Los poderes del Evangelio
El Evangelio y el poder de Dios nos fortalecen para vencer las fuerzas del mal y permanecer fieles a Cristo.
Élder Harold B. Lee
Del Consejo de los Doce Apóstoles“Sé que los poderes del Evangelio de Jesucristo son suficientes para frustrar y vencer los poderes de las tinieblas.”
Me he regocijado con ustedes esta tarde por la excelencia de los discursos que se han pronunciado, y ruego que, durante estos breves momentos, sea fortalecido por su fe y sus oraciones.
En las palabras de apertura del presidente George Albert Smith esta mañana, hizo referencia a las dos grandes fuerzas que hoy contienden en el mundo teniendo como premio el alma humana, y exhortó a los Santos de los Últimos Días a permanecer “del lado del Señor”.
EL PODER DEL MAL
Mientras los hermanos hablaban, especialmente el obispo Richards, recordé esa enseñanza al referirse al poder del mal que existe hoy en el mundo y a algunas evidencias de ese poder. Al pensar en ello, recordé que, en la vida del joven profeta José Smith, antes de recibir dos de las mayores revelaciones que jamás se hayan dado al hombre, ambas fueron precedidas por una manifestación del poder del mal: en la Arboleda Sagrada y en el cerro Cumorah. Parecía necesario que el Profeta comprendiera la naturaleza y el poder de esa fuerza para estar preparado para contender con éxito contra ella.
El Maestro, poco antes de Su crucifixión —de hecho, inmediatamente después de la Última Cena, cuando Satanás ya había entrado en Judas Iscariote, según registran las Escrituras, al recibir este el bocado de manos del Salvador y partir hacia el lugar de la traición—, comenzó entonces a conversar con los otros once. No sabemos con certeza si esto ocurrió mientras aún estaban a la mesa, durante el camino hacia el lugar de la traición o en el templo; pero, en esa conversación, el Maestro expresó esta significativa declaración:
“Ya no hablaré mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí”.
Esa declaración, tal como aparece en la versión del rey Santiago, adquiere un significado aún más profundo en la Traducción Inspirada del profeta José Smith, donde dice:
“… viene el príncipe de las tinieblas, que es de este mundo; pero no tiene poder sobre mí; sin embargo, tiene poder sobre vosotros”.
EL DOMINIO DE SATANÁS
En una revelación dada al profeta José Smith, en el prefacio del Señor a Sus mandamientos para esta dispensación, el Señor declaró lo siguiente, aclarando aún más la naturaleza de esta fuerza del mal:
“Porque yo no hago acepción de personas y quiero que todos los hombres sepan que el tiempo viene pronto; la hora aún no es, pero está cercana, cuando la paz será quitada de la tierra y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio”.
El dominio de Satanás, según explicó además el Señor, es el dominio de aquellos que obran iniquidad en todo el mundo. El obispo Richards ha llamado la atención sobre el hecho de que muchos no creen en un ser como Satanás, y nos ha mostrado que tales incrédulos, sin saberlo, no hacen sino cumplir una profecía pronunciada hace dos mil quinientos años, según la cual esa incredulidad y esa negación de la existencia del infierno y de Satanás serían una de las características de los últimos días.
Satanás, o el diablo, es conocido por diversos nombres. Se le llama el dragón; se le llama la serpiente; se le llama perdición; se le llama Lucifer; y también se le llama el adversario o el príncipe de las tinieblas. Después de que Moisés tuvo un enfrentamiento con este príncipe de las tinieblas, el Señor se le apareció y le explicó quién era Satanás: que había sido uno de los hijos de Dios que compareció ante Elohim antes de la creación de este mundo con una propuesta que habría destruido el albedrío del hombre. Satanás fue expulsado junto con todos los que lo siguieron, y llegaron a ser aquellos que ahora luchan en la tierra en un esfuerzo continuo por destruir la libertad de elección del ser humano.
