Conferencia General Octubre 1946


Nuestros pensamientos moldean nuestro carácter

Élder Milton R. Hunter
Del Primer Consejo de los Setenta

Nuestros pensamientos moldean nuestro carácter, por lo que debemos cultivar pensamientos puros y enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo, sabiendo que responderemos ante Dios por nuestros pensamientos, palabras y obras.


Mis queridos hermanos y hermanas, con profunda humildad me presento hoy ante ustedes. Llevo en el corazón una oración para que Dios me sostenga y me acompañe en esta ocasión.

CUAL ES SU PENSAMIENTO

La antigua declaración: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él»  Prov. 23:7 es una verdad divina, sublime y eterna. Cada acto que hemos realizado y cada palabra que hemos pronunciado han sido el resultado de nuestros pensamientos. El carácter de ustedes y el mío son hoy el resultado de la suma de todos nuestros pensamientos. Por lo tanto, el hombre es literalmente lo que piensa. Toda planta brota de su semilla. Así sucede con las obras del hombre. Cada uno de sus actos brota de las semillas ocultas del pensamiento. Nuestra mente es como un jardín fértil. Si plantamos en ese jardín semillas de pensamientos impuros y profanos, estas crecen como malezas y desplazan lo que es puro y noble. En esas condiciones, nuestra vida se llena de acciones inmundas, impías e inmorales. Pablo, el antiguo apóstol cristiano a los gentiles, advirtió a la humanidad que no sembrara malos pensamientos, que siempre dan como resultado obras inicuas.

No os engañéis; Dios no puede ser burlado, porque todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna  Gál. 6:7–8

En mi humilde opinión, no hay un solo pasaje de las Escrituras que hiciera más por salvar al mundo de la miseria y la destrucción si la familia humana obedeciera su exhortación. Si de pronto se quitaran a los seres mortales todas las Santas Escrituras salvo un solo pasaje, y se me pidiera que escogiera el que considerara de mayor beneficio para la familia humana, creo que elegiría esa declaración de Pablo. Además, imprimiría esa declaración de manera indeleble en un gran cartel y la mantendría continuamente ante los ojos de las personas.

Los seres humanos somos tan propensos a adularnos unos a otros y a emplear el arte de los sofismas que no siempre es posible determinar con exactitud la verdadera medida del carácter por las palabras que pronunciamos. Nosotros, los adultos, no somos como los niños pequeños. Ellos son francos y sinceros al expresar sus opiniones. Quizá esa sea una de las razones por las que Jesús declaró que, a menos que nos hagamos como niños pequeños, no podremos entrar en el reino de los cielos  Mateo 18:3

EL CARÁCTER ES LA SUMA TOTAL DE LOS PENSAMIENTOS

Por lo tanto, la única medida segura del carácter es la suma total de todos nuestros pensamientos. Se ha afirmado que, si pudiéramos mirar en el corazón y la mente de los niños y las niñas y percibir sus pensamientos —especialmente cuando su mente divaga sin disciplina, al margen de sus tareas diarias asignadas—, tendríamos un criterio bastante seguro para juzgar su futura felicidad y pesar. Es un hecho bien conocido que, cuando los pensamientos se convierten en acciones, el gozo y el pesar son los resultados. Así, se le puede decir a un joven o a una jovencita: «Dime cuáles son tus pensamientos y te diré cuál será tu futuro».

Jesús, el Maestro de la vida y de la salvación, proclamó:

[…] porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas, y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas  Mateo 12:34–35

Puesto que todo lo malo y todo lo bueno de la naturaleza humana procede del corazón del hombre, tendremos que rendir cuentas ante el tribunal de Dios por todo lo que salga del corazón. De hecho, el plan de salvación del Evangelio proclama que todo hombre y toda mujer que tengan el albedrío para escoger el camino que seguirán, y que estén en pleno uso de sus facultades mentales y sean capaces de tomar decisiones, son responsables de los actos que cometan. Dios, nuestro Padre Eterno, es a la vez misericordioso y justo. Es muy misericordioso por haber dado el Evangelio a la familia humana; y, para ser completamente justo, requiere que cada uno de nosotros obedezca toda palabra que haya salido de Su boca.

