No entregues tu libertad a un hábito
Élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce Apóstoles
Para un Santo de los Últimos Días, fumar no es solamente un hábito perjudicial, sino un acto contrario a la revelación de Dios que puede debilitar la fe, la oración y la participación en la Iglesia. Las decisiones aparentemente pequeñas pueden influir profundamente en las amistades, el matrimonio, la familia y el rumbo espiritual de toda una vida.
Libertad — Obediencia — Palabra de Sabiduría
Esta conferencia ha sido verdaderamente una gran inspiración para mí. Estoy agradecido por la fortaleza que he recibido de mis hermanos mientras nos han hablado a ustedes y a mí. Me alegra mucho que el Señor los haya bendecido de esa manera, y espero que me bendiga como los ha bendecido a ellos.
GRATITUD POR LA FE DE LOS JÓVENES
Me ha producido mucha felicidad la participación de los jóvenes en esta conferencia. Al igual que ustedes, ayer sentí una profunda emoción al escuchar el canto del coro de la Universidad Brigham Young; anoche, el del coro del Sacerdocio Aarónico durante nuestra reunión del sacerdocio; y ahora nuevamente, el canto de estos maravillosos jóvenes de Ricks College. Me alegro por ellos. Al visitar las diversas estacas y reunirme con sus jóvenes durante charlas fogoneras y otras reuniones, me he sentido constantemente agradecido por ellos. Me alegra su fortaleza, su fe y su devoción. Tengo la confianza de que, durante los años venideros, cuando los asuntos de la Iglesia sean depositados en sus manos, todo estará bien.
Comprendo que existen muchas trampas en el camino de nuestros jóvenes, que algunos caen en ellas y que sufrimos por ellos. Teniendo esto presente, deseo dirigir mis palabras más específicamente a los jóvenes y hablar acerca de los cigarrillos.
REVELACIÓN ACERCA DEL CONSUMO DE TABACO
Jóvenes de la Iglesia, me pregunto si alguna vez han pensado seriamente en lo que significa un cigarrillo para un Santo de los Últimos Días. Para nosotros significa más que para otras personas. Sé que algunos dirán que no comprenden por qué; que tienen amigos de otras iglesias que fuman y parecen desenvolverse sin problemas; que sus iglesias no los critican por hacerlo y que no entienden por qué nuestra Iglesia adopta esta postura acerca del asunto. Recuerden, por favor, que el Señor no ha hablado a sus jóvenes amigos de otras iglesias ni a los dirigentes de estas mediante una revelación divina que les mande abstenerse de esas cosas perjudiciales. En sus iglesias ni siquiera aceptan el principio de la revelación moderna.
Sin embargo, para nosotros es completamente diferente. Dios nos ha hablado por medio de Sus profetas de los últimos días. Nos ha dado revelaciones modernas en las que declara que el tabaco no es bueno para el hombre (Doctrina y Convenios 89:8). Esa es la palabra y la voluntad del Señor para los Santos de los Últimos Días. Cada vez que damos la espalda a ese principio, en esa misma medida damos la espalda al Señor.
El joven estadounidense promedio ama la libertad, desea ser su propio jefe y no le gusta que otras personas regulen su vida. Sin embargo, algunos interpretan mal su independencia y dicen: “Bueno, si quiero fumar, es asunto mío. Tengo todo el derecho. Vivimos en un país libre, ¿verdad?”. Pero, al someterse a la influencia esclavizante de la nicotina, contribuyen a perder la misma libertad de la cual hablan.
EL HÁBITO DE FUMAR DETERMINA EL RUMBO DE LA VIDA
Si adquieren el hábito de fumar, este determinará en gran medida la clase de vida que llevarán, los amigos que tendrán, la clase de persona con quien se casarán e incluso la clase de hijos que podrían tener. ¿Consideran que esta es una afirmación exagerada? Pensemos en ello durante unos momentos.
Supongamos que en su hogar reciben un periódico o una revista con publicidad de cigarrillos; que esos anuncios seductores los tientan a fumar y tratan de hacerles creer que llevar un cigarrillo en la boca es una conducta elegante. Si ceden ante esa tentación, ¿qué es lo primero que hacen?
