Conferencia General Octubre 1946


“La vida abundante”

Élder Harold B. Lee
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La vida abundante se alcanza al seguir a Jesucristo, procurar conocer y hacer la voluntad de Dios y orientar nuestras decisiones hacia la vida eterna.


Ruego sinceramente que el Espíritu del Señor guíe mis breves palabras y que estas estén en plena armonía con todo lo que se ha dicho en esta ocasión.

Tenemos un pasaje de las Escrituras que registra las palabras del Maestro:
[…] yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia Juan 10:10

CONCEPTOS MODERNOS DE LA VIDA ABUNDANTE

Ese pasaje de las Escrituras ha servido de texto para ciertas filosofías económicas que existen entre nosotros hoy, y de ese texto se ha acuñado una expresión: «La vida abundante», que se ha utilizado con frecuencia para referirse a una condición de abundancia, suficiencia o profusión de las cosas materiales de la vida. Pero, si despojamos a esas filosofías de todas sus frases y explicaciones grandilocuentes, podríamos describirlas con estas palabras: «Dar cada vez más a una persona a cambio de recibir cada vez menos de ella».

Al reflexionar sobre mi vida, recuerdo que estas filosofías no comenzaron en los últimos años. Cuando pienso en las primeras campañas políticas de las que oí hablar siendo muchacho —y, afortunadamente, en aquellos días no oíamos tanto acerca de ellas como hoy—, recuerdo que algunos de los lemas de entonces se parecían mucho a las filosofías que tenemos hoy. Recuerdo que en una campaña había uno que decía más o menos así: «Defendemos una fiambrera llena»; y en otra ocasión: «Defendemos un pollo en cada olla»; y, más adelante: «Dos automóviles en cada garaje». Recuerdo haber tomado una revista y haber visto una fotografía de una familia en un hermoso automóvil descapotable, camino al cine, y debajo decía: «Este es el modo de vida estadounidense». Y, más recientemente, tenemos una filosofía, o lema: «Pleno empleo para todos en Estados Unidos y una pinta de leche para cada persona del mundo».

Ahora bien, les señalo estos dichos —y ustedes, que son mayores que yo, pueden añadir otros lemas semejantes—, no para ridiculizarlos, sino para llamar su atención sobre el hecho de que en este país, y quizá en otros, hemos escogido como ideales estos beneficios materiales y los hemos llamado el camino hacia una vida abundante.

Al comentar estas cosas que, al parecer, han existido aquí en Estados Unidos, el rector de una de nuestras grandes universidades estadounidenses dijo lo siguiente:
Pero el ideal de la comodidad, que es lo mejor que hemos podido concebir para nosotros mismos, nunca servirá como objetivo para un orden mundial. Los hombres nunca podrán sentirse lo bastante cómodos; nunca podremos tener suficientes bienes materiales si lo que deseamos son bienes materiales. Cualquier orden mundial que tenga este ideal será despedazado por las divisiones a las que conduce.

Por lo tanto, mientras se suponga que es deber de todos nosotros obtener cuanto podamos y hacer del ideal de la comodidad nuestra meta en la vida, podremos esperar un destino semejante para la nación, la comunidad o la familia que se edifique sobre tal ideal. Ciertamente será despedazada por las divisiones a las que ese ideal conducirá.

Creo que no me equivocaría al decir, y creo que ustedes estarían de acuerdo conmigo, que quizá nunca antes en la historia del mundo se haya hablado tanto de la vida abundante y se haya dedicado tan poco esfuerzo a obtener los elementos esenciales que hacen posible una vida abundante.

LA DECLARACIÓN DEL MAESTRO

Quisiera leerles la parábola que precedió a la declaración del Maestro en aquel pasaje al que me referí. Estas fueron Sus palabras:
De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. […] Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. […] Yo soy la puerta; el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos Juan 10:1, 7, 9

Y luego concluyó Su lección con esta declaración:
[…] yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia Juan 10:10

En otra ocasión dijo a Sus discípulos:
[…] Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí Juan 14:6

Fue el mismo mensaje que dio a Nicodemo, quien preguntó qué debía hacer para ser salvo, y el Maestro respondió:
[…] el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios Juan 3:5

Por lo tanto, quienes buscan la vida abundante por cualquier otro camino que no sea el que el Maestro ha trazado en el plan del Evangelio son como «ladrón y salteador», para emplear las palabras del Maestro. Pero la tragedia es que quien así roba también es víctima de su propio robo, y su propia casa le es dejada desierta Mateo 23:38 en el día de su gran necesidad espiritual. Entonces, ciertamente, tal persona es verdaderamente pobre, y es como aquel hombre al que el Maestro se refirió en Su Sermón del Monte, que edifica su casa sobre la arena y, cuando llegan las tormentas, soplan los vientos y descienden las lluvias, su casa cae porque está fundada sobre la arena (véase Mateo 7:26–27

