El hombre llamado Isaías
Isaías fue un profeta y vidente que ejerció su ministerio entre los años 740 y 700 a. C. —o quizás hasta el año 699 a. C. o incluso después; los eruditos no siempre concuerdan respecto a las fechas del ministerio de Isaías—. Su padre se llamaba Amoz (véase Isaías 1:1), a quien no se debe confundir con el profeta Amós. Isaías vivió y profetizó en Jerusalén durante los reinados de los reyes Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (1:1), y conoció personalmente a algunos o a todos esos reyes (véase el análisis que aparece más adelante). El ministerio de Isaías pudo haber comenzado aproximadamente cuando vio al Señor, durante el año en que murió el rey Uzías (6:1). Una antigua tradición judía afirma que el rey Manasés mandó ejecutar a Isaías (véase también Hebreos 11:37). Varios capítulos del Antiguo Testamento nos proporcionan información acerca de Isaías y de su ministerio (véanse Isaías 36–39; 2 Reyes 14–20; 2 Crónicas 26–32). Este capítulo detalla la información disponible y ofrece una perspectiva sobre la familia de Isaías, sus visiones y sus relaciones con los diferentes reyes de Jerusalén.

Figura 3.1. Árbol genealógico de Isaías.
La familia de Isaías
Isaías estaba casado con «la profetisa» (Isaías 8:3; desconocemos su nombre). No está claro si se la llamaba «profetisa» porque poseía dones proféticos, al igual que María (véase Éxodo 15:20), Débora (véase Jueces 4:4) y Hulda (véase 2 Reyes 22:14), o si recibió ese título por ser la esposa del profeta Isaías.
Isaías y su esposa fueron padres de al menos dos hijos: Sear-jasub y Maher-salal-has-baz. Una antigua fuente judía sugiere que Isaías también tuvo una hija, pero no existe respaldo en las Escrituras para esa afirmación. Isaías y sus hijos sirvieron como «señales», o figuras y sombras: «He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos» (Isaías 8:18). Por ejemplo, el nombre Isaías —«Jehová es salvación»— profetiza acerca de Jesucristo y de la salvación que se recibe mediante Su Expiación. Los nombres Sear-jasub y Maher-salal-has-baz también son proféticos. Maher-salal-has-baz —«apresura el despojo, precipita la presa»— habla de la calamidad que sobrevendría al pueblo israelita cuando los asirios lo conquistaran rápidamente y saquearan sus posesiones (véase Isaías 8:1–4). Sear-jasub —«un remanente volverá»— se refiere al momento en que un remanente de Israel regresará a las tierras prometidas (véanse Isaías 7:3; 10:20–22). Véase la tabla 3.1 para obtener más información acerca del significado de los nombres de la familia de Isaías.
ישעיהו: El nombre de Isaías escrito en hebreo con una tipografía moderna; se lee de derecha a izquierda.
Ben Sirá —sabio judío, aproximadamente 200 a. C.— elogia a Isaías
Isaías fue «un gran hombre, digno de confianza en su visión […]. Por el poder del espíritu vio las cosas postreras. Consoló a los que lloraban en Sion, reveló lo que ocurriría hasta el fin de los tiempos y las cosas ocultas mucho antes de que sucedieran» (Sirá 48:22b–25).
Tabla 3.1. Significados de los nombres de Isaías y de sus hijos: «Señales y presagios en Israel» (Isaías 8:18)
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Nombres |
Posible significado |
Importancia |
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Isaías |
«El Señor es salvación» |
Isaías es una figura de Jesucristo, quien brinda salvación a quienes lo aceptan. |
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Sear-jasub Hijo de Isaías (Isaías 7:3) |
«Un remanente volverá» |
Representa al pueblo de Israel, que regresará a sus tierras del convenio. |
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Maher-salal-has-baz Hijo de Isaías (Isaías 8:3) |
«Apresura el despojo, precipita la presa» |
Representa: (1) a Asiria, que saquearía y despojaría con rapidez y prontitud a las naciones antiguas; y (2) a Jesucristo, quien, con rapidez y prontitud, saqueará y despojará a las naciones durante Su segunda venida. |
El ministerio de Isaías
Isaías escribió y profetizó acerca de decenas de temas importantes, entre ellos la naturaleza y el carácter de Dios, así como Su poder y santidad. También profetizó acerca del nacimiento, el ministerio, la Expiación, la muerte, la resurrección, la segunda venida y el reinado milenario de Jesucristo; los juicios de Dios contra los inicuos y sus castigos; la paz y el gozo que reciben los justos cuando guardan los mandamientos de Dios; los templos sagrados de Dios y los convenios relacionados con ellos; la insignificancia de los ídolos y los dioses falsos, así como los resultados vacíos de la adoración falsa y fraudulenta; la Restauración del Evangelio y la edificación de Sion en los últimos días; el esparcimiento y el recogimiento de Israel; y muchos otros acontecimientos y doctrinas. Al escribir acerca de todos estos y otros temas, Isaías utilizó la poesía y una diversidad de símbolos.