LOS PODERES DE LAS TINIEBLAS
En una revelación dada al profeta José Smith, el Señor declaró que Satanás arrastró tras de sí a la tercera parte de los espíritus que Dios había creado, y que ellos, junto con Satanás, se convirtieron en la fuerza que obra en el mundo para tratar de destruir la causa de la rectitud. De ese poder habló Isaías en una visión que recibió, la cual llamó una visión angustiosa. En ella se decía: “Pon centinela sobre la torre para que anuncie lo que vea e informe de la llegada de jinetes y carros”. Pero una voz clamó desde el monte Seir: “Centinela, ¿qué hay de la noche?”. “Centinela, ¿qué hay de la noche?”, sugiriendo que había algo más temible que los enemigos visibles para los sentidos físicos o perceptibles por los ojos naturales: los poderes de las tinieblas, invisibles para la vista humana.
Ese mismo pensamiento estaba, sin duda, en la mente del Maestro cuando dijo:
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.
El apóstol Pablo parecía comprender con toda claridad ese mismo poder cuando declaró:
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
IMPORTANCIA DE LAS DEFENSAS
Usando términos comunes en la guerra moderna, podríamos decir que hoy existen en el mundo quintacolumnistas que procuran infiltrarse en las defensas de cada uno de nosotros; y cuando bajamos esas defensas, abrimos caminos para una invasión de nuestra alma. En los mapas del adversario están cuidadosamente señalados los puntos débiles de cada uno de nosotros. Las fuerzas del mal los conocen, y en el preciso momento en que descuidamos la defensa de cualquiera de esos puntos, ese se convierte en el Día D de nuestra invasión, y nuestra alma queda en peligro.
Las experiencias y los ejemplos relatados en los testimonios de esta y de otras dispensaciones del Evangelio parecen indicar claramente que, cada vez que permitimos que la duda, la amargura, la melancolía, el desaliento o la desesperanza entren en nuestra alma, abrimos el camino a las fuerzas que están listas para atraparnos en una trampa tan pronto como descubren esas debilidades en nosotros.
EL PODER DE DIOS EN LA DEBILIDAD
Con estas verdades claramente enseñadas en las Escrituras, parece prudente que hoy nos examinemos a nosotros mismos como líderes y miembros de la Iglesia de Jesucristo. El Señor nos ha dicho en las Escrituras que Satanás es enemigo de toda justicia; y precisamente por esa razón, quienes ocupan posiciones de responsabilidad en el reino de nuestro Padre se convierten en objeto de sus ataques. Tal como lo comprendió el apóstol Pablo, quienes presiden en los diversos lugares del reino de Dios deben esperar ser blanco de las acometidas del adversario. El apóstol Pablo dijo:
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.
Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Así sucede también con ustedes que presiden en los diversos lugares de Sion. En ocasiones se les concede una debilidad, una dificultad o una prueba para poner a prueba su alma; y las fuerzas de Satanás parecen alinearse contra ustedes, vigilando y procurando quebrantar su resistencia. Pero esas debilidades, a través de las aflicciones, pueden convertirse en el medio por el cual el poder de Dios repose sobre ustedes, tal como el apóstol Pablo halló consuelo al comprender que, mediante sus pruebas, el poder de Dios descansaría sobre él.
LA CAPACIDAD DE SATANÁS PARA ENGAÑAR
Se ha dicho que Satanás tiene el poder de transformarse en un ángel de luz; y debido a esa capacidad de disfrazarse, el apóstol Pablo preguntó a los corintios:
“¿Y qué tiene de extraño que también sus ministros se disfracen como ministros de justicia?”.
Lo hacen para extraviar a los hijos de los hombres. Debido a esa extraordinaria capacidad de Satanás para engañar con astucia, el Señor nos ha dado en las Escrituras una clave mediante la cual podemos reconocerlo cuando se presenta como un ángel de luz. Por ello, se nos exhorta a permanecer constantemente vigilantes.
