Conferencia General Abril 1949

Los Aspectos positivos del Evangelio

El evangelio de Jesucristo es una guía positiva y práctica que debe aplicarse diariamente en cada aspecto de la vida.

Élder Antoine R. Ivins
Del Primer Consejo de los Setenta

“El evangelio de Jesucristo no es algo para practicarse una vez por semana; es un programa diario para el desarrollo del hombre, positivo en sus acciones y en sus resultados.”


Necesitaré su fe y sus oraciones, mis hermanos y hermanas, si he de decir algo que pueda ser de ayuda para cualquiera de nosotros hoy. Creo comprender la responsabilidad que pesa sobre mí al ocupar su tiempo, cuando tantos de ustedes han venido aquí para aportar de su espíritu y recibir del nuestro.

UN PROGRAMA DIARIO

Supongo que todos pertenecemos a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Todos apreciamos profundamente el evangelio de Jesucristo. Algunos lo aplicamos de manera bastante limitada en nuestra vida, pero en realidad es un plan amplio y general para el desarrollo de la humanidad sobre la tierra. Lo que más me agrada de él es que puedo, o debería poder, aplicar sus principios en cada actividad de mi vida. No es algo que deba practicarse una vez por semana, sino que constituye un programa diario para el desarrollo y el perfeccionamiento del hombre. Es algo positivo tanto en sus acciones como en sus resultados. Es cierto que contiene algunas prohibiciones y negaciones, pero toda prohibición ha surgido porque los hombres no han querido seguir sus exhortaciones positivas.

Se ha mencionado que existe el bien y el mal en el mundo, y eso es cierto. Es muy parecido a lo que ocurre con nuestro propio cuerpo. Cada músculo del cuerpo tiene otro que se le opone, pero quiero llamar su atención al hecho de que todo el trabajo que realiza el cuerpo es el resultado de un músculo que actúa positivamente, y jamás se realiza trabajo alguno mediante un músculo que simplemente se relaja. Así también deberíamos vivir nosotros. Debemos traducir el evangelio en actividades diarias. Creo haberles contado antes el comentario que hizo un amigo mío y también amigo de mi padre, un hombre extraordinario, aunque no era de nuestra fe, y que era banquero. Él dijo: “¿Sabes, Antoine? Tu padre fue una de las personas que más se acercó a aplicar su religión en sus negocios, combinando ambas cosas, de todas las que he conocido”. Luego añadió: “¿Sabes? Yo no puedo hacer eso, porque soy banquero y tengo que ser muy duro”.

Ahora bien, si mi religión no viene en mi ayuda y no me enseña cómo ser banquero, entonces no quiero ser banquero.

ENSEÑANZAS POSITIVAS

Creo que en las enseñanzas positivas del evangelio de Jesucristo se encuentran todos los principios necesarios para dirigir correctamente un negocio bancario. Asimismo, creo que allí se hallan las instrucciones positivas para orientar debidamente mi relación como propietario con mis arrendatarios. Creo además que el evangelio contiene los principios que deben gobernar mi conducta si soy un agente de policía encargado de hacer cumplir las leyes del país y de la ciudad donde vivo. En otras palabras, creo que existen instrucciones positivas en el evangelio de Jesucristo que nos permitirán, si las buscamos, las encontramos y las aplicamos en nuestra vida, afrontar toda situación de emergencia que pueda presentarse en el diario vivir. También creo que quienes tenemos la responsabilidad de enseñar tendremos mayor éxito si destacamos las ventajas del lado positivo del evangelio por encima del lado negativo. Asimismo, creo que cuando enseñamos los diversos principios del evangelio tal como los entendemos, si investigamos, encontraremos razones suficientes y válidas para cada principio que defendemos.

SERVICIO PRODUCTIVO

Venimos aquí, como ha dicho el presidente Hunter, para adquirir experiencia, y para adquirir experiencia debemos trabajar. Cuando el Señor expulsó a Adán del Jardín de Edén, dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan”, y ese es un mandamiento positivo: que el hombre trabaje. Dios sabía lo que quería decir cuando dio ese mandamiento, porque pienso que ningún hombre ha crecido en poder, fortaleza, virtud y liderazgo permaneciendo en absoluta ociosidad. Debemos trabajar cada día de nuestra vida en algún esfuerzo productivo para alcanzar el máximo progreso al que tenemos derecho.

Es cierto que cada día necesitamos dormir cierto tiempo para recuperarnos, pero aun así nuestras horas de vigilia deben ser horas productivas. Nunca debemos permitir, si está en nuestras manos evitarlo, convertirnos en una carga para la sociedad. Reconozco que hay circunstancias que se presentan en la vida de algunas personas y que les impiden utilizar las facultades con las que originalmente fueron dotadas para su propio sustento; y cuando las personas llegan a esa triste situación, es responsabilidad y obligación del resto de la sociedad cuidar de ellas. Sin embargo, siento que mientras tenga la capacidad de hacerlo, y para obtener el máximo provecho de mi experiencia en esta vida, debo mantenerme ocupado y activamente comprometido en algún servicio productivo.

