La edificación de Sion y la preparación para la venida del Señor
Élder John F. Bowman
Expresidente de la Misión de los Estados Centrales
Tenemos la responsabilidad de predicar el Evangelio y edificar Sion, velando y orando en preparación para la venida y el reinado de Jesucristo.
Es una experiencia emocionante, mis hermanos y hermanas, contemplar esta gran congregación desde este lugar. Ya casi había olvidado muchas cosas de mi misión y había llegado a la conclusión de que probablemente nunca se me pediría informar sobre mis actividades en el campo misional. Sin embargo, quiero decir ahora que aquella experiencia de poco más de cuatro años en la Misión de los Estados Centrales fue la más emocionante de unos cincuenta o cincuenta y cinco años de servicio activo en la Iglesia. Fue algo grandioso trabajar con sus hijos e hijas en el ministerio y conocer su fe y su capacidad para llevar este gran mensaje de rectitud y salvación a quienes se encuentran en tinieblas. Mediante sus humildes esfuerzos, mientras la hermana Bowman y yo presidíamos aquella misión, el número de miembros de la misión aumentó de poco más de seis mil a unos ocho mil doscientos u ocho mil trescientos. Más de dos mil de ellos fueron conversos a la fe como resultado de los humildes e inspirados esfuerzos de los excelentes jóvenes y jovencitas que trabajaron en aquella misión.
Fue una experiencia emocionante para nosotros vivir y trabajar en aquella misión en particular, uno de los lugares más interesantes de todo el mundo y uno de los más importantes. Hay muchas cosas acerca de esa parte de los Estados Unidos que muchos de nosotros, especialmente las generaciones más jóvenes, probablemente hemos olvidado por completo o nunca hemos sabido. Vivíamos en Independence, condado de Jackson, Misuri, que se encontraba en los límites occidentales de la civilización cuando nuestros santos fueron allí por primera vez. Está al este del río Misuri, que marcaba la frontera del territorio de los lamanitas que vivían al otro lado de aquel río, hacia el oeste. Por medio de la inspiración de Dios a Su siervo, el profeta José Smith, hemos sabido que en aquella región el Señor Dios Todopoderoso plantó Su jardín, el Jardín de Edén. Eso siempre nos emocionaba mientras vivíamos allí. Para nosotros era un lugar sagrado, consagrado y santo, porque los grandes comienzos del mundo tuvieron lugar allí, y no en el hemisferio oriental, donde comúnmente se piensa que ocurrieron. Por supuesto, sin duda tenemos presente que en aquel tiempo la tierra no había sido dividida, que la tierra fue dividida en los días de Peleg y que, según recuerdo, eso probablemente ocurrió entre ciento cincuenta y doscientos años después del Diluvio. Pero el Jardín de Edén fue plantado en lo que ahora se conoce como el condado de Jackson, y el Señor Dios Todopoderoso colocó a Su gran siervo Adán en aquel jardín y, más tarde, le dio a su esposa Eva, con el mandamiento de que se multiplicaran e hinchieran la tierra; que podían comer libremente de todos los árboles de aquel jardín, pero que del árbol del conocimiento del bien y del mal no debían comer; y que, si comían de él, el día en que lo hicieran, de cierto morirían.
Para nosotros era interesante saber que aquello sucedió allí, que comieron del fruto prohibido y que, como resultado, fueron expulsados del jardín y se produjo lo que comúnmente conocemos como la caída del hombre. Después de que fueron expulsados de aquel hermoso lugar, Eva descubrió que estaba por convertirse en madre de un hijo, y se regocijaron ante el Señor porque ahora evidentemente se encontraban en condiciones de cumplir aquel gran mandamiento para el cual habían sido enviados a la tierra: multiplicarse y henchir la tierra; y se regocijaron ante el Señor por aquella bendición que ahora recibirían. Salieron del jardín, y es interesante saber, según lo entendíamos allí y según lo entiendo ahora, que no se fueron muy lejos. Viajaron hacia el noreste unas setenta y cinco millas, y allí vivieron en Adán-ondi-Ahmán, del cual leen en las revelaciones de la Iglesia, y esa fue la tierra donde moraron Adán y Eva. Es posible que hayan viajado lejos y que, en ocasiones, hayan vivido en la región que ahora se considera el lugar donde comenzó la raza humana, en Oriente; pero fue en el valle de Adán-ondi-Ahmán donde moró Adán y, cuando tenía novecientos veintisiete años, encorvado por la edad, reunió a sus fieles seguidores en aquel valle para recibir una rendición de cuentas de sus mayordomías y bendecirlos. En aquella ocasión, ciertamente la reunión más importante que se había celebrado en la historia del mundo hasta ese momento, nuestro