“Todo Hombre
Aprenda Su Deber”
Obispo Joseph L. Wirthlin
Obispo Presidente de la Iglesia
Con diez mil ojos puestos sobre uno, con diez mil mentes receptivas y diez mil corazones abiertos delante de uno, una persona en esta posición debe abordar su asignación con espíritu de oración y con un espíritu de humildad, a fin de que el Santo Espíritu del Señor le dé inspiración por el momento o los momentos que permanezca ante ustedes. Esa es mi sincera oración.
Uno de los acontecimientos más emocionantes e inspiradores relacionados con la restauración del Evangelio del Señor Jesucristo tuvo lugar cuando dos jóvenes que estaban traduciendo un registro sagrado encontraron un pasaje relacionado con la ordenanza del bautismo. JS—H 1:68-72
No les quedó claro, y como acostumbraban hacer, fueron al bosque, a las orillas de un gran río en el estado de Pensilvania, y suplicaron poderosamente al Señor para que pudieran tener entendimiento respecto a la ordenanza del bautismo; y en respuesta a esa oración, un ser celestial se apareció ante ellos, se anunció como Juan el Bautista, indicándoles que había sido enviado por Pedro, Santiago y Juan, la Primera Presidencia de la Iglesia en los días de los Apóstoles, la Presidencia del Santo Sacerdocio.
Pedro, Santiago y Juan habían enviado a Juan el Bautista para restaurar el Sacerdocio Aarónico, y poniendo sus manos sobre las cabezas de José Smith y Oliver Cowdery dijo estas palabras: “Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y esto nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví ofrezcan de nuevo al Señor una ofrenda en justicia”. D. y C. 13:1
Hermanos, cuando pensamos en la maravillosa restauración del Sacerdocio Aarónico, ese poder divino que Juan el Bautista poseía cuando Cristo estuvo sobre la tierra, no es asunto pequeño poseer el Sacerdocio Aarónico.
José Smith dijo: “El sacerdocio es un principio eterno que existió con Dios desde la eternidad y existirá hasta la eternidad, sin principio de días ni fin de años”. Las llaves tienen que ser traídas del cielo cada vez que se envía el Evangelio; el Sacerdocio Aarónico había sido quitado de la tierra debido a la gran apostasía que ocurrió poco después de los Apóstoles, y para que pudiera ser restaurado a la humanidad, tenía que ser traído desde los cielos. Por lo tanto, Juan, el siervo de Dios que había poseído esas llaves 2000 años antes, regresó con ellas.
José Smith dijo nuevamente: “Es aquello que coloca al hombre en condición de recibir el ministerio de ángeles y disfrutar de la presencia de Dios el Padre y de su Hijo Jesucristo”.
En esta Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo, hay 113.000 poseedores del Sacerdocio Aarónico. Hay miles de hombres que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, y con este precioso don, el Señor espera que seamos diligentes y fervientes en su servicio. Él declaró en la Sección 107, versículo 99, de Doctrina y Convenios: “Por tanto, aprenda ahora todo hombre su deber, y a obrar en el oficio al cual fuere nombrado, con toda diligencia”. D. y C. 107:99
Encontramos que entre los 113.000 miembros del Sacerdocio Aarónico hay 60.000 mayores de 21 años y 53.000 menores de 21 años. En 1951, 3.300 de estos hermanos mayores de 21 años fueron avanzados al Sacerdocio de Melquisedec, pero hubo 2.516 hombres que se unieron al grupo mayor del Sacerdocio Aarónico, 2.516 más de los que fueron avanzados al Sacerdocio de Melquisedec.
Algunos de los factores que contribuyen al tamaño del grupo mayor del Sacerdocio Aarónico de la Iglesia son estos: Hemos observado durante los años de guerra que muchos se enlistaron en las Fuerzas Armadas de la nación a las edades de 16, 17 y 18 años, y permanecieron en el servicio militar tanto tiempo que cuando regresaron a casa ya habían alcanzado los 21 años, lo cual los dejó sin afiliación a un quórum.
Otro factor que contribuye es que no hacemos suficientes contactos con estos hermanos. Parece haberse desarrollado en la Iglesia un sentimiento de segregación. Estos hermanos han sentido que están algo apartados del resto del Sacerdocio Aarónico. Existe una falta de sentido de pertenencia a algún quórum, y sin duda tienen derecho a sentirlo porque estos 60.000 hombres no tienen afiliación a ningún quórum.
