Isaías utilizó símbolos para enseñar verdades eternas y significativas
En el capítulo anterior analizamos la manera en que Isaías utilizó símbolos en sus escritos y planteamos las preguntas: «¿Qué son los símbolos?» y «¿Por qué utilizar símbolos?». También examinamos la extraordinaria forma en que Isaías creó símbolos a partir de elementos comunes de la vida cotidiana, tales como alimentos, colores, animales, plantas, elementos arquitectónicos, relaciones familiares y sociales, personas, ocupaciones y objetos comunes. En el presente capítulo profundizaremos en los símbolos de Isaías con el propósito de explorar los temas más profundos que enseñó. Específicamente, examinaremos brevemente varios de sus símbolos que enseñan tres temas de importancia eterna: la Expiación del Salvador, el recogimiento de Israel y el Milenio.
La Expiación del Salvador
La Expiación de Jesucristo se enseña con gran poder, belleza y magnificencia en el libro de Isaías. Una y otra vez, Jehová mismo testifica que Él es nuestro Salvador y Redentor. Consideremos los siguientes ejemplos: «Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador» (43:3); «Yo Jehová soy tu Salvador y tu Redentor» (60:16; véanse también 43:11; 45:21); y «Sabrá toda carne que yo Jehová soy tu Salvador y tu Redentor» (49:26).
Isaías presenta varios símbolos al profetizar acerca de la Expiación de Jesucristo. Entre ellos se encuentran los colores rojo, escarlata, carmesí y blanco; un carbón encendido; una nube espesa; un cordero llevado al matadero; el lavamiento del excremento; grabados en las manos; y muchos otros. En este capítulo examinaremos algunas de las enseñanzas de Isaías sobre la Expiación. Aunque reconocemos que Isaías generalmente se dirigía a personas o grupos específicos de su propia época, sigue siendo útil y apropiado aplicar a nosotros mismos los siguientes pasajes. Al igual que en el capítulo anterior, se presentará primero el pasaje específico de las Escrituras, seguido de la referencia y, posteriormente, una posible explicación de su simbolismo.
Los colores escarlata y blanco. «Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (1:18). Tres colores pertenecientes a una gama semejante —escarlata, rojo y carmesí— representan la sangre humana y la iniquidad (véanse 59:3; Miqueas 3:10; Habacuc 2:12). Estos colores se contrastan con la sangre perfecta de Cristo, la cual transforma nuestros pecados de brillante «escarlata» en pureza, representada por el color blanco. Isaías refuerza este simbolismo al incluir dos elementos de color blanco: la nieve y la lana.
Inmundicia o estiércol. «Cuando el Señor haya lavado las inmundicias de las hijas de Sion y haya limpiado la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de fuego» (4:4). En cuanto a la palabra inmundicia, el término hebreo tzo’oh, traducido como «inmundicia» en la versión del rey Santiago, significa literalmente «excremento» o «estiércol». Solamente Jesucristo puede «lavar las inmundicias», porque Él llevó a cabo la Expiación (véase también Apocalipsis 1:5).
Carbón encendido. «Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado» (6:6–7). La palabra limpiar, procedente del hebreo kpr, significa literalmente «expiar», «efectuar una expiación» o «cubrir». Para quitar la impureza de Isaías, un serafín tomó un carbón del altar de los sacrificios —lo cual dirige la atención hacia el sacrificio expiatorio de Jesús— y tocó con él los labios de Isaías.
Nube. «Yo deshice como a nube tus transgresiones y como a niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí» (44:22). Así como las nubes espesas se forman, cambian de forma, desaparecen y vuelven a aparecer continuamente en el cielo, evocando la idea de algo interminable, del mismo modo Dios perdona continua e incesantemente a quienes se arrepienten y regresan a Él. Además, así como la lluvia de una nube limpia la tierra, el Señor ha limpiado nuestras transgresiones mediante Su Expiación.
Dios arroja los pecados tras Su espalda. «Porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados» (38:17). Cuando Dios arroja nuestros pecados tras Su espalda —hablando simbólicamente—, deja de contemplarlos.
Dios borra nuestras transgresiones. «Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por causa de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados» (43:25). La palabra borrar —en hebreo, mchh— significa literalmente «limpiar por completo» o «aniquilar». Por consiguiente, cuando nos arrepentimos plenamente, Dios aniquila nuestros pecados. La expresión «no me acordaré de tus pecados» nos recuerda la promesa del Señor en nuestros días: «He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más» (Doctrina y Convenios 58:42).
