Discurso de Clausura
Presidente David O. McKay
Al acercarnos a la hora de clausura de esta gran e inspiradora conferencia, creo que podemos decir con las palabras de Pedro en el Monte de la Transfiguración: “Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí” Mateo 17:4
Creo sinceramente que casi toda persona que se ha reunido con las vastas audiencias, comenzando con la Sociedad de Socorro el miércoles pasado hasta este momento, puede sentir gratitud en su corazón por las conferencias que se han llevado a cabo.
Podemos expresar este sentimiento en oración y gratitud. En este momento tenemos una oración en nuestro corazón para que el Señor bendiga a aquellos de entre nosotros que están enfermos. Oramos para que el consuelo y la sanidad acompañen a nuestro amado hermano Albert E. Bowen. ¡Qué fortaleza ha sido él para mí personalmente! Hermano Bowen, quiero que sepa que no somos indiferentes a su lealtad ni a sus horas y horas de devoción a la asignación especial que se le dio durante los últimos dos años. Hoy un solo corazón, a lo largo de toda la Iglesia, dice: “Dios le bendiga”.
Hermano Widtsoe, nuestras oraciones también van hacia usted. Todos conocemos su lealtad y fe. Ahora, mientras su cuerpo está algo debilitado, oramos unidos para que nuestro Padre Celestial le sostenga.
Nuestros corazones se vuelcan hacia aquellos en la Iglesia que están afligidos y preocupados debido a graves sufrimientos de sus seres queridos, y hacia aquellos que recientemente han perdido a seres amados, particularmente a causa de la polio. Al mirar a aquellos a quienes debemos expresar aprecio, noto la ausencia del hermano Roy Darley, uno de nuestros organistas. Él y su esposa están junto a la cama de su único hijo, afectado por la polio. Nuestras oraciones van hacia ellos, y hacia el presidente Clark y su hija. La pequeña nieta del presidente Clark, Luacine, ha estado sufriendo de esa misma aflicción. Estamos agradecidos de que se esté recuperando. Queremos que los padres cuyo pequeño hijo fue afectado anoche, lo que hizo necesario que el padre fuera llamado fuera de la reunión del sacerdocio, sepan que nuestras oraciones son para que esa temible enfermedad no sea fatal para su ser querido.
Eso va dirigido a todos los padres cuyos corazones están llenos de ansiedad por causa de sus seres queridos afligidos. Esta es una Iglesia de oración. Somos un solo cuerpo, y cuando uno sufre, todos compartimos, en cierta medida, ese sufrimiento.
Deseo expresar aprecio por la ayuda sostenedora de estos nobles consejeros, el presidente Stephen L Richards y el presidente J. Reuben Clark, Jr. Ningún hombre —y no hago excepción— ha sido más bendecido con la fortaleza y sabiduría, lealtad y devoción de dos consejeros que yo, y expreso en vuestra presencia profunda gratitud por su lealtad.
Asimismo, a los miembros del Consejo de los Doce y a las demás Autoridades Generales de la Iglesia, quiero que entiendan que no soy indiferente a su disposición de minimizar mis debilidades, las cuales con frecuencia resaltan tan claramente, y a su magnanimidad al engrandecer cualquier virtud que puedan ver. Son hombres leales, que buscan primeramente el reino de Dios y su justicia Mateo 6:33 ¡Gracias, nobles compañeros de labor!
Agradecemos a los miembros de la Iglesia por sus oraciones de apoyo en favor de las Autoridades Generales de la Iglesia. Pueden saber, deseamos que sepan, que estas oraciones son eficaces, y deseo testificarles a ustedes, a la Iglesia y al mundo que la inspiración y el cuidado protector de un bondadoso Padre Celestial son reales. Él está más cerca de la Iglesia de lo que cualquiera fuera de la Iglesia —e incluso algunos dentro de ella— se dan cuenta.
El Señor no es solamente una fuente ausente y lejana. Él es un Padre bondadoso, solícito por el bienestar de Sus hijos y listo y dispuesto a escuchar y responder su llamado. La respuesta puede ser negativa, así como a veces un padre sabio da una respuesta negativa a las súplicas de un hijo, pero Él siempre está dispuesto a escuchar y responder.
