La gran necesidad del mundo
Presidente George F. Richards
Del Consejo de los Doce Apóstoles
La mayor necesidad de la humanidad es conocer al Dios verdadero, revelado nuevamente mediante la Primera Visión.
Dios • Revelación • Primera Visión
Está escrito que la fe es el primer principio de la religión revelada (Artículos de Fe 1:4), el fundamento de toda rectitud (véase Lectures on Faith 1:1). Siendo esto cierto, toda nuestra rectitud se debe a la fe, y de ello se desprende que nuestra falta de rectitud se debe a la falta de fe. Al predicar el Evangelio tanto a los santos como a quienes no pertenecen a la Iglesia, deseamos establecer, hasta donde sea posible, la fe en la mente y el corazón de las personas para que produzcan rectitud, porque la rectitud es lo que conduce a la salvación en el reino de Dios, y todos nosotros somos candidatos a la salvación.
EVIDENCIAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS
En mis palabras de hoy, deseo hablar de algunas de las evidencias de la existencia divina, personal y glorificada de Dios, el Padre Eterno, y de Su Hijo Jesucristo, cuyo conocimiento considero la mayor necesidad del mundo. También deseo presentar evidencias de que José Smith fue un profeta de Dios divinamente inspirado; que fue un instrumento en las manos de Dios para la restauración del Evangelio sempiterno y el establecimiento de la Iglesia y del reino de Dios sobre la tierra en esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos.
LA PRIMERA VISIÓN DE JOSÉ SMITH
En una hermosa mañana de primavera del año 1820, un joven de catorce años de Manchester, Nueva York, que se encontraba considerablemente preocupado por los asuntos religiosos y creía en el pasaje de las Escrituras que dice:
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Santiago 1:5).
Se retiró a una arboleda cercana para orar. Él mismo relata su historia de la siguiente manera:
Después de apartarme al lugar que previamente había elegido, mirando a mi alrededor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una espesa obscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina.
Mas esforzándome con todo mi aliento por pedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que se había apoderado de mí, y en el momento preciso en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción —no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que ejercía una fuerza tan asombrosa como yo nunca había sentido en ningún otro ser—, precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.
No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!
Había sido mi objeto acudir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera y a cuál debía unirme.
Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a Su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que «con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella».
De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas… (José Smith—Historia 1:15–20).
Es de suprema importancia que el relato de este joven, José Smith, y las evidencias de su veracidad sean considerados cuidadosa y devotamente, porque el llamado mormonismo debe sostenerse o caer dependiendo de la veracidad o falsedad de su relato.
SE REVELA LA VERDAD CONCERNIENTE A DIOS
En esta trascendental experiencia le fueron reveladas al joven José y, por medio de él, al mundo, dos verdades sumamente importantes. Primero, que Dios, el Padre Eterno, y Su Hijo Jesucristo son Personajes separados y vivientes, glorificados y exaltados; y segundo, que todos los credos religiosos estaban equivocados.
Cualesquiera que hubieran sido anteriormente las opiniones o el entendimiento de José con respecto a la personalidad de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo, ahora tenía un conocimiento perfecto sobre ese punto. Antes no había considerado la idea de que todos los credos o denominaciones pudieran estar equivocados; pero, en cuanto a estos dos asuntos, su mente ahora estaba despejada y tranquila.
Una vez retirados los escombros de una religión decadente, se abrió espacio en el mundo para el establecimiento de la verdadera religión del Maestro. Posteriormente se manifestó que este joven, José Smith, había sido levantado por el Señor para ser el poderoso profeta de los últimos días, un instrumento en las manos de Dios para la restauración del Evangelio sempiterno y para establecer nuevamente Su Iglesia y Su reino sobre la tierra, tal como lo describió el profeta Daniel al interpretar el sueño del rey Nabucodonosor (Daniel 2:44).
EL PODER MALIGNO DE SATANÁS
Como importante evidencia de que el relato de José es verdadero, cuando se arrodilló para orar se apoderó de él un poder maligno que le trabó la lengua de tal manera que no podía hablar (José Smith—Historia 1:15–16). Era de esperarse un ataque semejante por parte de Satanás.
Si su relato no hubiera incluido su experiencia con el poder maligno en aquel momento decisivo, habría carecido de una evidencia fundamental de su veracidad. Satanás, quien es enemigo de Dios y del hombre, ha obrado de esta manera desde el principio, procurando frustrar el propósito de Dios, cuyo propósito es salvar las almas de los hombres.
Cuando Adán y Eva fueron colocados en el Jardín de Edén, Satanás se presentó inmediatamente para tentarlos (Moisés 4:6; 5:13) con la misma intención maligna. Después de la visita personal de Dios a Su siervo Moisés, según se relata en el primer capítulo del libro de Moisés, Satanás vino a tentarlo, diciendo:
Moisés, hijo de hombre, adórame… (Moisés 1:12).
Una presunción de la cual solamente Satanás podía ser capaz.
Cuando el Salvador hubo ayunado cuarenta días y cuarenta noches y tuvo hambre, Satanás vino a tentarlo, diciendo:
…Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan (Lucas 4:3).
¿En qué aspecto era el joven José Smith tan diferente de los demás jóvenes de catorce años de su época, para que Satanás procurara destruirlo? ¿Y por qué mencionarlo junto con Adán y Eva, Moisés y Jesús como objetos de los ataques de Satanás? Veamos si podemos encontrar la explicación en el siguiente pasaje de las Escrituras:
Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas estas había muchas de las nobles y grandes;
y vio Dios estas almas, y eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A estos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer (Abraham 3:22–23).
