Conferencia General Octubre 1949

El mensaje de la Restauración

La Restauración se proclama con poder cuando se enseña por el Espíritu Santo y se centra en Jesucristo, José Smith y el Libro de Mormón.

Élder Bruce R. McConkie
Del Primer Consejo de los Setenta

“No hay esperanza, ni salvación, ni bendición en llevar mensaje alguno al mundo por el poder del hombre.”


Si el Espíritu Santo me concede la capacidad de expresarme, quisiera decirles algunas cosas acerca de cómo pienso que el mensaje de la Restauración puede llevarse al mundo con poder y eficacia.

EL MENSAJE DE LA RESTAURACIÓN

Este mensaje es, primero, ante todo y por encima de cualquier otra cosa: que Jesucristo es el Hijo del Dios Viviente; que Él es el Salvador del mundo y el Redentor de la humanidad; que la salvación fue, es y será únicamente en y por medio de Su nombre. Creemos que Él vino al mundo para hacer la voluntad de Su Padre y llevar a cabo la expiación infinita y eterna, y que, en virtud de esa expiación, todos los hombres que crean y obedezcan las leyes del Evangelio resucitarán en inmortalidad para recibir la vida eterna. Solo mediante la obediencia a Sus leyes y ordenanzas podremos alcanzar el reino celestial.

Este mensaje es, en segundo lugar, que José Smith, hijo, es el profeta escogido por medio del cual la plenitud del evangelio eterno ha sido restaurada en esta dispensación. Él fue elegido por Cristo para restaurar y revelar todas las cosas necesarias para la salvación y la exaltación del hombre; volvió a establecer sobre la tierra toda ley, todo principio y toda doctrina mediante cuya observancia podemos obtener el reino de Dios.

Este mensaje es, en tercer lugar, que esta Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, en este momento, la única Iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra. Es el único lugar donde se encuentra el plan de vida y salvación. No existe otro sendero ni otro medio por el cual los hombres puedan alcanzar la paz y la felicidad disponibles para quienes viven rectamente en esta vida, así como la vida eterna que Dios ha prometido a los santos en el mundo venidero.

LA GUÍA DEL ESPÍRITU SANTO

Ahora bien, queremos llevar este mensaje al mundo de la manera en que el Señor desea que lo hagamos. Queremos predicar la verdad con pureza y perfección, y hacerlo de la forma que el Señor quiere. La única fórmula mediante la cual podemos lograrlo es vivir de tal manera (y que nuestros élderes en los campos misionales también vivan así) que podamos ser guiados por el Espíritu Santo. Debemos ser guiados por el Espíritu. Necesitamos que el Señor nos diga cómo desea que enseñemos el mensaje de la Restauración y cada doctrina del Evangelio, y Él lo hará mediante la revelación del Espíritu Santo si somos dignos de recibirla.

Una de las principales diferencias entre nosotros y las iglesias que han sido establecidas, pero no para el Señor, es que el Espíritu Santo nos concede palabras para hablar si somos fieles, mientras que las personas del mundo enseñan según su propio conocimiento y niegan al Espíritu Santo que da inspiración para hablar.

El Espíritu Santo reveló a Nefi las condiciones de las iglesias en los últimos días. Refiriéndose precisamente a nuestra época, Nefi profetizó que muchos enseñarían “doctrinas falsas, vanas e insensatas”. Él dijo que:

Debido al orgullo, a los falsos maestros y a las falsas doctrinas, sus iglesias se han corrompido; todos se han descarriado, salvo unos pocos que son los humildes seguidores de Cristo; sin embargo, aun ellos, en muchos casos, yerran porque son enseñados por los preceptos de los hombres.

DOCTRINA SANA

No tenemos interés alguno en enseñar conforme a la sabiduría, el conocimiento o los preceptos de los hombres. Queremos enseñar el Evangelio de la manera en que el Señor desea que lo enseñemos y hacerlo bajo el poder y la influencia del Espíritu Santo. Si hacemos eso, enseñaremos doctrina sana. Será la verdad. Edificará la fe y aumentará la rectitud en el corazón de los hombres, y ellos serán guiados por el sendero que conduce al reino celestial.

Pero si enseñamos sin el Espíritu del Señor, si no somos guiados por el Espíritu Santo, estaremos enseñando bajo nuestra propia responsabilidad. Es algo muy serio enseñar doctrina falsa, enseñar aquello que no es verdadero, enseñar aquello que no edifica la fe en el corazón de los hombres.

En ese mismo sermón acerca de las condiciones de las iglesias de los últimos días, Nefi dijo, recibiendo palabras por medio del Espíritu Santo:

“… y todos aquellos que prediquen doctrinas falsas… ¡ay, ay, ay de ellos!, dice el Señor Dios Todopoderoso, porque serán arrojados al infierno”.