SOMOS RESPONSABLES DE NUESTRAS PALABRAS Y NUESTROS ACTOS

Alma hijo, un gran profeta y maestro nefita, declaró que todos los hombres, mujeres y niños que vienen a este mundo mortal finalmente seremos «llevados ante el tribunal de Dios, para ser juzgados según nuestras obras»  Alma 12:12. Si hemos llevado una vida inicua durante nuestra existencia terrenal, según este profeta nefita, en el día del juicio:

[…] nuestras palabras nos condenarán, sí, todas nuestras obras nos condenarán; no nos hallaremos sin mancha; y nuestros pensamientos también nos condenarán  Alma 12:14

En el día del juicio, tan grande será la vergüenza de quienes hayan llevado una vida inicua durante su existencia terrenal que clamarán para que los montes caigan sobre ellos y los escondan de la presencia de Dios  Apoc. 6:16. Pero eso no podrá suceder. Toda persona tendrá que reconocer que Jesús es el Cristo, el Salvador del mundo, y que Sus juicios son justos y verdaderos  Deut. 32:4  Apoc. 15:3

Alma no fue el único profeta de Dios que declaró que tendremos que responder por cada acto que cometamos, por cada palabra que pronunciemos y por cada pensamiento que tengamos. Jesús, que es el gran Juez, Legislador y Salvador del mundo, proclamó que tendremos que rendir cuentas por los pensamientos secretos de nuestro corazón. También declaró:

Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado  Mateo 12:36–37

El Salvador también afirmó que todos nuestros secretos finalmente se harán públicos. Cito Sus palabras exactas:

Porque nada hay encubierto que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, las cosas que habéis dicho en tinieblas, a la luz serán oídas; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, será proclamado en las azoteas  Lucas 12:2–3

Si es cierto que nuestros malos pensamientos no expresados quedan registrados en nuestra contra, ¿no será igualmente cierto que todos nuestros buenos pensamientos no expresados —la bondad, la ternura, la comprensión, la compasión, el amor, la belleza y la caridad que entran en nuestro pecho y hacen que el corazón palpite con una bondad silenciosa— también serán recordados en la presencia de Dios? Sí, creo firmemente que todos nuestros buenos impulsos y pensamientos serán recordados por el Señor tanto como el mal que hayamos pensado, dicho o hecho; y, ciertamente, puesto que Dios es nuestro amoroso Padre, recordará el bien con mayor satisfacción y gozo que el mal.

TENGAMOS PENSAMIENTOS PUROS

Mis amigos, nos será de gran provecho refrenar nuestros labios, como enseñó tan claramente Santiago, el antiguo escritor cristiano. «[…] Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo». […] Porque la lengua sin freno «es un fuego, un mundo de maldad»  Santiago 3:2, 6

Si es provechoso refrenar nuestros labios, es igualmente provechoso, y aun más, cuidar nuestros pensamientos, pues cada palabra que pronunciamos va precedida de un pensamiento. Nosotros, como santos del Altísimo, debemos acostumbrarnos en todo momento a tener pensamientos tan puros que, si nuestra mente y nuestro corazón quedaran expuestos ante el mundo, no apareciera nada que, al salir a la luz, nos hiciera sonrojar. Puesto que la clave de toda persona son sus pensamientos, debemos comprender cabalmente que nuestros pensamientos habituales determinarán por completo nuestro carácter, pues el alma verdaderamente se tiñe con los pensamientos. Por lo tanto, el pensamiento y el carácter son uno. Nuestra reputación es lo que los hombres creen que somos, pero nuestro carácter es lo que Dios y los ángeles realmente conocen de nosotros. El Señor nos dio en la revelación moderna la clave mediante la cual podemos edificar una vida de rectitud:
Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás  D. y C. 121:45–46

Si hiciéramos lo que el Señor ha mandado, podríamos tener la seguridad de recibir bendiciones en gran abundancia. Sin duda, entonces podríamos cantar con el salmista de antaño:

¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón, el que no ha elevado su alma a la vanidad ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de su salvación  Sal. 24:3–5

Dios nos ha revelado, como Santos de los Últimos Días, el verdadero plan de salvación; por lo tanto, no solo tenemos la oportunidad, sino que, según la revelación moderna, cada uno de nosotros tiene el deber de «servirle con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día»  D. y C. 4:2. Prestemos atención a la solemne advertencia que se encuentra en Eclesiastés, una de las declaraciones más importantes del Antiguo Testamento:

La conclusión de todo el asunto que se ha oído es esta: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, sea buena o sea mala  Ecl. 12:13–14

LAS RAÍCES DEL PECADO ESTÁN EN NUESTROS PENSAMIENTOS

A lo largo de la historia, los hombres de Dios se han esforzado intensamente por reformar a las personas que se han apartado de la senda de la verdad hacia los senderos del pecado. El arrepentimiento ha sido su tema. Es cierto que el arrepentimiento es el único camino de regreso del pecado a Dios; pero, cuando alguien se ha sumido en la iniquidad, el arrepentimiento es un proceso largo y difícil. El Maestro de maestros comprendía la formación del carácter con mayor profundidad que cualquiera de los otros grandes maestros de la historia. Él declaró:
Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón  Mateo 5:27–28

En esta y otras declaraciones semejantes, Jesús afirmó que las raíces del pecado están en nuestros pensamientos. Siendo esto cierto, el momento apropiado para reformar a las personas no es después de que hayan adquirido hábitos de pensamiento, sino que debemos enseñar a nuestros hijos, mientras están en la niñez y la juventud, a tener únicamente pensamientos puros y nobles. En esa etapa, su mente es limpia y maleable, y nos es posible plantar con mayor facilidad en su corazón semillas de pureza, verdad y rectitud. Ciertamente, como expresó acertadamente el autor del proverbio:
Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él  Prov. 22:6

LA RESPONSABILIDAD DE DESARROLLAR HÁBITOS CORRECTOS

Padres de Israel, sobre cada uno de nosotros descansa la gran responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a desarrollar hábitos correctos de pensamiento. El Salvador nos ha dado la responsabilidad de ser los principales encargados de enseñar a nuestros hijos el plan de salvación del Evangelio. Tiemblo al comprender la responsabilidad que tengo como padre. Cito uno de los mandamientos:
Y además, si hay padres que tengan hijos en Sion o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres. Porque esta será una ley para los habitantes de Sion, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado. Y sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos. Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor  D. y C. 68:25–28

Maestros de toda la Iglesia que trabajan en los Seminarios e Institutos de Religión, en las Escuelas Dominicales, en las Primarias y en las clases del sacerdocio, sus oportunidades y responsabilidades son tan grandes como cualesquiera que puedan descansar sobre los hombros de los hombres. A su cuidado se confía nuestra bendición más preciada: nuestros hijos e hijas. Es su deber y llamamiento ayudar a los padres de Israel a plantar en el corazón de los jóvenes de la Iglesia semillas de pensamiento que broten en obras de rectitud. ¿Qué mayor llamamiento podrían tener los hombres y las mujeres que el de moldear el carácter? Que Dios los bendiga en sus nobles llamamientos; y que nos bendiga continuamente a cada uno de nosotros para que tengamos pensamientos puros y santos, pues «cual es su pensamiento en su corazón, tal es él»  Prov. 23:7

Para concluir, deseo dar testimonio de que sé que Dios vive y que es, en verdad, nuestro Padre Eterno; que Jesús es el Cristo, el Salvador del mundo; y que José Smith es el Profeta a quien Dios preordenó y envió al mundo en los últimos días para establecer la única Iglesia verdadera de Jesucristo, Iglesia que está investida de poder de lo alto para llevar la salvación a la familia humana. También doy testimonio de que el presidente George Albert Smith es asimismo un profeta del Altísimo y de que posee las llaves del sacerdocio, tal como las han poseído los otros santos profetas. Ruego humildemente que Dios nos bendiga a todos, en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.

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