Misiones y misioneros de la Iglesia
La obra misional es el medio divinamente establecido para llevar el Evangelio restaurado a todas las naciones y acercar a las personas a Jesucristo.
Presidente David O. McKay
Segundo Consejero de la Primera Presidencia“Estos miles de misioneros y de poseedores del sacerdocio en todas partes son embajadores de buena voluntad, cuyo propósito supremo es cambiar el corazón de los hombres en todo el mundo, apartándolos del egoísmo y de la codicia para llevarlos a la tolerancia, la compasión y la hermandad.”
Siempre es, en mayor o menor grado, una prueba para mí dirigirme a una audiencia, y particularmente a una congregación reunida en este histórico Tabernáculo. Durante años he esperado superar ese sentimiento, pero todavía pienso, estudio y oro en preparación; tiemblo al ponerme de pie ante ustedes con la sensación de no ser suficiente para transmitir un mensaje oportuno como debería hacerse; y, cuando todo ha terminado, me preocupo y me reprocho por no haber hecho justicia a la causa. Supongo que ustedes, hermanos, han experimentado estos mismos sentimientos; por eso les pido su simpatía y su ayuda esta mañana. Oro especialmente por la guía del Espíritu Santo.
ENSEÑAD A TODAS LAS NACIONES
El Salvador dijo a Sus Apóstoles:
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Mateo 28:19–20
Casi todos los miembros de la Iglesia comprenden que existen dos grandes divisiones eclesiásticas en La Iglesia de Jesucristo: una compuesta por las estacas y los barrios organizados; la otra, por la obra misional.
Es de esta segunda división de la que deseo hablar esta mañana.
Muchos de nosotros no alcanzamos a comprender el valor y las poderosas posibilidades de esta gran rama de la actividad de la Iglesia.
1.— Como ejemplo de servicio voluntario en la causa del Maestro, no tiene igual.
2.— Como incentivo para una vida limpia entre la juventud y como factor que contribuye a la formación del carácter, su influencia es inconmensurable.
3.— Como fuerza educativa y como influencia edificante sobre nuestras comunidades, sus efectos son claramente manifiestos.
4.— Como factor que contribuye a un mejor entendimiento entre las naciones y al establecimiento de la amistad internacional, ejerce una influencia significativa.
5.— Puesto que el propósito del Todopoderoso es salvar al individuo y no convertirlo en una simple pieza de la maquinaria del Estado, el servicio misional obra en perfecta armonía para llevar a cabo ese plan eterno.
Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios…
Y si aconteciere que trabajareis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me trajereis, aunque fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!
Y ahora bien, si vuestro gozo será grande con una sola alma que hayáis traído a mí al reino de mi Padre, ¡cuán grande será vuestro gozo si me trajereis muchas almas! Doctrina y Convenios 18:10, 15–16
NÚMERO DE MISIONEROS
Su importancia, significado y magnitud pueden apreciarse cuando les digo que el número total de misioneros asignados por la Primera Presidencia, actualmente dedicados activamente a la obra misional, ha llegado a 5.001. En la próxima reunión oficial del Comité de Asignación de Misioneros, sin duda se llamará a cincuenta o sesenta misioneros más, recomendados por obispos y presidencias de estaca.
Además de estos, hay entre 1.200 y 1.500 misioneros asignados por los presidentes de misión; algunos de ellos dedican todo su tiempo a predicar el Evangelio en las misiones, mientras que otros sirven a tiempo parcial, lo que da un total aproximado de 6.500 misioneros en el mundo en la actualidad.
Esta cifra no incluye a los 2.900 misioneros que trabajan en las estacas de Sion, lo que hace un total aproximado de diez mil.
En términos económicos, considerando únicamente a los más de cinco mil misioneros oficialmente llamados por la Primera Presidencia, esto significa que los misioneros y sus padres en las estacas y barrios están invirtiendo actualmente 275.000 dólares cada mes, o 3.300.000 dólares al año.
Sus gastos promedian alrededor de cincuenta y cinco dólares mensuales, incluyendo el costo del viaje desde su hogar hasta el campo de labor. El informe más reciente indica que la cifra es apenas un poco inferior a cincuenta y cinco dólares.
