Algunos problemas actuales
Élder Joseph F. Merrill
Del Consejo de los Doce Apóstoles
Vivir con lealtad las enseñanzas del Evangelio mediante el arrepentimiento, el fortalecimiento del matrimonio y la familia, la enseñanza de los hijos y la obediencia a la Palabra de Sabiduría, dando un ejemplo de rectitud ante las influencias del mundo.
Las condiciones del mundo actual son tales que todo Santo de los Últimos Días afronta un desafío: un desafío de lealtad a los líderes de la Iglesia y a sus enseñanzas y normas. Quizá nunca las fuerzas del mal hayan estado tan desatadas ni su influencia tan extendida como ahora. Echemos un breve vistazo a esta sombría situación.
La prevalencia del mal
A los ojos de un Santo de los Últimos Días, y juzgando según las normas que profesa, nunca antes la gente del mundo en general se había entregado tanto a sus prácticas pecaminosas como hoy. ¿Han sido alguna vez más bajas las normas de moralidad sexual? ¿Han estado alguna vez más desatados el egoísmo, la codicia y la delincuencia? ¿Ha sido alguna vez más fría la fe religiosa? ¿Ha sido alguna vez más fuerte el deseo de obtener algo a cambio de nada? ¿Ha sido alguna vez más encarnizada la lucha por los cargos y el poder? ¿Han sido alguna vez más débiles los lazos familiares? ¿Se han quebrantado alguna vez con más frecuencia los votos matrimoniales? En cuanto a los Estados Unidos, ¿no es una respuesta negativa a estas preguntas la correcta? ¿Acaso no expresaba hechos Alexander Pope cuando escribió:
El vicio es un monstruo de aspecto tan espantoso,
que basta verlo para aborrecerlo;
pero, visto tan a menudo que su rostro se vuelve familiar,
primero lo toleramos, luego lo compadecemos y finalmente lo abrazamos.
Juzgadas según las enseñanzas y las normas de los Santos de los Últimos Días, las condiciones morales del país son sumamente deplorables. Y, sin embargo, es triste decirlo, nuestro pueblo no está en absoluto plenamente justificado para asumir una actitud de «soy más santo que tú». Entre nosotros existen pecados mundanos de toda clase. Es insensato cerrar los ojos y negar la presencia de estas cosas. Por eso sugiero que afrontemos la situación con franqueza y hagamos algo al respecto. ¿Qué?, preguntará alguien. Respondo: arrepentirnos sinceramente y ayudar a nuestros semejantes a hacer lo mismo. Una investigación mostrará que fumar, beber, los juegos de azar, la delincuencia juvenil, la fornicación, el quebrantamiento de los votos matrimoniales, los hogares deshechos y los divorcios —por mencionar solo algunas cosas— son males que van en aumento entre nosotros. Para quienes tienen una mentalidad mundana, la mayoría de estas cosas son asuntos menores, carentes de aspectos pecaminosos. Pero para los Santos de los Últimos Días el caso es completamente distinto. No podemos entregarnos a ninguna de estas cosas con la conciencia libre de culpa, porque se nos ha enseñado de otra manera. Tenemos revelaciones divinas al respecto; la Palabra de Sabiduría, por ejemplo. Por lo tanto, sabemos que fumar y beber desagradan al Señor. Todo código moral considera que los juegos de azar son algo incorrecto. El matrimonio es una condición sagrada que requiere votos solemnes e impone obligaciones vinculantes. Si todos estos se cumplen fielmente, entonces, dentro del hogar, puede haber un cielo en la tierra: un lugar donde vivan niños inocentes y alegres, padres felices y una familia cristiana unida.
La delincuencia juvenil
Según informes fidedignos, la delincuencia juvenil, tanto entre los muchachos como entre las muchachas, ha aumentado considerablemente en los últimos años hasta alcanzar proporciones alarmantes. Se señalan como causas principales los hogares deshechos y la ausencia de las madres de sus hogares. Para los Santos de los Últimos Días, la vida familiar, el hogar y los hijos son requisitos para alcanzar la mayor felicidad y gloria, tanto en esta vida como en la venidera. Los hijos son las joyas más resplandecientes de la diadema de cualquier mujer. Bien podría esta verdad quedar grabada de manera indeleble en la mente de toda esposa.
En cuanto al deber de los padres para con sus hijos, el Señor dijo por medio de Su profeta José Smith:
Y además, si hay padres que tengan hijos en Sion o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres […] Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor D. y C. 68:25, 28
Además, en Doctrina y Convenios leemos:
Todos los niños tienen el derecho de recibir el sostén de sus padres hasta que sean mayores de edad D. y C. 83:4
Así pues, tanto la ley divina como la ley civil hacen responsables a los padres de sus hijos. Ningún Santo de los Últimos Días lleva una vida digna a los ojos del Señor si descuida hacer todo lo que esté a su alcance para criar a sus hijos de acuerdo con las normas del Evangelio. Que todo padre y toda madre presten atención a estos requisitos. El sabio Salomón declaró:
Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él Prov. 22:6
Sin embargo, hay padres que errónea e insensatamente dicen que deben dejar que sus hijos crezcan sin enseñanza ni formación religiosa para que sean libres de elegir por sí mismos cuando sean adultos. Esta es una doctrina de Satanás. No puede eximir en lo más mínimo a los padres de la responsabilidad para con sus hijos que el Señor les impone: una verdad que ciertamente aprenderán algún día y, si la han desatendido, será para su pesar.
Que todos los Santos de los Últimos Días sean fieles a sus deberes como padres, para que sus hijos sean una alegría para ellos y una honra para la comunidad donde viven.
El aumento de los divorcios
Hace un año, desde este púlpito, el presidente David O. McKay analizó la cuestión del divorcio y afirmó que, en los Estados Unidos, los divorcios habían aumentado tanto que uno de cada seis matrimonios terminaba en los tribunales de divorcio. Recientemente se ha dicho públicamente que alrededor del cincuenta por ciento de los matrimonios contraídos durante la guerra por jóvenes estadounidenses que prestaban servicio militar están terminando en divorcio. El panorama que presentan estas cifras es triste y deplorable. Es indicativo de condiciones inestables, pecaminosas y desmoralizadoras, que destruyen los ideales del matrimonio, la familia y el hogar, y constituyen una clara plaga sobre la vida feliz que toda pareja casada puede lograr si es fiel a sus votos matrimoniales. Entonces, ¿no refleja necesariamente el fracaso de un matrimonio algo desfavorable de una o de ambas partes, las responsables de ese fracaso? Ciertamente indica un grave incumplimiento, pues no se han satisfecho las condiciones de una unión feliz.
¿Cuáles son esas condiciones?, podría preguntar quien no tiene experiencia. Puesto que no reúno los requisitos para considerarme experto en estos asuntos, no me aventuraré a responder la pregunta, salvo para decir que, si cada una de las partes del contrato matrimonial vive fielmente la Regla de Oro en todas sus relaciones con su cónyuge, entonces el matrimonio sin duda tendrá éxito. Un matrimonio entre Santos de los Últimos Días es una unión de dos compañeros en igualdad de condiciones, obligados a edificar un hogar donde el amor mutuo, el respeto, la confianza, la fidelidad, la tolerancia, la paciencia y la bondad sean algunos de los factores esenciales que lo rijan. Y en el hogar donde estos prevalezcan jamás entrará el horrible espectro del divorcio.
[…] existen los hombres para que tengan gozo 2 Ne. 2:25
El matrimonio es esencial para una plenitud de gozo. Que todo Santo de los Últimos Días que entre en el sagrado estado del matrimonio lo haga con la firme determinación de vivir de tal manera que pueda experimentar todo el gozo y la felicidad que allí se pueden obtener. El matrimonio fue instituido por Dios mismo. Nadie puede quebrantar sus convenios impunemente.
Se condena el consumo de tabaco y alcohol
Y ahora, unas palabras acerca de fumar y beber. Me dirijo a los Santos de los Últimos Días, a personas que aceptan la Palabra de Sabiduría como una revelación divina. Siendo así, no pueden entregarse al consumo de bebidas alcohólicas o tabaco sin experimentar, al menos hasta cierto punto, un sentimiento de culpa, porque el Señor ha dicho que las bebidas alcohólicas y el tabaco no son buenos para el ser humano y, por lo tanto, su consumo es contrario a Su voluntad y a las enseñanzas de la Iglesia. Así pues, en lo que respecta a fumar y beber, un Santo de los Últimos Días y un incrédulo no se encuentran en el mismo plano moral. El segundo no tiene conciencia de estar pecando; el primero sí. ¿Por qué, entonces, lo hacen los Santos de los Últimos Días? Hay diversas razones, pero quizá la principal sea que otras personas lo hacen. En mayor o menor medida nos influyen las acciones de los demás. Una mujer usa vestidos cortos porque es la moda, no porque eso realce la belleza de su apariencia. Pero el Señor dijo:
[…] los que no conocieron ninguna ley tendrán parte en la primera resurrección; y les será tolerable D. y C. 45:54
También:
Porque de aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá D. y C. 82:3
¿No es esta una norma misericordiosa y justa por la cual ser juzgados? Repito: los miembros de la Iglesia no pueden justificarse por quebrantar las leyes y los mandamientos del Señor porque quienes no son miembros lo hagan. De hecho, en cualquier caso, cada persona será responsable de lo que haga, pues se le ha dado su albedrío. Pero llamo la atención sobre el hecho de que toda persona es responsable del ejemplo que da y de la influencia que ejerce en los demás. Por humilde que sea, sus palabras y sus actos afectarán a uno o más de sus semejantes. Por lo tanto, deberá rendir cuentas de esas palabras y esos actos. Que su ejemplo sea bueno, particularmente para los jóvenes, es una de las razones por las que somos tan persistentes en procurar que todas nuestras personas mayores que consumen sustancias narcóticas adopten la abstinencia.
Pero permítanme advertirles que fumar y beber van en aumento entre la gente, al igual que otros males, como la delincuencia juvenil, los juegos de azar, la profanación del día de reposo, el lenguaje profano, la fornicación y otras clases de iniquidad.
Una iniciativa para aumentar la venta de bebidas alcohólicas
Ante toda esta situación, es necesario que cada Santo de los Últimos Días se ciña la armadura de la rectitud y siga adelante, luchando valientemente por la causa de lo correcto, la moral cristiana, la justicia y la verdad, conforme a los ojos que el Señor nos ha dado para ver y al entendimiento para comprender estas cosas. Satanás y sus huestes están atentos para extender su dominio y aumentar su poder. Por ejemplo, a pesar de los testimonios y los hechos que demuestran que el consumo de bebidas alcohólicas produce males físicos, mentales, morales y espirituales de muchas clases, y que el negocio de las bebidas alcohólicas es siempre, en mayor o menor grado, contrario a la ley y corruptor, actualmente hay en marcha una iniciativa en Utah para ampliar este negocio, multiplicar los canales de venta de bebidas alcohólicas y facilitar su adquisición.
Los promotores oficiales de la derogación en 1933 proclamaron a viva voz que jamás se permitiría el regreso de la cantina. Aquel antro de mala reputación era un hedor para las personas de mente limpia. Las mujeres decentes jamás cruzaban su umbral. Pero ahora se propone multiplicar muchas veces en Utah los lugares donde se pueden servir legalmente bebidas alcohólicas y convertir innumerables restaurantes y mostradores de comida en tabernas. Además, se nos pide que legalicemos la venta de bebidas alcohólicas en clubes sociales y nocturnos. Todo esto convertiría, en la práctica, cada club social y cada establecimiento público de comidas en una cantina. ¿Hay alguien que crea que esos clubes nocturnos serían lugares limpios, respetables y respetuosos de la ley? Las personas con experiencia saben que muchos de ellos serían antros de embriaguez, juegos de azar, fornicación y otras cosas viles.
Se necesitan mejores leyes y una mejor aplicación de estas
¿Permitirá la buena gente de Utah que se abran las puertas del infierno más de lo que están ahora? Por el contrario, ¿no deberían unirse para conseguir mejores leyes, una mejor aplicación de estas y más restricciones, todo ello en beneficio de un entorno mejor y más limpio? Mil novecientos cuarenta y siete es el año del centenario. Millones de turistas entrarán en este estado. ¿Se marcharán con la impresión de que Utah ha imitado a Reno? ¡Por supuesto que no!
«Utah, te amamos» es el título de una canción que cantamos con alegría. Demostremos nuestro amor de una manera que satisfaga a quienes nos visiten con motivo del centenario, limpiando, arreglando y pintando, no solo en lo material, sino también en lo moral y espiritual. Como preparación, comencemos de inmediato a vivir una vida cristiana más auténtica, absteniéndonos de hacer el mal, viviendo más plenamente la Regla de Oro e intensificando nuestros esfuerzos por ser equitativos, honrados, dignos de confianza y justos en todos nuestros tratos con nuestros semejantes.