LAS ESCRITURAS TRAZAN EL CAMINO HACIA LA VIDA ABUNDANTE

Pero las Escrituras nos han trazado inequívocamente el camino para vivir la vida abundante y prepararnos para ella. Fue el apóstol Pablo quien dijo a los hebreos:

Por tanto, dejando ya los primeros rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección Heb. 6:1

Al explicar lo que significa la salvación, el profeta José declaró:
La salvación no es ni más ni menos que triunfar sobre todos nuestros enemigos y ponerlos debajo de nuestros pies. Y cuando tengamos el poder para poner a todos nuestros enemigos debajo de nuestros pies en este mundo, y el conocimiento para triunfar sobre todos los espíritus malignos en el mundo venidero, entonces seremos salvos (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 297).

Pero, al parecer, según leo las Escrituras, el Señor no quiso dar a entender que la plenitud de la vida abundante pudiera alcanzarse en esta vida, pues encontramos que dice en una revelación al profeta José Smith:

Por tanto, no temáis ni aun a la muerte; porque en este mundo vuestro gozo no es cabal, pero en mí vuestro gozo es cumplido D. y C. 101:36

El apóstol Pedro expresó esa enseñanza en una fórmula, un modelo o una manera de vivir. Estas fueron sus palabras:
Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; y a la virtud, conocimiento; y al conocimiento, templanza; y a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si en vosotros están estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas es ciego y tiene la vista corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será concedida ampliamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo 2 Pedro 1:5–11

Al comprender todo el significado de las palabras del apóstol Pedro, que describen aquella manera de vivir mediante la cual podríamos obtener esa abundancia, o, en otras palabras, esa «amplia entrada» en el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, me doy cuenta de que no podemos obtenerla mediante dádivas espirituales gratuitas, así como tampoco podemos obtener una vida temporal abundante recibiendo dádivas temporales gratuitas, pues el Señor declaró:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos Mateo 7:21

Solo puede recibir ese gozo y esa vida abundante la persona cuya vida se ajuste a las normas establecidas en el Evangelio de Jesucristo. Tenemos una magnífica ilustración sobre cómo puede obtenerse esto, a la cual quisiera llamar su atención.

LA VIDA DE SAULO DE TARSO

Saulo de Tarso había sido valiente y se había dedicado concienzudamente a tratar de erradicar el cristianismo, al que consideraba una secta que profanaba la palabra de Dios. Incluso había guardado los mantos de los hombres que apedrearon a Esteban Hechos 7:58 y, después de obtener cartas de autorización, se dirigía a Damasco para proseguir allí su labor Hechos 9:1–2, y era alrededor del mediodía:
Y yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer Hechos 9:3–6

Fue y encontró a Ananías, un humilde hombre de Dios. Ananías le enseñó el camino hacia una vida abundante. Bautizó a Pablo y luego lo envió a los apóstoles, de quienes recibió la comisión que lo envió a ser uno de los más grandes misioneros entre los gentiles, y desde entonces lo conocemos como el apóstol Pablo Hechos 9:10–22

Las recompensas que provienen de una vida de sacrificio y servicio también se ilustran en un incidente de su vida. Recordarán que ahora era un prisionero que iba camino a Roma. Cuando zarparon de una isla del mar Mediterráneo, tuvo la impresión de que no todo saldría bien, y apenas habían perdido de vista la tierra cuando se desató una furiosa tormenta; durante catorce días aquella frágil nave fue zarandeada y, como dicen las Escrituras, […] no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos Hechos 27:20

Entonces el apóstol Pablo bajó a un lugar donde pudiera estar a solas y oró, y estas son las palabras registradas en las Escrituras que describen su experiencia:
[…] después de haber pasado mucho tiempo sin comer, Pablo, puesto en pie en medio de ellos, dijo: […] Pero ahora os exhorto a que tengáis buen ánimo, porque no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo Hechos 27:21–24

Entonces el apóstol Pablo tranquilizó a sus compañeros de viaje con este testimonio:
Por tanto, oh varones, tened buen ánimo, porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho Hechos 27:25

Allí podemos encontrar ilustrados los pasos esenciales hacia la vida abundante de la que habló el Maestro. El primer paso es vivir de una manera que nos permita recibir la luz del cielo y un testimonio de que Jesús es una realidad viviente y de que puede hablarnos. Entonces, quien posea tal testimonio dirá desde lo más profundo de su corazón, como lo hizo el apóstol Pablo: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» Hechos 9:6

