Conferencia General Octubre de 1948

Las responsabilidades de los padres

Élder Henry D. Moyle
Del Consejo de los Doce Apóstoles

Los padres deben proteger el afecto natural, fortalecer el hogar y enseñar el Evangelio mediante la palabra y el ejemplo.
Familia • Enseñanza • Afecto


Mis hermanos y hermanas, con humildad busco la influencia sustentadora de su fe y sus oraciones mientras procuro cumplir esta importantísima responsabilidad.

LOS CAMINOS DEL MUNDO

Desde que recibí este llamamiento, me ha impresionado reconocer cuán fácil es para los hijos de nuestro Padre Celestial seguir en su vida la voluntad y los caminos de las masas. Parece haber algo que, debido a nuestra debilidad, nos atrae naturalmente hacia los caminos del mundo. Al hacerlo, perdemos de vista el hecho de que uno de los dones más grandes que se nos ha concedido es nuestro propio albedrío. Ese albedrío debería impulsarnos a tomar nuestras propias decisiones, ejercer nuestro propio juicio, saber hacia dónde nos dirigimos y conocer los medios por los cuales esperamos llegar a nuestro destino. Podría decirse mucho acerca de este tema porque, sin darnos cuenta, parece que muchos de nosotros estamos sacrificando este derecho del albedrío. Estamos tan imbuidos de la idea de que debemos hacer lo mismo que hace el mundo y ser uno con nuestros vecinos, sin importar cuáles sean sus ideales y aspiraciones, que involuntariamente estamos renunciando al derecho de formular nuestros propios juicios y tomar nuestras propias decisiones.

LOS OBJETIVOS DE LA VIDA SE DESVÍAN

Pocos de nosotros emprenderíamos un viaje sin prestar atención al vehículo en el cual viajaríamos, al camino por el que andaríamos o avanzaríamos y a la meta que procuraríamos alcanzar como destino. Todas estas cosas nos parecen comunes en nuestra vida cotidiana; pero, cuando se trata de saber hacia dónde nos dirigimos en lo concerniente a la vida, cuál es nuestra meta, cuál es el objetivo de nuestra creación y cómo cumpliremos los propósitos de nuestra existencia sobre esta tierra, parece que nos desviamos con mucha facilidad.

Me impresionó profundamente leer recientemente una declaración del profeta José Smith. Él dijo:

Considerad por un momento, hermanos, el cumplimiento de las palabras del profeta; porque vemos que las tinieblas cubren la tierra, y densa oscuridad la mente de sus habitantes (Doctrina y Convenios 112:23); que aumentan entre los hombres los crímenes de toda clase; se practican vicios de enorme gravedad; la nueva generación crece con una plenitud de orgullo y arrogancia; los ancianos pierden todo sentido de convicción y, aparentemente, destierran todo pensamiento de un día de retribución; la intemperancia, la inmoralidad, la extravagancia, el orgullo, la ceguera del corazón, la idolatría y la pérdida del afecto natural; el amor por este mundo y la indiferencia hacia las cosas de la eternidad aumentan entre quienes profesan creer en la religión del cielo y, como consecuencia de ello, se extiende la incredulidad. Los hombres se entregan a cometer actos de la clase más vil y hechos del carácter más oscuro; blasfeman, defraudan, destruyen la reputación de sus vecinos, hurtan, roban, asesinan, defienden el error y se oponen a la verdad, abandonan el convenio del cielo y niegan la fe de Jesús. Y, en medio de todo esto, se acerca rápidamente el día del Señor, cuando a nadie, excepto a quienes hayan obtenido el vestido de bodas, se le permitirá comer y beber en presencia del Esposo, ¡el Príncipe de Paz! (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 53).

LA PÉRDIDA DEL AFECTO NATURAL

Al enumerar de esta manera los delitos de los cuales el mundo sería culpable en el futuro, el profeta José demostró su verdadera naturaleza profética: el poder que poseía, recibido de lo alto, para contemplar el porvenir. Estoy seguro de que, en los días del Profeta, nadie comprendía hasta qué punto las personas del mundo perderían su «afecto natural» (2 Timoteo 3:3) durante los años venideros. Hoy parece existir un impulso mayor por destruir este «afecto natural» que por cometer cualquier otra transgresión de gravedad comparable.

En su mayoría, no somos conscientes de la existencia de organizaciones y fuerzas que actúan entre nosotros con el propósito de producir este resultado. Estamos perdiendo uno de los tesoros más preciados a los que la humanidad podría aferrarse si así lo quisiera.

