Palabras de Inspiración

La lección de los zapados desiguales

A todos nos gusta tener éxito en las cosas que hacemos, y también nos agrada cuando otras personas lo notan. Pero el éxito conlleva riesgos. Cuando los aplausos son ensordecedores y las candilejas refulgentes, cuesta más ver quién somos realmente. Mas, por fortuna, la vida a veces nos lo recuerda.

Tal fue lo que le sucedió a un renombrado presentador de noticias de televisión. Años antes de alcanzar la fama, recibió la codiciada asignación de cubrir las elecciones presidenciales. Llegado el día, y queriendo dar una buena impresión, se levantó temprano, se vistió a oscuras para no despertar a nadie, tomó un taxi hasta Nueva York, y antes de ir al estudio fue a que le lustraran los zapatos. Al sentarse en la silla el lustrabotas comentó, “Hacía tiempo que no veía una cosa así”.

El periodista miró hacia abajo y horrorizado vio que se había puesto un zapato negro y otro marrón.

No tenía tiempo para ir a comprar un nuevo par. Su única esperanza era entrar tranquilamente al estudio y sentarse en su silla con los pies cruzados para que nadie lo notara. Pero al abrir la puerta, vio a varios ejecutivos de la compañía que le aguardaban para saludarlo antes de que comenzara la cobertura. Tímidamente caminó hasta su lugar, avergonzado y convencido de que todo el mundo se había dado cuenta de que tenía zapatos desiguales.

Más adelante escribió, “Cada vez que me invade el engreimiento y empiezo a creerme un gran personaje, recuerdo la ocasión en que tenía puesto un zapato negro y otro marrón”.

No hay nada de malo en llevar la cabeza en alto, pero que no sea debido a la adulación, sino como resultado de la satisfacción que nace de la integridad personal, el esfuerzo, los actos de bondad y de hacer lo que sabemos que es correcto. Y antes de celebrar un éxito, hagamos una pausa para asegurarnos de que nuestros dos zapatos sean del mismo color.