Conferencia General Abril 1946


La verdad prevalecerá

Presidente George F. Richards
Del Consejo de los Doce Apóstoles

Mediante el Espíritu Santo podemos conocer la verdad del Evangelio y, por la Expiación de Jesucristo, el arrepentimiento y la obediencia, hallar paz y avanzar hacia la perfección.


El domingo pasado fue día de ayuno. Asistí a la reunión de ayuno en uno de los barrios de esta ciudad y escuché algunos testimonios fieles. Una joven, al dar su testimonio, expresó que no sabía mucho acerca del Evangelio, pero que sí sabía una cosa: que el Evangelio trae paz al alma. Pensé que era un testimonio maravilloso y llegué a la conclusión de que aquella mujer estaba viviendo su religión, porque los Santos de los Últimos Días que viven su religión sí tienen paz en el alma Juan 14:27 y, en cuanto a quienes no viven su religión, me temo que sus almas con frecuencia se encuentran muy perturbadas. Esta es una de las grandes bendiciones que el Señor tiene para Sus hijos fieles: paz para el alma.

Cuando esta congregación se puso de pie para cantar, pensé en lo imponente de aquella escena. Es inspiradora cuando estamos sentados, pero al ponernos de pie parecía que éramos más; y entonces pensé: «Pero si no somos más que una pequeña parte de los miembros fieles de la Iglesia», y doy gracias al Señor por ellos, y ciertamente ruego que los bendiga y los recompense por su fidelidad. Y hay algunos que no son fieles, lo cual lamentamos. Que Dios los bendiga para que puedan ver sus errores; para que aprovechen las oportunidades de recibir las ordenanzas salvadoras del Evangelio que aún no han recibido; y para que lleguen a saber que el Señor los necesita a Su servicio y que, si viven de manera que Él pueda valerse de ellos, se les brinda la oportunidad de pagar en parte la deuda de gratitud que tienen con Él, algo que nunca podrán hacer plenamente.

Además, si estoy bien informado, hay algunos miembros de la Iglesia que no solo son indiferentes a su religión, sino que han cometido pecado y han quebrantado las normas de castidad. Siento compasión por ellos. Que Dios los bendiga para que comprendan su verdadera situación, se arrepientan de sus pecados y hagan las paces con el Señor mientras tengan la oportunidad. El Espíritu de Dios no contenderá para siempre con el hombre Gén. 6:3 D. y C. 1:33

ANIVERSARIO DE LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA

Esta es una obra maravillosa en la que estamos participando. La conferencia general anual de la Iglesia tiene un significado especial y un profundo interés para los Santos de los Últimos Días. Los miembros de la Iglesia, de cerca y de lejos, se han reunido en gran número en esta conferencia general de la Iglesia en el aniversario de su nacimiento, una manera sumamente apropiada de conmemorar aquel acontecimiento de extraordinaria importancia, que influye para bien y para salvación en la vida de muchos miles de hombres y mujeres de mente pura y vida limpia. La organización de la Iglesia y la restauración del Evangelio constituyen el «mormonismo», por el cual muchas almas fieles han sufrido persecución y muerte; pero la recompensa de todos ellos supera en gloria cualquier concepción que pueda tener el hombre mortal.

Hace hoy ciento dieciséis años se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, por mandato directo de Dios D. y C. 20:1 en Fayette, condado de Seneca, Nueva York, conforme a las leyes de aquel estado. Desde su organización, la Iglesia ha sido objeto de encarnizada oposición y persecución. Estas han llegado en distintas épocas, de diversas fuentes y en varias formas, pero siempre instigadas por Lucifer, el diablo, mediante emisarios dispuestos a servirle, con el objeto y la intención de destruir la Iglesia y frustrar el propósito de Dios en Sus planes para la salvación de los hijos de los hombres.

LA PERSECUCIÓN, UN LEGADO DE LOS SANTOS

Para consuelo de los santos, permítanme citarles algunas palabras de nuestro Salvador:
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros Mateo 5:10–12

La persecución es, y siempre ha sido, un legado de los santos de Dios. Hombres y mujeres han recorrido este país y otras tierras dando conferencias contra la Iglesia y sus líderes. Se han escrito, publicado y distribuido contra nosotros decenas de artículos de revistas y libros de carácter venenoso y difamatorio. Los apóstatas de la Iglesia se han opuesto a ella de diversas maneras, mientras que la obra del Señor, contra la cual han dirigido sus dardos encendidos, sigue avanzando constantemente.

Durante más de un siglo, el mormonismo ha sido blanco de tales insultos, engaños y falsedades, pero con cada ataque se ha dado a conocer más ampliamente. La obra del Señor prospera en medio de la oposición y la persecución. «La verdad es poderosa y prevalecerá».

No buscamos la oposición ni la persecución, pero cuando llegan no nos perturbamos demasiado, pues sabemos sobre qué terreno estamos: que esta es la obra del Señor y que Dios está al timón, guiando el buen barco hacia un puerto seguro.

DOS GRANDES PODERES EN ACCIÓN

Hay dos grandes poderes que obran sobre la mente y el corazón de los hijos de los hombres: uno para el bien y el otro para el mal.

Cito del Libro de Mormón:
Por tanto, todo lo que es bueno viene de Dios; y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y lucha contra él continuamente, e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar Moro. 7:12

Cito de Doctrina y Convenios:
[…] porque vimos a Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo, que se rebeló contra Dios y procuró tomar el reino de nuestro Dios y su Cristo; por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios D. y C. 76:28–29

El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad, un personaje de espíritu sin cuerpo físico. Lucifer también es un espíritu sin cuerpo físico. El Espíritu Santo inspira el bien. El diablo instiga el mal. Cada uno procura ganar las almas de los hombres: uno para salvarlas y el otro para destruirlas.

