«El campo blanco está ya para la siega»
Élder Joseph Fielding Smith
Del Consejo de los Doce Apóstoles
Los siervos del Señor tienen la doble responsabilidad de proclamar el Evangelio restaurado para llevar a las personas a la verdad y advertir al mundo que se arrepienta antes de la venida de Jesucristo.
Mis amados hermanos y hermanas, siento que dependo mucho del Espíritu del Señor y de su fe al estar aquí ante ustedes. Hemos oído mucho acerca de la predicación del Evangelio y de la responsabilidad que tenemos de llevar este mensaje al mundo. Quisiera añadir unas palabras acerca de esta responsabilidad y también de la condición del mundo al que somos enviados.
EL EVANGELIO ENSEÑADO POR ADÁN
Nuestro Padre Celestial mandó a Adán que enseñara a sus hijos la verdad eterna. Leemos lo siguiente en las Escrituras:
Y Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas. Y Satanás vino entre ellos y dijo: Yo también soy un hijo de Dios; y les mandó, diciendo: No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos Moisés 5:12–13
LOS PROFETAS RECHAZADOS POR LOS HOMBRES
Así pues, se apartaron de la verdad para adorar toda clase de doctrinas y dioses falsos, negándose a escuchar a los profetas que eran enviados entre ellos, y fue necesario que el Señor enviara el Diluvio sobre ellos y limpiara la tierra de su iniquidad. Una vez más, el mundo comenzó con una sola familia y, a medida que los hombres empezaron a extenderse sobre la faz de la tierra, fueron instruidos por los profetas y recibieron revelación del Todopoderoso; pero también ellos, con el tiempo, se rebelaron, establecieron sus propias iglesias y adoraron a sus propios dioses e imágenes talladas. En esas condiciones, el Señor llamó a un hombre de la tierra de los caldeos y lo envió a la tierra de Canaán, prometiéndole grandes bendiciones, a él y a su posteridad después de él, mediante la obediencia a los mandamientos del Señor. Hoy llamamos Israel a ese pueblo. Pero, con el tiempo, Israel también se rebeló. No quiso escuchar a sus profetas, de modo que fue esparcido por toda la faz de la tierra a causa de su rebelión. Esta ha sido la historia a través de todas las épocas, porque los hombres se volvieron carnales, sensuales y diabólicos.
Uno de los antiguos profetas de este continente, al hablar de nuestros días, dijo:
Mas he aquí, en los últimos días, o en los días de los gentiles, sí, he aquí, todas las naciones de los gentiles, y también los judíos, tanto los que vengan a esta tierra como los que se hallen en otras tierras, sí, aun en todas las tierras de la tierra, he aquí, estarán ebrios de iniquidad y de toda clase de abominaciones;
y cuando llegue ese día, el Señor de los Ejércitos los visitará con truenos y con terremotos, y con un gran estruendo, y con tormenta, y con tempestad, y con la llama de fuego devorador 2 Ne. 27:1–2
EL EVANGELIO RESTAURADO POR MEDIO DE JOSÉ SMITH
Después de una gran apostasía, el Señor tuvo a bien restaurar la verdad del Evangelio por medio del profeta José Smith. Envió ángeles de Su presencia. De hecho, este gran profeta recibió la visita tanto del Padre como del Hijo, y se le dio autoridad para dar comienzo a esta gran dispensación del cumplimiento de los tiempos y enseñar la verdad del Evangelio eterno, porque una vez más los hombres se habían apartado de la verdad para adorar a sus ídolos y practicar doctrinas falsas. Han establecido sus propias iglesias, donde no se encuentra el Espíritu del Señor. Al comienzo de esta dispensación, el Señor envió a Sus misioneros a predicar el Evangelio restaurado y les dijo que los enviaba con este mensaje de verdad entre las «congregaciones de los inicuos» D. y C. 60:13 y esto lo repitió muchas veces. En una revelación dada en octubre de 1830, cuando hacía apenas seis meses que la Iglesia había sido restaurada, el Señor dijo lo siguiente:
Porque de cierto, de cierto os digo, que sois llamados a alzar vuestras voces como con el son de trompeta, para declarar mi evangelio a una generación perversa y rebelde.
Porque he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y es la hora undécima y la última vez que llamaré obreros a mi viña D. y C. 33:2–3
ADVERTENCIA DE LAS CALAMIDADES VENIDERAS
Con «la última vez», el Señor se refería a la dispensación del cumplimiento de los tiempos.