Moroni enseñó que es tan fácil distinguir el mal de la rectitud como distinguir la oscuridad de la luz del día, porque “el diablo persuade continuamente a los hombres a hacer lo malo, a no creer en Cristo, a negarlo, a no servir a Dios ni guardar Sus mandamientos. Y él no persuade a nadie a hacer lo bueno, ni tampoco sus ángeles, ni los que se someten a él”.
LA ARMADURA DE DIOS
Debido al poder del mal, tan fuerte en el mundo actual, el gran maestro de los gentiles declaró:
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo en el día malo”.
Pero enseñó una lección extraordinaria. Describió a cada uno de nosotros como un hombre revestido de armadura, protegido en los puntos estratégicos de su cuerpo con piezas que lo resguardan de los ataques del mal. Dijo: “Ceñid vuestros lomos con la verdad”, sugiriendo precisamente aquello de lo que nos ha hablado el obispo Richards: que uno de los caminos por los cuales Satanás encuentra más fácil derribar a la humanidad es la impureza moral. Por ello, el apóstol Pablo nos exhortó a ceñir nuestros lomos.
También se nos aconseja vestir la coraza de justicia sobre nuestro corazón, lo que sugiere que nuestra conducta debe ser siempre recta y correcta. Debemos tener los pies calzados con la preparación del evangelio de la paz; es decir, que nuestros objetivos y las metas que perseguimos en la vida estén en armonía con el Evangelio de paz. Debemos llevar puesto el yelmo de la salvación, tomar el escudo de la fe y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Revestidos así con toda la armadura, y equipados con las armas propias de la guerra en los días de Pablo —comparables a los medios de defensa que hoy necesitaríamos—, estaremos preparados para luchar con éxito y obtener la victoria en esta batalla en la que las fuerzas del mal y las fuerzas de la rectitud contienden en nuestros días.
UNA EXPERIENCIA CON EL PODER DEL MAL
Deseo darles mi solemne testimonio de que sé que esas fuerzas existen en el mundo hoy. Me parece significativo que la primera y única experiencia de esa naturaleza que he tenido ocurrió poco después de haber sido llamado al Consejo de los Doce, cuando se me pidió administrar a una joven que estaba poseída por un espíritu maligno. Tal vez hubo un propósito al permitirme saber que esos poderes realmente nos rodean. Durante aquella experiencia, mientras el espíritu maligno me desafiaba, sentí como si cada cabello de mi cabeza fuera atravesado por alfileres, y esa sensación recorría todo mi cuerpo. En aquel momento conocí el poder del mal, y también conocí el poder superior del sacerdocio y del Dios viviente. En esa ocasión comprendí lo que el Salvador enseñó a Sus discípulos cuando dijo:
“Viene el príncipe de las tinieblas, que es de este mundo, y nada tiene en mí”.
Con esas palabras procuraba enseñar también a Sus discípulos que Satanás vendría a cada uno de ellos con astucia, tentación y engaño. Santos de los Últimos Días, el príncipe de las tinieblas, que es de este mundo, viene hoy entre nosotros. Está llamando a la puerta de cada uno de nosotros, de ustedes y de mí, y de todos los que llevamos sobre nosotros el nombre del Evangelio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Ruego a Dios que no encuentre nada en nosotros que le pertenezca y que, al no hallar cabida, se aleje y nos deje en paz.
Les doy mi testimonio de que sé que esos poderes existen en el mundo, y también sé que el poder del Evangelio de Jesucristo es suficiente para frustrar y vencer las fuerzas de las tinieblas. Que Dios nos conceda la fortaleza y el entendimiento necesarios para nuestro tiempo, a fin de vivir dignamente de los llamamientos que hemos recibido, enfrentar con éxito los poderes de las tinieblas y salir victoriosos en el mayor de todos los combates que hoy se libra en el mundo. Lo ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.


