Ciertamente, el afecto natural es algo que se nos concedió al nacer. En aquel momento sentíamos un amor abundante por nuestros padres. El niño ama a su madre. En esta época de nuestra vida y de la historia del mundo, debemos comenzar a preguntarnos si, al llegar a la madurez, existe en nosotros un grado de afecto menor hacia nuestros padres que el que sentíamos durante nuestra infancia y juventud. Si descubrimos la más mínima diferencia, si advertimos que se ha producido alguna pérdida de afecto, debemos examinar cuidadosamente nuestra vida para determinar qué podemos hacer para restaurarlo. De entre todas las personas que viven sobre esta tierra, nosotros deberíamos ser los últimos en considerar la posibilidad de aceptar alguna de las filosofías del mundo, sin importar cuál sea la recompensa relacionada con ella, si hacerlo significa alejarnos de esa estrecha afinidad y ese afecto que deben existir entre el padre y el hijo, y entre la madre y la hija, para que podamos realizar aquí, durante nuestra existencia mortal, el propósito pleno de nuestra creación.

Para mí, este es un asunto serio que se ha acercado mucho a mi corazón debido a mi labor en nuestro programa de bienestar. Me emociona leer las estadísticas sobre todo lo que hemos logrado mediante el programa de bienestar, cuántos trenes, vagones y barcos cargados de provisiones hemos enviado a los santos necesitados de Europa, y cuánto hemos logrado en las estacas organizadas de Sion. Parecería que esas cosas pueden medirse en toneladas; pero, como consecuencia de este programa de bienestar, los miembros de la Iglesia han recibido un beneficio de naturaleza espiritual que no puede medirse. No puede calcularse; sin embargo, el bien que se ha logrado puede percibirse en el aumento del afecto entre los hijos y los padres que esta obra ha producido. Si trabajáramos todos los días de nuestra vida, sacrificáramos todos nuestros bienes excedentes, conserváramos únicamente aquello que realmente necesitamos para nosotros mismos y, como resultado, introdujéramos en nuestra vida un amor y afecto por nuestros hijos más profundo que el que hemos sentido hasta ahora, nadie podría negar que hemos empleado bien nuestros recursos.

EL SIGNIFICADO DEL HOGAR

Parecería que todas las filosofías del mundo actual están resueltas a destruir el hogar. Al viajar por el mundo, se percibe que sus habitantes han perdido en su vida el significado del hogar. Nosotros, como Santos de los Últimos Días, no podemos hacer eso. Debemos continuar manteniendo el hogar como el lugar donde podamos arrodillarnos diariamente con nuestros hijos y enseñarles a orar. Nuestro hogar es el lugar donde podemos enseñarles el Evangelio. No podemos ser salvos en la ignorancia (Doctrina y Convenios 131:6), y tampoco pueden serlo nuestros hijos. Qué obra tan maravillosa realizaríamos si hoy pudiéramos llevar nuevamente al hogar las enseñanzas del evangelio de Jesucristo como un medio para vencer la delincuencia que existe entre los jóvenes del mundo. No podemos negar que existe más delincuencia entre los jóvenes del mundo que nunca antes. Nosotros, como Santos de los Últimos Días, tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que esa delincuencia de la cual el mundo es culpable no se introduzca en nuestros hogares. En muchas ocasiones he tenido la oportunidad de sugerir que, si participáramos en esta relación familiar con el mismo entusiasmo, la misma aspiración, la misma energía y el mismo deseo que dedicamos a nuestros asuntos temporales, nuestras familias y nuestros hogares significarían más para nosotros de lo que significan en la actualidad. Durante mucho tiempo he pensado —y ciertamente esta es mi opinión meditada y mi testimonio para ustedes hoy— que una manera de combatir el divorcio en el mundo consiste en que los hombres presten mayor atención a sus esposas y las esposas presten mayor atención a sus esposos. Debemos dejar pasar algunas de las cosas del mundo y no adoptar su ejemplo como el modelo que debemos seguir, sino dedicarnos al cumplimiento de algunos de los deberes más humildes de la vida.

Que el Señor bendiga a las madres de Israel que mantienen a sus pequeños bajo sus brazos y les enseñan a orar junto a sus rodillas; y que el Señor bendiga a los padres de Israel que están dispuestos a apartar tiempo de sus negocios y de sus granjas para pasarlo con sus hijos y sus hijas.

LA VIRTUD DE PARTICIPAR EN LAS ACTIVIDADES DE LA IGLESIA

Naturalmente, veo mucha virtud en este programa de bienestar. Si los padres se apartaran por un tiempo de su trabajo y participaran en los diversos proyectos que se han iniciado dentro del programa de bienestar, pronto reconocerían las bendiciones que se reciben al llevar consigo a sus hijos; y las madres, a sus hijas.