Isaías profetizó acerca de «Judá y Jerusalén», es decir, esencialmente de toda la casa de Israel (véanse 1 Nefi 19:24; 2 Nefi 6:5; 3 Nefi 23:2). Isaías también fue profeta para muchas naciones y reinos (véase el capítulo 4 de este volumen). Sus palabras son pertinentes en todas las épocas para todas las naciones y todos los pueblos.

Figura 3.2. Pintura del profeta Isaías realizada por Miguel Ángel. (Fresco de Miguel Ángel, «Isaías». Imagen cortesía de Wikimedia Commons).
Isaías ve al Señor sobre Su trono
Isaías, quien era vidente, contempló en visión muchos de los acontecimientos y elementos que aparecen escritos en su libro. Isaías 1:1 declara que contiene «la visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio» (compárese también con Isaías 13:1). Isaías también tuvo una grandiosa visión del Señor en Su templo: «En el año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y el borde de sus vestiduras llenaba el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: “Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”» (6:1–3).
La grandiosa visión que Isaías tuvo del Señor probablemente ocurrió cerca del comienzo de su ministerio. El Señor mencionado aquí no es otro que Jesucristo (véanse 2 Nefi 11:2–3; Juan 12:41), y el templo es el templo celestial. Isaías vio a Jesucristo sentado sobre Su trono exaltado en el salón del trono del templo (para consultar descripciones del salón del trono, véanse Ezequiel 1:26; Apocalipsis 4:2–4; Doctrina y Convenios 137:3), el cual constituye el lugar santísimo. Isaías relata la visión en primera persona utilizando los pronombres yo y me.
José Smith habló de Isaías y de otros personajes de la antigüedad, y enseñó que sus grandes visiones se produjeron después de haber recibido al segundo Consolador:
Cuando un hombre obtiene este último Consolador, tendrá al personaje de Jesucristo para que lo atienda o se le aparezca de cuando en cuando; y Él incluso le manifestará al Padre, y harán morada con él; y le serán abiertas las visiones de los cielos, y el Señor le enseñará cara a cara, y podrá tener un conocimiento perfecto de los misterios del reino de Dios. Este es el estado y la condición que alcanzaron los santos antiguos cuando recibieron visiones tan gloriosas: Isaías, Ezequiel y Juan en la isla de Patmos.
La representación dramática de Isaías: la conquista de Egipto y Etiopía (Isaías 20:1–6)
Después de la descripción de la visión de Isaías, el capítulo 20 presenta un texto desconcertante acerca de Isaías caminando «desnudo y descalzo»:
En el año en que vino el Tartán a Asdod, cuando lo envió Sargón, rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó, en aquel tiempo habló Jehová por medio de Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve, quita el cilicio de tus lomos y descalza las sandalias de tus pies. Y lo hizo así, andando desnudo y descalzo. Y dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, como señal y presagio acerca de Egipto y de Etiopía, así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y a los deportados de Etiopía, jóvenes y ancianos, descalzos y con poca ropa, para vergüenza de Egipto (versículos 1–4).
¿Estaba Isaías realmente desnudo? El cilicio era una prenda exterior que representaba arrepentimiento, humildad o duelo (véanse Salmo 35:13; Mateo 11:21). Es probable que Dios haya mandado a Isaías quitarse el cilicio y las sandalias. La palabra desnudo pudo haber significado que se encontraba sin esa prenda exterior y sin sus sandalias; en otras palabras, sin su vestimenta habitual. Lo más probable es que Isaías no estuviera completamente desnudo, pues eso sería contrario a las enseñanzas de Dios acerca de la modestia. En cualquier caso, sencillamente no sabemos qué ropa llevaba Isaías durante ese período.
