Palabras de Inspiración

El cambio con el paso del tiempo

No hace mucho tiempo, un hombre se encontró con un viejo compañero de la secundaria a quien no había visto por décadas. Lo recordaba como un joven insensato, pero ahora, ya entrado en años, era muy diferente, por cierto más responsable y maduro, pero también más bueno y considerado. Qué placer reencontrarse con esa nueva versión de su viejo amigo. No podía menos que pensar en las experiencias que habrían influido en él a lo largo de tantos años; las angustias y las dichas, los éxitos y los fracasos que le habrían cambiado tanto y convertido en la persona que ahora era.

Pero después se puso a reflexionar: ¿será que acaso yo también cambié? ¿Cómo influyeron en mí las experiencias vividas? ¿Me ven mis amigos como una persona mejor, o como el mismo joven inmaduro que una vez fui?

La vida es un proceso de crecimiento. El más obvio de ellos es el físico, aunque también crecemos en otros aspectos más significativos, pero a veces nos cuesta permitir a otras personas crecer también. Solemos aferrarnos a las primeras impresiones que tenemos de ellas, lo cual no nos permite verlas evolucionar. Tal vez sea un modo de simplificar el mundo tan complejo en el que vivimos pero, ¿es que la gente no puede cambiar? ¿Será que si alguien solía ser irresponsable años atrás, nunca jamás cambiará? Si alguien era arrogante, ¿jamás llegará a ser humilde?

Mejor que la respuesta sea “sí”, ya que todos tenemos algo que cambiar, y si confiamos en que otras personas nos permitan crecer y mejorar, también debemos permitírselo a ellas. No es bueno que nos aferremos a lo que nos resulta familiar o a lo que creemos saber, sino que debemos aprender, progresar, y llegar a ser lo mejor posible cada día que nos toque vivir.

Entonces, la próxima vez que se encuentre con alguien a quien hacía tiempo que no veía —o con alguien a quien ve todos los días— ejerza buen criterio y permita a los demás y a usted mismo llegar a ser los seres humanos que tenemos el potencial de ser.