La verdad, la luz y el poder del Evangelio
Élder John A. Widtsoe
Del Consejo de los Doce Apóstoles
El Evangelio restaurado es la verdad revelada por Dios. Quienes lo aceptan y viven sus principios reciben luz para orientar su vida y poder espiritual para participar en la obra de salvación, especialmente mediante el sacerdocio, el poder para sellar y la obra del templo.
Verdad — Luz — Sellamiento
Mis hermanos y hermanas, siempre es un gran privilegio que se nos permita dar testimonio de la verdad de la gran obra en la cual participamos. Puede ser en el gran Tabernáculo donde ahora estamos reunidos o en una humilde reunión celebrada en un hogar; el lugar importa poco. Es muy bueno que todos nosotros, cada uno de los miembros, expresemos nuestro testimonio, nuestras creencias y nuestra fe en esta, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
TESTIMONIO DE LA VERDAD
Esta obra procede de Dios; fue establecida por Él mediante la voz de la revelación. Es la verdad. A lo largo de los años de mi vida, he tenido el gozo de descubrir, de cuando en cuando, que cada principio, cada doctrina y cada acontecimiento histórico relacionado con la edificación de este gran Reino de los últimos días se encuentran en armonía con toda verdad descubierta y revelada. Esta es la verdad, y debemos confiar en ella y aprender a comprender que lo es; de lo contrario, no disfrutaremos del gran gozo que el Señor nos ha ofrecido en esta obra. Coincido con Brigham Young en que otro nombre apropiado para el Evangelio podría ser verdad.
Junto con la verdad viene la luz. La luz nunca se encuentra sino en presencia de la verdad. En Sus revelaciones de los últimos días, el Señor declaró repetidamente que la verdad y la luz van juntas (Doctrina y Convenios 84:45). Quienes recibimos la verdad tenemos luz para señalarnos el camino, resolver nuestros problemas, indicarnos hacia dónde vamos y proporcionarnos una fe esclarecedora que nos ayude durante el viaje de la vida.
La verdad también hace algo más por nosotros: nos da poder. No solamente nos proporciona principios y doctrinas de verdad y luz, sino también el poder para llevar a cabo la obra del Señor en estos últimos días.
EL PODER PARA SELLAR
Confío en que todos hayamos escuchado atentamente el sermón que el élder Joseph Fielding Smith pronunció hoy. El poder del sacerdocio, el poder de esta Iglesia, culmina en el poder para sellar que se ejerce normalmente en los templos del Altísimo. Si esta mañana hubiera dispuesto de más tiempo, podría haber citado las palabras de Moroni, el profeta, quien visitó a José Smith cuando este todavía era un muchacho, y la modificación que hizo de la declaración de Malaquías. Si recuerdo correctamente, Moroni dijo:
He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por medio de Elías el Profeta antes de la venida del día del Señor, grande y terrible. Y él plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá hacia sus padres.
De no ser así —y esta es la parte más importante de la revelación—:
De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a Su venida (Doctrina y Convenios 2:1–3).
Ese es el poder que pertenece a la Iglesia, al sacerdocio y a quienes andan en la verdad y la luz. Es el poder que mantiene unidos los acontecimientos de la tierra y hace posible el cumplimiento de los propósitos de Dios en estos últimos días.
IMPORTANCIA DE LA OBRA DEL TEMPLO
Confío en que todos nosotros, tal como se nos ha aconsejado hoy, procuremos obtener el poder que fluye de los templos del Señor dedicando parte de nuestro tiempo y nuestros recursos a la genealogía y a la obra del templo. De ese modo recibiremos fortaleza, porque los templos son lugares de revelación. Son los lugares alrededor de los cuales siempre se han congregado los santos y lo harán cada vez más durante los días venideros.
Doy testimonio de la verdad de esta obra, de la luz que la acompaña y de su gran poder. Agradezco al Señor el evangelio de Jesucristo, restaurado en nuestros días. Ruego que todos podamos experimentar alguna medida del gozo y la felicidad incomparables que reciben quienes aceptan la verdad, viven sus principios y se entregan a ella. Que Dios esté con todos nosotros y nos bendiga, y que bendiga a todos los que trabajan en esta gran causa. Ruego que la obra crezca y aumente hasta cubrir la tierra con su verdad, luz y poder, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.


























