Conferencia General Abril 1949

Hacer de la tierra un reflejo del cielo

Los discípulos de Cristo tienen la responsabilidad de ayudar a establecer el reino de Dios en la tierra viviendo Su voluntad.

Presidente George Albert Smith

“Recordemos que tenemos el privilegio de formar parte de ese programa mediante el cual esta tierra llegará a ser como el cielo.”


Pensé que me gustaría ponerme de pie ante esta gran congregación esta mañana para felicitarlos por estar aquí, en la casa del Señor, en el cumpleaños de la Iglesia, su 119.º aniversario. También espero que el más de un millón de almas que actualmente pertenecen a la Iglesia recuerden que este fue un acontecimiento maravilloso.

Al contemplar esta mañana el cielo azul y el glorioso resplandor del sol, pensé en el maravilloso himno de Parley P. Pratt: “Amanece ya, las sombras huyen; he aquí, el estandarte de Sion se ha desplegado; el alba de un día más brillante se levanta majestuosamente sobre el mundo”. Y si este grupo de personas, junto con todos aquellos asociados con la Iglesia que han hecho convenio con el Señor de hacerlo, se esfuerzan por cumplir aquella parte de la oración en la que Él dice: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, el advenimiento de ese gran día se apresurará. Queda en nosotros hacerlo realidad, hermanos y hermanas.

¡Los años pasan con tanta rapidez! Hace sesenta y seis años yo asistía a la misma institución donde hoy estudian estos jóvenes, conocida entonces como la Academia Brigham Young. ¡Hace sesenta y seis años! Cuando pienso en el extraordinario historial que ha forjado esa escuela y en la bendición que ha sido para la Iglesia y para el pueblo, siento gratitud de que sus representantes estén aquí esta mañana para cantar para nosotros y alegrar nuestro corazón con su presencia.

No deseo ocupar más tiempo, hermanos y hermanas, pero sentí el deseo de saludarlos esta mañana y decirles a cada uno de ustedes: Dios los bendiga; y procuremos que, cada vez que escuchemos o leamos la oración que el Salvador ofreció como modelo para todos nosotros, recordemos que tenemos el privilegio de formar parte de ese programa mediante el cual esta tierra llegará a ser como el cielo.

Que el Señor los bendiga. Amén.

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