HACER LA VOLUNTAD DE DIOS

Me pregunto si reflexionarán sobre esto ustedes que presiden las misiones y las estacas de la Iglesia, las diversas organizaciones y los cuórums del sacerdocio, y nosotros que ocupamos puestos en los consejos presidentes de la Iglesia: siempre que tengamos que seleccionar a un líder o determinar una norma para el bienestar de Sion, cuán bueno sería que siempre dijéramos, nosotros que tenemos ese testimonio de Jesús: «Padre Celestial, ¿qué quieres que yo haga?». ¡Y si lo recordáramos como padres y madres al tratar con un hijo descarriado; si lo recordáramos cuando juzgamos al pecador, en todos nuestros asuntos comerciales, y los jóvenes en sus asuntos amorosos! Que quienes tenemos el testimonio recordemos esa lección del apóstol Pablo y clamemos de corazón a nuestro Padre: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?».

Y, si oramos con verdadera sinceridad y fe, de las Escrituras nos llegará la respuesta a esa pregunta hecha en oración. La respuesta ha llegado repetidamente, una y otra vez: todo lo que hagamos debe hacerse «con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios» D. y C. 4:5 D. y C. 82:19

¿Qué es la gloria de Dios? El Señor le dijo a Moisés:
[…] esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre Moisés 1:39

Con esa meta siempre ante nosotros, considerando cada acto de nuestra vida y cada decisión que tomamos como encaminados al desarrollo de una vida que nos permita entrar en la presencia del Señor, nuestro Padre Celestial —lo cual significa obtener la vida eterna—, cuánta más sabiduría habría en las muchas cosas de la vida. ¿No ven, madres, que, si tienen esa responsabilidad y la reconocen, tal como el Señor se la ha dado, de enseñar a sus pequeños que hay un Padre Celestial y que la vida tiene un propósito, y que ese propósito es prepararse para volver a Su presencia en un día no muy lejano, entonces, cuando ese hijo, que posee fe gracias a esas enseñanzas maternas, tenga que decidir qué materias estudiar en la escuela, ya sea un curso de economía doméstica o una carrera en el teatro, me pregunto si no podrá escoger acertadamente en tal cuestión?

Si surgiera la cuestión de a qué clase de negocio debería dedicarse un hombre, si debería invertir en una cosa o en otra, si debería casarse con esta joven o con aquella, dónde debería casarse y cómo debería casarse, o cuando se trate de llevar adelante la obra que se nos ha asignado, con cuánta más certeza se tomarían esas decisiones si siempre recordáramos que todo lo que hacemos y las decisiones que tomamos deben hacerse teniendo presente esa meta eterna, con la mira puesta únicamente en la gloria final del hombre en el mundo celestial.

LA GUÍA DIVINA ESTÁ A NUESTRO ALCANCE

Si, entonces, todos nuestros motivos egoístas, todos nuestros deseos personales y nuestra conveniencia se subordinaran al deseo de conocer la voluntad del Señor, podríamos contar con la compañía de una visión celestial. Si sus problemas son demasiado grandes para la inteligencia humana o exceden las fuerzas humanas, ustedes también, si son fieles y acuden debidamente a la fuente del poder divino, podrían tener a su lado, en su hora de peligro o de gran necesidad, a un ángel del Dios a quien pertenecen y a quien sirven. Quien vive de tal manera que es digno de un testimonio de que Dios vive y de que Jesús es el Cristo, y está dispuesto a acudir a Él preguntando constantemente para saber si su proceder cuenta con Su aprobación, es quien vive la vida en toda su abundancia aquí y se prepara para el mundo celestial, lo cual significa vivir eternamente con su Padre Celestial.

Les doy mi humilde testimonio, como uno de los más humildes entre ustedes: Sé que hay poderes que pueden acercarse a quien llena su corazón con la clase de amor de la que el presidente Richards ha hablado tan hermosamente esta tarde. Hace algunos años llegó una noche en la que, estando en mi cama, comprendí que, antes de poder ser digno del elevado puesto al que se me había llamado, debía amar y perdonar a toda alma que caminara sobre la tierra; y en aquel momento llegué a saber y recibí una paz, una guía, un consuelo y una inspiración que me anunciaron cosas venideras y me dieron impresiones que yo sabía que provenían de una fuente divina. Sé que estas cosas son verdaderas y que Dios vive, que Jesús es el Cristo y que cada uno de nosotros puede vivir la vida abundante al acercarse de ese modo a Él; y les doy ese testimonio en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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