Señor y Salvador Jesucristo apareció en aquel lugar de esta tierra para bendecir a Adán y consolarlo en su vejez, y Adán dijo a su pueblo lo que sucedería hasta el fin del mundo. Esas cosas están escritas y, en el futuro, probablemente no muy lejano, tendremos la historia del mundo escrita de antemano por Adán, lo que indudablemente será una gran bendición para nosotros. Allí, tres años después, Adán murió, probablemente en Adán-ondi-Ahmán, y fue sepultado allí. Eso hace de aquel lugar un sitio muy sagrado y de enorme interés. Allí, según entendemos por las profecías de los profetas antiguos y de los profetas y reveladores modernos de nuestra Iglesia, Adán se sentará en su trono como el Anciano de Días, y millares de millares vendrán allí a rendirle homenaje, y diez mil veces diez mil vendrán allí para recibir juicio de su mano. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo aparecerá en aquel lugar y, mediante el gran cónclave de líderes del sacerdocio que será convocado en conferencia allí en los próximos años, según nos inclinamos a pensar, nuestro Señor y Salvador Jesucristo aparecerá y será coronado allí Rey de reyes y Señor de señores; el reinado de Satanás terminará y los reinos de esta tierra llegarán a ser los reinos de nuestro Dios y de Su Cristo, y Él reinará con Su pueblo para siempre jamás. Esas son cosas de enorme importancia para nosotros, y en aquella tierra uno las recuerda. Me alegró saber, durante un viaje que hice allí hace unos dos meses, poco después de que el presidente Smith hubiera estado allí, que él recordó al pueblo las cosas extraordinarias que han de suceder allí, las grandes cosas que han sucedido allí y que el gran Templo del Señor, la Nueva Jerusalén, ha de establecerse en esa región. Uno de los edificios más grandiosos que jamás se hayan erigido en la historia del mundo se establecerá en Independence, condado de Jackson, Misuri, y la gloria de Dios reposará sobre él como una columna de nube de día y una columna de fuego de noche; y desde ese centro reinará nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor.
Estamos agradecidos de haber tenido la oportunidad de trabajar allí, en aquella tierra santa, en aquel lugar sagrado, por las cosas extraordinarias que sucedieron allí y por las cosas extraordinarias que han de acontecer. Estas cosas sucederán allí, mis hermanos y hermanas; las encontrarán escritas en las revelaciones. No se nos ha eximido de la gran responsabilidad de edificar el lugar central de Sion. Muchos de nosotros pensamos que tenemos aquí el lugar central de Sion. Es el lugar central ahora; estas estacas nunca serán desarraigadas, pero aquel es el lugar central de Sion, conforme a las revelaciones, y allí es donde se construirá el gran Templo, y en el debido tiempo del Señor se llamará a personas a ir allí para edificar ese lugar, en preparación para la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Ahora permítanme recordarles una cosa al concluir. Desde este púlpito, en 1898, el presidente Snow, el Profeta, Vidente y Revelador de la Iglesia en aquel entonces, al responder algunas de las preguntas que surgían en la mente de las personas en cuanto a si habían quedado relevadas de su responsabilidad de edificar el lugar central de Sion, dijo al pueblo: «No vamos a regresar al condado de Jackson hoy, ni la próxima semana, ni el próximo mes, pero les testifico en el nombre del Señor que regresaremos allí, y hay muchos, hay cientos», y luego lo repitió, «sí, cientos que están sentados en esta congregación que vivirán en la carne para regresar al condado de Jackson y ayudar a construir el Templo». Esto es importante para nosotros porque nos indica la cercanía de la venida de nuestro Señor, y el mejor consejo que se me ocurre darme a mí mismo, a mi familia y a ustedes, mis hermanos y hermanas, es el consejo que nuestro Señor y Salvador dio a Sus apóstoles cuando le preguntaron cuándo sucederían estas cosas de las que Cristo hablaba, que acontecerían al fin del mundo; y Él les dijo que velaran y oraran para que no fueran sorprendidos como por un ladrón en la noche.
Que el Señor nos ayude a estar a la altura de nuestras responsabilidades de llevar adelante esta gran obra, de predicar este Evangelio en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, tal como estamos procurando hacerlo ahora, comprendiendo que, cuando hayamos cumplido nuestra responsabilidad, entonces vendrá el fin y nuestro Señor y Salvador Jesucristo vendrá a reinar personalmente sobre la tierra durante mil años. Que el Señor nos ayude a hacerlo, lo ruego humildemente en el nombre de Jesús. Amén.


