El texto que acabo de citar, “Id por todo el mundo” (Marcos 16:15), es realmente el mandato misional que el Cristo resucitado dio a Sus Apóstoles. En efecto, les dijo:
Considerad esta obra inconclusa hasta que todas las naciones hayan aceptado el Evangelio y se hayan alistado como Mis discípulos. Ahora bien, ese mandamiento no fue dado indiscriminadamente a todos los hombres; porque incluso a los Doce, a quienes dirigió esa comisión, más tarde les dio una asignación y una bendición formales:
…como me envió el Padre, así también yo os envío.
Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Juan 20:21–22
Con esa misma comisión directa del Señor resucitado, quien junto con el Padre apareció personalmente a principios del siglo XIX, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días proclama el Evangelio a “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apocalipsis 14:6), tan rápidamente como los recursos y el personal lo permiten.
CUARENTA Y SEIS MISIONES
Aunque la Iglesia es joven en años y relativamente pequeña en número de miembros, hoy existen, incluyendo la gran misión de la Manzana del Templo, cuarenta y seis misiones organizadas en Europa, los Estados Unidos, Canadá, México, Sudamérica, las Islas del Pacífico, Japón y China.
En estas misiones hay 1.470 ramas; si incluimos las Escuelas Dominicales independientes, el número asciende a 1.780. Esta cifra no incluye los barrios y ramas de las estacas organizadas.
Los cuarenta y seis hombres que presiden estas misiones son escogidos, por lo general, de entre los miembros comunes de la Iglesia. Son hombres de negocios, contratistas, ganaderos, profesores universitarios, abogados, médicos y cirujanos, dentistas y miembros de otras profesiones. Cuando el llamamiento llega a cualquiera de ellos, sin importar cuáles sean sus responsabilidades o circunstancias, rara vez —si es que alguna vez— presentan una excusa; sino que, como Samuel en la antigüedad, responden: “Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10), aun cuando aceptar el llamamiento implique un sacrificio económico y, en ocasiones, la pérdida de oportunidades políticas.
Los misioneros son, por lo general, hombres y mujeres jóvenes, cuyas edades oscilan entre los veinte y los treinta años, aunque también hay entre ellos algunos hombres y mujeres de mayor experiencia.
Conviene decir aquí que la responsabilidad directa de predicar el Evangelio recae sobre el sacerdocio de la Iglesia, no sobre las mujeres; aunque la eficiencia de estas en las reuniones familiares, en la Primaria, en la Escuela Dominical y en otros aspectos de la obra misional es del más alto nivel, y su disposición, e incluso entusiasmo por servir, no es inferior al de los jóvenes.
QUIÉNES SON LOS MISIONEROS
¿Quiénes son estos jóvenes escogidos para representar a la Iglesia? Ellos también, al igual que sus presidentes de misión, provienen de entre los miembros comunes de la Iglesia. Son agricultores, artesanos, obreros de fábricas, empleados bancarios, secretarios de empresas y personas dedicadas a muchas otras ocupaciones. Algunos de los que son casados dejan a sus esposas y a sus hijos, quienes les ayudan a sostenerse durante su servicio. Todos esperan con ilusión el momento de regresar para formar, junto a un compañero o compañera amorosa y afín, un hogar feliz.
Como ya se ha dicho, cada uno paga sus propios gastos, en la mayoría de los casos con la ayuda de sus padres. El verdadero cristianismo es amor en acción. No existe mejor manera de manifestar amor a Dios que demostrar un amor desinteresado hacia nuestros semejantes. Ese es el espíritu de la obra misional. Nuestros corazones responden al clamor del poeta:
¡Oh, hermano de la humanidad! Abraza en tu corazón a tu hermano.
Donde mora la compasión, allí está la paz de Dios;
Adorar correctamente es amarnos unos a otros;
Cada sonrisa es un himno, y cada acto bondadoso una oración.
Estos hombres salen con un espíritu de amor, sin buscar nada de las naciones a las que son enviados: ni reconocimiento personal ni beneficio económico. Hace dos o tres años, muchos de estos misioneros fueron dados de baja honorablemente del servicio militar. No pocos habían ahorrado la asignación que recibían del gobierno para costear su misión si llegaban a ser llamados.
LA INFLUENCIA DEL SISTEMA MISIONAL SOBRE LA JUVENTUD
En este hecho podemos vislumbrar la benéfica influencia que el sistema misional ejerce sobre la juventud. Todo diácono, maestro y presbítero, todo élder de la Iglesia, comprende que para ser digno de representar a la Iglesia de Cristo debe ser moderado en sus hábitos y moralmente limpio. Se le enseña que no existen dos normas de castidad, y que todo joven, al igual que toda jovencita, debe mantenerse libre de impureza sexual.