Su Amado Hijo está a la cabeza de esta Iglesia. Es Su Iglesia. ¡Oh, que el mundo pueda darse cuenta de ello en un futuro muy cercano, abrir sus mentes para estudiar las necesidades de un mundo devastado por la guerra, y ver que esas necesidades pueden ser suplidas mediante la obediencia a los principios de la palabra revelada de Dios!
Esta es la Iglesia de Cristo. Que Dios nos ayude a todos para que podamos ser miembros fieles de ella, y vivir de tal manera que otros, viendo nuestras buenas obras, sean llevados a glorificar a nuestro Padre Celestial Mateo 5:16
Deseamos expresar aprecio al coro. ¡Qué gloriosa obra están realizando estos fieles hombres y mujeres! Apreciamos el esfuerzo y la capacidad de los directores, los organistas, los oficiales del coro, por su labor en las conferencias y por sus transmisiones regulares.
Estamos agradecidos por el excelente clima del que hemos disfrutado, sin igual en todo el mundo; agradecidos por la receptividad de la audiencia a los mensajes que se han dado; agradecidos por vuestra cooperación y vuestra pronta disposición para seguir cualquier sugerencia que sea útil para la Iglesia o para los demás.
Apreciamos a todos los que ayudaron de cualquier manera durante esta conferencia, la cooperación de los funcionarios de la ciudad, prestando un servicio dispuesto y eficiente, los oficiales de tránsito que han permanecido en las intersecciones y que han protegido bien la seguridad, y quizás las vidas, de algunos que de otro modo podrían haber sido heridos, o que podrían haber puesto sus vidas en peligro.
Estamos agradecidos por las flores de corazones bondadosos que fueron inspirados a colocar aquí estos silenciosos mensajeros de amor para vuestro placer e inspiración. Agradecemos a los ujieres que han sido tan atentos y cuidadosos, que han mantenido estos terrenos tan limpios y ordenados, y en ese sentido agradecemos a cada uno de ustedes por su ayuda y cuidado.
Estamos agradecidos a las estaciones de radio por su servicio gratuito al permitir que miles y miles escuchen los mensajes de las Autoridades Generales de la Iglesia.
Ahora, para concluir, ¿puedo atreverme a hacer una sugerencia? Dos veces, durante la conferencia, se ha hecho referencia al hecho de que nos estamos acercando a una elección general, en la cual la tensión aumenta; a veces se generan sentimientos; con frecuencia se difunden informes falsos; y personas inocentes son juzgadas erróneamente.
Recientemente escuchamos que, en una reunión, por ejemplo, alguien afirmó autoritativamente que dos miembros de las Autoridades Generales habían dicho que las Autoridades Generales de la Iglesia habían celebrado una reunión y habían decidido favorecer a uno de los principales partidos políticos sobre el otro, particularmente aquí en este estado.
En Utah y en los estados circundantes, las contiendas por la victoria en las urnas se están llevando a cabo siguiendo líneas partidarias nacionales. Respecto a los informes ya recibidos de que las Autoridades Generales de la Iglesia han celebrado una reunión y decidido ejercer su influencia a favor de los candidatos de uno de estos partidos políticos, diremos:
Este informe no es verdadero, y aprovecho esta oportunidad aquí, públicamente, para denunciar tal informe como carente de fundamento en los hechos.
En la Iglesia hay miembros que favorecen al Partido Demócrata. Hay otros miembros que sinceramente creen y defienden los principios e ideales del Partido Republicano. La Primera Presidencia, el Consejo de los Doce y otros oficiales que constituyen las Autoridades Generales de la Iglesia presiden sobre miembros de ambos partidos políticos.
El Presidente es Presidente de la Iglesia, no favoreciendo en esta elección a ningún partido político. El bienestar de todos los miembros de la Iglesia es considerado igualmente por el Presidente, sus Consejeros y las Autoridades Generales. Ambos partidos políticos serán tratados de manera imparcial.