¿Por qué indicó el Señor a Isaías que se quitara parte de su ropa? La apariencia física de Isaías era una señal para Egipto y Etiopía de que el cruel ejército asirio conquistaría Egipto y Cus y se llevaría cautivos a sus habitantes, obligándolos a caminar «desnudos y descalzos». Por consiguiente, la representación de Isaías sirvió como una profecía de que Asiria capturaría y esclavizaría a muchos egipcios y etíopes.
En el Antiguo Testamento aparecen otros profetas que también representaron o dramatizaron profecías, así como varias profecías que consistieron en gestos y movimientos simbólicos, a los cuales llamamos profecías no verbales. Por ejemplo, Moisés levantó una serpiente de bronce sobre un asta (véase Números 21:6–9), lo cual simbolizaba que Jesús sería levantado sobre la cruz; Ahías rasgó una prenda en doce pedazos y entregó diez de ellos a Jeroboam, lo cual representaba la división del reino de Israel y el gobierno de Jeroboam sobre diez de las tribus (véase 1 Reyes 11:29–31); y Ezequiel realizó movimientos con una espada (véase Ezequiel 21:8–17), lo cual simbolizaba que muchos israelitas morirían a causa de sus pecados.
Flavio Josefo —historiador judío, aproximadamente 37–100 d. C.— elogia a Isaías
«En cuanto a este profeta [Isaías], todos reconocían que era un hombre divino y extraordinario al declarar la verdad; y, seguro de que nunca había escrito nada falso, puso por escrito todas sus profecías y las dejó en libros para que la posteridad pudiera juzgar su cumplimiento mediante los acontecimientos» (Josefo, Antigüedades 10.2.35).
Cinco declaraciones de Jesús acerca de Isaías (3 Nefi 23:1–3)
- «Sí, un mandamiento os doy de que escudriñéis [las palabras de Isaías] diligentemente».
- «Grandes son las palabras de Isaías».
- «[Isaías] habló en lo que respecta a todas las cosas concernientes a mi pueblo que es de la casa de Israel».
- «Es necesario que él hable también a los gentiles».
- «Todas las cosas que [Isaías] habló se han cumplido y se cumplirán».
Los profetas y la política
«Isaías participó profundamente al ofrecer consejos sobre asuntos políticos, y de sus palabras el Señor mismo dijo: “Grandes son las palabras de Isaías” (3 Nefi 23:1). Quienes pretendan apartar a los profetas de la política eliminarían a Dios del gobierno» (Ezra Taft Benson).
Isaías y Acaz, rey de Judá
El profeta Isaías conoció personalmente a Acaz, rey de Judá, y tuvo importantes interacciones con él. El rey Acaz fue un monarca sumamente inicuo: sacrificó a sus propios hijos, estableció una adoración falsa en el templo, hizo ídolos para Baal y cometió otras maldades (véase 2 Crónicas 28:1–25). Durante su reinado, los ejércitos de otros dos reinos —Israel, también llamado Efraín, y Siria, o Aram— invadieron Judá. La guerra fue encarnizada y Judá perdió 120 000 guerreros en un solo día «por cuanto habían abandonado a Jehová, el Dios de sus padres» (2 Crónicas 28:6). En ese contexto de adoración falsa y reinos en guerra, Isaías se reunió con el rey Acaz junto al acueducto del estanque de arriba, en Jerusalén (véase Isaías 7:3), y pronunció las siguientes tres profecías (véase 7:4–25):

Figura 3.3. Isaías y su hijo Sear-jasub se reúnen con el rey Acaz junto al acueducto. («La Biblia ilustrada, que comprende el Antiguo y el Nuevo Testamento, con numerosas ilustraciones [1896]». Imagen cortesía de Wikimedia Commons).
Profecía 1
Isaías profetizó en presencia de Acaz que los dos enemigos de Judá en aquel momento —Siria e Israel, junto con sus reyes y ejércitos— serían como tizones humeantes; su poder pronto se extinguiría y sus planes para conquistar Judá fracasarían (véase Isaías 7:4–9). La promesa del Señor fue categórica: «No subsistirá ni acontecerá» (versículo 7). Dios, quien es omnipotente y dirige los asuntos de las naciones, conoce el futuro. Él no solamente prevé lo que sucederá, sino también lo que no sucederá.