Con la restauración del Sacerdocio Aarónico, el Señor reveló al Profeta su organización. Debían existir quórumes de diáconos con doce miembros; quórumes de maestros con 24 miembros; quórumes de presbíteros con 48 miembros. D. y C. 107:85-87 Estos serían presididos por una presidencia: un presidente de quórum, sus dos consejeros y un secretario; y la presidencia de todo el Sacerdocio Aarónico del barrio estaría encabezada por el obispo como presidente y sus dos consejeros.
Si todos estos 60.000 hombres fueran organizados en quórumes, tal como el Señor indicó que debían serlo, habría 2.793 quórumes adicionales del Sacerdocio Aarónico en la Iglesia. Si se seleccionaran oficiales para los quórumes de maestros y diáconos, tres miembros en la presidencia y un secretario, se pondrían en actividad, para dirigir estos nuevos quórumes del Sacerdocio Aarónico, 7.064 oficiales. Imaginen el potencial de fortaleza en 2.793 nuevos quórumes, el servicio disponible y la actividad que los miembros individuales derivarían de las asignaciones del sacerdocio, cumpliendo el mandato del Señor que se encuentra en la Sección 107, versículo 99, de Doctrina y Convenios: “Por tanto, aprenda ahora todo hombre su deber, y a obrar en el oficio al cual fuere nombrado, con toda diligencia”. D. y C. 107:99
Así que, después de una cuidadosa consideración, el Obispado Presidente presentó el siguiente plan a la Primera Presidencia y al Consejo de los Doce, quienes lo aprobaron. El plan es el siguiente: Hemos sentido durante mucho tiempo que el título “Sacerdocio Aarónico Adulto” debía cambiarse por muchas razones. Por lo tanto, los nombres diácono mayor, maestro mayor y presbítero mayor fueron sugeridos a la Primera Presidencia y al Consejo de los Doce, quienes los aprobaron. El grupo mayor del Sacerdocio Aarónico será conocido de ahora en adelante como el Sacerdocio Aarónico Mayor. Sus miembros serán conocidos como diáconos mayores, maestros mayores y presbíteros mayores.
Además de este vasto número de hombres mayores que poseen el Sacerdocio Aarónico, tenemos otro grupo de hombres mayores de 21 años que no poseen sacerdocio alguno. Hay 20.000 de ellos. Los obispos de los barrios son responsables de este grupo porque son miembros de los diversos barrios donde residen.
Estamos invitando a los obispos de los barrios de la Iglesia a hacer una encuesta muy cuidadosa de todos los miembros del Sacerdocio Aarónico mayores de 21 años, a fin de que puedan organizarse en quórumes de diáconos, maestros y presbíteros, tal como el Señor nos reveló por medio del profeta José Smith. De entre ellos, el obispado debe seleccionar hombres para presidir estos quórumes como presidencias, con excepción del quórum de presbíteros sobre el cual preside el obispo.
Además de organizar estos quórumes y llamar a 7.000 hombres para dirigirlos, habrá una gran necesidad de la ayuda de élderes, setentas y sumos sacerdotes; y en los barrios de la Iglesia hay muchos élderes, muchos setentas y muchos sumos sacerdotes disponibles para este glorioso servicio, a fin de ayudar a este vasto ejército del Sacerdocio Aarónico a establecer organizaciones de quórum para que puedan rendir el servicio que el Señor espera de ellos.
El plan actual proporciona un asesor del Sacerdocio de Melquisedec por cada cinco hombres. Este plan continuará; estos asesores en los quórumes del Sacerdocio Aarónico serán de gran ayuda para las presidencias, y cada miembro mayor del Sacerdocio Aarónico debe ser visitado, persuadido y aconsejado para que se una a su quórum.
Esta obra exige de todos los trabajadores del Sacerdocio Aarónico el espíritu de tolerancia, el espíritu de paciencia y el espíritu de perseverar y nunca rendirse. Estos hombres no pueden ser criticados hasta lograr actividad, ni tampoco pueden ser sermoneados hasta volver a la Iglesia; pero mediante el espíritu de amor, tolerancia y paciencia, hermanos, ellos nos seguirán si tan solo les mostramos el camino.
Estableceremos, a partir del comienzo del año, un curso de estudio para los miembros mayores del Sacerdocio Aarónico, y como texto hemos escogido el libro “Una Obra Maravillosa y un Prodigio”, escrito por el élder LeGrand Richards del Consejo de los Doce, uno de los grandes misioneros de la Iglesia, un hombre que, debido a su comprensión del Evangelio y sus experiencias misionales, ha tenido la capacidad de plasmar en forma de libro las enseñanzas necesarias para convertir a las personas al Evangelio.