Jesús nos ha grabado en las palmas de Sus manos. «He aquí que en las palmas de las manos te tengo grabada» (49:16). La referencia al grabado en las manos del Señor alude a la Expiación o, más específicamente, a la Crucifixión de Jesús, durante la cual los clavos traspasaron Sus manos.
La abundancia del perdón de Dios. «Deje el malvado su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia; y al Dios nuestro, quien será amplio en perdonar» (55:7). Cuando los malvados abandonan sus caminos y se «vuelven a Jehová» —en este contexto, volver, del hebreo shuv, significa «arrepentirse»—, entonces Él los perdonará abundantemente.
Un «día» frente a un «año». «Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado» (63:4). Este contexto puede tener varias aplicaciones, entre ellas la Segunda Venida de Jesucristo, cuando Él ejercerá Su venganza sobre los malvados durante un día. Sin embargo, debido a Su gran amor por nosotros, la venganza del Señor es de corta duración —un día— en comparación con Su redención —un año—.
Isaías utiliza símbolos para enseñarnos acerca del recogimiento de Israel
El recogimiento de Israel en los últimos días es de suma importancia para cada uno de nosotros. Muchos de los profetas antiguos, entre ellos Isaías, vieron nuestros días y se regocijaron. El presidente Russell M. Nelson nos ha enseñado mucho acerca del recogimiento en diferentes entornos y ante diversos públicos. En una ocasión explicó: «Piensen en el entusiasmo y la urgencia de todo ello: cada profeta, comenzando por Adán, vio nuestros días. Y cada profeta habló de nuestros días, cuando Israel sería recogido y el mundo se prepararía para la Segunda Venida del Salvador. ¡Piensen en ello! De todas las personas que han vivido alguna vez en el planeta Tierra, nosotros somos quienes tenemos la oportunidad de participar en este grandioso acontecimiento final del recogimiento. ¡Cuán emocionante es!».
¿Qué es exactamente el recogimiento?
El presidente Nelson declaró: «Cada vez que hacen algo que ayuda a alguien —a ambos lados del velo— a dar un paso para hacer convenios con Dios y recibir las ordenanzas esenciales del bautismo y del templo, están ayudando a recoger a Israel. Así de sencillo».
¿Qué tan importante es el recogimiento?
El presidente Nelson describió el recogimiento con estas palabras: «Mis queridos jóvenes hermanos y hermanas, estos ciertamente son los últimos días, y el Señor está apresurando Su obra para recoger a Israel. Ese recogimiento es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se compara con él en magnitud, nada se compara con él en importancia y nada se compara con él en majestad. Y si así lo escogen, si lo desean, pueden formar parte importante de él. ¡Pueden formar parte importante de algo grande, algo grandioso, algo majestuoso!». También declaró: «No hay nada que esté sucediendo en esta tierra en este momento que sea más importante que eso. No hay nada que tenga mayores consecuencias. Absolutamente nada. Este recogimiento debería significarlo todo para ustedes. Esta es la misión para la cual fueron enviados a la tierra».
Así como el presidente Nelson ha hablado apasionadamente acerca del recogimiento de Israel en nuestros días, hace aproximadamente 2700 años Isaías profetizó acerca del mismo acontecimiento. Isaías también sentía una gran pasión por este tema. Utilizó una multitud de símbolos, la más refinada poesía y maravillosas figuras retóricas al pronunciar elocuentemente sus profecías. Los siguientes pasajes resumen algunas de las profecías de Isaías acerca del recogimiento de Israel. Es posible que algunas de ellas tengan múltiples cumplimientos, incluso en los últimos días.
Estandarte. «Y levantará estandarte a las naciones, y juntará a los desterrados de Israel y reunirá a los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra» (11:12). El estandarte o pendón es un símbolo que representa el evangelio de Jesucristo (véanse Doctrina y Convenios 45:9; 105:39). En los últimos días, el Israel disperso verá y reconocerá el estandarte —el Evangelio—, discernirá que se trata de una señal divina procedente de Dios y entonces se congregará en Sion desde «los cuatro confines de la tierra». El presidente Gordon B. Hinckley habló de uno de esos estandartes o pendones empleando las palabras de Isaías:
José Smith había visto el Pico Ensign en una visión. Dos días después de la llegada de Brigham Young [al Valle del Lago Salado], él y algunos de sus hermanos ascendieron al pico y allí, según las palabras de Isaías, desplegaron «estandarte a las naciones» (Isaías 5:26).