[…] escogeos hoy a quién sirváis Josué 24:15

El hombre tiene su albedrío y es responsable ante Dios, quien se lo dio, por la manera en que lo ejerce. Los susurros del Espíritu Santo disipan toda duda y temor y llevan convicción al alma, de modo que podemos decir, a conciencia, que conocemos la veracidad de lo que hemos recibido.

Dijo el Salvador:
[…] Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo Juan 7:16–17

NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

Veamos cómo funciona esto: Jesús enseñó la voluntad de Aquel que lo envió e hizo Su voluntad en todas las cosas. Le dijo a Nicodemo:
[…] el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios Juan 3:5

¿Qué sucede cuando alguien nace del agua y del Espíritu? Jesús nos ha dado un ejemplo digno en todas las cosas. Veamos lo que le sucedió a Él:
Y Jesús, después que fue bautizado, subió inmediatamente del agua; y he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él. Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco Mateo 3:16–17

Es decir, fue sumergido en las aguas del Jordán por Juan el Bautista y salió inmediatamente del agua, y así nació del agua. Entonces se abrieron los cielos y el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, se posó sobre Él como una paloma, y así nació del Espíritu.

Ahora observen lo que siguió a Su nacimiento del agua y del Espíritu:
Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco Mateo 3:17

Esa es la aprobación que el Padre dio a Su Hijo. Toda persona digna que se bautiza como lo hizo Jesús, mediante la misma autoridad del sacerdocio, y que recibe el Espíritu Santo por la imposición de manos de los élderes de la Iglesia, recibe una aprobación semejante mediante el poder del Espíritu Santo. De esta manera los miembros de la Iglesia han recibido un testimonio de la verdad.

[…] nadie puede afirmar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo 1 Cor. 12:3

Después de que una persona ha recibido el Espíritu Santo por la imposición de manos, tiene el derecho y el privilegio, mediante la fidelidad, de contar con Su compañía constante, cuyo significado solo conocen los fieles.

EL ESPÍRITU SANTO OBRA PARA LA SALVACIÓN DEL HOMBRE

El Espíritu Santo obra de muchas maneras para la bendición y la salvación del hombre. Por ejemplo, cuando Jesús preguntó a Sus discípulos:
[…] Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos Mateo 16:15–17

¿Cómo se lo reveló el Padre a Pedro? Mediante el poder del Espíritu Santo, por medio de quien el Señor tiene contacto y comunicación con el hombre en la tierra.

Escuchen lo que Moroni, un profeta de Dios de los tiempos del Libro de Mormón, dice acerca de la manera en que obra el Espíritu Santo:

Y cuando recibáis estas cosas [los anales], quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas Moro. 10:4–5

Muchas personas han puesto a prueba esta promesa y han recibido el testimonio del Espíritu de que las cosas que contiene el Libro de Mormón son verdaderas.

Esta promesa es válida con respecto a todas las Escrituras. Al leer el relato de José Smith sobre la visita que le hicieron el Padre y el Hijo JS—H 1:17 cuando todavía era un muchacho de catorce años, el Espíritu Santo da testimonio a mi alma de que lo que él dice es verdadero, y me regocijo sobremanera en este testimonio. Siento que sé por las revelaciones de Dios, mediante la acción del Espíritu Santo, tan ciertamente como lo sabía Pedro, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente; y por ese mismo poder, que es el poder de Dios, sé que José Smith fue y es un verdadero profeta de Dios, como lo fueron todos sus sucesores en la presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hasta el presente, incluido el actual Presidente de la Iglesia, George Albert Smith. También sé que esta obra en la que estamos participando es la obra de Dios y que perdurará para siempre.

LA EFICACIA DE LA EXPIACIÓN

Cito aquí las palabras del Salvador:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga Mateo 11:28–30

La carga del pecado y del remordimiento es algo que debe temerse y evitarse. Sin embargo, el Salvador ha proporcionado un medio por el cual pueden ser perdonados los pecados más graves, a saber, mediante el arrepentimiento y la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio, que adquieren eficacia mediante la Expiación de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El tercer artículo de nuestra fe dice:
Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio A. de F. 1:3

De esta manera nos libramos de nuestros pecados y nos preparamos para la salvación.

El bautismo es la consecuencia natural de la fe y del arrepentimiento. Es la puerta de entrada al reino.

[…] el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios Juan 3:5

[…] El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador Juan 10:1

El bautismo también es para el cumplimiento de la ley.
Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él.
Pero Juan se lo impedía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
Pero respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia Mateo 3:13–15

lo cual no podía cumplirse sin el bautismo.
El bautismo es para el perdón de los pecados de los que uno se ha arrepentido.
Y Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo Hechos 2:38

«VAMOS ADELANTE A LA PERFECCIÓN»

Por tanto, dejando ya los principios de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios,
de la doctrina de bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
Y esto haremos, si Dios lo permite Heb. 6:1–3

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; y a la virtud, conocimiento; y al conocimiento, templanza; y a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo 2 Pedro 1:5–8

a quien conocer es vida eterna.

Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos A. de F. 1:13

Que el Señor nos ayude a ser ortodoxos en nuestros pensamientos, en nuestras enseñanzas y en nuestra manera de vivir, y a ser a imagen y semejanza de Dios en todas las cosas Gén. 1:26–27 en el nombre de Jesucristo. Amén.

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