El camino de la vida
Obispo LeGrand Richards
Obispo Presidente de la Iglesia
Quienes tienen hambre y sed de rectitud reciben mediante el Evangelio restaurado conocimiento de su identidad divina, del propósito de la vida y del camino hacia la gloria celestial.
Me siento muy feliz, mis hermanos y hermanas, de tener el privilegio de asistir a esta conferencia. Creo que el Señor nos ha bendecido maravillosamente con el derramamiento de Su Espíritu y, por encima de todas las demás cosas de este mundo, le agradezco al Señor el ser miembro de esta Iglesia y la hermandad con los Santos de los Últimos Días.
EL GOZO DE LA OBRA MISIONAL
Este mes se cumplen cuarenta y un años desde que salí de Salt Lake para servir en mi primera misión en Holanda, y mientras estaba sentado aquí he estado pensando que, desde entonces hasta ahora, el Evangelio lo ha significado todo para mí. Recuerdo cuando di mi informe al concluir mi primera misión en el barrio al que pertenecía entonces. Dije que esperaba que el Señor me enviara a una misión con suficiente frecuencia para poder conservar el espíritu del que había disfrutado en el campo misional. El Evangelio, con todas sus enseñanzas, sus promesas y sus bendiciones, ha llegado a ser una realidad en mi vida; y con todo mi corazón sé que es verdadero, y espero hacer todo lo que pueda, mientras viva, para ayudar a fomentar la fe en el corazón de mis semejantes.
Jesús dijo en aquel maravilloso Sermón del Monte:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados Mateo 5:6
Y quiero darles mi testimonio de que sé que esa promesa está al alcance de todo hombre y de toda mujer que tenga hambre y sed de justicia.
FRAGMENTO DE UNA CARTA
Hace unos diez años, mientras era presidente de la Misión de los Estados del Sur, recibí una carta de una mujer del sur que me contaba cuántos libros y folletos había leído sobre el mormonismo desde que los élderes llamaron a su puerta. (Por cierto, ella está aquí en Salt Lake; es la primera vez que ha tenido la oportunidad de visitar la sede de la Iglesia, e imagino que está presente en esta reunión). En esa carta decía:
Puesto que he llegado a la conclusión de que el «mormonismo» es lo más maravilloso de lo que jamás he oído hablar —y siempre había pensado que nunca podría ser otra cosa que bautista—, quisiera saber qué leen los miembros de su Iglesia. He leído libros de filosofía, psicología, psiquiatría, Ciencia Cristiana, etc., en busca de respuestas a los problemas de mi propia vida y, huelga decirlo, los problemas seguían sin respuesta; pero ahora tengo esperanza.
Y estoy agradecido al Señor porque en el Evangelio que enseñamos hay una respuesta a los problemas de la vida. Me he preguntado qué podría realmente desear saber una persona que no pudiera encontrar respuesta en este glorioso Evangelio, y me pregunto si quienes estamos aquí hoy sentimos que el «mormonismo» es lo más maravilloso de lo que jamás hemos oído hablar. Me pregunto si tenemos la fe que tenían los primeros miembros de la Iglesia cuando hicieron tantos sacrificios para que la causa misional de esta Iglesia pudiera seguir adelante en el mundo. Sus corazones fueron conmovidos; fueron sacados de las tinieblas; y comprendieron las gloriosas verdades que el Señor había revelado al profeta José Smith.
A ADÁN SE LE ENSEÑÓ EL BAUTISMO
Hubo otro, en los primeros días de la historia de los habitantes de esta tierra, que tuvo hambre y sed de justicia. Fue nuestro padre Adán, y él acudió al Señor. Quería saber del Señor por qué los hombres debían ser bautizados en agua y recibir la remisión de sus pecados. Y quisiera leerles la declaración del Señor a Adán en respuesta a su pregunta. Él dijo:
[…] por cuanto habéis nacido en el mundo mediante el agua, y la sangre, y el espíritu que yo he hecho, y así del polvo habéis llegado a ser alma viviente, así igualmente tendréis que nacer otra vez en el reino de los cielos, del agua y del Espíritu, y ser purificados por sangre, a saber, la sangre de mi Unigénito; para que seáis santificados de todo pecado y gocéis de las palabras de vida eterna en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero, sí, gloria inmortal; […] Por tanto, te es dado que permanezca en ti: el testimonio del cielo; el Consolador; las cosas pacíficas de la gloria inmortal; la verdad de todas las cosas; lo que vivifica todas las cosas, que da vida a todas las cosas; lo que conoce todas las cosas y tiene todo poder de acuerdo con la sabiduría, la misericordia, la verdad, la justicia y el juicio Moisés 6:59, 61
Ahora bien, el Señor dio a entender a Adán que era mediante el nacer de nuevo del agua y del Espíritu que se le concedía que el testimonio del cielo permaneciera en él. Me pregunto qué quiso decir exactamente el Señor con el «testimonio del cielo», y he pensado que significaba que nos revela quiénes somos, de dónde venimos, por qué estamos aquí, adónde vamos y aquella gran verdad eterna de que somos, en verdad, hijos e hijas de Dios, el Padre Eterno. ¿Hay alguna verdad que los hombres pudieran adquirir mediante su fe y su obediencia que significara más que saber que todo hombre que nace en este mundo tiene la posibilidad de crecer, desarrollarse y llegar a ser semejante a nuestro Padre Celestial?
En nuestra relación unos con otros somos, en verdad, hermanos y hermanas, y Cristo fue el Primogénito, el Hermano Mayor, que se ofreció a Sí mismo como rescate por los pecados de todos los habitantes de la tierra. Luego nos dice el propósito de nuestra creación: que estamos aquí para adquirir conocimiento, inteligencia y experiencia, y prepararnos para que podamos seguir adelante y llegar a ser como Él es.