Pendón. «Levantad pendón sobre un alto monte» (13:2). El pendón o estandarte simboliza el evangelio de Jesucristo (véanse Doctrina y Convenios 45:9; 105:39). Los miembros del reino de Dios en esta dispensación —al igual que en dispensaciones anteriores— levantan figurativamente el pendón del Evangelio como punto de reunión y hacen una señal a las naciones de la tierra para que se congreguen en torno a él. El «alto monte» simboliza el templo, que constituye un lugar central para el pueblo de Dios.
Trompeta (ejemplo n.º 1). «Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando se levante estandarte sobre los montes, mirad; y cuando se toque trompeta, escuchad» (18:3). La trompeta representa la voz de los líderes y misioneros del Señor, quienes proclaman el Evangelio (véanse Doctrina y Convenios 24:12; 43:25).
Trompeta (ejemplo n.º 2). «Y acontecerá en aquel día que se tocará una gran trompeta, y vendrán […] y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén» (27:13). Como se mencionó en el ejemplo anterior, la trompeta simboliza a los líderes y misioneros del Señor que invitan a las naciones a congregarse en torno al Evangelio (véanse Doctrina y Convenios 24:12; 43:25). Además, de manera semejante al ejemplo del «pendón», el «monte santo» simboliza los templos del Señor. Como escribió José Smith: «El propósito de recoger a los judíos, o al pueblo de Dios, en cualquier época del mundo […] era edificar al Señor una casa mediante la cual pudiera revelar a Su pueblo las ordenanzas de Su casa y las glorias de Su reino, y enseñar al pueblo el camino de la salvación».
Grano trillado. «Acontecerá en aquel día que Jehová trillará el grano […] y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno» (27:12). Se compara al Señor con un agricultor que, en los últimos días, trillará el grano y recogerá a Su pueblo del convenio «uno a uno», como si cada persona fuera un grano selecto.
Puntos cardinales. «No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu descendencia y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: No los retengas; trae desde lejos a mis hijos, y a mis hijas desde los confines de la tierra» (43:5–6). El Señor promete a Israel que lo recogerá desde los cuatro puntos cardinales —el este, el oeste, el norte y el sur—, lo cual significa que recogerá a personas de toda la tierra.
La mano levantada de Dios. «Así dijo Jehová el Señor: He aquí, yo alzaré mi mano a las naciones y levantaré mi estandarte a los pueblos; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán llevadas en hombros» (49:22). La mano levantada del Señor puede simbolizar: (1) un gesto relacionado con los convenios; (2) una señal dirigida a las naciones para que se congreguen en torno al estandarte; o (3) una demostración de Su poder. La palabra mano —en hebreo, yad— en ocasiones denota poder. El estandarte o pendón sirve como punto de reunión alrededor del cual se congrega el pueblo.
La mano del Señor. «Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y un nombre mejor que el de hijos y el de hijas» (56:5). El texto hebreo dice «una mano y un nombre» en vez de «un lugar y un nombre». El contexto es el recogimiento de «los desterrados de Israel» (versículo 8) en el templo del Señor, al cual Dios llama «mi casa». Allí, Él les dará una mano —posiblemente poder, como en el ejemplo anterior— y un nombre —una identidad—.
Padres y madres protectores. «Y reyes serán tus ayos, y sus reinas, tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra se postrarán ante ti y lamerán el polvo de tus pies» (49:23). En los últimos días, las naciones y sus gobernantes ayudarán en el recogimiento de Israel. Simbólicamente, los reyes —y otros líderes— serán como padres para Israel, y las reinas serán como nodrizas. De hecho, los reyes y las reinas se inclinarán ante Israel, invirtiendo así la situación de las épocas en que Israel sirvió como esclavo a los egipcios, asirios, babilonios y otros pueblos.
Eunucos. «Yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración […]. Jehová el Señor, que reúne a los desterrados de Israel» (56:7–8). En los últimos días, Dios invitará a todas las naciones a participar de las bendiciones del Evangelio (véase también Efesios 2:19), no solamente a quienes pertenecen a la casa de Israel. El recogimiento incluye a todos: a los eunucos, a los hijos de los extranjeros (véase Isaías 56:3–6) y a los «desterrados de Israel». El «santo monte» y la «casa de oración» hacen referencia a los templos de Dios.
Lenguas. «Yo [el Señor] reuniré a todas las naciones y lenguas; y vendrán y verán mi gloria» (66:18). «Lenguas» es una figura retórica que representa los diferentes idiomas. Personas y familias de todas las naciones, que hablan diversos idiomas, se congregarán en torno al estandarte del Evangelio.
Monte santo. «Y traerán a todos vuestros hermanos […] a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová» (66:20). Como se ha señalado anteriormente, el monte santo no es otro que la «casa de Jehová» (versículo 20), es decir, el templo del Señor. Los templos del Señor siempre han ocupado un lugar destacado en el recogimiento de Su pueblo.
