Conferencia General Octubre 1946


Un principio de vital importancia: el matrimonio

Élder Joseph Fielding Smith
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El matrimonio eterno, celebrado conforme a la ley de Dios, es esencial para recibir la plenitud de las bendiciones del Evangelio y conlleva responsabilidades sagradas para los cónyuges y los padres.


Mis amados hermanos y hermanas: Con la ayuda del Señor, espero presentarles uno de los principios de mayor importancia relacionados con el Evangelio de Jesucristo. Y, a fin de exponerlo debidamente, tengo la intención de leer declaraciones del presidente Brigham Young y de otras Autoridades, porque sus palabras tendrán mucho más peso que cualquier cosa que yo pudiera decir. Voy a hablar del matrimonio.

EL CONSEJO DEL PRESIDENTE BRIGHAM YOUNG SOBRE EL MATRIMONIO

El presidente Brigham Young, al dar un consejo a los miembros de la Iglesia, dijo:
Cuando un hombre y una mujer han recibido sus investiduras y sellamientos, y después les nacen hijos, esos hijos son herederos legítimos del reino y de todas sus bendiciones y promesas, y son los únicos que lo son en esta tierra. No hay un joven en nuestra comunidad que no estuviera dispuesto a viajar desde aquí hasta Inglaterra para casarse de la manera debida, si comprendiera las cosas como son; no hay una joven en nuestra comunidad que ame el Evangelio y desee sus bendiciones que se casara de otra manera; permanecerían solteras hasta […] tener la edad que tenía Sara antes de que le naciera Isaac. Muchos de nuestros hermanos han casado a sus hijos sin tomar esto en consideración, pensando que era un asunto de poca importancia. Ojalá todos comprendiéramos esto a la luz en que los cielos lo comprenden (Discursos de Brigham Young, págs. 195–196, edición de 1934).

También dijo:
Tengan cuidado, oh madres de Israel, y no enseñen en lo futuro a sus hijas, como a muchas de ellas se les ha enseñado, a casarse fuera de Israel. ¡Ay de ustedes que lo hagan! Perderán sus coronas, tan cierto como que Dios vive (Ibid.).

Ahora bien, yo difícilmente me atrevería a decir eso. También dijo:
¿Cuál fue la causa de la primera maldición, o de una de las primeras, que sobrevino a Israel? Se lo diré. Una de las primeras transgresiones de la familia llamada Israel fue acudir a otras familias o a otras naciones para escoger cónyuges. Este fue uno de los grandes errores que cometieron los hijos de Abraham, Isaac y Jacob, pues iban y se casaban con personas de otras familias, aunque el Señor se lo había prohibido y les había dado una ley muy estricta y rigurosa al respecto. Les mandó que no se casaran entre los gentiles  Deut. 1:1–6, pero lo hicieron y persistieron en hacerlo. Puesto que no querían hacer lo que Él les requería, les dio lo que yo llamo una porción de la ley de los mandamientos carnales. Esta ley les indicaba con quiénes podían casarse y con quiénes no. El Salvador y Sus apóstoles se refirieron a ella, y era un yugo gravoso que colocar sobre el cuello de cualquier pueblo; pero, como los hijos de esta familia iban en pos de Babilonia, y del orgullo, la vanidad y los males del mundo, y procuraban introducirlos en Israel, el Señor consideró conveniente imponerles esta carga (Ibid., págs. 196–197).

También dijo:
¿Qué sucede con ustedes, hermanas? ¿Distinguen entre un hombre de Dios y un hombre del mundo? Una de las cosas más extrañas que encuentro en mi existencia es pensar que algún hombre o alguna mujer pueda amar a un ser que no acepte la verdad de los cielos. El amor que produce este Evangelio está muy por encima del amor de las mujeres; es el amor de Dios, el amor de la eternidad, de las vidas eternas (Ibid.).

EL CONSEJO DE CASARSE DENTRO DE LA IGLESIA

Ahora, estas palabras del presidente Joseph F. Smith:
Preferiría ir yo mismo a la tumba antes que estar unido a una esposa fuera de los vínculos del nuevo y sempiterno convenio. Así de sagrado lo considero; pero algunos miembros de la Iglesia no ven el asunto de esa manera. Algunas personas creen que no hay mucha diferencia entre que una joven se case con un hombre de la Iglesia, lleno de fe en el Evangelio, o con un incrédulo. Algunos de nuestros jóvenes se han casado fuera de la Iglesia; pero muy pocos de los que lo han hecho han dejado de sufrir pesar. Me gustaría ver que los hombres Santos de los Últimos Días se casaran con mujeres Santos de los Últimos Días; que los metodistas se casaran con metodistas, los católicos con católicos y los presbiterianos con presbiterianos, y así sucesivamente. Que permanezcan dentro de los límites de su propia fe e iglesia, y se casen entre sí allí, y que los Santos de los Últimos Días hagan lo mismo en su Iglesia. Entonces veremos a quién le va mejor al final. (Doctrina del Evangelio, pág. 380, edición de 1919).