Sentimos que muchos de estos hombres necesitarán conversión, y por lo tanto este magnífico texto será utilizado durante el año 1953. Además de ello, debe existir un programa de actividades. Es cierto que han prestado un gran servicio en el Programa de Bienestar. Disfrutan trabajar en el Programa de Bienestar, y cuando sean organizados en quórumes deberán asignárseles proyectos definidos.
Tenemos personas ciegas entre nosotros. Actualmente se está realizando una encuesta en la Iglesia para determinar cuántos de nuestros miembros son ciegos. Sabemos que en el estado de Utah hay más de 1.200 de ellos, y nos preguntamos con qué frecuencia pueden asistir a la reunión sacramental. ¿Cuántas veces tienen el privilegio de asistir a la Escuela Dominical o a su reunión del sacerdocio?
Este sería un excelente proyecto para que los miembros mayores del Sacerdocio Aarónico se encargaran de ello y velaran para que estos hermanos y hermanas mayores y las personas ciegas tengan el privilegio de asistir a todas sus reuniones.
Pensamos que sería algo excelente que los quórumes mayores del Sacerdocio Aarónico pudieran organizar un comité de bienestar personal con el propósito de ayudar a cualquiera de los miembros de su quórum que pudiera estar pasando por dificultades, donde pudiera haber enfermedad y desempleo.
En relación con la obra del Sacerdocio Aarónico, parece que a través de los años una barrera para la actividad de nuestros hermanos ha sido la cuestión de la edad. El Señor no hace acepción de personas en cuanto a la edad. Rom. 2:11
Cuando el Sacerdocio Aarónico fue organizado en los días de Aarón y Moisés, y cuando Moisés fue llevado y el Sacerdocio de Melquisedec fue llevado con él, el Sacerdocio Aarónico fue el único sacerdocio que los hijos de Israel tuvieron en medio de ellos. Aarón estaba a su cabeza. Núm. 3:39 Veintidós mil miembros de la tribu de Leví le fueron dados para prestar el servicio necesario en ese sacerdocio, y en ese grupo de 22.000 hombres había hombres mayores y también podía haber hombres jóvenes.
Ahora, en contraste con eso, deseo llamar su atención a la ordenación de Juan el Bautista. Recordarán que a través de los siglos, desde el tiempo de Aarón hasta la venida de Juan el Bautista, el Sacerdocio Aarónico se había deteriorado. Se había convertido en un instrumento en manos de hombres inicuos; sus poderes fueron retirados nuevamente a los cielos y, para preparar al mundo para la segunda venida de Cristo, el Señor envió a su siervo Juan el Bautista para predicar el Evangelio del arrepentimiento y del bautismo por inmersión para la remisión de los pecados, y para llamar a todos los hombres al arrepentimiento porque, dijo él: “El que viene tras mí es más poderoso que yo”. Mat. 3:11
Juan el Bautista fue llamado al servicio del Sacerdocio Aarónico a una edad muy temprana. El Señor reveló este interesante acontecimiento al profeta José en la Sección 84, versículo 28, de Doctrina y Convenios, cuando indicó que un ángel del cielo descendió y ordenó a Juan a la edad de ocho días. D. y C. 84:28 Y así, hermanos, en lo que respecta a la edad, no tiene importancia.
En los días de Aarón, el Señor escogió hombres mayores y, en el caso de Juan el Bautista, escogió a un niño. Así que, en lo que respecta al Sacerdocio Aarónico, sus responsabilidades y el servicio que debe prestar, la edad no es una barrera.
Durante la presidencia de Pedro, Santiago y Juan, aquellos seleccionados para prestar servicio en el Sacerdocio Aarónico eran hombres mayores. El mensaje de Pablo a Timoteo declaró: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas;
que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia.
Y estos también sean antes sometidos a prueba; y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles.
Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.
Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas”. 1 Tim. 3:8-12
Esta cita es evidencia de que en los días de los Apóstoles, hombres eran llamados a servir en el oficio de diácono, en el oficio de maestro y en el oficio de presbítero.
Al considerar los deberes del Sacerdocio Aarónico y los deberes que los miembros mayores del Sacerdocio Aarónico deben aceptar y cumplir con toda la dignidad y el honor a su alcance, existen algunos servicios en el Sacerdocio Aarónico en los cuales se necesitan hombres experimentados y de mayor edad.
