El amor por la humanidad
Presidente George F. Richards
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
El amor a Dios y a todos Sus hijos, incluidos nuestros enemigos, debe guiar nuestros sentimientos y acciones conforme al ejemplo de Jesucristo.
He llevado en el bolsillo el manuscrito de un discurso que pensé que podría pronunciar si tuviera la oportunidad de hablar en la conferencia, pero no he recibido la inspiración para utilizarlo. He procurado ordenar algunos de mis pensamientos para expresarlos de una manera que sea de interés para ustedes, mis numerosos amigos, hermanos y hermanas, y decir unas palabras acerca de lo más grande del mundo. Hace algunos años leí un libro titulado Lo más grande del mundo, y aquello era el amor.
EL GRAN MANDAMIENTO
El Salvador ha dicho algo acerca de este tema, y acaba de ocurrírseme que, si Él estuviera aquí, en presencia de esta gran congregación, de modo que pudiéramos contemplarlo y oír lo que dijera, quizá Sus palabras nos impresionaran más de lo que nos han impresionado al leerlas en las Escrituras.
En una ocasión se le acercó un hombre instruido, un intérprete de la ley, y le preguntó:
Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?
Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo Mateo 22:36–39
En otra ocasión dijo:
[…] Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen Mateo 5:44
También se nos dice en las Escrituras que debemos andar en luz, como Él, Jesús, estaba en luz 1 Juan 1:7; o, en otras palabras, seguir Su ejemplo.
Cuando oró en el huerto de Getsemaní, Su sudor era como sangre que caía a tierra Lucas 22:44. Un ángel le dijo al rey Benjamín, un gran profeta del Libro de Mormón, que la sangre brotaría de los poros de Su cuerpo, tan grande sería Su angustia por la iniquidad y las abominaciones de Su pueblo Mosíah 3:7, ocasionada, por supuesto, por el amor que tenía por las personas.
Nos lamentamos y sentimos angustia de alma si una hija o un hijo se descarría, porque los amamos tanto.
DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO
Luego leemos que:
Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna Juan 3:16
También sabemos que el Salvador se entregó voluntariamente por todos; que Su expiación significó, en la vida y en la muerte, una dádiva voluntaria por nosotros, una manifestación de amor que no tiene comparación. Cuando estaba en la cruz, en medio de las agonías de la muerte, dirigió Sus pensamientos a Su Padre Celestial y oró fervientemente:
[…] Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen Lucas 23:34
Tenemos el ejemplo del profeta Esteban, quien, mientras lo apedreaban hasta darle muerte, se arrodilló en tierra y rogó a Dios que no imputara ese pecado a sus perseguidores Hechos 7:60
EL AMOR RESOLVERÍA LOS PROBLEMAS ACTUALES
Si en el mundo de hoy prevaleciera ese amor tal como el Señor quiso que prevaleciera, el amor a Dios y el amor a nuestros semejantes, no habría guerras, contenciones ni luchas entre los hijos de los hombres. Y el que las haya se debe a la indiferencia de los hombres para prestar atención a las amonestaciones y enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Profeso amor por ustedes, mis hermanos, hermanas y amigos que me escuchan. Espero poder cumplir la ley hasta el punto de amar a todos los que oyen mi voz, pertenezcan o no a la Iglesia, sean buenos o malos, cualquiera que sea su condición en la vida. Son hijos de nuestro Padre Eterno; son nuestros hermanos y hermanas.
Sin duda, nos regocijamos y fuimos felices junto con ellos,
Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios Job 38:7
porque se había preparado el plan de salvación y se había escogido al Salvador. Sin duda, todos los hijos de Dios fuimos felices juntos. El profeta José nos dice que todos estábamos presentes en espíritu, seres inteligentes capaces de participar en concilio con los Dioses. En aquellas condiciones debimos de haber vivido con amor y ayudándonos unos a otros, y el hecho de haber venido a la tierra no debería cambiar nuestros pensamientos ni nuestros sentimientos. Debemos amarnos unos a otros aquí de la misma manera que cuando vivíamos con amor y felicidad en nuestro hogar celestial.
EL SIGNIFICADO DEL AMOR REVELADO MEDIANTE UN SUEÑO
El Señor me ha revelado, mediante sueños, algo más de lo que jamás había comprendido o sentido acerca del amor a Dios y del amor a mis semejantes. Creo en los sueños, hermanos y hermanas. El Señor me ha dado sueños que, para mí, son tan reales y provienen tanto de Dios como el sueño del rey Nabucodonosor Dan. 2:1, que fue el medio para salvar a una nación del hambre Gén. 41:1, o el sueño de Lehi, quien, mediante un sueño, condujo a su grupo fuera de la tierra de sus antepasados, a través del inmenso mar hasta esta tierra prometida 1 Ne. 2:1, o cualquier otro sueño del que leemos en las Escrituras.