Cuando asisto a las reuniones de los santos, siempre tengo el sentimiento —y lo siento hoy— de que el adversario no tiene absolutamente ningún poder sobre nosotros mientras nos encontremos reunidos aquí, en la casa del Señor, adorándolo. Hermanos y hermanas, esa misma protección nos acompaña durante toda nuestra vida y en todas nuestras actividades si nos relacionamos con personas que poseen los mismos ideales y objetivos de vida. El sacerdocio nos fue dado como protección y, para que pueda protegernos, debemos participar activamente en los cuórums a los que pertenecemos. Los hombres que se relacionen y participen activamente en los cuórums del sacerdocio de esta Iglesia se mantendrán alejados del poder del adversario. Sus motivos siempre serán rectos. Llevarán a sus hogares un espíritu y un ambiente que mantendrán a sus hijos en la senda de su deber. Esto dará a cada uno de nosotros un deseo que no podremos acallar, a menos que lo cumplamos: asegurarnos de que cada hijo y cada hija con los que hemos sido bendecidos conozcan este evangelio de Jesucristo tan bien como nosotros lo conocemos.

Sería un descrédito para los miembros de la Iglesia que sus hijos y sus hijas, al presentarse ante nosotros para ser entrevistados con el fin de salir a una misión, dijeran que nunca habían escuchado a su padre o a su madre expresar su testimonio. Por tanto, debemos acudir a nuestros diferentes lugares de trabajo por toda la Iglesia y enseñar a nuestros miembros a compartir su testimonio con sus hijos y enseñarles los principios sencillos, pero fundamentales, de este Evangelio. Ninguno de nuestros jóvenes abandonará nuestra Iglesia para unirse a alguna de las iglesias del mundo si primero ha obtenido en su interior un conocimiento del verdadero evangelio de Jesucristo, restaurado por medio del profeta José Smith. Les digo, mis hermanos y hermanas, que tenemos la responsabilidad de convertir nuestros hogares en lugares sagrados a los cuales nuestros hijos deseen regresar con sus propios hijos para arrodillarse con nosotros en oración, leer las Escrituras con nosotros y analizar con nosotros los problemas de la vida.

LA INFLUENCIA DE LOS PADRES EN EL HOGAR

Ahora bien, si nos dedicamos a las instituciones del mundo, que se multiplican diariamente, no tendremos tiempo para la Iglesia. Todos tenemos oportunidades de unirnos a esta o aquella organización, y ha llegado el momento de reconocer que cada organización a la que nos unimos, sin importar cuán buenos sean sus propósitos, disminuye, al menos hasta cierto punto, nuestra capacidad de observar y practicar lo que debemos hacer en nuestro hogar y, sobre todo, de entregarnos a nuestra familia. En esta época no basta con ganar dinero y poder conceder a nuestros hijos las riquezas del mundo, permitir que vivan rodeados de lujos y darles todas las cosas de la vida que puedan desear. Mejor que todo eso es entregar un poco de nosotros mismos a nuestros hijos, para que puedan conocernos tal como somos y sentir el espíritu que poseemos y que recibimos al guardar los mandamientos de nuestro Padre Celestial.

Hace unos días estaba leyendo algo que el presidente George Albert Smith dijo muchos años atrás y, para concluir, deseo leer su declaración:

Cuán agradecidos debemos estar por el conocimiento de la naturaleza eterna del convenio matrimonial. Si solamente en esta vida tuviéramos esperanza, seríamos en verdad los más dignos de conmiseración de todos los hombres (1 Corintios 15:19). La seguridad de que nuestra relación aquí como padres e hijos, como esposos y esposas, continuará en el cielo, y de que esto es apenas el principio de un reino grande y glorioso que nuestro Padre ha determinado que heredemos del otro lado, nos llena de esperanza y gozo. Una de las evidencias más grandes que tengo de la divinidad de esta obra es que enseña que existe vida eterna del otro lado y que allí se producirá una reunión entre los seres queridos que se conocieron aquí. Por consiguiente, como padres, bien podemos ser pacientes y amorosos con nuestros hijos, porque ellos morarán eternamente con nosotros del otro lado, si nosotros y ellos somos fieles. Los pocos años que vivimos aquí serán considerados como un periodo durante el cual llegamos a conocernos; pero, cuando nos relacionemos en la vida venidera, nos conoceremos mejor de lo que nos hemos conocido aquí.

En una ocasión, el presidente Wilford Woodruff dijo:

Benditas sean sus almas; aunque vivieran aquí en la carne mil años, tanto como el padre Adán, y vivieran y trabajaran toda su vida en la pobreza, cuando terminara todo, si por medio de sus obras pudieran asegurar que sus esposas y sus hijos participaran en la primera resurrección y moraran con ustedes en la presencia de Dios, tan solo ese logro los recompensaría ampliamente por los trabajos de mil años.

Ahora hagamos el sacrificio, mis hermanos y hermanas, de dedicar el trabajo de uno o dos días al mes a estar con nuestros hijos y ayudarlos a obtener un lugar en el reino celestial de nuestro Padre Celestial, donde puedan morar con nosotros y aumentar nuestra gloria eternamente. Ruego humildemente que este pueda ser nuestro feliz destino, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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