LA SECCIÓN 76 DE DOCTRINA Y CONVENIOS ES UNA GUÍA
Me gusta leer la sección setenta y seis de Doctrina y Convenios, a la que acostumbramos referirnos como «La Visión». Para mí, es uno de los pasajes de las Escrituras más maravillosos que jamás se hayan revelado a los hombres y, hasta donde sabemos, nunca se había revelado hasta esta última dispensación; y cuando se dio al profeta José, se le dijo que era una transcripción de los anales del mundo eterno. Pablo tuvo el privilegio de verla, pues fue arrebatado hasta el tercer cielo 2 Cor. 12:1–4 y al paraíso de Dios, pero no se le permitió escribir las cosas que contempló. Esta revelación indica quiénes son dignos o serán dignos de obtener un lugar en cada uno de los tres grados de gloria que se describen en ella: uno semejante al sol, otro semejante a la luna y otro semejante a las estrellas D. y C. 76:96–98 ¿Hay algún hombre o mujer en todo Israel que ame al Señor, ame la verdad y tenga hambre y sed de justicia, que no desee esta información para guiar su vida e indicarle cómo debe vivir a fin de ser digno de la gloria que conocemos como gloria celestial D. y C. 76:50–70 semejante al sol?
Y luego se nos dice en el himno escrito por Eliza R. Snow, «Oh mi Padre»:
Por un sabio y glorioso propósito
me has puesto aquí en la tierra
y has retenido el recuerdo
de mis antiguos amigos y de mi nacimiento.
BENDICIONES PARA QUIENES LAS DESEAN
Cuando pienso en la información que nos llega individualmente como Santos de los Últimos Días por medio de los patriarcas de esta Iglesia, cuando pienso en lo que ha significado para mí la bendición que recibí de manos de mi padre cuando tenía ocho años, comprendo que ante los ojos del Todopoderoso somos, en verdad, personas individuales, cada una con un destino, un propósito y una misión que cumplir en la vida; y no puedo imaginar una decepción mayor para uno de los hijos de nuestro Padre que terminar su vida y luego escuchar que no cumplió las cosas para las cuales fue enviado a este mundo.
Luego se le dijo a Adán que se le concedería que permaneciera en él el Consolador Moisés 6:61 el Consolador que da a conocer todas las cosas: las presentes, las pasadas y las venideras Juan 16:13 Jesús explicó que era necesario que Él se fuera o el Consolador no podría venir Juan 16:7 que nos enseñaría todas las cosas y daría testimonio del Padre y del Hijo Juan 16:13–15 El presidente Clark relató esta mañana el testimonio de Pedro, que recibió gracias a ese testimonio del Espíritu.
A Adán se le dijo que se le concedería que permanecieran en él las cosas pacíficas de la gloria inmortal Moisés 6:61 y me pregunto si alguien puede comprender las cosas pacíficas de la gloria inmortal sin comprender la gloriosa promesa de la duración eterna del convenio matrimonial, de la unidad familiar y de nuestra relación unos con otros más allá del velo. El senador Beveridge dijo en su libro El joven y el mundo, en un capítulo dedicado a «El joven y el púlpito», que un destacado empresario ferroviario de los Estados Unidos dijo que saber que viviría de nuevo, con una identidad consciente, sabiendo quién era él y quiénes eran las demás personas, valdría para él más que toda la riqueza de los Estados Unidos. Este conocimiento lo adquirimos al tener hambre y sed de justicia Mateo 5:6 y también aprendemos que resucitaremos y que no perderemos nada mediante nuestra muerte, sino que esta será una ganancia para nosotros. En palabras de Pablo:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman 1 Cor. 2:9
Luego se le dijo que se le concedería que permaneciera en él la verdad de todas las cosas 1 Juan 2:27
No solo hemos de saber que José Smith fue un profeta de Dios; no solo hemos de saber que Jesús es el Cristo, el Redentor del mundo, sino comprender las verdades del cielo, los principios conforme a los cuales podemos vivir, que nos guiarán en nuestros pensamientos, nos guiarán en nuestra manera de vivir y nos darán poder entre los hombres, porque se nos concede que permanezca en nosotros la verdad de todas las cosas.
«Lo que vivifica todas las cosas, que da vida a todas las cosas; lo que conoce todas las cosas» Moisés 6:61 el entendimiento de las Escrituras, el conocer la veracidad del Libro de Mormón, la veracidad de la Biblia, el conocer la veracidad de las revelaciones que Dios ha dado en estos últimos días. Les digo, hermanos y hermanas, que bien lo expresó Jesús cuando dijo:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados Mateo 5:6
Adán recibió del Señor una respuesta a su pregunta, y la mujer del sur, al encontrar el «mormonismo», pudo decir que ahora tenía esperanza de encontrar respuesta a los problemas de su propia vida.
Cuando ven estos gloriosos templos, cuando ven esta gran asamblea de los santos de Dios, cuando ven el sacerdocio de Dios, cuando ven apóstoles y profetas como los que tenía la Iglesia primitiva, a quienes Dios puso en la Iglesia,
para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia las artimañas del error Efe. 4:14
pregunto: ¿hay algo más que pudiéramos desear saber? Si comprendiéramos todas estas cosas, entonces podríamos comprender por qué Isaías, cuando vio el templo de Dios edificado en lo alto de los montes en los últimos días, vio a personas de todo el mundo y las oyó decir:
[…] Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas Isa. 2:3
Y que Dios nos ayude a hacerlo, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.


