Me refiero particularmente a la Sección 84, versículos 107 al 111, de Doctrina y Convenios. D. y C. 84:107-111 Allí el Señor había revelado al profeta José que había llegado el tiempo en que los élderes y los miembros del Sacerdocio de Melquisedec debían salir al mundo y predicar el Evangelio Restaurado del Señor Jesucristo.
El Señor declaró: “Por tanto, llevad con vosotros a los que son ordenados al sacerdocio menor, y enviadlos delante de vosotros para hacer citas y preparar el camino y cumplir citas que vosotros mismos no podéis cumplir.
He aquí, ésta es la manera en que mis apóstoles en la antigüedad edificaron mi iglesia para mí”. D. y C. 84:107-108
Aquí hay un mandato que viene del Señor a los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec para utilizar a los miembros del sacerdocio menor, enviándolos delante de ellos para preparar el camino, hacer citas y, si ocurriera que estos hermanos del Sacerdocio de Melquisedec no pudieran cumplir sus citas, entonces estos hermanos del sacerdocio menor tendrían esa responsabilidad.
Nuevamente el Señor dice: “Por tanto, permanezca todo hombre en su propio oficio y trabaje en su propio llamamiento; y no diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de los pies; porque sin los pies, ¿cómo podrá el cuerpo mantenerse en pie?
También el cuerpo necesita de cada miembro, para que todos sean edificados juntamente, a fin de que el sistema se conserve perfecto”. D. y C. 84:109-110
Así, mediante el uso del sacerdocio menor en relación con la proclamación del Evangelio, mientras el Sacerdocio de Melquisedec lo llevaba adelante en los primeros días de los primeros Apóstoles, el Señor requiere el uso del sacerdocio menor con el fin, como Él dijo, de que el sistema se conserve perfecto. Ef. 4:12
Estoy seguro de que deseamos mantener perfecto el sistema del sacerdocio hoy día; que el Sacerdocio de Melquisedec no puede decir al sacerdocio menor: “No tengo necesidad de ti”, ni tampoco el sacerdocio menor puede decir al Sacerdocio de Melquisedec: “No tengo necesidad de ti”, sino que deben trabajar juntos y ser edificados juntos, como el Señor lo indica en esta revelación.
Nuevamente, el Señor continúa diciendo: “Y he aquí, los sumos sacerdotes deben viajar, así como también los élderes y también los presbíteros menores; pero los diáconos y maestros deben ser nombrados para velar sobre la iglesia, para ser ministros permanentes de la iglesia”. D. y C. 84:111
Y si alguna vez llegara nuevamente el tiempo —y podría llegar— en que el Sacerdocio de Melquisedec sea llamado a salir a predicar el Evangelio a todo el mundo, y aquellos que queden atrás para permanecer como ministros de la Iglesia bien podrían ser diáconos y maestros, tal como el Señor lo revela; si llegara ese tiempo, estoy seguro de que requerirá miembros del Sacerdocio Aarónico, hombres de experiencia y hombres de juicio.
Y definitivamente hay un lugar en el Sacerdocio Aarónico para hombres mayores, y no existe tal cosa como una barrera de edad. Creo que cuando estos quórumes del Sacerdocio Aarónico sean organizados y comiencen a funcionar, y estos hombres se capaciten para prestar servicio, sería algo grande y glorioso llamar a un quórum mayor de diáconos para repartir la Santa Cena.
No conozco experiencia más inspiradora que participar en la administración de la última cena del Señor, y también en la recolección de las ofrendas de ayuno. Estoy seguro de que ellos podrían ser de gran ayuda junto con los diáconos más jóvenes, particularmente en las áreas ampliamente dispersas de la Iglesia, donde podrían tomar sus automóviles y, con un compañero más joven, visitar los hogares de los Santos y recoger las ofrendas de ayuno, para que las necesidades de la vida puedan estar en el almacén del obispo y aquellos que estén en angustia sean atendidos: los huérfanos, las viudas y los desempleados, lo cual Pablo llamó “la religión pura y sin mancha”. Santiago 1:27
Los deberes del maestro ordenado son inspiradores y edificantes para todos los que participan en este glorioso proyecto de enseñar. Los miembros mayores del Sacerdocio Aarónico deben ser llamados a este servicio tan pronto como estén capacitados, para salir primero con un miembro del Sacerdocio de Melquisedec, a enseñar al pueblo el Evangelio del Señor Jesucristo, a velar siempre sobre la Iglesia, a estar con ellos y fortalecerlos, y a ver que no haya iniquidad en la Iglesia, etc. D. y C. 20:53-54
Estoy completamente seguro de que cualquier hombre que tenga el espíritu de su llamamiento en el Sacerdocio Aarónico como maestro consideraría una gloriosa y magnífica oportunidad seguir las huellas del gran Maestro, Jesucristo mismo.