Dejan a un lado todas las enseñanzas de sus padres, de la Iglesia y de los amigos que los aman. En cambio, aceptan el consejo de un comerciante de tabaco cuyo único interés en ustedes consiste en obtener todo el dinero que pueda convirtiéndolos en esclavos de su producto. Después se dicen: “Creo que compraré algunos cigarrillos”. Entonces, con sentimientos de culpa y como si los ojos del mundo entero los observaran, compran su primer paquete. Después se preguntan dónde los fumarán. No desean hacerlo delante de sus padres porque saben que es incorrecto y que les destrozaría el corazón. Tampoco quieren hacerlo delante de sus amigos que no fuman, porque saben lo que les dirían. Por ello, se dirigen a un lugar donde ni sus amigos ni sus padres puedan verlos. Entonces abren el paquete, sacan el primer cigarrillo, se lo llevan a la boca y lo encienden. Después hacen un gran descubrimiento: comprueban que, si aspiran por un extremo del cigarrillo mientras el otro permanece encendido, verdaderamente pueden extraer humo. Después de haber leído los anuncios y fumado aquel cigarrillo, toda la acción alimenta su ego. Entonces echan la cabeza hacia atrás, expulsan el humo al aire y dicen: “Bueno, verdaderamente debo ser alguien importante”.
QUIENES FUMAN SE RELACIONAN CON OTROS FUMADORES
Puesto que han cedido ante esa tentación, desean fumar más; pero no quieren hacerlo siempre en privado ni ser la única persona que fuma dentro de un grupo donde nadie más lo hace. Por ello, buscan a otras personas que fumen para poder hacerlo con ellas. Quizás ya tengan algunos amigos fumadores y hayan sido ellos quienes les proporcionaron los primeros cigarrillos y con quienes comenzaron a fumar. En cualquiera de los dos casos, comienzan a romper sus vínculos con los amigos que no fuman y a relacionarse con fumadores. De ese modo, los cigarrillos empiezan a escoger a sus amigos por ustedes.
Uno de los aspectos más difíciles de este problema es que los hábitos de los fumadores muchas veces no terminan con el tabaco, sino que también incluyen el consumo de alcohol y las fiestas imprudentes. Cuando comienzan a relacionarse con personas que hacen esas cosas, no pasará mucho tiempo antes de que ustedes hagan lo mismo. De ese modo, el cigarrillo coloca los cimientos sobre los cuales se forman otros hábitos perjudiciales.
EL FUMADOR SE ALEJA DE LA IGLESIA
Si van a fumar, comprenden que están quebrantando uno de los mandamientos de Dios y no se sienten bien por ello. Saben que en el barrio se habla de vez en cuando acerca de la Palabra de Sabiduría; y ahora que fuman, no les gusta escuchar acerca de ella. Han oído hablar de este principio durante toda su vida y no quieren que la conciencia los atormente más de lo que ya lo hace; por ello, se dicen que será mejor no asistir a las reuniones. Comienzan a comprender que, para un Santo de los Últimos Días, la adoración y el hábito de fumar sencillamente no son compatibles. Así, el cigarrillo los persuade a alejarse de la Iglesia.
Cuando eran pequeños, sus padres les enseñaron a orar y ustedes lo hicieron con mayor o menor regularidad durante toda su vida. Sin embargo, ahora que fuman, se sienten fuera de armonía con el Señor y vacilan en acudir a Él mediante la oración.
LOS CIGARRILLOS DEBILITAN LA FE
Comienzan a descubrir que, para un Santo de los Últimos Días, los cigarrillos debilitan la fe e interfieren en la oración. Así como un niño herido evita los objetos que le ocasionaron el daño, ustedes, con la conciencia adolorida, evitan sus deberes religiosos. Han llegado a comprender que la espiritualidad y el hábito de fumar son incompatibles. De ese modo, el cigarrillo los persuade a dejar de orar.
Sus padres también les enseñaron a pagar el diezmo de todo cuanto ganaran; pero ahora que no asisten a la Iglesia con mucha frecuencia y no se sienten muy orgullosos de su relación con ella, dejan de pagar el diezmo. “¿De qué sirve?”, se preguntan. Se dicen: “El dinero del diezmo podría comprar bastantes cigarrillos; actualmente cuestan mucho dinero”. ¡Qué hábito tan costoso han adquirido! De ese modo, el cigarrillo los persuade a dejar de pagar el diezmo.
Cuando alcanzan la edad para contraer matrimonio, se preguntan: “¿Con quién me casaré?”. Si son varones, dicen: “¿Será con Helen, Jane o Elizabeth?”. Si son mujeres, se preguntan: “¿Será con Tom, Dick o Harry?”. Después se dicen que les agrada más Tom que Harry, o Jane más que Elizabeth. ¿Por qué les agradan más? Porque los conocen mejor. ¿Y cómo llegaron a conocerlos mejor? Porque forman parte del grupo con el que se relacionan; ya saben, el grupo de fumadores. Hacen las mismas cosas que ustedes y son semejantes a ustedes. Ni siquiera pensarían en casarse con uno de sus antiguos amigos que no fumaban. ¡Qué idea tan ridícula! Esa persona no fumaría con ustedes, ni siquiera bebería un cóctel; tampoco participaría con ustedes en caricias íntimas ni andaría de fiesta. ¡De ninguna manera se casarían con una de esas personas! Se casarán con alguien de su propio grupo. Entonces podrán sentarse y fumar juntos sin sentirse incómodos, o eso se dicen. Nadie los reprenderá si llenan la casa de humo de tabaco; tampoco los importunará si el cigarrillo quema el tapizado de los muebles o si dejan caer cenizas calientes sobre la alfombra nueva. De ese modo, el cigarrillo ha contribuido a escoger la clase de persona con quien se casarán.
