Palabras de Inspiración

El trabajo: El mejor medicamento

La mayoría de nosotros dedica una buena parte del día a trabajar. Ya sea en la oficina, el aula, o la construcción; en el jardín, la casa, la fábrica, o el campo, el trabajo es parte de la vida. Por lo general estamos agradecidos por tener trabajo, aunque queramos terminarlo lo antes posible. El trabajo nos permite proveer para nosotros y nuestra familia pero, ¿pensaron alguna vez en él como una cura para los problemas y los pesares?

El líder religioso Gordon B. Hinckley dijo, “Considero que para casi todo ser humano el mejor medicamento para la soledad es trabajar y servir a los demás. El mejor antídoto para los afanes es el trabajo; el mejor medicamento para la angustia es el servicio, y la mejor cura para la fatiga es el desafío de ayudar a alguien que se sienta aún más abatido”.
Puesto que el trabajo, por definición, requiere esfuerzo, solemos verlo como algo que hace que nuestra vida sea más difícil. Entonces, ¿cómo podría ayudarnos ante la adversidad? Quizá la respuesta esté en que el trabajo da propósito a la vida, en especial, cuando la hace mejor para alguien en necesidad. Dicho trabajo nos anima y pone los problemas en perspectiva. A todos nos llega la hora de retirarnos de nuestro empleo, pero nunca de servir a los demás y de mejorar el mundo.

El trabajo constituye una necesidad mental, física y espiritual. Nos resulta necesario no solo para sobrevivir, sino para vivir bien y crecer. Cuando a una madre sola con niños pequeños se le preguntó cómo encaraba los momentos difíciles, explicó que las tareas cotidianas la mantenían en pie. Siempre que se sentía ansiosa o descorazonada, buscaba algo que hacer, y al organizar un clóset o barnizar un viejo mueble, encontraba las fuerzas para seguir adelante.

Entonces, la próxima vez que se sienta preocupado y desesperanzado, póngase a hacer algún trabajo. Sus sinceros esfuerzos por contribuir al bienestar de los demás resultarán en las magníficas, y a veces inesperadas bendiciones de un empleo.