durante sus años de crecimiento. La asignación de responsabilidades individuales a los miembros de la familia parece ser fundamental para edificar estos hogares exitosos.
RESPETO MUTUO
Veo que estas familias se tratan con respeto: el padre respeta a la madre y le demuestra afecto, y la madre hace lo mismo con el padre. No hay discusiones ni disputas, al menos delante de los hijos; los desacuerdos se conversan con sensatez. Conocí uno de esos hogares donde había nueve hijos encantadores, quienes dan testimonio de que nunca escucharon discutir a su padre y a su madre. Como resultado, en los nueve hogares formados por estos hijos después de ese periodo de instrucción y del buen ejemplo de sus padres, existen nueve familias más, encantadoras y seguras, que viven juntas y felices.
Comparo esto con el lamento de un padre que dijo: «¿Qué ocurre con mi familia? Ahora que todos mis hijos se han casado, tienen problemas en sus hogares y el divorcio los amenaza». Vi la clase de hogar en el cual habían crecido y lo comparé con aquel otro donde se habían proporcionado seguridad y protección.
MANTENER LOS VÍNCULOS ESPIRITUALES
El mantenimiento de los vínculos espirituales, la práctica de la oración familiar y la atención constante a los deberes de la Iglesia son algunos de los factores que han contribuido al éxito de estos hogares. Al concluir estas breves observaciones, permítanme recordarles que el Señor ha dicho que aquellos que son sellados en el templo por el Santo Espíritu de la Promesa pasarán delante de los ángeles y los dioses que están allí, para recibir su exaltación en todas las cosas (Doctrina y Convenios 132:19).
Permítanme dirigir su atención hacia esto, hermanos, y recordarles que sus matrimonios serán eternos y se perpetuarán a través de la eternidad únicamente mientras guarden los convenios que han hecho. El Espíritu de la Promesa es el Espíritu que escudriña el corazón de los hombres, y solamente cuando se conceda Su aprobación selladora —únicamente entonces— sus bendiciones llegarán a ser eternas.
Que Dios conceda que los hogares de los Santos de los Últimos Días sean bendecidos, que en ellos exista felicidad durante esta vida y que se establezca el fundamento para la exaltación en el reino celestial en el mundo venidero; lo ruego humildemente en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.


