No hay esperanza, ni salvación, ni bendición en llevar mensaje alguno al mundo por el poder del hombre. Las filosofías del mundo y la sabiduría de los sabios perecerán. Nosotros no podemos tocar el corazón de los hombres, pero el Señor sí puede, y lo hará mediante nuestro ministerio si tenemos el Espíritu del Señor en nuestro corazón. Obtendremos ese Espíritu si vivimos rectamente y actuamos con rectitud en todo lo que hacemos.

Y así es como el Señor dijo por revelación a toda la Iglesia, por medio del profeta José Smith:

“… el Espíritu os será dado por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis”.

Y así también ha enviado a Sus élderes en nuestros días, mandándoles que no se preocupen de antemano por lo que han de decir, sino instruyéndolos para que atesoren continuamente en su mente las palabras de vida. Entonces reciben la promesa de que, en el momento preciso, les será dada la porción que deban impartir a cada persona.

Si podemos tener al Espíritu Santo como nuestro guía, podremos tocar el corazón de los hombres rectos; haremos las cosas que el Señor desea que hagamos, y ese proceder nos dará paz en esta vida y recompensa eterna en la venidera.

EL CABEZA DE ESTA DISPENSACIÓN

Ahora bien, relacionado con este principio, que constituye el único plan y fórmula perfectos para llevar nuestro mensaje al mundo, hay otro principio. El Señor dijo al profeta José Smith: “… esta generación recibirá mi palabra por medio de ti”.

Entiendo, por tanto, que no estamos obligados a enseñar el mensaje de salvación exactamente como fue revelado a Pedro, Santiago y Juan, a Moisés, a Adán o a cualquiera de los antiguos profetas, sino que el Señor desea que llevemos este mensaje tal como fue dado por medio del profeta José Smith. Es el mismo mensaje de salvación ahora que entonces. El Evangelio nunca cambia. Todos los hombres que alcancen la salvación la obtendrán mediante la obediencia a las mismas leyes eternas. Pero en cada época debe aceptarse de los oráculos que el Señor envía para ese tiempo y esa generación.

José Smith recibió las llaves de la salvación concernientes a todos los hombres que viven en la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Eso significa que él se encuentra a la cabeza de esta dispensación. Significa que, bajo Adán, el gran sumo sacerdote que preside todas las dispensaciones, y bajo Cristo, el Salvador del mundo, dirige todos los asuntos de Dios relacionados con esta dispensación.

Cuando unimos el nombre de José Smith con el nombre de Jesucristo en los testimonios que damos, hacemos aquello que agrada al Señor. Si hubiéramos vivido en el antiguo Israel y asistido a las reuniones de testimonio que allí se celebraban, habríamos unido el nombre de Moisés con el de Jesucristo, porque él presidía aquella dispensación. Y si hubiéramos vivido en los días de Enoc, de Abraham o de Adán, habríamos testificado de Cristo y del hombre que presidía esa dispensación en particular.

LAS ESCRITURAS MODERNAS

Pero para nosotros, la palabra del Señor ha sido enviada por medio de José Smith. Nos ha sido dada de la manera, en la forma, en el grado y con la claridad que se adapta a la capacidad y comprensión de las personas que viven actualmente sobre la tierra. Algunas de las antiguas Escrituras no son tan claras ni tan comprensibles para nosotros como las modernas. Fueron escritas para personas que vivían bajo condiciones sociales, filosofías y antecedentes propios de generaciones y milenios pasados. Lo que hemos recibido por medio de José Smith está adaptado a nuestra inteligencia y capacidad. Si lo estudiamos con preferencia a cualquier otra cosa, tendremos más luz, más verdad y un mayor entendimiento de la mente y la voluntad del Señor, así como de las cosas que debemos hacer para ser salvos en Su reino, de lo que podríamos obtener de cualquier otra fuente.

Esto no significa que no aceptemos la Biblia. La aceptamos con todo nuestro corazón y no tratamos de espiritualizar ni de alterar sus enseñanzas. Creemos que es la palabra de Dios en la medida en que esté traducida correctamente. Creemos todo lo que Dios ha revelado, y toda revelación dada a José Smith está en perfecta armonía con toda revelación dada por cualquier profeta en cualquier época. La verdad siempre es la misma; las revelaciones nunca se contradicen. Pero no hay salvación en leer únicamente la Biblia y detenerse allí. Las personas deben encontrar un oráculo viviente, un administrador autorizado, alguien que pueda ligar en la tierra y sellar en los cielos, alguien cuyas enseñanzas y ordenanzas sean reconocidas por el Señor. Y allí es donde entran José Smith y los oráculos vivientes actuales.