El profeta José Smith instruyó a sus hermanos y les informó de las calamidades que habrían de venir. Advirtió al mundo acerca de su iniquidad y les dijo a estos buenos hombres del Consejo de los Doce, que estaban asociados con él, que, debido a la iniquidad y la corrupción del mundo, la destrucción vendría sobre él. Algunos de estos hermanos dicen que, al hablarles de estas cosas, lloró como lloró nuestro Salvador cuando contempló Jerusalén Lucas 19:41 El presidente Wilford Woodruff, al hablar de este testimonio y de esta advertencia al mundo acerca de las cosas que el Profeta había visto en visión que sobrevendrían a la tierra, dijo: «Oí al profeta José Smith dar su testimonio de estos acontecimientos que tendrían lugar en la tierra»; y, después de predecir que ya estaban a nuestras puertas, también dijo: «No podemos correr un velo sobre los acontecimientos que esperan a esta generación. Ningún hombre inspirado por el Espíritu y el poder de Dios puede cerrar sus oídos, sus ojos o sus labios ante estas cosas». Creo que no tenemos derecho a cerrar los oídos, ni a guardar silencio y cerrar los ojos ante las advertencias que el Señor nos ha dado y puesto ante nosotros, y que se nos manda declarar a las naciones de la tierra.
Nuevamente, el Señor dice:
Porque toda carne se ha corrompido delante de mí; y los poderes de las tinieblas prevalecen sobre la tierra, entre los hijos de los hombres, en presencia de todas las huestes de los cielos,
lo cual hace reinar el silencio, y toda la eternidad se duele, y los ángeles esperan el gran mandato para segar la tierra, para juntar la cizaña a fin de que sea quemada; y he aquí, el enemigo se ha combinado D. y C. 38:11–12
PROFECÍAS DE WILFORD WOODRUFF Y NEFI
Escuché al presidente Wilford Woodruff, en este estrado, en este mismo lugar donde me encuentro, dar testimonio, como lo había hecho en otros lugares, en 1893 y hasta el momento de su muerte, de que los ángeles que habían estado esperando salir a segar la tierra ya habían sido enviados a esa misión y estaban en la tierra. Por lo tanto, dijo que podíamos esperar calamidades, destrucción, plagas y derramamiento de sangre. Ahora permítanme leerles, a modo de advertencia, algo que se le dio por profecía a Nefi acerca de nuestros propios días. Hablando a las personas que viven ahora, dijo:
¡Oh los sabios, y los instruidos, y los ricos que se inflan con el orgullo de sus corazones, y todos los que predican doctrinas falsas, y todos los que cometen fornicaciones y pervierten la vía recta del Señor! ¡Ay, ay, ay de ellos!, dice el Señor Dios Todopoderoso, porque serán arrojados al infierno.
¡Ay de aquellos que por una pequeñez desechan al justo y vituperan lo que es bueno, y dicen que no vale nada! Porque vendrá el día en que el Señor Dios visitará repentinamente a los habitantes de la tierra; y en aquel día en que estén completamente maduros en la iniquidad, perecerán.
Mas he aquí, si los habitantes de la tierra se arrepienten de sus iniquidades y abominaciones, no serán destruidos, dice el Señor de los Ejércitos.
Mas he aquí, esa grande y abominable iglesia, la ramera de toda la tierra, tiene que caer a tierra, y grande ha de ser su caída.
Porque el reino del diablo debe temblar, y es preciso que los que a él pertenecen sean estimulados al arrepentimiento, o el diablo los prenderá con sus sempiternas cadenas, y serán agitados a la ira, y perecerán;
porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.
Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sion; sí, Sion prospera, todo va bien; y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.
(Esto se refiere, tengan a bien observarlo, en gran medida a quienes están en Sion).
Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate.
Sí, son agarrados con muerte e infierno; y la muerte y el infierno, y el diablo y todos los que han sido prendidos con ellos, deben comparecer ante el trono de Dios, y ser juzgados según sus obras, de donde tendrán que ir al lugar preparado para ellos, sí, un lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin 2 Ne. 28:15–23
LA INIQUIDAD AUMENTA EN EL MUNDO
Hay mucho más que quisiera presentar si el tiempo lo permitiera. Permítanme llamar su atención sobre el hecho de que este mundo no está mejorando. Si me permiten la expresión, no debemos «engañarnos» pensando que este mundo está mejorando. Si así fuera, las profecías habrían fallado. Este mundo está hoy lleno de iniquidad. Esa iniquidad va en aumento. Es cierto que hay muchas personas justas esparcidas por toda la tierra, y es nuestro deber buscarlas, darles el Evangelio de Jesucristo y sacarlas de Babilonia. El Señor les ha dicho: «Salid de Babilonia» D. y C. 133:5 que es el mundo.