Una vez leí una de las cartas más impresionantes que una madre haya escrito jamás a un hijo. Contenía solamente tres palabras, aparte de la firma: “Quinn, mantente limpio”, y estaba firmada: “Con amor, Mamá”.
Por ello, los jóvenes que servían en el ejército y esperaban servir posteriormente como misioneros, ahorrando dinero para ese propósito, cultivaban ideales mucho más elevados que algunos de sus compañeros, quienes con frecuencia malgastaban sus ingresos en tabernas, casas de juego y prostíbulos.
En más de una ocasión, soldados Santos de los Últimos Días enviaron a sus padres el dinero que habían ganado para que lo depositaran en un banco de ahorros y así sufragar los gastos de su futura misión después de la guerra. Y conocemos el caso de dos o tres jóvenes que añadieron, en esencia:
“Si no regreso a casa, utilicen ese dinero para costear la misión de otro joven”.
DIGNOS DE CONFIANZA
A estos jóvenes se les enseña que salen como representantes de la Iglesia, y que un representante de cualquier organización —sea económica o religiosa— debe poseer, por lo menos, una cualidad sobresaliente: ser digno de confianza. Tenía razón quien dijo: “Ser digno de confianza es un cumplido mayor que ser amado”. ¿Y a quién representan estos misioneros? En primer lugar, representan a sus padres, llevando la responsabilidad de conservar sin mancha el buen nombre de su familia. En segundo lugar, representan a la Iglesia, y específicamente al barrio en el que viven. Y, en tercer lugar, representan al Señor Jesucristo, de quien son siervos autorizados.
Estos embajadores —porque eso son— representan a esos tres grupos y llevan sobre sí, en esa representación, una de las mayores responsabilidades de su vida.
Ahora bien, ¿cuál es el mensaje principal que deben llevar tanto a los países cristianos como a los no cristianos? Debe haber, sin duda, algo distintivo que justifique su presencia en todas las partes del mundo.
LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO
En primer lugar, su mensaje es que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Redentor y Salvador de la humanidad. Para estos misioneros, “Jesús no es una figura legendaria de la historia”, parafraseando una pregunta que Hall Caine dirigió al mundo cristiano,
…no es simplemente un santo pintado en los vitrales de las iglesias, una especie de ser sagrado al que no debe uno acercarse y cuyo nombre apenas puede pronunciarse. Sino que sigue siendo lo que fue cuando vivió en la carne: una realidad, un hombre sujeto a las mismas pasiones que nosotros, un guía, un consejero, un consolador, una gran voz que nos llama a vivir noblemente, a morir con valentía y a mantener el ánimo hasta el final.
Estos misioneros declaran, junto con Pedro en la antigüedad:
…porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Hechos 4:12
SU RELACIÓN CON OTRAS ORGANIZACIONES
El segundo mensaje distintivo es el siguiente: todo misionero debe comprender claramente, y declarar con palabras inequívocas, cuál es la relación de esta Iglesia con las demás organizaciones cristianas: que no es ni una derivación ni una división de ninguna de ellas. Es cierto que generalmente se clasifica a la Iglesia entre las iglesias protestantes; sin embargo, el protestantismo comenzó con los grandes reformadores: Martín Lutero, Felipe Melanchthon, Ulrico Zuinglio, Juan Knox y otros. Estos grandes reformadores denunciaron las prácticas corruptas de la Iglesia de Roma, particularmente la venta de indulgencias, mediante la cual los transgresores podían obtener satisfacción mediante contribuciones económicas, práctica que continuó bajo diversos pretextos hasta convertirse en un medio habitual para aumentar los ingresos del papado.
Esta práctica llegó incluso a extenderse a las almas que, según se enseñaba, estaban en el purgatorio.
Los grandes hombres que he mencionado se rebelaron contra ese mal y contra otros abusos, y organizaron iglesias en señal de protesta.
En consecuencia, cuando la segunda Dieta de Espira, en 1529, aprobó una resolución
…que prohibía nuevas innovaciones religiosas en los estados luteranos y prohibía además la profesión de las formas zwinglianas y anabaptistas de la fe reformada, la minoría luterana protestó, y esa protesta fue firmada por catorce ciudades, así como por el elector de Sajonia, el landgrave de Hesse y otras cuatro provincias. De ahí surgió el nombre de “protestante” como designación del partido evangélico.