El Deseret News es el órgano de la Iglesia. Será igualmente justo e imparcial en el trato hacia ambos partidos políticos. Esto no significa, sin embargo, que el error será tolerado. Las enseñanzas e ideologías subversivas a los principios fundamentales de esta gran República, que sean contrarias a la Constitución de los Estados Unidos, o que sean perjudiciales para el progreso de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, serán condenadas, ya sean defendidas por republicanos o demócratas.
Todos estamos unidos al exhortar a los miembros de la Iglesia a registrarse. Confirmamos la exhortación ya dada desde este púlpito respecto a ese importante deber. Defendemos la necesidad de que todos los miembros de la Iglesia muestren aprecio por su derecho al voto y su ciudadanía, votando y ejerciendo su derecho de decidir quiénes serán sus líderes. Ellos llegan a ser nuestros servidores. Ese es el espíritu de la Constitución.
Ustedes poseen el derecho —espero que todavía lo tengamos— de decir quién dirigirá esta nación y quién dirigirá nuestros asuntos en el estado, el condado y el municipio. Todos en Utah y en los estados circundantes donde nuestro pueblo tiene influencia deberían ejercer este derecho.
Ahora, para concluir, mis hermanos, quisiera decir solo una palabra al sacerdocio de la Iglesia, dieciocho mil de los cuales se reunieron aquí anoche. Sigamos todos el ejemplo de nuestro gran Líder y Salvador, Jesucristo, cuando se sentó con Sus Doce en aquel aposento alto y les enseñó la lección de la humildad. Caminó hacia la entrada donde había una vasija de agua cubierta por una hoja de palma, según la costumbre del día; se ciñó una toalla como siervo, y lavó los pies de los discípulos, secándolos con la toalla Juan 13:4-7
Recordarán que cuando llegó a Pedro, el principal Apóstol protestó: “Jamás me lavarás los pies”.
“Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”.
“Entonces”, dijo el impetuoso Pedro, “no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (véase Juan 13:8-9 y después de que el Salvador completó aquella ceremonia, se desciñó la toalla, tomó su lugar a la cabecera y dijo:
“Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy.
“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.
“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” Juan 13:13-15
En la sección 121 de Doctrina y Convenios tenemos una de las más grandes lecciones de gobierno jamás dadas. Yo, al igual que ustedes, he estudiado pedagogía y algo de psicología, pero en principios de gobierno creo que no pueden encontrar en ninguna parte principios tan sublimes como los siguientes:
“Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente ligados a los poderes del cielo, y que los poderes del cielo no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud.
“Que pueden conferirse sobre nosotros, es verdad; pero cuando intentamos encubrir nuestros pecados, o satisfacer nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o ejercer dominio, compulsión o control sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran; el Espíritu del Señor es agraviado; y cuando se aparta, amén al sacerdocio o a la autoridad de tal hombre” D. y C. 121:36-37
“Hemos aprendido por triste experiencia que es la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, tan pronto como obtienen un poco de autoridad, según suponen, empezar inmediatamente a ejercer injusto dominio.
“De ahí que muchos son llamados, pero pocos son escogidos.
“Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, por benignidad y mansedumbre, y por amor sincero;
“Por bondad y conocimiento puro, lo cual engrandecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia;
“Reprendiendo a veces con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo” —no cuando lo induzcan el egoísmo, la represalia o la enemistad— “y demostrando después un aumento de amor hacia aquel que has reprendido, no sea que te considere su enemigo;
“Para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que los lazos de la muerte” D. y C. 121:39-44
Y para todos, concluimos con esto: “Llénense también tus entrañas de caridad hacia todos los hombres y para con la familia de la fe, y engalane la virtud tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como el rocío del cielo.
“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro un cetro inmutable de justicia y verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin medios compulsivos fluirá hacia ti para siempre jamás” D. y C. 121:45-46
Oh Padre, concede que podamos magnificar estos elevados ideales de gobierno e inculcar en nuestros corazones y en los corazones de aquellos sobre quienes presidimos amor y confianza en Ti y en Tu Amado Hijo. En el nombre de Jesucristo. Amén.


