Ahora bien, el Señor ha dicho que esta es la última vez que el Evangelio se daría a los hombres y que Sus siervos no deben predicar sino el arrepentimiento D. y C. 6:9 y ha dicho además:
Porque he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y es la hora undécima y la última vez que llamaré obreros a mi viña.
Y mi viña se ha corrompido por completo; y no hay quien haga lo bueno salvo unos pocos; y estos yerran en muchos casos a causa de las supercherías sacerdotales, porque todos tienen mentes corruptas.
Y de cierto, de cierto os digo, que he establecido esta iglesia y la he llamado del desierto D. y C. 33:3–5
EL EVANGELIO SE PREDICA COMO TESTIMONIO
¿Y con qué propósito se predica el Evangelio? Para llevar a las personas al conocimiento de la verdad y como testimonio antes de que llegue el fin del mundo, o el fin de la iniquidad JS—M 1:4 Aun antes de la organización de la Iglesia, allá en 1829, el Señor llamó la atención mediante revelación sobre la predicación de Sus siervos, y dijo:
Y el testimonio de ellos también saldrá para condenar a esta generación, si esta endurece su corazón contra ellos D. y C. 5:18
Esto se dijo más particularmente con referencia a los testimonios de estos hombres que son testigos del Libro de Mormón, y su testimonio ha salido por todo el mundo. Pero esto también es cierto en cuanto a los testimonios de todos los demás que han salido a predicar el Evangelio. Luego el Señor añade:
Porque se desatará una plaga asoladora entre los habitantes de la tierra, y seguirá derramándose de cuando en cuando, si no se arrepienten, hasta que quede vacía la tierra, y sean consumidos y enteramente destruidos sus habitantes por el resplandor de mi venida.
He aquí, os digo estas cosas, así como también anuncié al pueblo la destrucción de Jerusalén; y se verificará mi palabra en esta ocasión, como se ha verificado hasta ahora D. y C. 5:19–20
LOS MISIONEROS DEBEN ADVERTIR AL PUEBLO
El Señor nos ha impuesto la responsabilidad de predicar el Evangelio, pero hay otra gran responsabilidad. Creo que algunos de nuestros misioneros han tenido la idea de que todo lo que debíamos hacer era entablar amistades y que, si las personas querían unirse a la Iglesia, muy bien; y los misioneros no han comprendido que tenían la obligación de dejar una advertencia, y es tan necesario que advirtamos al mundo como que declaremos el camino de la vida eterna. El Señor dijo a los misioneros que salieron en los primeros días:
A fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado, y la misión con la que os he comisionado. He aquí, os envié para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo. Por tanto, quedan sin excusa, y sus pecados descansan sobre su propia cabeza D. y C. 88:80–82
Todo misionero que salga debe asegurarse de dejar su testimonio, para quedar libre de culpa, tal como el Señor ha declarado que debe hacerlo en la sección cuatro de Doctrina y Convenios D. y C. 4:2 y para que todo hombre con quien entre en contacto sea amonestado y quede sin excusa, y así la sangre de cada hombre recaiga sobre su propia cabeza.
OPOSICIÓN AL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO
Si creen que el mundo está mejorando, tan solo observen y sean testigos de la vulgaridad y de lo cercano a la indecencia que encontramos publicado en algunas revistas ilustradas y, con tanta frecuencia, en la pantalla. Piensen en la corrupción y las condiciones degradantes debidas al consumo de bebidas alcohólicas, tabaco y otros narcóticos y drogas. Piensen en la inmoralidad tan extendida por todo el país. Nos enteramos de los males que existían en nuestros campamentos militares por los informes de los periódicos, las revistas y los relatos de nuestros propios muchachos que han regresado. Ahora se ejerce presión sobre nosotros para imponer la obligación a nuestros jóvenes, en los tiernos años en que son más impresionables, y forzarlos a ingresar en campamentos militares donde no tendrán protección, o tendrán muy poca, contra los vicios tan extendidos en esos campamentos. Quiero decirles, mis hermanos y hermanas, que yo, por mi parte, ¡me opongo a ello!
Ahora salgamos a predicar este Evangelio con el entendimiento de que tenemos la doble responsabilidad de dar testimonio y conducir a los justos, a los sinceros, al conocimiento de la verdad, y luego dejar a todos los demás sin excusa mediante el testimonio que les damos.
Lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.


























