Palabras de Inspiración

Lo que solo el corazón ve

¿Podemos, realmente, llegar a conocer a una persona con solo observar su apariencia exterior? ¿Es posible determinar el interior de alguien o sus dificultades personales? Muchos se esfuerzan por proyectar una imagen perfecta de sí mismos. Otros son reservados y prefieren no revelar sus sentimientos y preocupaciones a los demás. Pero aun quienes presentan una fachada de fortaleza, generalmente tienen dudas y pesares que no comparten.

Una vez, un hombre resbaló en un piso mojado en su empleo, cayéndosele una pila de papeles que llevaba con él. Para sorpresa de sus compañeros, mientras los recogía, se echó a llorar, presa de afanes que le agobiaban mucho más que aquel incidente. Al compartir sus pesares, sintió la compasión y el interés de quienes no conocían la carga que pesaba sobre sus hombros.

Cuando escondemos nuestros problemas de los demás, a menudo nos privamos de la comprensión y el apoyo que podríamos recibir de ellos. Si estamos dispuestos a subir los telones que esconden nuestro sentir, también subiremos las barreras que nos privan de la ayuda que tanto necesitamos.

Un conocido orador público lo explicó de este modo: “La esencia de nuestra existencia es forjar conexiones; es lo que da propósito a nuestra vida. Para que eso suceda, debemos ser trasparentes, realmente trasparentes”.

En realidad, todos afrontamos una batalla invisible, lo cual nos inspira a extender más compasión a quienes nos rodean. Al abstenernos de juzgar a los demás, afirmamos los cimientos de la aceptación que nos permite compartir, ser francos, y formar las conexiones que todos necesitamos.

Como lo expresó el autor de la obra El Principito, “Es solo con el corazón que uno puede ver claramente; lo esencial es invisible al ojo”.

Cuando realmente nos interesamos en alguien, y le permitimos interesarse en nosotros, el corazón puede discernir mucho más de lo que nuestros ojos ven, lo cual nos beneficia a todos.