Estas palabras son del élder Orson Pratt, quien las pronunció por asignación y con la aprobación del presidente Brigham Young:
No podemos sentirnos justificados al concluir este artículo sobre el matrimonio sin dirigir unas palabras a las mujeres solteras de esta Iglesia.

(Permítanme detenerme aquí un momento para decir que, aunque él se dirige a las mujeres, esto se aplica igualmente a los hombres, y bien podríamos emplear ese término en lugar de hablar de las mujeres; así que ténganlo presente).

Comprenderán claramente, por la revelación que Dios ha dado, que nunca podrán obtener una plenitud de gloria sin estar casadas con un hombre justo por esta vida y por toda la eternidad. Si se casan con un hombre que no acepta el Evangelio, ponen el fundamento del pesar en este mundo, además de perder el privilegio de disfrutar de la compañía de un esposo en la eternidad. Renuncian a su derecho a un aumento sin fin de vidas inmortales. E incluso los hijos con que sean favorecidas en esta vida no les serán confiados a su cuidado en la eternidad, sino que quedarán en aquel mundo sin esposo, sin familia, sin reino, sin medio alguno de aumentar, sujetas a los principados y potestades que sean considerados dignos de familias, reinos, tronos y del aumento de dominios para siempre. Para ellos serán siervas y ángeles, siempre que su conducta sea tal que les asegure esa medida de gloria. ¿Es posible que alguna mujer, después de conocer estas cosas, consienta en mantener una relación de noviazgo con personas que no pertenecen a esta Iglesia?

No importa cuán elevada sea la moralidad de esas personas ni cuán bondadosas sean con ustedes; no se cuentan entre el pueblo de Dios; no están en el camino de la salvación, no pueden salvarse a sí mismas ni a sus familias y, después de lo que Dios ha revelado sobre este asunto, ustedes no pueden justificarse ni por un momento al mantener una relación de noviazgo con ellas. Sería infinitamente mejor que padecieran pobreza y tribulación con el pueblo de Dios antes que ponerse bajo el poder de quienes no quieren aceptar la gran verdad de los cielos. Al casarse con un incrédulo, se colocan en abierta desobediencia al mandamiento de Dios que requiere que Su pueblo se congregue. ¿Esperan ser salvas mientras violan directamente el mandamiento de los cielos? (Millennial Star, XV: 584).

SOLO LOS CONVENIOS ESTABLECIDOS POR DIOS SON ETERNOS

Tengo otras citas sobre otro aspecto, pero ahora quiero referirme a lo que el Señor ha dicho en una revelación a la Iglesia.

¿Aceptaré una ofrenda, dice el Señor, que no se haga en mi nombre? ¿O recibiré de vuestras manos lo que yo no haya señalado? ¿Y os he de señalar algo, dice el Señor, salvo que sea por ley, tal como yo y mi Padre os decretamos, antes que el mundo fuese? Soy el Señor tu Dios; y te doy este mandamiento: Que ningún hombre vendrá al Padre sino por mí o por mi palabra, la cual es mi ley, dice el Señor. Y en cuanto a todo lo que hay en el mundo, sea ordenado por los hombres, por tronos, por principados, o potestades, o cosas de renombre, cualesquiera que fueren, que no sean por mí ni por mi palabra, dice el Señor, serán derribados y no permanecerán después que mueran los hombres, ni en la resurrección ni después, dice el Señor tu Dios. Porque todo lo que permanece es por mí; y lo que no sea por mí será sacudido y destruido  D. y C. 132:9–14

Ahora bien, desafío a cualquier persona sobre la faz de la tierra a que refute este argumento. Digo que es sólido. Es de sentido común. Es el Evangelio de Jesucristo. No puede rebatirse con éxito. Siendo esto cierto, el Señor dice:
Por consiguiente, si un hombre se casa con una mujer en el mundo, y no se casa con ella por mí ni por mi palabra, y hace convenio con ella mientras él esté en el mundo, y ella con él, ninguna validez tendrán su convenio y matrimonio cuando mueran y estén fuera del mundo; por tanto, no están ligados por ninguna ley cuando están fuera del mundo. Así que, cuando están fuera del mundo ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son nombrados ángeles en el cielo, ángeles que son siervos ministrantes para ministrar a aquellos que son dignos de un grado de gloria mucho mayor, extraordinario y eterno  D. y C. 132:15–16