MUNDANALIDAD EN LA VIDA FAMILIAR
¿Qué clase de hogar tendrán? No habrá mucha fe en él, porque los cigarrillos ya la habrán debilitado. Tampoco se ofrecerán muchas oraciones, porque los cigarrillos también se habrán ocupado de ello. No habrá mucha actividad en la Iglesia dentro de su hogar, porque los cigarrillos también la habrán eliminado. Por tanto, tendrán un hogar mundano con muy poca espiritualidad. ¿Es verdaderamente esa la clase de hogar que desean?
¿Tendrán hijos en ese hogar? Si son como muchos de los jóvenes fumadores de la actualidad, no tendrán ninguno. Uno de ellos dijo recientemente: “¡Un niño llorón limitaría mi estilo de vida! ¿Creen que permaneceré despierto, caminando de un lado a otro durante la noche con un bebé que grita en mis brazos? Eso no es para mí”. De ese modo, el cigarrillo podría contribuir a privarlos de una de las mayores bendiciones que Dios nos concede en esta vida: el privilegio de tener hijos pequeños.
Pero supongamos que, por alguna circunstancia, tienen hijos. ¿Cómo serán? Serán exactamente como ustedes. No creerán mucho en Dios porque ustedes no harán que la religión ocupe un lugar importante en su vida. No ofrecerán muchas oraciones porque ustedes no les enseñarán a hacerlo. Tampoco asistirán mucho a la Iglesia porque ustedes no lo hacen. Cuando crezcan un poco, adquirirán sus mismos hábitos y serán muy semejantes a ustedes. De ese modo, el cigarrillo determina en gran medida la clase de hijos que tendrán.
Jóvenes de la Iglesia, ¿no pueden ver cómo los cigarrillos pueden trazar el rumbo de su vida y señalarles el camino que seguirán? Como jóvenes estadounidenses, ¿están dispuestos a someterse a la tiranía de un cigarrillo? ¿Permitirán que este determine en tan gran medida la clase de vida que llevarán? ¿Permitirán que elija la clase de amigos que tendrán, la persona con quien se casarán e incluso la clase de hijos que podrían tener? Como jóvenes Santos de los Últimos Días, ¿están dispuestos a permitir que un cigarrillo determine su actitud hacia Dios?
EL VALOR DE LA RELIGIÓN
Permítanme hacerles otra pregunta: después de todo, ¿qué piensan de la religión? ¿Vale la pena? ¿Merece el esfuerzo que le dedicamos? ¿Produce algún bien en el mundo? ¿O estaríamos mejor sin ella?
En cierta ocasión leí un anuncio que preguntaba: “¿Les gustaría vivir en una ciudad donde no hubiera iglesias?”. Después enumeraba los delitos, la violencia, el libertinaje, la suciedad, el sufrimiento, la tristeza y la decepción relacionados con las personas que rechazan la influencia ennoblecedora del alma y edificadora del carácter de la religión verdadera. ¿Les gustaría vivir en una ciudad donde no hubiera iglesias? Lleven esta pregunta a su propio caso y háganse la siguiente: ¿les gustaría vivir una vida sin religión? ¿Verdaderamente desean la influencia degradante de la irreligiosidad? Esa influencia es tan mortal para una persona como para una ciudad entera.
Escojan por ustedes mismos: ¿desean vivir una vida sin Dios? Al cigarrillo le gustaría que lo hicieran. Pero recuerden que nunca podrán vivir con verdadero éxito sin el Señor. Muchas personas lo han intentado y todas han fracasado.
Por tanto, regreso a la pregunta con la cual comencé: ¿han considerado verdaderamente lo que significa un cigarrillo para un Santo de los Últimos Días? Quienes fuman actualmente no cometan el error de suponer que la Iglesia está en contra de ustedes, porque no es así. Solamente desea su bienestar, y espera y ruega que llegue el día en que declaren su independencia de la esclavitud de la nicotina. Quienes no fuman, antes de tomar ese primer cigarrillo, pregúntense: “¿Me ayudará o me perjudicará?”. Medítenlo cuidadosamente. Ruego fervientemente por ustedes, en el nombre de Jesucristo, que Dios guíe sus pensamientos. Amén.


