Otro punto importante: Dios mandó a Isaías que llevara a su hijo Sear-jasub cuando se reuniera con el rey Acaz junto al acueducto. ¿Por qué debía llevar a Sear-jasub? Porque Isaías y sus hijos eran «por señales y presagios» (Isaías 8:18), es decir, símbolos en Israel. El nombre hebreo Sear-jasub significa «un remanente volverá». Ante las guerras y la destrucción inminentes, Sear-jasub constituía un símbolo viviente de que un remanente de Israel finalmente regresaría a su tierra y a Dios, aunque Israel pronto sería dispersado y, en gran parte, destruido.
Profecía 2
Con el fin de dar al rey Acaz confianza en la profecía de Isaías —véase la Profecía 1—, el Señor invitó al rey a pedir una señal. Sin embargo, Acaz, un hombre inicuo, rechazó ese generoso ofrecimiento del Señor. De todos modos, el Señor decidió darle una señal: la señal de Emanuel, que representa el nacimiento de Jesucristo (véanse Isaías 7:10–16; Mateo 1:21–23).
Profecía 3
Isaías profetizó que el Señor utilizaría a Asiria como instrumento para invadir el reino de Judá (véase Isaías 7:17–25). Esta profecía posiblemente se cumplió cuando el rey asirio conquistó gran parte de Judá, aproximadamente en el año 701 a. C. El Señor protegería Jerusalén, ciudad que posteriormente caería ante los babilonios (véase Isaías 36–39). ¿Por qué permitiría el Señor esa invasión del reino de Judá? Porque el rey Acaz y muchos de sus súbditos se habían entregado a la idolatría y a diversos pecados graves.
Isaías y Ezequías, rey de Judá
El profeta Isaías no solamente tuvo relación con el rey Acaz, sino también con el rey Ezequías, hijo de Acaz. A diferencia de Acaz, quien era inicuo, Ezequías era un hombre temeroso de Dios. El autor del libro de 2 Reyes describe a Ezequías como un rey que «hizo lo recto ante los ojos de Jehová […]. En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. Porque siguió a Jehová y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos» (2 Reyes 18:3, 5–6). Según una tradición judía, Isaías era suegro de Ezequías. Si esto fuera cierto, podría ayudar a explicar por qué el profeta tenía acceso directo al rey.
Isaías se relacionó con Ezequías en torno a los siguientes acontecimientos: (1) la amenaza del rey asirio Senaquerib, (2) la enfermedad del rey Ezequías y (3) la profecía de Isaías acerca del cautiverio en Babilonia.
El rey asirio Senaquerib (Isaías 36–37)
Durante el reinado de Ezequías como rey de Judá, Senaquerib, rey de Asiria, y sus ejércitos conquistaron la mayoría de las ciudades fortificadas de Judá (véase Isaías 36:1). Después de eso, Senaquerib envió sus ejércitos a Jerusalén, dirigidos por su oficial principal (versículo 2), para exigir tributos e informar a Judá de las condiciones para su rendición, entre las que se incluía la deportación de los habitantes de Jerusalén (véanse los versículos 8, 16–17). El oficial principal indicó a los habitantes de Jerusalén que no confiaran en Egipto (véanse los versículos 4–6) ni en Dios (véanse los versículos 7, 10, 15, 18–20) para ser librados. Ezequías pagó a Senaquerib treinta talentos de oro y trescientos talentos de plata —una cantidad inmensa de dinero— con la esperanza de que los asirios abandonaran la tierra y permitieran a los habitantes de Jerusalén vivir en paz (véase 2 Reyes 18:14). También es posible que Ezequías intentara ganar tiempo mediante ese pago para poder preparar Jerusalén ante el ataque de Asiria.
Después de que Senaquerib, rey de Asiria, conquistara varias ciudades de Judá y amenazara la capital, Jerusalén, el rey Ezequías demostró humildad y pesar (véase Isaías 37:1), buscó el consejo de Isaías (véanse los versículos 2–7) y oró al Señor en el recinto del templo (véanse los versículos 14–20).
