Conferencia General Abril 1950

“Si Jehová no edificare la casa”

Toda vida, hogar, comunidad y nación solo pueden prosperar verdaderamente cuando son edificados sobre los principios y el Espíritu de Jesucristo.

Élder Oscar A. Kirkham
Del Primer Consejo de los Setenta

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.”


Ruego poder disfrutar de las bendiciones del Espíritu del Señor.

Me siento muy agradecido hoy de que, a lo largo y ancho de nuestra gran nación, millones de estadounidenses hayan acudido a las grandes iglesias, a las colinas y a las cumbres de las montañas, donde han escuchado la palabra del Señor. Han sido elevados en este glorioso día de Pascua, así como usted y yo hemos sido elevados.

GRATITUD POR AMÉRICA

Estoy agradecido por América. Mi trayectoria me ha llevado a la compañía de hombres de casi todos los estados de la Unión. En mis meditaciones de este día he tratado de imaginarme dónde podrían estar ellos: ¡nobles hombres cristianos! Y estoy agradecido, y tengo fe en esta gloriosa tierra. Esa fe ha sido fortalecida por mi formación religiosa y por las palabras que han sido pronunciadas por los profetas de esta tierra, tal como están registradas en el Libro de Mormón.

Alguien ha dicho recientemente, y sinceramente creo que es verdad, que lo que América diga y haga en los próximos cincuenta años marcará el destino del mundo. ¡Qué importante es nuestro lugar entre los hijos de los hombres! Y nosotros, miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la mayoría de nosotros resguardados en estas colinas occidentales, habiendo recibido la palabra de Dios, ¡cuán grande es nuestra responsabilidad y nuestra oportunidad!

Tengo fe en que las grandes obras no solo nos son requeridas por los profetas de hoy y de ayer, sino que también serán cumplidas.

EL PODER DEL ESPÍRITU

El gran Thomas Edison dijo de Steinmetz que poseía la mente más brillante de cualquier estadounidense. En su lecho de muerte, Steinmetz, rodeado de sus estudiantes, dijo: “La mayoría de nuestros descubrimientos han sido del mundo material, pero los descubrimientos del mañana serán del espíritu”. Tengo fe en eso. Creo que presenciaremos nuevos poderes sobre la tierra, y serán poderes del espíritu.

Napoleón dijo que existen dos poderes en la tierra: el del espíritu y el de la espada. Luego, tras un momento de reflexión, añadió: “Pero el espíritu siempre vence a la espada”.

En el Salmo 127 se encuentran estas grandes palabras de consejo: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Siento que no me tomo ninguna libertad indebida si añado a esas sagradas palabras: si el Señor no edifica una vida, en vano trabajan quienes la edifican. Si el Señor no edifica una ciudad, en vano trabajan quienes la edifican. Si el Señor no edifica un estado o una nación, en vano trabajan quienes la edifican.

Me gustaría leer las palabras de uno de nuestros grandes presidentes (Woodrow Wilson):

“Nuestra civilización no puede sobrevivir materialmente a menos que sea redimida espiritualmente. Solo puede salvarse al quedar impregnada del espíritu de Cristo. Solo así podrá expulsarse el descontento y disiparse todas las sombras del camino que tenemos por delante”.

EL CONSEJO DE BRIGHAM YOUNG

Desde este mismo púlpito, Brigham Young aconsejó a los santos:

“Cuando vayáis al campo a arar, aseguraos de llevar al Señor con vosotros. Cuando os ocupéis de vuestros negocios, aseguraos también de que el Señor esté con vosotros en vuestro trato con los hombres”.

Y además dijo:

“Ningún hombre que aconseje o juzgue al pueblo debería hacerlo sin juzgar en el Señor, para que pueda discernir justa e imparcialmente entre lo correcto y lo incorrecto, la verdad y el error, la luz y las tinieblas, la justicia y la injusticia. Si alguna legislatura se reúne sin el Señor, tarde o temprano se desintegrará. Ninguna nación ha perdurado jamás que haya deliberado y conducido sus asuntos nacionales sin el Señor; tarde o temprano se ha desmoronado y ha llegado a nada. Lo mismo es cierto de todas las naciones que ahora existen o que llegarán a existir”.