LA IMPORTANCIA DEL MATRIMONIO ETERNO

Hay mucho más aquí, y ustedes lo conocen. No necesito leerlo, pero quiero llamar su atención sobre el hecho de que muchas de nuestras hermosas jovencitas y de nuestros excelentes jóvenes que han nacido en el convenio se están casando fuera de la Iglesia y fuera del templo de Dios. Además, al leer los periódicos he descubierto que los padres de muchos de estos jóvenes parecen alegrarse por ello, y por eso publican extensos artículos y hermosas fotografías en los periódicos sobre los festejos y las recepciones que se ofrecerán, y parecen sentirse muy orgullosos de que sus hijas o sus hijos vayan a casarse y de que los vaya a casar algún ministro de otra iglesia, o quizá un obispo de esta Iglesia que solo puede casarlos por esta vida —no puede casarlos por la eternidad—, y parecen estar felices por ello. No sé cómo pueden estarlo, ante todo lo que el Señor ha revelado. Porque todo contrato, todo vínculo, todo convenio que se haga y que no esté de acuerdo con la voluntad y el mandamiento del Señor, ni tenga vigencia por Su ley, necesariamente llegará a su fin  D. y C. 132:7. Estos jóvenes que ahora parecen tan felices, cuando se levanten en la resurrección y se vean en la condición en que se encontrarán, entonces habrá llanto, lamentos, crujir de dientes y amargura de alma, y se lo habrán acarreado ellos mismos por su falta de fe y de comprensión del Evangelio y, lamento decirlo, por el estímulo que muchas veces han recibido de sus propios padres.

Estoy plenamente convencido de que los padres no están enseñando a sus hijos en el hogar la importancia del matrimonio tal como el Señor lo ha revelado. En el mundo tienen una idea falsa del matrimonio porque no cuentan con la guía del Espíritu Santo y no pueden comprender ni interpretar debidamente las Escrituras.

El primer matrimonio que se celebró en este mundo, es decir, permítanme decir en esta tierra; no en este mundo, sino en esta tierra, se celebró antes de que hubiera muerte alguna. Lo que el Señor dijo al responder a la pregunta de los judíos:
[…] Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre  Mateo 19:6 no significa ni más ni menos que esto: que, cuando Dios une en matrimonio, el hombre no puede separar esa unión. Y el Señor nunca hace nada solo por esta vida. Todo es para la eternidad.

EL TEMPLO ES PARA LOS MIEMBROS DIGNOS

A quienes se conforman con un matrimonio solo por esta vida, quiero elevar una voz de amonestación, tanto a los padres como a los hijos que tienen esa idea. Por supuesto, hay personas que no son dignas de ir al templo y, por lo tanto, no deben ir al templo. Nadie debe ir al templo excepto quienes sean dignos, como ha dicho el Señor, quienes «vencen por la fe», y están limpios y son justos y fieles  D. y C. 76:53. Entonces pueden ir al templo. Si son impuros, si carecen de fe, es mejor que no entren hasta que tengan fe y estén limpios.

Quería decir esas pocas cosas.

EL MANDAMIENTO DEL SEÑOR DE MULTIPLICARSE

Ahora, dedicaré un momento o dos a otro asunto estrechamente relacionado con este. Cuando los jóvenes se casan de la manera debida, el Señor les manda multiplicarse  Gén. 1:28. Ahora bien, eso no concuerda con las enseñanzas del mundo ni con sus prácticas, especialmente con sus prácticas; por eso quiero leer ahora uno o dos pasajes más; este es del presidente Young:
Hay multitudes de espíritus puros y santos que esperan recibir cuerpos físicos; ahora bien, ¿cuál es nuestro deber? Preparar cuerpos físicos para ellos; proceder de una manera que no tienda a llevar a esos espíritus a las familias de los inicuos, donde se les instruirá en la iniquidad, el libertinaje y toda clase de delitos. Es deber de todo hombre y de toda mujer justos preparar cuerpos físicos para tantos espíritus como puedan.

Frenar el crecimiento de nuestra raza tiene sus defensores entre los círculos influyentes y poderosos de la sociedad de nuestra nación y de otras naciones. La misma práctica existía hace cuarenta y cinco años, y las personas casadas recurrían a diversos medios para evitar los gastos y las responsabilidades de una familia con hijos, que necesariamente habrían tenido si hubieran permitido que las leyes de la naturaleza prevalecieran. Lo que entonces se practicaba con temor y contra los reproches de la conciencia ahora se proclama abiertamente como uno de los mejores medios para aliviar las miserias y los pesares de la humanidad. El infanticidio es muy frecuente en nuestra nación. Es un delito que está contemplado por la ley y, por lo tanto, no se practica tan abiertamente como el otro delito igualmente grave que, sin duda, evita en gran medida que se recurra al infanticidio. El modo de vida contrario a la naturaleza, el uso generalizado de narcóticos y el intento de destruir y secar las fuentes de la vida están destruyendo rápidamente al sector estadounidense de la nación; está desapareciendo ante el aumento de una población más sana, robusta, honrada y menos pecaminosa que llega diariamente al país desde el Viejo Mundo (Discursos de Brigham Young, pág. 197, edición de 1943).

Ahora bien, creo que ustedes, obispos, presidentes de estaca y presidentes de los cuórums del sacerdocio, deben considerar estas cosas con sumo cuidado y estar preparados para enseñar al pueblo lo que el Señor desea que se le enseñe; y, cuando nuestros maestros vayan a visitarlos a sus hogares, que les enseñen las revelaciones del Dios viviente y magnifiquen sus llamamientos. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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