La Expiación de Cristo
La expiación de Jesucristo es el acontecimiento más importante de la historia y el único medio por el cual la humanidad puede vencer la muerte y obtener la vida eterna.
Élder Bruce R. McConkie
Del Primer Consejo de los Setenta“No hay nada más importante en este mundo, ni lo habrá jamás, que el único acto de la expiación de Cristo; y nosotros podemos participar de sus bendiciones.”
A José Smith se le preguntó: “¿Cuáles son los principios fundamentales de su religión?”
Él respondió:
Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los Apóstoles y Profetas concerniente a Jesucristo: que Él murió, fue sepultado, resucitó al tercer día y ascendió al cielo; y todas las demás cosas que pertenecen a nuestra religión son solamente apéndices de ello.
LA EXPIACIÓN DE CRISTO
La expiación de Cristo es el acontecimiento más trascendente e importante que jamás ha ocurrido, o que jamás ocurrirá, en la historia de este mundo. Todo lo relacionado con la vida y la salvación, todo lo que los santos tienen o puedan obtener, se centra en ese acontecimiento tan glorioso. Cristo vino al mundo principalmente con el propósito de llevar a cabo la expiación infinita y eterna.
Él dijo:
“…he venido al mundo para hacer la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.
Y mi Padre me envió para que yo fuese levantado sobre la cruz…”
Eso fue lo que dijo a los nefitas. A los judíos, durante su ministerio terrenal, les dijo:
Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas…
…yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
LA CAÍDA DE ADÁN
Adán había venido al mundo; había sido el primer hombre, el miembro más noble de la raza humana, salvo únicamente Jesús; había caído, como relatan las Escrituras, y había introducido en el mundo la muerte temporal y la muerte espiritual.
La muerte espiritual consiste en ser expulsado de la presencia del Señor. La muerte temporal es la separación del cuerpo y del espíritu. La expiación de Cristo vino para rescatarnos de los efectos de la caída de Adán. Esa expiación concede a todos los hombres la vida temporal. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. Esa expiación ofrece a todos los hombres que crean y obedezcan los principios del evangelio la vida eterna, o vida espiritual nuevamente en la presencia del Padre Eterno.
EL EVANGELIO EN SU PLENITUD
Nosotros, los Santos de los Últimos Días, tenemos el evangelio en su plenitud y perfección. Maestros autorizados nos revelan sus doctrinas; administradores legalmente autorizados están entre nosotros para efectuar las ordenanzas de salvación. Estamos en la senda que conduce a la vida eterna y, si perseveramos hasta el fin, seremos salvos.
Aquellos que están en el mundo y que se arrepientan, entren en la Iglesia, crean en las doctrinas y reciban las ordenanzas, tendrán sus pecados perdonados. Serán lavados y limpiados en la sangre de Cristo por causa de la expiación. Aquellos que rehúsen hacerlo, que no se arrepientan y permanezcan fuera del alcance de la misericordia, tendrán —en la justicia de Dios— que pagar la pena por sus propios pecados. Se les requerirá sufrir, así como Cristo sufrió, sufrimiento que hizo que Él mismo, “…sí, Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor, y sangrara por cada poro, y padeciera tanto en el cuerpo como en el espíritu…”, deseando no tener que beber la amarga copa.
No hay nada más importante en este mundo, ni lo habrá jamás, que el único acto de la expiación de Cristo; y nosotros podemos participar de sus bendiciones. Podemos heredar las glorias de la eternidad y todas las recompensas que Dios ha prometido a los santos, si obedecemos la ley que Él nos ha dado en este día.
A Benjamín, un rey nefita justo y fiel, un ángel de Dios le dijo estas palabras:
Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que ceda a las insinuaciones del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural y se haga santo mediante la expiación de Cristo el Señor, y llegue a ser como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a todas las cosas que el Señor considere conveniente imponerle, tal como un niño se somete a su padre.
Que podamos hacerlo así, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.


