Brigham Young hundió su bastón en el suelo reseco por el sol y señaló el lugar donde debía construirse un templo [el Templo de Salt Lake]. Aquel edificio constituyó el cumplimiento de las palabras de Isaías: «Y acontecerá en los postreros días que será establecido el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones» [Isaías 2:2].
— Gordon B. Hinckley
Isaías utiliza símbolos para enseñarnos acerca del Milenio
El profeta Isaías presenta algunas de las verdades más gloriosas que se hayan revelado acerca del Milenio. Profetiza que ya no habrá guerras (véanse 2:4–5); que durante el Milenio existirán condiciones gloriosas (véase 11:6–10); que recibiremos numerosas bendiciones durante ese período (véase 65:17–25); y muchas otras cosas. Una vez más, las profecías de Isaías combinan perfectamente un lenguaje claro y fácil de comprender con numerosos símbolos expresivos. Los siguientes ejemplos ilustran el uso que Isaías hace de los símbolos relacionados con el Milenio.
Espadas y rejas de arado. «Y convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra» (2:4). Cuatro instrumentos —todos fabricados de metal y provistos de filos: espadas, rejas de arado, lanzas y hoces— simbolizan la transición desde el mundo caído y telestial hasta el estado bendito que tendrá la tierra durante el Milenio. En lugar de guerra, habrá paz. Las palabras «ni se adiestrarán más para la guerra» sugieren que ya no habrá academias militares, instituciones militares, ejércitos ni fuerzas navales. Tampoco se enseñará a los niños a combatir. Finalmente, será el Mesías quien pondrá fin a todas las guerras (véanse Oseas 2:18; Zacarías 9:10; Isaías 9:5–7).
El lobo morará con el cordero. «Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, y el cachorro de león y el animal doméstico andarán juntos, y un niño pequeño los conducirá» (11:6; véase también 65:25). Probablemente esta profecía tendrá un cumplimiento literal; sin embargo, también simboliza la paz y la armonía perfectas que existirán durante el Milenio. ¿Un lobo carnívoro viviendo pacíficamente con un cordero y un niño pequeño guiando a un león? Estas imágenes representan la paz absoluta.
El oso pacerá con la vaca. «Y la vaca y la osa pacerán; sus crías se echarán juntas; y el león, como el buey, comerá paja» (11:7). Esta profecía acerca de depredadores carnívoros —el oso y el león— alimentándose junto con animales domésticos que normalmente serían sus presas —la vaca y el buey— probablemente tendrá un cumplimiento literal. Sin embargo, al igual que en el ejemplo anterior, estas palabras también simbolizan la paz que existirá entre las naciones y los pueblos durante el Milenio. En resumen, durante el Milenio, «la enemistad del hombre y la enemistad de las bestias, sí, la enemistad de toda carne, cesará de ante la faz [del Señor]» (Doctrina y Convenios 101:26).
El niño de pecho y la serpiente. «Y el niño de pecho jugará sobre la cueva de la áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora» (11:8). Este versículo relaciona al «niño de pecho» —es decir, un bebé lactante— con el «recién destetado» —es decir, un niño pequeño—. Ambos son niños de corta edad completamente indefensos ante el peligro. Estos niños jugarán cerca de serpientes venenosas: la «áspid» y la «víbora». En otras palabras, durante el Milenio, el reino animal convivirá armoniosamente con los seres humanos.
El conocimiento comparado con las aguas del mar. «Porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar» (11:9). Durante el Milenio, el conocimiento será muy extenso, tan amplio como «las aguas [que] cubren el mar».
Conclusión
En este capítulo nos centramos en el uso que Isaías hace de diversos símbolos que nos enseñan acerca de temas de gran importancia: la Expiación de Jesucristo, el recogimiento de Israel en los últimos días y el Milenio. Nuestra selección de símbolos del libro de Isaías relacionados con estos tres temas fue representativa y no exhaustiva. Existen muchos otros símbolos que tratan estos y otros asuntos de trascendencia eterna.
Cada vez que Isaías utiliza símbolos, enseña alguna verdad importante. Los lectores atentos descubrirán que es provechoso estudiar cada símbolo a lo largo del libro de Isaías, valiéndose del Espíritu Santo como guía para comprender mejor su significado. Todos los lectores de Isaías pueden recibir luz mediante el hermoso uso que el profeta hace de los símbolos.

























