Sostengan a las Autoridades
Sostener a los profetas significa apoyar con fidelidad toda la obra y el programa del Señor.
Élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce Apóstoles“Tengamos suficiente fe y suficiente valor para ser verdaderos Santos de los Últimos Días. Tengamos el valor y la fe para creer, aceptar y sostener el sexto Artículo de Fe.”
Estoy muy agradecido, hermanos y hermanas, por la inspiración que he recibido en esta conferencia. Estoy agradecido por el privilegio de asistir a las conferencias de estaca y por el bien que recibo de ellas. Pienso que es maravilloso sentir la fortaleza de los santos en las diferentes partes de la Iglesia y, al estar entre ellos y percibir su fortaleza, su fe y observar su devoción, me siento profundamente agradecido de que esta sea verdaderamente una gran Iglesia. Es una Iglesia fuerte, y las personas que pertenecen a ella son un pueblo fuerte. Estoy muy agradecido por este conocimiento.
DIFICULTADES QUE ENCONTRAMOS
A veces encontramos personas a quienes les resulta difícil vivir nuestra religión. En ocasiones dicen que es difícil vivir algunos de los principios del Evangelio. Algunas personas afirman que les cuesta obedecer la ley del diezmo o la Palabra de Sabiduría. Sé que a algunos realmente les resulta difícil, pero también sé que, si se dedicaran sinceramente a estos grandes principios y se convirtieran verdaderamente a ellos, podrían vivirlos y disfrutar al hacerlo.
Al observar a algunos miembros de la Iglesia, creo que uno de los principios que les resulta más difícil vivir es el principio expuesto en uno de los Artículos de Fe, el sexto:
Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva; es decir, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.
Supongo que a algunos de ustedes les parecerá extraño que diga eso, pero realmente creo que hay un buen número de personas entre nosotros para quienes el principio representado en ese Artículo de Fe es el más difícil de vivir.
FE EN DIOS
Nuestro primer Artículo de Fe, al que ya se ha hecho referencia aquí, declara que creemos en Dios el Eterno Padre, en Su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo. Sin fe en Dios ni siquiera tendríamos religión, porque la fe en Dios es el fundamento de nuestra religión. Pero tan fundamental como creer en Dios es creer que Él puede y quiere revelarse a la humanidad. Es tan esencial creer que Dios puede revelarse a los hombres como creer que Dios existe.
A lo largo de todas las épocas, el Señor se ha revelado a los hombres. Por lo tanto, debemos creer en la revelación. Pero, ¿a quién se revela Dios? Un antiguo profeta declaró que “no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Por consiguiente, debemos tener profetas entre nosotros. Los hubo en la antigüedad, desde los días de Adán hasta los días de Malaquías, a quienes Dios se reveló en armonía con este gran principio, que constituye una parte tan importante de nuestra religión restaurada.
LOS ANTIGUOS APÓSTOLES Y PROFETAS
¿Y qué hay de los profetas en la época cristiana? Cuando la Iglesia fue establecida sobre la tierra en los días del Salvador, fue edificada teniendo como fundamento a apóstoles y profetas. ¿Y por qué fueron puestos en la Iglesia? Pablo explica, como ya se ha mencionado anteriormente, que fueron puestos en la Iglesia para perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo. Debían permanecer en la Iglesia hasta que todos llegáramos a la unidad de la fe, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
A lo largo de la antigüedad siempre existió la tendencia de profesar creer en Dios, pero rechazar las enseñanzas de los profetas. Jesús encontró esa misma situación cuando estuvo sobre la tierra y, entre otras cosas, hizo un gran llamamiento para corregirla. Él dijo: “Creéis en Dios; creed también en mí”. La gran tragedia del antiguo Israel fue que el pueblo de aquellos días estaba dispuesto a profesar fe en Dios, pero no quería seguir las enseñanzas de los profetas de Dios.
¿Qué reveló el Señor a Su pueblo por medio de los profetas a lo largo de todas las épocas? Reveló a los profetas, y por medio de ellos al pueblo, las cosas que esperaba que Su pueblo hiciera. Esas expectativas del Señor, dadas a conocer mediante los profetas, constituían el programa que nuestro Padre Celestial deseaba que Su pueblo sobre la tierra siguiera para alcanzar la salvación. En otras palabras, esas revelaciones e instrucciones dadas al pueblo por medio de los profetas formaban el programa de la Iglesia en la antigüedad.
LOS APÓSTOLES Y PROFETAS EN LA ACTUALIDAD
Nosotros hoy no somos diferentes de las personas que vivieron en los días del Salvador y de los antiguos apóstoles, porque nuestra Iglesia también está edificada con apóstoles y profetas a la cabeza, y las enseñanzas de esos apóstoles y profetas constituyen el programa de la Iglesia. Ese programa es variado. Tiene muchos proyectos y muchas iniciativas. Incluye numerosos mandamientos y muchas ordenanzas. Pero todos ellos forman parte del programa de la Iglesia. No podemos hacer distinción entre ellos y decir que estos los aceptaremos y aquellos otros no. No podemos aceptar unas cosas y rechazar otras. La mano no puede decir al pie: “No te necesito”.
La Escuela Dominical no podría decir a la Sociedad de Socorro: “Ustedes no son necesarias”. Ninguno de nosotros puede decir de manera coherente que sostendrá el programa del sacerdocio, pero rechazará el programa de bienestar. Tampoco podríamos decir que aceptaremos el programa del Sacerdocio Aarónico, por ejemplo, pero rechazaremos el del Sacerdocio de Melquisedec. Ni podríamos afirmar que aceptaremos y sostendremos las organizaciones auxiliares de la Iglesia y, al mismo tiempo, negarnos a sostener las publicaciones de la Iglesia, que ayudan a dar fortaleza, vigor y firmeza a esas organizaciones.
APOYO CONSTANTE AL PROGRAMA
¿Estamos siendo consecuentes si tratamos de escoger una parte del programa de la Iglesia y dar la espalda a las demás? Cada aspecto del programa merece nuestro apoyo, ya sea el sacerdocio, el bienestar de la Iglesia, las publicaciones de la Iglesia, las organizaciones auxiliares o cualquiera de los mandamientos del Evangelio.
El programa de la Iglesia es establecido y promovido por quienes presiden la Iglesia. ¿Y quiénes son los que la presiden? Son los profetas de Dios. ¿Y por qué están en la Iglesia? Para perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo.
Nosotros somos los santos. Nuestra Iglesia constituye el cuerpo de Cristo. Necesitamos la edificación y el perfeccionamiento que recibimos al participar en el programa de la Iglesia. Tenemos profetas de Dios que nos proporcionan ese programa. Sigamos ese programa para recibir las bendiciones que Dios nos ofrece.
En lugar de desviarnos hacia una dirección o hacia otra, estemos dispuestos a seguir a los profetas de Dios que están al frente de la Iglesia y que reciben la guía divina del Todopoderoso. Tengamos suficiente fe y suficiente valor para ser verdaderos Santos de los Últimos Días. Tengamos el valor y la fe para creer en los Artículos de Fe. Desafío a todos los Santos de los Últimos Días, en todas partes, a creer, aceptar y sostener el sexto Artículo de Fe, que vuelvo a leer:
Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva; es decir, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.
Ruego que tengamos ese valor; que tengamos la unidad y la armonía, como pueblo, para apoyar y sostener al profeta de Dios, respaldando el programa de la Iglesia en todos sus proyectos e iniciativas tal como él nos lo presenta. Lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.


