El protestantismo, bajo muchos nombres diferentes, se extendió por Europa y posteriormente entre las colonias americanas, y la libertad de adorar a Dios conforme al dictado sincero de la conciencia fue convirtiéndose cada vez más en un derecho reconocido para el individuo. Sin embargo, en el corazón de muchos creyentes sinceros en Jesús de Nazaret permanecía una convicción profunda: la autoridad para representarlo había sido quitada de la tierra, y que …no podía haber recuperación de aquella apostasía hasta que Cristo enviara nuevamente apóstoles para establecer otra vez Su Iglesia.
LA RESTAURACIÓN DE LA VERDADERA IGLESIA
Esto es, en esencia, lo que el Señor le dijo al profeta José Smith cuando, siendo un muchacho de catorce años, preguntó cuál de todas las sectas era la verdadera y a cuál debía unirse. A José se le dijo que no se uniera a ninguna de ellas, porque:
“Se acercan a mí con sus labios, pero su corazón está lejos de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, pero niegan el poder de ella”. José Smith—Historia 1:19
Unos años más tarde, específicamente el 6 de abril de 1830, José Smith recibió, por el espíritu de profecía y revelación, instrucciones del Salvador “para organizar una vez más Su Iglesia aquí sobre la tierra”. Doctrina y Convenios 20, encabezamiento
Así quedó establecida, por revelación directa y autoridad divina del Padre Eterno y de Jesucristo, quien fundó la Iglesia en el meridiano de los tiempos, la Iglesia de los Últimos Días, establecida, si se me permite decirlo, como precursora del establecimiento del reino de Dios sobre la tierra. En las palabras del presidente John Taylor:
“…con una organización como esta, existe la oportunidad de que el Señor Dios se revele; existe la oportunidad de que la ley de la vida se manifieste; existe la oportunidad de que Dios introduzca los principios del cielo sobre la tierra y de que la voluntad de Dios se haga en la tierra como se hace en el cielo”. Mateo 6:10; Journal of Discourses 18:140, 10 de octubre de 1875.
Con estas dos grandes verdades fundamentales como el corazón de su mensaje, a saber: (1) la divinidad de la misión del Señor Jesucristo, el Salvador del mundo, y (2) la restauración de Su Evangelio en esta dispensación, los misioneros procuran, según su mayor capacidad, cumplir el mandamiento de predicar el Evangelio a toda criatura, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todas las cosas que el Señor ha mandado.
Mateo 28:19–20; Marcos 16:15
Esta, pues, hermanos, es una Iglesia mundial organizada como preparación para el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra, por medio de la cual
…el Señor Dios puede revelarse, y las leyes de la vida pueden manifestarse.
EMBAJADORES DE BUENA VOLUNTAD
Estos miles de misioneros y de poseedores del sacerdocio en todas partes son embajadores de buena voluntad, cuyo propósito supremo es cambiar el corazón de los hombres en todo el mundo, apartándolos del egoísmo y de la codicia para llevarlos a la tolerancia, la compasión y la hermandad. Y así, con todo nuestro corazón, podemos cantar:
Id, mensajeros de gloria;
Corred, legados de los cielos;
Id y proclamad la gozosa historia
De que un glorioso ángel vuela,
Grande y poderoso,
Con un mensaje de los cielos.
Id a toda tribu y nación;
Visitad toda tierra y clima;
Proclamad a todos el mensaje;
Decid a todos la sublime verdad:
Que el Evangelio
Brilla con su antigua gloria.
Llevad el Evangelio a todos;
Que las gozosas nuevas se difundan;
Id hasta que toda nación os escuche,
Judíos y gentiles reciban el mensaje.
Que el Evangelio
Resuene por toda la tierra.
Llevando la semilla de la virtud celestial,
Esparcidla sobre toda la tierra;
¡Id! Jehová os sostendrá;
Recoged todas las gavillas de valor;
Y entonces, con Jesús,
Reinad en gloria sobre la tierra.
—John Taylor
Que el corazón de cada misionero sea inspirado por el Espíritu de su Señor, de quien es siervo autorizado, para que el egoísmo y la violencia que hoy tienen tanto poder en el mundo sean reemplazados por el servicio leal, la verdad y la hermandad. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.


