No es impropio que tengamos sueños importantes, pues leemos en las Escrituras:
Y acontecerá en los postreros días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños Hechos 2:17
Hace más de cuarenta años tuve un sueño que estoy seguro de que provenía del Señor. En ese sueño me encontraba en presencia de mi Salvador, que estaba suspendido en el aire. No me dijo palabra alguna, pero mi amor por Él era tal que no tengo palabras para explicarlo. Sé que ningún hombre mortal puede amar al Señor como yo experimenté ese amor por el Salvador, a menos que Dios se lo revele. Yo habría permanecido en Su presencia, pero había un poder que me alejaba de Él; y, como resultado de aquel sueño, tuve este sentimiento: que, sin importar lo que se requiriera de mí, lo que el Evangelio pudiera exigirme, haría lo que se me pidiera, aun hasta dar mi vida Juan 15:13
Por eso, cuando leemos en las Escrituras lo que el Salvador dijo a Sus discípulos:
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; […] voy, pues, a preparar lugar para vosotros. […] para que donde yo esté, vosotros también estéis Juan 14:2–3
Pienso que allí es donde quiero estar. Si tan solo puedo estar con mi Salvador y tener ese mismo sentimiento de amor que tuve en aquel sueño, ese será el objetivo de mi existencia, el deseo de mi vida.
LA OBLIGACIÓN DE AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
Luego, hace algunos años, al concluir una conferencia de la Estaca St. Johns, habíamos tenido, a mi parecer, una conferencia maravillosa, y me sentía muy feliz al acostarme. Me alojaba en la casa del presidente de estaca, el hermano Levi Udall, y aquella noche tuve un sueño extraordinario. Pocas veces se lo he mencionado a otras personas, pero no sé por qué no habría de hacerlo. Me parece apropiado al hablar de este tema. Soñé que un grupo de mis compañeros y yo nos encontrábamos en un patio, en cuyo perímetro había soldados alemanes; y el Führer Adolf Hitler estaba allí con su grupo, y parecían estar afilando sus espadas, limpiando sus armas y preparándose para alguna clase de matanza o ejecución. No sabíamos qué sería, pero, evidentemente, nosotros éramos los destinatarios. Sin embargo, al poco tiempo se formó un círculo, y aquel Führer y sus hombres estaban todos dentro del círculo, mientras que mi grupo y yo estábamos alrededor, por fuera; y él estaba sentado dentro del círculo, de espaldas al exterior. Cuando caminábamos alrededor y llegué directamente frente a él, entré en el círculo, me acerqué adonde estaba sentado y le hablé más o menos así:
«Soy tu hermano. Tú eres mi hermano. En nuestro hogar celestial vivíamos juntos en amor y paz. ¿Por qué no podemos vivir así aquí en la tierra?».
Y me pareció que sentía dentro de mí, brotando en mi alma, amor por aquel hombre; y podía sentir que él estaba experimentando lo mismo. Al poco tiempo se levantó, nos abrazamos y nos besamos con un beso de afecto.
Luego cambió la escena, de modo que nuestro grupo estaba dentro del círculo, y él y su grupo estaban fuera; y, cuando llegó hasta donde yo estaba de pie, entró en el círculo y volvió a abrazarme con un beso de afecto.
Creo que el Señor me dio aquel sueño. ¿Por qué habría de soñar con ese hombre, uno de los mayores enemigos de la humanidad y uno de los más inicuos, si no fuera para que el Señor me enseñara que debo amar a mis enemigos Mateo 5:44 y que debo amar tanto a los inicuos como a los buenos?
Ahora bien, ¿a quién hay en este vasto mundo a quien yo no pudiera amar en esas condiciones, si tan solo pudiera seguir sintiendo lo que sentí entonces? He procurado conservar ese sentimiento y, gracias al Señor, no siento enemistad hacia ninguna persona de este mundo; por mi parte, puedo perdonar a todos los hombres, y soy feliz al hacerlo y por el amor que siento por mis semejantes.
Amo a los santos de Dios, así como amo al Señor y Su obra. Los amo a ustedes, hombres y mujeres fieles que trabajan para el Señor y para sus semejantes.
SE ELOGIA LA FIDELIDAD
Quisiera respaldar lo que dijo el hermano S. Dilworth Young al elogiar a los presidentes de misión de esta Iglesia. Comparto sus sentimientos al respecto. La descripción no fue exagerada, y creo que podríamos hacer una descripción semejante de los presidentes de estaca de esta Iglesia, de los obispos de barrio y de muchos otros hombres y mujeres fieles.
Recuerdo que en una ocasión viajaba en tren a Alberta, Canadá. Al acercarnos a Raymond, soplaba el viento, y había caído una ligera nevada cuya nieve el viento arrastraba; y vi a una mujer con dos o tres niños trabajando entre las remolachas en los campos, y nunca he olvidado el sentimiento que tuve. Aquellas personas trabajaban casi hasta desgastarse las puntas de los dedos para ganarse la vida y, puesto que Dios ha dicho que se le debe dar anualmente una décima parte de su interés D. y C. 119:4 para la edificación de Su reino, cuando reciban sus escasos ingresos, como santos fieles, darán al Señor una décima parte. Y eso está sucediendo por toda esta Iglesia.
Al visitar las estacas y enterarnos de que estos líderes de estaca y de barrio, casi sin excepción, pagan un diezmo íntegro y guardan la Palabra de Sabiduría, cientos de miles de ellos, manifestando su amor por Dios, su fidelidad al guardar Sus mandamientos y su disposición a ayudar a llevar adelante esta gran obra de los últimos días, ¿cómo podríamos hacer otra cosa que amarlos?
Que Dios los bendiga, hermanos y hermanas, por su fidelidad, y que por ella los recompense abundantemente en esta vida y por toda la eternidad, lo ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























