“Cuidaos de los falsos profetas”
Permanecer firmes en la verdad y protegerse de las falsas enseñanzas que buscan apartarnos de Jesucristo y de Su Iglesia.
Presidente J. Reuben Clark, Jr.
Primer Consejero de la Primera Presidencia“Tenemos la verdad; debemos preservarla y preservarnos a nosotros mismos en ella.”
Mis hermanos y hermanas, les pido que tengan la bondad de ayudarme con sus oraciones para que lo que pueda decir hoy esté de acuerdo con la mente y la voluntad del Señor, y así sea de beneficio y bendición para todos nosotros.
Quisiera referirme a las excelentes instrucciones que nos dio anoche el presidente McKay, en las que nos dijo que el deber del élder es enseñar y advertir; y si el Señor me guía por la línea de pensamiento sobre la que he considerado hablar, deseo decir algo a modo de advertencia.
Quiero seguir el pensamiento que expresó y la situación a la que se refirió el élder Stephen L. Richards esta mañana, cuando llamó la atención sobre ciertas influencias que están actuando entre nosotros.
LA LIBERTAD DE ADORACIÓN
Uno de nuestros Artículos de Fe dice:
“Reclamamos el privilegio de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen”.
Esa es la expresión de un gran principio, un principio que ha estado vigente entre los hijos de Dios desde los tiempos más antiguos de los que tenemos registro. Fue conforme a ese principio, y en el ejercicio de los derechos que este garantiza, que una tercera parte de las huestes del cielo se rebeló en un esfuerzo por vencer el plan que Dios había adoptado.
Personalmente, no quisiera de ninguna manera, ni en el grado más mínimo, limitar el albedrío de ninguna persona. Literalmente, siento y creo que los hombres deben adorar cómo, dónde o lo que deseen. Ese es el espíritu del sacerdocio, el sacerdocio que poseemos. El sacerdocio nunca obliga. Dios mismo no fuerza el intelecto ni procura someterlo.
Si se me permite ser específico, quisiera señalar cuán diferente es ese principio del principio sostenido por una gran iglesia, cuyos dirigentes, en los juramentos que prestan, declaran que perseguirán y combatirán a todos los herejes; y a lo largo de los siglos han cumplido fielmente ese juramento.
DOS IGLESIAS
El Señor nos ha dicho en las Escrituras que en los últimos días habrá dos iglesias.
Juan el Revelador habló de la gran iglesia que posee poder terrenal y que tiene bajo su dominio y dirección a los reyes de la tierra; la describió como Babilonia, la madre de las rameras. Nefi habló de ella como la iglesia grande y abominable. No voy a decir cuál es esa iglesia, aunque tengo una idea muy clara y definida. Pero sí quiero decir que esas mismas Escrituras también nos enseñan que la otra iglesia es una iglesia débil, una iglesia a la que Dios debe acudir para preservarla. Ciertamente nosotros no somos la gran iglesia, pues ningún rey está atado a las ruedas del carro de nuestra Iglesia. Nosotros somos la otra iglesia.
ADVERTENCIAS DE LAS ESCRITURAS
Ahora bien, nuestros enemigos procuran atacar y están atacando a nuestra Iglesia. El tiempo no me permite leer todos los pasajes de las Escrituras que tengo aquí, los cuales hablan de las cosas que acontecerán en los últimos días. Pero quisiera llamar su atención al hecho de que el Salvador, en el Sermón del Monte, dijo:
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.
A los habitantes de este hemisferio les hizo exactamente la misma advertencia.
También deseo llamar su atención a las palabras de Pablo en su despedida a los élderes de Éfeso. Él dijo:
“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.
Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.
Me gustaría leer lo que Pablo dijo a Timoteo, pero el tiempo no lo permite. Sin embargo, leeré lo que Moroni dijo a Mormón. Leeré solamente un versículo de este último. Es el versículo treinta y dos del capítulo ocho de Mormón:
“Sí, llegará el día en que se establecerán iglesias que dirán: Venid a mí, y por vuestro dinero seréis perdonados de vuestros pecados”.
Los lobos rapaces están entre nosotros; provienen de nuestra propia membresía y, más que cualquier otro, están vestidos con piel de oveja, porque llevan las vestiduras del sacerdocio. Son aquellos a quienes el hermano Widtsoe se refirió cuando habló de quienes distorsionan la verdad. Debemos tener cuidado con ellos, y respaldo cada palabra que el hermano Widtsoe dijo respecto a las responsabilidades de quienes instruyen a la juventud.
ESFUERZOS POR DESVIAR A LOS JÓVENES
Ahora quiero decir unas pocas palabras acerca de las organizaciones religiosas y seculares que están entre nosotros y que hacen todo lo posible por desviar a nuestros jóvenes. Digo que existen tanto organizaciones religiosas como organizaciones seculares. Su método de acercamiento se vuelve bastante claro.
Comienzan haciéndose amigos de nuestros jóvenes y también de aquellos miembros del sacerdocio por quienes sentimos tanta preocupación: el Sacerdocio Aarónico de adultos. Cultivan la amistad de estos miembros nuestros; luego los invitan a sus hogares; después los llevan a sus actividades sociales; luego a sus clases de instrucción; y antes de que esos miembros se den cuenta, antes de que nosotros lo advirtamos, esos poseedores del sacerdocio y esos jóvenes ya se han alejado de nosotros.
¿Qué les dicen? Lo que voy a decir no es una simple suposición. Estoy relatando hechos reales. Les dicen: “¿No encuentran que cuando van a su iglesia a veces se sienten incómodos porque fuman o porque beben cerveza?”. “Sí”, responde la persona. “Pues en nuestra iglesia eso no hace ninguna diferencia. Esas cosas no tienen nada que ver con la religión. Vengan y únanse a nosotros”.