Después de que Ezequías orara para ser librado del poderoso ejército asirio (véase Isaías 37:16–20), Isaías profetizó y dirigió las siguientes palabras a Ezequías:
Así dice Jehová, Dios de Israel: En cuanto a lo que me rogaste acerca de Senaquerib, rey de Asiria, esta es la palabra que Jehová ha pronunciado contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia y se burla de ti; la hija de Jerusalén —«virgen», «hija de Sion» e «hija de Jerusalén» son nombres de Jerusalén— mueve su cabeza detrás de ti […]. Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad ni lanzará allí flecha; no vendrá delante de ella con escudo ni levantará contra ella terraplén. Por el camino que vino, volverá y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por causa de mí mismo y por causa de David, mi siervo (Isaías 37:21–22, 33–35).
En cumplimiento de la profecía de Isaías, ni el rey de Asiria ni sus ejércitos entraron en Jerusalén para destruir la ciudad y a sus habitantes. En cambio, el Señor envió a Su ángel para derrotar al ejército del rey: «Y salió el ángel de Jehová e hirió a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, todos ellos habían muerto» (Isaías 37:36).
En cuanto al destino del rey Senaquerib, Isaías 37:37–38 declara que murió en el templo de su dios Nisroc: «Entonces Senaquerib, rey de Asiria, partió, y fue y volvió, y habitó en Nínive. Y aconteció que mientras adoraba en la casa de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron, y escaparon a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón, su hijo». Senaquerib murió en cumplimiento de una profecía de Isaías (véase 2 Reyes 19:6–7).
La enfermedad del rey Ezequías (Isaías 38:1–8)
En cierto momento de su vida, el rey Ezequías enfermó gravemente y estuvo cerca de morir. El profeta Isaías fue a verlo y profetizó: «Así dice Jehová: Pon en orden tu casa, porque vas a morir y no vivirás» (Isaías 38:1). Naturalmente, aquellas palabras perturbaron profundamente a Ezequías. Por eso, «oró a Jehová y dijo: Te ruego, oh Jehová, que hagas memoria ahora de que he andado delante de ti en verdad y con corazón íntegro, y que he hecho lo bueno ante tus ojos» (versículos 2–3). El relato también declara que «lloró Ezequías con gran llanto» (versículo 3).
Debido a la fe del rey Ezequías y por causa del convenio que el Señor había hecho con el rey David, se prometieron a Ezequías quince años más de vida. «Entonces vino la palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: Así dice Jehová, el Dios de David, tu padre: He oído tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años» (Isaías 38:4–5).
La profecía de Isaías acerca del cautiverio en Babilonia (Isaías 39:1–8)
Isaías también se relacionó con el rey Ezequías durante la visita a Jerusalén del príncipe Merodac-baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia. Cuando el príncipe Merodac-baladán visitó Jerusalén, el rey Ezequías le mostró el gran tesoro del templo, la armería y otros depósitos de riquezas. Como resultó evidente posteriormente, ¡mostrar todas esas cosas al príncipe fue un grave error! En aquella ocasión, Isaías fue inspirado a profetizar que los babilonios conquistarían el reino de Judá y saquearían sus tesoros (véase Isaías 39:1–8).
El Señor reveló por medio de Su profeta Isaías que no quedaría «ninguna cosa» (Isaías 39:6) en los depósitos. Más importante aún, algunos de los descendientes del rey Ezequías serían llevados por la fuerza y convertidos en eunucos en el palacio del rey de Babilonia. «Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye la palabra de Jehová de los ejércitos: He aquí, vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová. Y de tus hijos que saldrán de ti y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia» (versículos 5–7). Esta profecía se cumplió cuando Babilonia conquistó Jerusalén.
Isaías y Manasés, rey de Judá
El rey Manasés, hijo del rey Ezequías y de Hepsiba, ascendió al trono cuando tenía doce años. Reinó sobre Judá desde Jerusalén durante cincuenta y cinco años (véase 2 Reyes 21:1). A diferencia de su devoto padre Ezequías, Manasés fue sumamente inicuo. Entre sus actos malvados se encontraban la construcción de altares para ídolos, la práctica de la idolatría y de la adivinación, el trato con evocadores de espíritus y médiums, el derramamiento de sangre inocente y la incitación de otras personas al pecado (véase 2 Reyes 21:3–11). Según se registra en 2 Reyes 21, Manasés «hizo mucho mal ante los ojos de Jehová, provocándole a ira […]. Manasés los indujo [a los habitantes de Judá] a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel […]. Manasés derramó muchísima sangre inocente, hasta llenar Jerusalén de un extremo a otro, además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová» (versículos 6, 9, 16).