EL LIBRO DE MORMÓN

Para que podamos llevar el mensaje de salvación al mundo en esta generación por medio de José Smith, se nos han dado ciertas herramientas. La principal de ellas es el Libro de Mormón. Ese libro es un testigo de Jesucristo. Ese es su propósito principal. Testifica de Él y enseña las doctrinas de Su evangelio con claridad y pureza; y no debe olvidarse que nuestra misión principal es dar testimonio de Cristo y enseñar las doctrinas de Su evangelio.

Además, el Libro de Mormón es un testigo de que José Smith es un profeta de Dios, de que restauró la plenitud del Evangelio y de que fue todo aquello que afirmamos que fue. Ningún hombre podría haber escrito el Libro de Mormón, y toda persona que lo estudie con corazón sincero, con verdadera intención y teniendo fe en Cristo, siguiendo el consejo de Moroni, recibirá en su corazón el testimonio de que José Smith obtuvo ese libro de las planchas exactamente de la manera en que declaró haberlo hecho.

Así, al utilizar el Libro de Mormón para llevar nuestro mensaje al mundo, llevamos también el testimonio de Cristo y de José Smith. Si aquellos a quienes predicamos tienen rectitud en su corazón, pronto recibirán, por el poder del Espíritu Santo, el conocimiento de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente; y también obtendrán, por revelación del Espíritu Santo, el conocimiento de que José Smith es Su profeta y la cabeza de Su obra para esta época y esta dispensación.

Entonces, puesto que el Señor no da Su Espíritu por partes, y porque ya han probado el poder y la inspiración del Espíritu Santo en estos dos aspectos, recibirán también, por revelación de esa misma fuente, el conocimiento de que esta Iglesia, este reino, es la única Iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra.

Estas tres cosas son precisamente las que queremos que todas las personas rectas acepten, y el Libro de Mormón es el medio por el cual podemos lograrlo.

EL MÁS CORRECTO DE TODOS LOS LIBROS

El profeta José Smith dijo que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra y la piedra angular de nuestra religión, y que un hombre se acercaría más a Dios al vivir de acuerdo con sus preceptos que con los de cualquier otro libro.

Eso es precisamente lo que deseamos que haga el mundo. Queremos que las personas que escuchen el mensaje que llevamos se acerquen tanto al Señor que, con contrición y humildad, se arrepientan de sus pecados, entren por la puerta del bautismo y crezcan en fe y rectitud hasta llegar a ser hijos de Dios, herederos de Su reino eterno.

En cuanto a los Santos de los Últimos Días, si leyeran y estudiaran ese libro con la misma verdadera intención, propósito y fe en Cristo de la que habló Moroni, descubrirían que la fe crecería en su corazón. Obtendrían un conocimiento de los principios de salvación. Nacerían en su alma deseos de rectitud. Pronto no tendrían otra inclinación, otro deseo ni otra meta que vivir en armonía con todos sus hermanos, con sus obispos y presidentes de estaca, y con toda persona justa dentro del reino.

Si uno adquiere el espíritu del Libro de Mormón, no puede estar en desacuerdo con la obra del Señor ni con Su mente y voluntad para nuestros días.

TESTIMONIO

Junto con estos hermanos que han testificado, llevo en mi corazón un conocimiento y una certeza reales, firmes e inquebrantables de que esta obra es verdadera. Sé, con la misma seguridad con que sé cualquier otra cosa en este mundo, que Jesucristo es el Hijo de Dios y que José Smith es Su principal profeta y Su principal testigo para esta dispensación.

En esa puerta estrecha por la que los hombres deben entrar si desean alcanzar el reino celestial, se encuentra un guardián de la puerta, que es el Santo de Israel. Él no emplea siervos allí.

“… y no hay otro camino sino por la puerta; porque Él no puede ser engañado, pues el Señor Dios es Su nombre”.

Pero quienes reciben a los siervos del Señor, reciben al Señor; y Él, a Su vez, los recibe porque recibieron a Sus siervos. Y en lo que respecta a quienes vivieron en esta dispensación, cuando se establezca el juicio y se abran los libros, hallarán que el profeta José Smith estará sentado a la diestra de Cristo, y será con su aprobación, su consentimiento y su consejo que todos los hombres de esta dispensación que alcancen la salvación serán admitidos a heredarla.

Me glorío en el testimonio que poseo. Sé que esta obra es verdadera y que esta es la Iglesia del Señor. Ruego que la obra siga adelante y que los propósitos del Señor prevalezcan sobre la tierra, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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