LAS NACIONES UNIDAS

Usted y yo vivimos en una época grandiosa. Pero en mis lecturas y meditaciones me ha interesado enormemente lo que cincuenta y nueve naciones de la tierra están haciendo actualmente con respecto a estos grandes principios de los que hablamos. Cuando se reunieron por primera vez en San Francisco, dijeron: “No, no podemos tener oraciones vocales. Aquí está el confucianista, aquí está el budista, aquí está el judío, aquí está el cristiano. No debemos tener oraciones específicas”. Comenzaron sus labores y pronto descubrieron que algo más grande que ellos mismos debía estar entre ellos si querían lograr aquello que anhelaban realizar. Entonces acordaron dedicar un minuto al día a la devoción personal en silencio. Y el tiempo siguió avanzando. Si recientemente han estado en la ciudad de Nueva York y han recorrido la calle 42 hasta el East River, verán cómo se han demolido varias manzanas de edificios. Gracias al liderazgo de una gran institución cristiana estadounidense, la Fundación Rockefeller, se ha hecho un glorioso donativo a estas cincuenta y nueve naciones y a aquellas que se unan posteriormente. Han construido un gran edificio que ahora está cerca de completarse. Y en su centro hay una capilla para la oración. No hay púlpitos ni vitrales; solo una losa de granito que simboliza el gran sacrificio de millones. Pero sobre ella cae desde los cielos un rayo de luz que representa ese poder y promesa eternos que fortalecerán el corazón de los hombres y les darán fe en la gran causa de la paz.

Sí, si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican. Y cuando pensamos en los grandes propósitos de nuestro Padre Celestial respecto al destino de los hombres y de las naciones, y en nuestra humilde participación en ellos, debemos ser pacientes, debemos tener fe. Que Dios nos conceda esa fe activa en la que usted y yo podamos participar cada día.

Que cada hombre y mujer de esta congregación sienta: “Soy un misionero; soy parte de esa gran hermandad que trabaja por la paz y la felicidad de todos los hombres en todo el mundo”. Hablad con ese vecino que vive cerca. No tengáis miedo. Id con valentía y llevadle la palabra de Dios. El Señor santificará vuestras palabras y abrirá el corazón de los hombres. Vosotros sois mensajeros de verdad y felicidad.

TRABAJAR POR LA HERMANDAD

Trabajemos por la hermandad de los hombres. Me alegró recibir un informe de uno de nuestros quórumes de los Setenta en el condado de Utah. Un día, en la carretera, un automóvil atropelló y mató a un buen muchacho. El padre y la madre quedaron desconsolados. Pero a la mañana siguiente, veintiún hombres estaban en el porche de su casa. Veintiún hombres extendían amor y consuelo, demostrando verdadera hermandad al ofrecer sus servicios para bendecir ese hogar.

Caminaba un día por la calle de una pequeña aldea en Maui junto a una mujer hawaiana, miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro. Mientras caminábamos, ella dijo: “¿Ve aquel edificio de allí? Tengo una querida amiga china que vive allí. Fui a visitarla cuando estábamos construyendo el templo de Laie. Le pregunté si le gustaría contribuir a la construcción del templo. Y aunque no era miembro de la Iglesia, dijo: “Oh, sí, creo en los templos; me encantaría ayudar”. Conversamos unos minutos y luego nos despedimos. Ocho meses después pasé nuevamente por allí y pensé: “¡Vaya! No he vuelto a visitar a mi amiga china”. Así que fui a verla y le pregunté: “¿Ha olvidado nuestra conversación?”. Ella respondió: “No, he estado esperando que viniera. ¿Tiene una bolsa o algo donde poner el dinero?”. Saqué de mi bolso una pequeña cartera negra, y ella dijo: “Oh, me temo que eso no podrá contener lo que he ahorrado para usted”. Fue a otra habitación y regresó con un recipiente lleno de monedas y otros billetes. Entonces dijo: “Si fuera tan amable de abrir su delantal”. Lo abrí, y la mujer china vertió el dinero en mi regazo. Le pregunté: “¿Todo esto es para el templo? ¿Quiere decir que debo llevármelo todo?”. “Oh, sí”, respondió ella, “puede quedarse con el dinero. Yo ya tengo la bendición””.

Que Dios nos ayude a comprender que cuando volvemos nuestro corazón con amor hacia la humanidad, la resurrección está ocurriendo entonces en nosotros; el don de Dios está con nosotros, el mayor don concedido a la humanidad. Entonces es el Señor quien está edificando la casa.

Por estas cosas ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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