Una antigua fuente rabínica sugiere que el profeta Isaías era el abuelo materno del rey Manasés; sin embargo, esa fuente no es un texto de las Escrituras y, por lo tanto, debe leerse con cierta cautela.
Otras fuentes rabínicas antiguas afirman que el rey Manasés participó en el martirio de Isaías. Existen diferentes versiones de este relato y la confiabilidad de esas fuentes es cuestionable. Algunos eruditos citan Hebreos 11:36, donde se declara que algunos profetas de la antigüedad «fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a espada», como respaldo de la tradición sobre la muerte de Isaías. Lamentablemente, quizás no conozcamos toda la verdad acerca de su muerte hasta que dispongamos de fuentes más confiables.
El hombre Isaías
- El nombre hebreo Isaías significa «Jehová es salvación».
- Isaías vivió en Jerusalén.
- Su esposa era llamada «la profetisa».
- Sus hijos se llamaban Sear-jasub y Maher-salal-has-baz.
- Su ministerio comenzó en el año 740 a. C.
- Ejerció su ministerio en el reino del sur, Judá.
- Durante su ministerio reinaron Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías.
- Isaías vio a Dios en el templo.
- Probablemente murió como mártir.
- «Isaías es el profeta de los profetas; sus palabras viven en el corazón de quienes también escriben Escritura sagrada» (Bruce R. McConkie).
¿Asistió Isaías a la dedicación del Templo de Salt Lake City?
Con respecto al Templo de Salt Lake City, el presidente Wilford Woodruff registró que Esaias y otros profetas y apóstoles destacados asistieron a la primera dedicación del templo en 1893. Esaias pudo haber sido Isaías —nota: en el Nuevo Testamento en inglés, el nombre Isaías aparece escrito como Esaias; véanse Mateo 3:3; Juan 12:38—. Entre los presentes se encontraban José y Hyrum Smith, Brigham Young, John Taylor y «todos los hombres buenos que habían vivido en esta dispensación reunidos con nosotros, así como Esaias, Jeremías y todos los santos profetas y apóstoles que habían profetizado acerca de la obra de los últimos días», además de «huestes celestiales […]. Se regocijaban con nosotros en este edificio que había sido aceptado por el Señor y, cuando el grito [de Hosanna] llegó hasta el trono del Todopoderoso», se dijo que aquellos profetas de la antigüedad también se unieron al clamor.
¿Se encontró recientemente el nombre de Isaías en un sello de arcilla?
En 2018, la arqueóloga israelí Eilat Mazar informó que su equipo, que trabajaba en Jerusalén, había descubierto un sello de arcilla que contenía en escritura paleohebrea la inscripción leyesha‘yah[u]. En español, esto se traduce como «[perteneciente] a Isaías». El sello también contiene las letras hebreas nvy, que forman la primera parte de la palabra traducida como «profeta». Lamentablemente, el sello está dañado después de nvy, por lo que no podemos tener la certeza de que originalmente dijera «profeta». Aunque el nombre «Isaías» es indudable, no sabemos si el sello perteneció al profeta Isaías. Es importante señalar que este sello se descubrió cerca de otro que lleva el nombre de Ezequías. Como sabemos, Isaías y Ezequías se conocían bien durante el ministerio profético de Isaías.
Isaías fue un profeta de Dios que vivió en Jerusalén, estuvo casado con una mujer llamada «la profetisa» y tuvo dos hijos: Sear-jasub y Maher-salal-has-baz. El ministerio de Isaías se extendió durante cuatro décadas —o quizás más— y, a lo largo de esos años, escribió y profetizó acerca de numerosos asuntos de gran importancia, entre ellos el poder y la santidad de Dios; el nacimiento, el ministerio, la Expiación y la segunda venida de Jesucristo; y la paz y el gozo que reciben los justos cuando obedecen los mandamientos de Dios.
Como vidente del Señor, Isaías contempló en visión muchos de los acontecimientos y elementos que aparecen escritos en su libro. A medida que aprendamos más acerca de Isaías como persona, podremos comprender mejor sus profecías y la majestuosa influencia que sus palabras han ejercido tanto en la antigüedad como en la época moderna.

























