Capítulo 10
Esperando con Gozo el Gran Día
¿Cómo deberíamos sentirnos, como miembros de La Iglesia de Jesucristo, ante el hecho de que en verdad vivimos en la undécima hora, la noche del sábado del tiempo? ¿Qué sentimos al saber que estamos viviendo en una era en la que cada vez más profecías se están cumpliendo? El Salvador declaró a Sidney Rigdon: “Los pobres y los mansos tendrán el evangelio predicado, y estarán esperando el tiempo de mi venida, porque está cerca; y aprenderán la parábola de la higuera, porque ya el verano está cerca” (Doctrina y Convenios 35:15–16). Tres meses después, el Profeta recibió la revelación registrada como la sección 45 de Doctrina y Convenios, un oráculo que revela muchos de los signos de los tiempos. “Mirad la higuera,” dijo el Señor, “y la veis con vuestros ojos, y decís, cuando ya brota y sus hojas están tiernas, que el verano está ya cerca; así también será en aquel día cuando vean todas estas cosas: entonces sabrán que la hora está cerca. Y acontecerá que el que me teme estará esperando el gran día del Señor que ha de venir, aun las señales de la venida del Hijo del Hombre” (Doctrina y Convenios 45:37–39). En otras palabras, los fieles mirarán con gozo y dulce anticipación la llegada del Señor.
Uno de los desafíos que enfrentamos es anticipar ese día sin obsesionarnos con él. Debemos estudiar y reflexionar profundamente en la santa palabra sobre lo que está por venir, no para registrar, correlacionar, preparar fórmulas, distribuir listas o establecer cronogramas específicos, sino para preparar debidamente nuestras almas para esa ocasión sublime. Bien podríamos preguntarnos: “Nuestro Señor y Salvador viene. ¿Qué debo hacer hoy para prepararme para el mañana? ¿Qué esfuerzos puedo hacer ahora para asegurarme de que cuando Él venga mire mi rostro con agrado? ¿En qué tipo de actividades debería estar involucrado para sentirme tranquilo y confiado en ese momento? ¿Qué elementos de mi vida y mi estilo de vida, de mi carácter y personalidad, necesito desechar para disfrutar de ese grado de iluminación espiritual tan desesperadamente necesario en estos últimos días?” Curiosamente, las tres parábolas de preparación que se encuentran en Mateo 25 señalan cosas específicas que tú y yo podemos hacer para prepararnos mejor —junto con nuestras familias y aquellos bajo nuestra responsabilidad— para recibir al Señor que viene.
Jesús enseñó: “Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales, cuando el Señor viniere, hallare velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y saliendo, los servirá. Porque, he aquí, Él viene en la primera vigilia de la noche, y también vendrá en la segunda vigilia, y otra vez vendrá en la tercera vigilia. Y de cierto os digo que ya ha venido, como está escrito de Él” (Traducción de José Smith, Lucas 12:40–42; énfasis añadido). ¡Qué declaración tan extraña! ¿Cómo es posible que nuestro Señor venga en la primera vigilia de la noche y también en la segunda y tercera vigilias? Además, ¿cómo es que ya ha venido?
El élder Bruce R. McConkie ofreció las siguientes ideas: “Una de las grandes motivaciones que alienta y atrae a los hombres a vivir vidas de rectitud personal es la doctrina de la Segunda Venida del Mesías. Muchas revelaciones hablan de las señales que precederán el regreso de nuestro Señor; otras relatan los trágicos pero gloriosos acontecimientos que acompañarán su regreso a la tierra; y aún otras describen el bien y el mal que sobrevendrán a los vivos y a los muertos en ese tiempo. Todo esto se conserva en las santas Escrituras para que los hombres se vean inducidos a prepararse para el día del Señor, el día en que Él tomará venganza de los impíos y derramará bendiciones sobre aquellos que aman Su venida (Doctrina y Convenios 133:50–52; 2 Tesalonicenses 1:7–10). …”
“Todos los ministros del Señor, todos los miembros de Su Iglesia y, de hecho, todos los hombres en todas partes (‘Lo que digo a uno, lo digo a todos’), son aconsejados a esperar con rectitud la venida del Señor. Sin embargo, la mayoría de los hombres morirán antes de que Él venga, y solo aquellos que estén vivos en ese momento se regocijarán o temblarán, según sea el caso, ante Su presencia personal. Pero todos los que se hayan preparado serán recompensados como si hubiesen vivido cuando Él vino, mientras que los malvados serán ‘cortados’ y recibirán su ‘porción con los hipócritas’, tan ciertamente como si hubiesen vivido en el mismo día de terror y venganza.
“Así, en efecto, el Señor viene en cada vigilia de la noche, en toda ocasión en que los hombres son llamados a enfrentar la muerte y el juicio.”
Mantener la mirada en el final casi siempre ayuda a manejar adecuadamente los medios. O, dicho de otro modo, ser conscientes de lo que nos espera puede ser sumamente valioso para saber cómo afrontar de la mejor manera las circunstancias difíciles y las situaciones de prueba del presente. Si mi matrimonio es realizado por alguien que posee el poder de sellar, cuando el sellador casa a mi esposa y a mí “por el tiempo y por toda la eternidad”, es mucho más probable que centre mi atención en edificar una relación sólida y duradera que si la ceremonia fuera meramente una ordenanza civil “hasta que la muerte los separe”. Saber que las familias están destinadas a trascender el velo de la muerte y continuar eternamente me motiva a hacer un esfuerzo considerable por perdonar, suponer lo mejor y trabajar sin cesar para hacer de nuestro hogar un pedacito de cielo en la tierra y de los miembros de la familia un hogar eterno. Stephen R. Covey enseñó con sencillez: “Comience con el fin en mente.”
Al hablar de la venida gloriosa del Señor y considerar los acontecimientos que deben suceder, el apóstol Pedro preguntó: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué clase de personas debéis ser en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo abrasados, se fundirán?” (2 Pedro 3:11–12; énfasis añadido). La New International Version traduce el mismo pasaje de esta manera: “Ya que todo será destruido de este modo, ¿qué clase de personas deben ser ustedes? Deben vivir vidas santas y piadosas mientras esperan con ansias el día de Dios y apresuran su venida.” Si bien el día de la segunda venida de Cristo está sin duda tan determinado como lo estuvo el día de Su primera venida, hay cosas que podemos hacer para apresurar nuestra propia preparación justa y adelantar el establecimiento de Sion.
En enero de 1831, el Señor Jesús se dirigió a James Covill, un ministro metodista que mostró brevemente interés en el evangelio restaurado. “Salid bautizando con agua, preparando el camino delante de mi faz para el tiempo de mi venida; porque el tiempo está cerca; el día ni la hora nadie la sabe; pero ciertamente vendrá. Y el que reciba estas cosas me recibe a mí; y serán congregados conmigo en el tiempo y en la eternidad. Y además, acontecerá que a cuantos bauticéis con agua, les impondréis las manos, y recibirán el don del Espíritu Santo, y estarán esperando las señales de mi venida, y me conocerán” (Doctrina y Convenios 39:20–23; énfasis añadido). En verdad, aquellos miembros de La Iglesia de Jesucristo que cultivan el don del Espíritu Santo y disfrutan de sus dulces frutos—ellos son los que habrán llegado a ser como Él y quienes, en aquel gran día, verán a Cristo tal como es (1 Juan 3:1–2). Y lo conocerán.


