Así los llevan a sus actividades sociales; nuestros miembros beben un poco y fuman cuanto desean. Finalmente se cruza el Rubicón y esos miembros se pierden para nosotros. Estas organizaciones de propaganda están construyendo, en algunos lugares, salones de diversión. En uno de nuestros campos misionales han construido uno justo al lado de una de nuestras iglesias, donde realizan esas diversiones, que no están de acuerdo con nuestras normas, precisamente al mismo tiempo que nosotros celebramos nuestras reuniones. Ese es un caso extremo, pero esa situación existe, y hay muchos otros lugares donde ofrecen entretenimiento bajo las mismas condiciones y con el mismo propósito.
PRINCIPIOS QUE SON ATACADOS
Le dicen a nuestra gente que la Palabra de Sabiduría no tiene nada que ver con la verdadera religión; absolutamente nada.
Luego les dicen que, si pecan, basta con acudir, confesar y cumplir alguna penitencia, y el pecado será perdonado.
Atacan, entre otras cosas, el bautismo por los muertos, y finalmente terminan adoptando la postura de ciertos eruditos ateos que han afirmado que el maravilloso pasaje del capítulo quince de la Primera Epístola a los Corintios: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan?”, estaba dirigido a los paganos y no a los primeros santos; sostienen que la práctica mencionada era una costumbre pagana.
Pues bien, lean cómo comienza la epístola a los Corintios y lean cómo se introduce el capítulo quince; entonces no tendrán ninguna duda de que la epístola estaba dirigida a los santos y de que los primeros santos practicaban el bautismo por los muertos.
DEMASIADO DIFÍCIL DE VIVIR
Siguiendo el principio de que el deseo puede ser el padre del pensamiento, dicen que nuestra religión no puede perdurar porque es demasiado difícil de vivir para el individuo y, por lo tanto, desaparecerá y llegará a extinguirse. Desde luego, su frenética actividad actual desmiente esa idea. Pero cuando pienso en esa afirmación, me parece que, entre las muchas respuestas que podrían darse, una de ellas es que nuestra Iglesia ha sido establecida para no ser jamás derribada y que este evangelio nunca será dado a otro pueblo. Otra es que el evangelio restaurado es mucho más que lo que ellos entienden por religión. Cuando hablan de religión, se refieren únicamente a una relación entre Dios y el hombre; todas las cuestiones relativas a la relación del hombre con sus semejantes han desaparecido de su religión. Pero nuestro plan es un plan de vida y de salvación que incluye no solo la relación del hombre con Dios, sino también, como ya he dicho, la relación del hombre con el hombre a través de las eternidades y el destino divino que Dios ha preparado para Sus hijos justos.
HEREJÍAS ENTRE NOSOTROS
Existe una herejía que se encuentra entre nosotros en cierta medida y que ha existido desde los primeros días del cristianismo. Declara que el Dios del Antiguo Testamento no es el Dios del Nuevo Testamento y que el Dios del Antiguo Testamento ha desaparecido. Nunca he podido comprender cómo los defensores de esa idea pueden armonizarla con la declaración que el Salvador hizo repetidas veces de que Él solo hacía lo que había visto hacer al Padre y enseñaba únicamente lo que el Padre le había enseñado. Así, quienes desean eliminar al Dios del Antiguo Testamento deben negar a Cristo para lograrlo. Estas otras iglesias parecen considerar a Dios como un Dios de venganza, que busca destruir a Sus hijos. Nosotros sabemos que nuestro Dios es un Dios de amor, porque Él era el Padre; y, como ya he dicho, Jesús declaró que enseñaba lo que Su Padre le había enseñado y hacía lo que había visto hacer a Su Padre.
LA OBLIGACIÓN DE PRESERVAR LA VERDAD
Mis hermanos y hermanas, si alguna vez ha existido un tiempo en nuestra historia en que debamos estar alerta contra las influencias sutiles y la propaganda de las iglesias del mundo y de los ateos del mundo, ese tiempo es hoy. No debemos dormirnos. Tenemos la verdad; debemos preservarla y preservarnos a nosotros mismos en ella.
Después de que Jesús regresó del desierto tras Su bautismo, vino al río Jordán, donde Juan continuaba bautizando. Mientras Juan estaba allí y vio al Salvador, dijo: “He aquí el Cordero de Dios”; y, aparentemente respondiendo a alguien que quería halagarlo y decirle cuán grande era, añadió: “…yo no soy digno de desatar la correa de su calzado”.
Al día siguiente, Jesús volvió al grupo que se encontraba junto al río donde Juan bautizaba, y nuevamente Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios”. Andrés y algunos otros que eran discípulos de Juan siguieron a Jesús, quien los llevó al lugar donde se hospedaba y allí les enseñó. Entonces Andrés salió a buscar a Pedro y declaró con gozo: “Hemos hallado al Mesías”, el Cristo.
Nosotros, los miembros de la Iglesia, hemos encontrado al Mesías, al Cristo. Él autorizó y dirigió el establecimiento de esta Iglesia. No debemos permitir que el error y el mal que llaman a nuestras puertas crucen el umbral y entren para robarnos las cosas más valiosas que Dios puede darnos: nuestros hijos.
Que seamos tan prudentes como serpientes y tan sencillos como palomas. Que protejamos a nuestros jóvenes y a aquellos de los nuestros que no perciben con la claridad debida los peligros que los amenazan y contra los cuales hoy les he advertido. Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.


