El oficio de presbítero ofrece muchas experiencias gloriosas e inspiradoras, particularmente cuando un presbítero tiene la asignación de efectuar la ordenanza del bautismo. Al llevar al candidato al agua y levantar su brazo al cuadrado, repite la oración bautismal revelada, que es la siguiente: “Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. D. y C. 20:73
Esta es una oración breve, pero en ella hay una gran revelación para el mundo; y esa revelación, la restaurada comisión para bautizar personas en el nombre del Padre, en el nombre de Jesucristo y en el nombre del Espíritu Santo, fue devuelta a la tierra cuando Juan el Bautista confirió estas llaves sobre José Smith y Oliver Cowdery. Esta sagrada oportunidad todo presbítero mayor debe aceptarla gustosamente con un testimonio en su corazón de que posee una comisión y autoridad divinas.
¡Qué gloriosa experiencia llega cuando un presbítero se arrodilla junto a la mesa sacramental y tiene el privilegio de bendecir el pan partido y la copa en conmemoración del sacrificio del Hijo de Dios!
Estoy seguro de que todos estos servicios y todas estas experiencias contribuirán a edificar en el corazón de los miembros mayores del Sacerdocio Aarónico de esta Iglesia un testimonio de que verdaderamente poseen autoridad de lo alto.
Ahora, en relación con nuestros hermanos que no poseen sacerdocio y que son mayores de 21 años, serán invitados a asistir a los quórumes de diáconos, donde ellos también podrán recibir instrucción referente al Evangelio y a los deberes del sacerdocio.
Podría preguntarse: “¿Cuándo pueden estos hombres prestar servicio?”. Podemos decir que pueden prestar servicio tan pronto como estén capacitados. Entre estos hombres hay miles y miles de hombres de corazones nobles: buenos hombres, buenos ciudadanos, personas excelentes. Todo lo que necesitan es liderazgo, bondad y paciencia, y les aseguro que muchos de ellos aceptarán gustosamente la oportunidad de afiliarse a uno de los quórumes del sacerdocio de la Iglesia de Jesucristo.
Permítanme enfatizar nuevamente que los obispados de los barrios constituyen la presidencia del Sacerdocio Aarónico. Ellos no presiden sobre el Sacerdocio de Melquisedec. Esa presidencia descansa en las presidencias de las estacas y en la Primera Presidencia de la Iglesia. Los obispos de los barrios solo presiden sobre los miembros del Sacerdocio de Melquisedec como miembros del barrio, pero como miembros del barrio pueden ser llamados por la autoridad presidenta, el obispo, para prestar el servicio que él considere necesario.
Ahora, hermanos, si prestamos servicio en este sacerdocio, el Sacerdocio de Dios, Él nos ha hecho promesas definidas, y Dios siempre cumple sus promesas a aquellos que son fieles y obedientes. Él nos ha prometido en la Sección 84 de Doctrina y Convenios, versículos 33 y 34, lo siguiente:
“Porque quienes son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los cuales he hablado y magnifican su llamamiento, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
Llegan a ser hijos de Moisés y de Aarón, y la descendencia de Abraham, y la iglesia y reino, y los escogidos de Dios”. D. y C. 84:33-34
¿Pueden imaginar alguna bendición más deseable que llegar a ser los mismos escogidos de Dios? Llegar a ser los escogidos de Dios anticipa que cuando regresemos a Él y vivamos con Él por las eternidades venideras, será en el reino celestial, y ese es el objetivo por el cual todos nosotros nos esforzamos aquí en la mortalidad.
Pero todas estas bendiciones están condicionadas a este mandato que se nos da en la Sección 107 y el versículo 99 de Doctrina y Convenios: “Por tanto, aprenda ahora todo hombre su deber y a obrar en el oficio al cual fuere nombrado, con toda diligencia”. D. y C. 107:99
Humildemente ruego que el Señor nos bendiga a todos, para que aprendamos nuestro deber, para que actuemos en los oficios a los cuales somos nombrados con toda diligencia, a fin de que podamos llegar a ser los mismos escogidos de Dios y vivir con Él en el reino celestial, lo cual humildemente ruego sea la bendición de todos nosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























