«Un nuevo espíritu pionero: fe en los jóvenes y servicio misional»
Élder Oscar A. Kirkham
Del Primer Consejo de los Setenta
Tema central: Alegría de la Pascua; confianza en los jóvenes; aprovechar el centenario como oportunidad para compartir el Evangelio.
Obra misional / Fe en los jóvenes
Ruego humildemente que el Espíritu del Señor me acompañe y me bendiga mientras cumplo esta seria responsabilidad.
Me alegra saber, en esta feliz mañana, que durante horas muchas personas han subido por las laderas de los montes Tamalpais y Rubidoux, y de muchos otros lugares, para asistir a los servicios de Pascua. Sí, por todo Estados Unidos se han levantado cruces, y las personas han renovado o renovarán su fe en el Señor, para que el temor salga de sus corazones y entre en ellos el gozo.
Me alegra que Estados Unidos sea un país cristiano, aunque oigamos hablar mucho de sus pecados y sus faltas.
El espíritu de la Pascua trae alegría
Espero y ruego que, en esta feliz mañana de Pascua, el general George C. Marshall, nuestro secretario de Estado, sienta renovada su fe en Dios. Espero que tenga el valor de un gran pionero en un mundo nuevo y se mantenga firme en lo que dijo la semana pasada: que, cuando se resuelva el problema de Alemania, la solución surgirá del pueblo, será obra del pueblo y estará al servicio del pueblo. No fueron exactamente esas sus palabras, pero habló como representante de un pueblo libre.
Me regocijo en el espíritu de la Pascua. Fue la fe la que removió la piedra (véase Mateo 28:2) para que el Salvador saliera al jardín. Es la fe la que removerá la piedra que obstruye el camino de la humanidad y permitirá que vuelva el espíritu del Hijo del Hombre. El temor desaparecerá a medida que cultivemos la fe en nuestro corazón y en nuestra vida.
Me alegra la magnífica celebración del centenario que tenemos por delante. Permítanme decir que hoy hay otros grupos de pioneros de pie en las colinas del este, contemplando este valle y otros mil. Son los jóvenes de Estados Unidos. Están preparados para avanzar hacia el valle de sus sueños y realizar cosas grandes y buenas. Que nosotros, los líderes de esta Iglesia, tengamos fe en ellos y les demos la oportunidad de seguir adelante con su admirable fe y fortaleza. Están esperando esa oportunidad y desean asumir la responsabilidad.
Un incidente en el templo de Mesa
Hace dos años, en el templo de Mesa, Arizona, estuve con aproximadamente mil de nuestros jóvenes. Junto al muro del templo celebramos un hermoso servicio en una mañana de Pascua. La orquesta tocó, el coro cantó y todo fue muy bello. Después caminé alrededor del muro del templo. Al pasar por una esquina, vi detrás de un pino alto a un joven que abrazaba y besaba a una señorita. Era una de esas escenas ante las que a veces uno se siente incómodo, aunque confieso que también me despertó cierta curiosidad.
Comencé a alejarme rápidamente, pero el joven me hizo señas para que me acercara. Fui hasta donde estaba y me dijo: «Hermano Kirkham, no nos avergüenza en absoluto lo que vio. Acabo de pedirle a esta señorita que sea mi esposa. Cuando usted miró, ella había dicho “sí”, y yo estaba sellando el acuerdo».
«Bueno —le dije—, espero que vuelvan aquí». «Sí —respondió—, eso formaba parte de lo que habíamos hablado».
¡Volver al templo de Dios! Sí, ese era el deseo de sus corazones. Tengamos más fe en nuestros jóvenes: fe en ellos, no temor.
El centenario: un año de oportunidades misionales
He esperado con ilusión el feliz día que ya ha llegado: la celebración de nuestro centenario. Me encantan los desfiles. Me gusta oír tocar a las bandas, ver ondear los estandartes y presenciar la inauguración de grandes monumentos. Son cosas hermosas para ver y escuchar.
Hace poco, mientras estaba en la Ciudad de México, me detuve en sus concurridas calles para observar el desfile celebrado cuando el presidente Alemán asumió la presidencia de aquella gran república. Había muchas cosas sucediendo en la calle, pero lo más importante ocurría en las aceras. No descubrí al verdadero México en las unidades militares que desfilaban mostrando su orgullo, sino en la gente que me rodeaba en la acera. Así sucederá también entre nosotros. Quienes nos visiten escucharán la historia que se cuenta fuera del desfile, además de disfrutar de lo que vean en él. Este es un gran año de servicio misional para nosotros, un gran año para mostrar el espíritu pionero.
Ayer creí ver ese espíritu ejemplificado de una manera hermosa. En nuestra gran reunión del sacerdocio, el presidente Smith le dijo a un Boy Scout que había cedido su asiento a un adulto: «Ahora puedes subir y sentarte con nosotros». Sí, aquel joven mostraba el espíritu de su padre y de su abuelo. Sencillamente lo estaba manteniendo vivo. No hubo palabras más hermosas que aquellas.
Cuando el presidente Clark volvió a exhortarnos, como lo ha hecho antes, a «ser uno» (Doctrina y Convenios 38:27), imaginé al grupo unido que entró en este valle. Eran uno.
Anoche, después de la reunión del sacerdocio, el presidente McKay reunió a los obispos y presidentes de algunas estacas cercanas. Estaba buscando participantes para la gran representación que se celebrará en este tabernáculo. Había sido difícil conseguir suficientes hombres, pero dejó de serlo cuando el presidente McKay se presentó ante ellos para reclutar a doscientos participantes. Al oír la voz del presidente, todos levantaron la mano. Me pareció estar viendo a Brigham Young reunir a los hombres del Batallón Mormón.
Cuando nuestros amigos vengan a nuestros hogares, hagamos lo que dijo el presidente Smith: «Abran sus puertas y ofrézcanles hospitalidad». Olvidarán gran parte del esplendor de las calles y los caminos, pero verán a los pioneros en nuestra manera de actuar.
Que haya niños en casa para jugar con ellos. Que celebremos la oración familiar sin temor y dejemos que los niños oren. Cuando un visitante tome la fotografía de la repisa y pregunte: «¿Es este su hijo?», que tengan el gran privilegio de responder: «Sí, es nuestro embajador. Está en el mundo predicando el Evangelio». Cuando se marchen de su hogar, recordarán esas experiencias mucho después de haber olvidado todo lo demás.
Que Dios nos ayude a recordar que este es un año de labor misional. Al honrar a quienes nos precedieron, ofrezcamos con valor y fe, mediante nuestra vida humilde, la esperanza del evangelio de Jesucristo a quienes nos visiten. Es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.


























