Conferencia General Abril 1950

“Sed, pues, vosotros perfectos”

La perfección es un mandamiento divino y comienza en esta vida mediante la obediencia constante a los mandamientos de Dios.

Élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce Apóstoles

“Si el Señor hubiera pensado que no podemos comenzar en la mortalidad la marcha hacia la perfección, nunca nos habría dado ese mandamiento.”


Mientras he escuchado estos hermosos sermones sobre el arrepentimiento, he pensado una y otra vez en uno de los mandamientos dados por el Salvador en el Sermón del Monte. En él dijo:

“Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

EL PERFECCIONAMIENTO DE LOS SANTOS

Pablo nos dice que la organización de la Iglesia nos fue dada, entre otras razones, para el perfeccionamiento de los santos. A pesar de este mandamiento, y a pesar de esta declaración de Pablo, hay algunas personas que creen que es imposible que lleguemos a ser perfectos. Dicen que la perfección no es para esta vida y, por lo tanto, ¿para qué intentarlo?

Quisiera decir que creo con todo mi corazón que, si el Señor hubiera pensado que no podemos comenzar en la mortalidad la marcha hacia la perfección, nunca nos habría dado ese mandamiento; tampoco nos habría dado una organización de la Iglesia para el perfeccionamiento de los santos.

100 % PERFECTOS

Creo que, de muchas maneras, aquí y ahora, en la mortalidad, podemos comenzar a perfeccionarnos. Cierto grado de perfección es alcanzable en esta vida. Creo que podemos ser cien por ciento perfectos, por ejemplo, al abstenernos del uso del té y del café. Podemos ser cien por ciento perfectos al abstenernos del licor y del tabaco. Podemos ser cien por ciento perfectos al pagar un diezmo íntegro y honrado. Podemos ser cien por ciento perfectos al abstenernos de comer dos comidas en el día de ayuno y entregar al obispo, como ofrenda de ayuno, el valor de esas dos comidas de las que nos hemos privado.

Podemos ser cien por ciento perfectos en guardar el mandamiento que dice que no debemos profanar el nombre de Dios. Podemos ser perfectos en guardar el mandamiento que dice: “No cometerás adulterio”. Podemos ser perfectos en guardar el mandamiento que dice: “No hurtarás”. Podemos llegar a ser perfectos en la observancia de muchos otros mandamientos que el Señor nos ha dado.

Estoy convencido de que uno de los grandes deseos del Señor nuestro Dios es que guardemos ese gran mandamiento que dice: “Sed, pues, vosotros perfectos”, y que podamos hacerlo es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Arrepentimiento, perdón y conversión y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario