Conferencia General Abril 1946


Seguridad espiritual

Élder Charles A. Callis
Del Consejo de los Doce Apóstoles

Nuestra seguridad espiritual se fortalece mediante el testimonio del Espíritu Santo, la fidelidad a las verdades fundamentales del Evangelio y el sostenimiento de los líderes de la Iglesia mientras nos preparamos para la segunda venida de Jesucristo.


Soy profundamente consciente de que sin la ayuda de Dios no puedo hacer nada. Volver con frecuencia a los principios fundamentales aumentará la fortaleza de la Iglesia.

Cuando hablo de volver a los principios fundamentales para aumentar la fortaleza de la Iglesia, creo que esto también se aplica al gobierno nacional y a los gobiernos estatales. Si volviéramos a los principios fundamentales de la Constitución de los Estados Unidos y los observáramos más fielmente, «nos libraría de muchos errores y de ideas insensatas».

La fortaleza de la Iglesia reside en los testimonios personales

El secreto de la fortaleza de esta gran Iglesia es el testimonio personal del que disfrutan sus miembros: el testimonio del Espíritu Santo.

Nuestra seguridad espiritual se afianza al permanecer en la corriente principal, esa corriente de verdad viviente que fluye junto al trono de Dios. Es triste ver a hombres naufragar espiritualmente al ser arrastrados a la orilla por corrientes secundarias sin importancia y pasar «todo el viaje de su vida atrapados en bajíos y miserias». Si permanecemos en la corriente principal, terminaremos nuestra misión en la tierra de una manera agradable al Señor.

Shakespeare dijo:
Pero es extraño:
y muchas veces, para atraernos hacia nuestro daño,
los instrumentos de las tinieblas nos dicen verdades,
nos ganan con pequeñeces sinceras, para traicionarnos
en asuntos de la mayor trascendencia.

¿Por qué han de ser los hombres tan inconstantes que corran tras cualquier fuego fatuo, tentados por teorías plausibles y engañosas? El diablo mismo resulta convincente; puede adoptar una apariencia agradable. Puede transformarse para parecer un ángel de luz  2 Cor. 11:14 y puede citar las Escrituras para sus propios fines.

El sostenimiento de la Primera Presidencia

Toda verdad esencial para la salvación del pueblo de Dios está profundamente arraigada y preservada en el glorioso plan de salvación. Los instrumentos de las tinieblas se acercan a nosotros mediante la adulación. Dirán: «Usted está bien; es un hombre bastante bueno y el Evangelio es verdadero». Luego dirán: «Pero la Primera Presidencia de la Iglesia está equivocada». Guardémonos de tales insinuaciones, no sea que seamos «traicionados en asuntos de la mayor trascendencia». Les testifico con humildad y con la certeza interior que da el Espíritu Santo que, desde los días de Adán, nunca ha habido una Primera Presidencia con más poder y autoridad para actuar en el nombre de Dios para la salvación del hombre que la actual Primera Presidencia, a la que amamos y sostenemos.

Amo al presidente George Albert Smith, un amigo de la humanidad. No se puede estar en su compañía sin sentirse inspirado por un sentimiento semejante al de Cristo. Amo al presidente J. Reuben Clark, hijo, un consejero sabio, un estadista y un hombre consagrado a la obra de Dios. Amo al presidente David O. McKay, un caballero cristiano, formado por su religión, lleno del espíritu de piedad y deseoso de ayudar a los hijos de Dios.

Repito: desde los días de Adán, ninguna Primera Presidencia de la Iglesia ha ejercido más autoridad ni mayor derecho de bendecir a los hijos de los hombres que la Presidencia que está sentada en este estrado.

La preparación para la segunda venida del Hijo de Dios

Hermanos y hermanas, ¿por qué queremos misioneros? Son enviados con un propósito. Es el de preparar el camino para la segunda venida del Hijo de Dios. Recuerdo la historia de aquella gran delegación apostólica que fue a Gran Bretaña: Brigham Young, Heber C. Kimball, Willard Richards, George A. Smith y otros. Fueron a aquel país extranjero sin bolsa ni alforja. Un hombre que los llevaba en su carromato fue abordado por un transeúnte que, al contemplar la apariencia espectral de aquellos misioneros, que estaban enfermos y dejaban a sus familias enfermas y en la pobreza, dijo: «Señor, ¿qué cementerio ha estado saqueando?».

Detengámonos aquí un momento para reflexionar.

Brigham Young, Heber C. Kimball, Willard Richards y George A. Smith no eran hombres débiles. Eran hombres de gran talla. ¿Piensan por un momento que aquellos hombres firmes, aquellos hombres de Dios, habrían emprendido ese largo y peligroso viaje si no hubieran sabido en lo profundo de su corazón, por el poder del Espíritu Santo, que esta Iglesia había sido fundada por el Señor?

Estamos llenos de esperanza y de fe. Esperamos y oramos por la gloriosa segunda venida del Hijo de Dios. Cuando los apóstoles miraban fijamente hacia el cielo mientras Jesús ascendía, dos varones con vestiduras blancas  Hechos 1:10 dijeron:

[…] Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo  Hechos 1:11

Él gobernará el mundo con verdad y gracia
y hará que las naciones comprueben
las glorias de Su justicia
y las maravillas de Su amor.

Esta promesa de un regreso visible y seguro del Mesías hizo felices a los apóstoles, y se regocijaron en el conocimiento de la Segunda Venida, así como nosotros nos regocijamos hoy.

Tennyson vislumbró la visión del reinado de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, desde los ríos hasta los confines de la tierra, cuando dijo:
Pues me adentré en el futuro hasta donde el ojo humano podía ver,
vi la visión del mundo y todas las maravillas que habrían de ser; […]
hasta que dejó de retumbar el tambor de guerra y se plegaron las banderas de batalla
en el Parlamento del Hombre, la Federación del mundo.
Allí el sentido común de la mayoría mantendrá a raya a un mundo inquieto,
y la tierra bondadosa dormirá, arropada por una ley universal.

Jesucristo inaugurará el Milenio

Cuando el Señor Jesucristo venga, inaugurará el Milenio. La guerra cesará; la enemistad desaparecerá; y el Rey de reyes reinará como solo Cristo puede reinar, en medio de un mundo de paz y sobre él. La guerra bárbara terminará para siempre. ¡Qué gozo celestial hay al contemplar y al disfrutar en el futuro de esta bendita condición! ¡Cuánta esperanza hay en este majestuoso acontecimiento! Ustedes, madres que lloran la pérdida de sus valientes hijos que fueron a salvar al mundo para la libertad, serán compensadas en la resurrección. Aun ahora, aunque saben que sus hijos han hecho el sacrificio supremo, siguen esperando oír los pasos de su regreso.

Sería lamentable que esta organización de las Naciones Unidas no lograra cosechar los frutos de esta victoria que se ganó mediante el derramamiento de ríos de sangre. Que el Señor les conceda sabiduría; que escuchen a la paz y su llamado. Que tengan siempre ante sus ojos la Regla de Oro y en sus corazones el temor del Señor, que vendrá a la tierra como el Príncipe de Paz.

El apóstol Pablo dijo:
[…] el Señor mismo descenderá del cielo con aclamación, con voz de arcángel y con trompeta de Dios; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, consolaos los unos a los otros con estas palabras  1 Tes. 4:16–18

La última oración de la Biblia dice así:
He aquí, yo vengo pronto  Apoc. 3:11

Y Juan ora, como nosotros oramos hoy:
Así sea, [bendito Señor,] ven pronto  Apoc. 22:20

Ven y detén esta carnicería y esta miseria. Que Dios conceda que este Evangelio sea predicado al gran pueblo ruso y a «toda nación, y tribu, y lengua y pueblo»  Apoc. 14:6

Oh Padre, envía pronto a Jesucristo para que comience el reinado milenario, cuyos rayos dorados ya iluminan las colinas del tiempo venidero, y podamos descansar y reinar con Cristo sobre la tierra durante mil años  Apoc. 20:6 Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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