Datos sobre el consumo de bebidas alcohólicas
Y ahora, algunos datos más sobre las bebidas alcohólicas. Se han tomado de un artículo escrito por M. E. Lazenby y publicado en The Christian Advocate el 21 de febrero:
Cincuenta millones de personas en los Estados Unidos consumen bebidas alcohólicas: la mitad de todas las personas mayores de quince años. Tres millones de ellas beben en exceso, y 750 000 son alcohólicos crónicos. ¿Se ha convertido el consumo de alcohol en el enemigo público número uno? Antes de la Ley Seca, este país tenía 177 000 establecimientos autorizados para vender bebidas alcohólicas; ahora hay 360 000, más del doble. En 1944, el pueblo estadounidense gastó más de siete mil millones de dólares en bebidas alcohólicas, una suma aproximadamente igual a la que se gastó en todas las actividades educativas, religiosas y benéficas combinadas durante un período similar, como lo demuestra lo siguiente:
Súmese todo el dinero gastado en los Estados Unidos durante el año escolar 1941–1942 con fines educativos, incluido lo gastado en todas las escuelas públicas y privadas, instituciones de educación superior y universidades, escuelas profesionales y especiales de todo tipo, así como bibliotecas públicas y salas de lectura de todas clases. A esta suma agréguense todos los gastos, las donaciones y los legados destinados a las organizaciones religiosas en 1942; luego agréguense todos los gastos de los fondos de la Cruz Roja Estadounidense efectuados por la organización nacional y sus secciones locales desde enero de 1942 hasta marzo de 1945. A esto añádanse los ingresos totales de la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil durante el período de ocho meses que terminó en mayo de 1944; agréguense los gastos del Servicio de Salud de los Estados Unidos; agréguense los gastos de los gobiernos de los cuarenta y ocho estados en prestaciones durante 1941, tales como seguridad pública, salud, hospitales, instituciones para personas con discapacidad, asistencia social, servicios penitenciarios y recreación; agréguense todos los gastos del gobierno federal durante el año fiscal 1944 en virtud de la Ley del Seguro Social, incluidos la asistencia a las personas mayores, la ayuda a los niños dependientes, la ayuda a las personas ciegas y la administración de las prestaciones por desempleo; agréguense los gastos del Departamento de Trabajo en servicios de salud maternoinfantil y para niños con discapacidades físicas; agréguense, finalmente, los gastos de la Administración de Veteranos de los Estados Unidos durante el año fiscal 1944. La suma total de todo ello es de 7 039 914 950 dólares, aproximadamente la misma cantidad que se gastó en bebidas alcohólicas durante 1944. ¿Podemos creerlo? Los siete mil millones de dólares gastados en bebidas alcohólicas en 1944 sustrajeron esa asombrosa cantidad de las cajas registradoras de los negocios legítimos. Además, en los Estados Unidos se utilizaron cuatro mil ciento cuarenta y siete millones de libras de cereales y doscientos treinta y ocho millones seiscientas cincuenta y cinco mil (238 655 000) libras de azúcar, jarabe y melaza en la fabricación de bebidas alcohólicas destiladas y fermentadas. Sin embargo, en el extranjero millones de personas están muriendo por falta de alimento.
Las estadísticas muestran que durante 1942 hubo 28 309 muertes en accidentes de tránsito, y que en el 25,1 por ciento de esos casos las personas involucradas habían estado bebiendo. Hay algunos datos significativos sobre el alcohol y la delincuencia que son esclarecedores. Los informes del FBI correspondientes a 1932 muestran que, en 596 ciudades con una población de 21 660 000 habitantes, hubo 831 detenciones por embriaguez por cada 100 000 habitantes. En 1944, en esas ciudades hubo 1726 detenciones por embriaguez por cada 100 000 habitantes: más del doble. Se cita al FBI afirmando que el costo de la delincuencia asciende a 16 000 000 000 de dólares al año y que «el veintitrés por ciento de esa cantidad se debe a la bebida».
Además, un directivo de la Distillers Produce Corporation, al hablar ante un Club Rotario en octubre de 1945, dijo que la industria de las bebidas alcohólicas está gastando casi 50 000 000 de dólares al año en publicidad, cuyo propósito, por supuesto, es conseguir que más hombres, mujeres y jóvenes beban. ¿Hacia dónde vamos?
¿Pueden los Santos de los Últimos Días, dondequiera que estén, en Utah o en cualquier otro lugar, apoyar alguna iniciativa que facilite la adquisición de bebidas alcohólicas o que extienda su consumo? ¡Que el Señor no lo permita!
Ruego que el Señor nos dé a todos un mayor deseo y una voluntad más firme de vivir rectamente, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.


