JOSÉ SMITH FUE ESCOGIDO PARA SU OBRA
José Smith también era uno de aquellos espíritus nobles que fueron escogidos antes de nacer. Si otros jóvenes de catorce años, aparte de José Smith, hubieran ido al bosque para orar pidiendo luz y guía espiritual, ninguno de ellos habría recibido la visión que le fue concedida al joven José. Él fue escogido y ordenado para la obra especial de la Restauración, y esta visión del Padre y del Hijo fue el primer paso de su ministerio terrenal. Sin duda, Satanás conocía el llamamiento de José y sabía que, si no lograba destruirlo en ese momento, no podría hacerlo después; de allí el violento ataque contra la vida del joven.
Además, mediante el testimonio de los once testigos vivientes del Libro de Mormón se confirma la veracidad del relato de José; porque, si su historia no hubiera sido verdadera, él habría sido un gran impostor y, siendo tal, Dios no lo habría utilizado para sacar a luz el Libro de Mormón. Este libro contiene la plenitud del Evangelio, tal como Jesucristo lo enseñó a los antiguos habitantes de este continente americano, hecho que queda lógicamente establecido por once testigos vivientes.
NECESIDAD DE UNA NUEVA REVELACIÓN
La necesidad de esta nueva revelación de Dios en la actualidad, al igual que en 1820, resulta evidente en declaraciones como las siguientes:
En un discurso transmitido por radio, el élder Thomas C. Romney relató una conversación con un profesor de una importante institución educativa, en la cual el profesor le dijo al élder Romney:
Para mí, su concepto de Dios es sumamente absurdo. No puedo comprender que un grupo de personas que afirma mantenerse al día en materia de ciencia, arte y religión continúe aferrándose a la anticuada doctrina de que Dios tiene la forma de un hombre.
En la página 15 de Shorter Catechism, un libro de texto de la Iglesia Presbiteriana, se encuentra lo siguiente:
Debemos conformarnos con llamar personas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; pero, al hacerlo, siempre debemos recordar que son completamente diferentes de cualquier personalidad que hayamos conocido. En el uso filosófico moderno, el término persona significa un individuo racional separado y distinto. Sin embargo, la personalidad de Dios no es una trinidad numérica o esencial de tres seres, como Abraham, Isaac y Jacob.
Otra referencia que demuestra la necesidad de una nueva revelación de Dios es la siguiente:
El obispo de Liverpool realizó ayer, 11 de octubre de 1911, la ceremonia de consagración de la Iglesia de la Santísima Trinidad, en Southport. En su sermón dijo que una de las grandes necesidades de la Iglesia cristiana era el poder. La religión actual llevaba zapatillas de plata y se desenvolvía en las altas esferas; no obstante, se atrevía a pensar que existía una extraña falta de poder en la Iglesia de Dios, no solamente en su propia iglesia, sino también en todas las demás ramas… ¿Cuál era la causa de la extraña parálisis que había sobrevenido a la Iglesia? Él creía que la Iglesia necesitaba redescubrir a Dios en la actualidad; creía que la Iglesia era débil porque Dios se encontraba muy distante, era muy irreal y apenas se lo percibía. En la actualidad se contemplaban los resultados de aquella visión borrosa de un Dios distante.
El primer artículo de religión del Libro de Oración de la Iglesia de Inglaterra dice lo siguiente:
Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes ni pasiones; de sabiduría, poder y bondad infinitos; Creador y Preservador de todas las cosas, tanto visibles como invisibles; y en la unidad de esta divinidad hay tres personajes de una misma sustancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
LA PERSONALIDAD DE DIOS
Hay algunos hombres de considerable eminencia que no se encuentran sujetos a credos religiosos y que son francos al profesar su creencia en la personalidad de Dios. Sus opiniones deben ser consideradas en este asunto como opuestas a las opiniones de quienes no creen en un Dios personal. Por ejemplo:
En un discurso pronunciado en este Tabernáculo el 15 de marzo de 1914, el presidente Brigham H. Roberts citó una declaración de William H. Gladstone, un gran estadista inglés que, en una ocasión, fue primer ministro de Gran Bretaña. Gladstone respondió a la pregunta de cuál consideraba que era la mayor necesidad del mundo, y su respuesta, en esencia, fue que la mayor necesidad del mundo consistía en aferrarse con mayor firmeza al concepto de Dios como una personalidad ante quien el hombre era responsable de sus actos. Dijo:
Me refiero a una fe viva en un Dios personal. Después de sesenta años de vida pública, me aferro con más firmeza que nunca a la convicción, profundizada y fortalecida por una larga experiencia, de la realidad, la cercanía y la personalidad de Dios.
Henry Ward Beecher, en su libro titulado Lectures on Preaching, página 129, dice:
Me veo obligado a decir que debo formarme un ideal de Dios por medio de Su Hijo Jesucristo. Cristo me es indispensable. Mi naturaleza necesita dar forma al concepto de Dios, aunque sé que Él es un Espíritu, convirtiéndolo en algo que represente cercana o remotamente aquello que conozco. Por tanto, mantengo ante mis ojos una forma glorificada; pero, a pesar de toda esa gloria, cualquiera que sea la aureola y el resplandor que la rodeen, para mí es la forma glorificada de un hombre glorificado.
El primer Artículo de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dice lo siguiente:
Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo (Artículos de Fe 1:1).
Lo que creemos con respecto a estos miembros de la Trinidad se expresa en Doctrina y Convenios 130:22 de la siguiente manera:
El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu… (Doctrina y Convenios 130:22).
Estas últimas citas e interpretaciones están en completa armonía con la visión de José Smith y con las enseñanzas de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y no pueden ser refutadas con éxito. Son verdades que deben aceptar todos los hombres que deseen ser salvos en el reino de Dios; y de ellas doy testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