La Iglesia es una Iglesia activa y vigorosa. El Profeta dijo que el primer gran principio de la Iglesia es la fe en Dios, nuestro Padre Eterno. No limitemos ese principio de fe, como algunos podrían pensar que deben hacerlo al leer esa declaración, porque la fe es un poder activo, vigoroso y productivo. “La fe sin obras es muerta”. La razón por la que se dijo eso es que no existe fe donde no hay acción. La fe es el principio fundamental de todas nuestras actividades. Es lo que hace avanzar la vida. Desde luego, en su sentido más sublime y elevado, es la fe en Dios, nuestro Padre Celestial; pero también debemos tener fe en nosotros mismos y fe los unos en los otros, o no podremos hacer nada de verdadero valor.

PROGRESO ETERNO

También creemos en el principio del progreso, el progreso eterno, si así quieren llamarlo. Eso significa que, al descubrir mejores maneras de hacer las cosas que mi fe me enseña a hacer, abandonaré las formas inferiores y adoptaré las mejores. Eso representa nuevamente una respuesta positiva frente a las exigencias de la vida. Si queremos obtener el máximo provecho de nuestra experiencia aquí, estaremos constantemente buscando formas mejores y más eficaces de hacer las cosas que debemos realizar en nuestra vida diaria. Procuraremos encontrar mejores maneras de relacionarnos con nuestros semejantes en nuestras transacciones comerciales, maneras que reconozcan mejor tanto sus derechos como los nuestros. Nos esforzaremos por encontrar mejores formas de tratar a los niños y jóvenes que Dios pone bajo nuestro cuidado, para acercarlos más a Él y convertirlos en mejores siervos suyos. Piensen qué enorme responsabilidad es ser padre de un hijo o de una hija, porque ese hijo puede llegar a ser algún día cabeza de una familia, si tiene esa bendición, y de él puede surgir una posteridad que con el paso del tiempo se extienda hasta incluir miles y miles de personas. Piensen qué gran responsabilidad tiene un padre si encamina a ese hijo por una senda de maldad, porque él puede transmitir ese mal a su posteridad y así continuar indefinidamente, afectando a muchísimas personas. Y piensen también qué inmenso beneficio pueden brindar a las generaciones futuras si encaminan a ese hijo con una fe plena en Dios, nuestro Padre Celestial, con una comprensión activa del aspecto positivo de su deber; si lo han instruido en las cosas buenas que debe hacer y lo han apartado de las malas, de modo que transmita esas buenas cualidades a su posteridad. ¡Qué bendición habrán sido ustedes para esas generaciones aún no nacidas que vendrán en el futuro!

VALORES POSITIVOS

Creo que todo espíritu que espera venir a la tierra tiene derecho a esperar esas oportunidades; tiene derecho a recibir un cuerpo que esté libre de elementos perturbadores que impidan su pleno desarrollo y realización. Creo que al enseñar la ley de castidad a nuestros jóvenes debemos enseñarles también sus valores positivos, porque esos valores existen, y es nuestro deber descubrirlos y comprenderlos para poder transmitirlos a nuestros hijos, y ellos a los suyos. Esos valores realmente existen.

La ley de castidad no es una propuesta negativa, sino positiva, porque al obedecerla se reciben valores espirituales que superan con creces los peligros físicos que con tanta frecuencia enfatizamos, descuidando los otros. Creo que nuestros hijos responderán con mayor rapidez y profundidad a un enfoque positivo que a uno negativo. Mostrémosles los valores que encierra esa ley. Mostrémosles los valores que existen en la ley de la Palabra de Sabiduría. Mostrémosles los valores que hay en la ley del diezmo y en todas esas leyes que sostenemos como normas de la Iglesia. Todas ellas tienen su aspecto positivo. No son negativas por naturaleza, y tampoco lo es el evangelio de Jesucristo. Es algo que hoy, mañana y pasado mañana; esta semana, la próxima y el mes siguiente; durante abril, mayo y junio, y a lo largo de todos los años, debemos aplicar constante y diariamente en nuestra vida. No debemos permanecer ociosos eligiendo hacer aquello que no debemos hacer, sino ser activos, no en las cosas prohibidas, sino activos y vigorosos en edificar el reino de Dios, bendecir y beneficiar a nuestros semejantes.

“…en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Ese es un mandamiento positivo, y debemos estar constante y diligentemente comprometidos en servir a nuestros semejantes y en enseñarles el lado positivo del evangelio de Jesucristo, si queremos ser realmente eficaces como maestros en Israel. Hoy hay muchos hombres que me escuchan y que tienen esa responsabilidad, ya sea en las escuelas, en los barrios, en las estacas o en los quórumes, y es nuestro deber ser positivos en nuestra enseñanza. Quiero llamar su atención al hecho de que nuestra enseñanza tendrá mucho mayor efecto si aplicamos positivamente esos principios en nuestra propia vida, de manera que quienes nos escuchen puedan ver el efecto de esos principios al ser vividos por un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o por cualquier otra persona, para el caso. Seamos, como maestros y como líderes, positivos, decididamente positivos, al enseñar y vivir estas verdades, y Dios bendecirá nuestros esfuerzos. Que Él los bendiga a ustedes, a mí y a aquellos seres queridos que no están hoy con nosotros, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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