Conferencia General Octubre 1946


El albedrío y la defensa de la Constitución

Élder Joseph L. Wirthlin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Preservar el albedrío exige defender la Constitución, la libertad individual y los principios de un gobierno dedicado a servir al pueblo.


Confío sinceramente, mis hermanos y hermanas, en poder disfrutar del Espíritu del Señor durante los breves momentos en que esté ante ustedes.

Estoy profundamente agradecido al Señor porque en esta época y en esta dispensación ha levantado a un Profeta y a los profetas que lo han sucedido. Por medio de estos profetas nos ha dado Su palabra, que abarca todos los aspectos y las actividades de la vida. Pienso ahora particularmente en aquel aspecto de nuestra vida que tiene que ver con las leyes del país. Él nos lo dio a conocer por medio del profeta José:

De acuerdo con las leyes y la constitución del pueblo, que yo he permitido que se establecieran, y que deben preservarse para los derechos y la protección de toda carne, conforme a principios justos y santos; […] Y para este fin he establecido la Constitución de este país, por mano de hombres sabios que levanté para este propósito mismo, y redimí la tierra por el derramamiento de sangre  D. y C. 101:77, 80

EL ALBEDRÍO FRENTE A LA COACCIÓN

He pensado muchas veces en los hombres que Dios escogió en los días de la Revolución para establecer un gobierno, un gobierno basado en el gran principio del albedrío, aquel principio por el que se luchó en los concilios de los cielos cuando dos de los hijos del Señor se presentaron ante Él, uno de ellos proponiendo un plan mediante el cual redimiría a todos los hijos del Señor que vendrían a la nueva tierra, desearan o no la redención; y el otro proponiendo un plan por el cual concedería a cada hombre el albedrío para decidir si seguiría los mandamientos de Dios o los mandamientos del poder contrario. Como resultado de la defensa de estos dos planes, hubo una gran guerra en los cielos, y Lucifer, el hijo de la mañana  Isaías 14:12, fue expulsado; y desde aquel día hasta ahora, estas dos grandes fuerzas han estado en una lucha gigantesca. Jesucristo vino a la tierra y nos dio a todos y a cada uno el derecho y el privilegio de seguir los mandamientos de Dios según lo consideráramos conveniente, mientras que, por otro lado, Satanás ha hecho todo lo que ha estado a su alcance para atrapar las almas de los hijos del Señor y hacer que lo sigan.

Estas dos filosofías se han manifestado en el gobierno. Vemos que en los días de George Washington, en los días de aquellos hombres sabios a quienes el Señor levantó para fundar una república basada en el principio del albedrío, hubo quienes se opusieron a esa idea; hubo quienes lucharon contra los principios defendidos por Washington, Thomas Jefferson y los padres de la Revolución. Y desde aquel día hasta hoy, en todo el mundo, estas dos filosofías han estado luchando entre sí. El Señor dio a José Smith otra revelación, una que debe servirnos de advertencia a todos con respecto al principio de la coacción que defendía Lucifer, pues el Señor dijo:
Y además, os digo que el enemigo en las cámaras secretas busca vuestra vida. Oís de guerras en países lejanos, y decís que pronto habrá grandes guerras en países lejanos, mas no conocéis el corazón de los hombres en vuestro propio país  D. y C. 38:28–29

TENDENCIAS PELIGROSAS EN EL GOBIERNO

Estoy seguro, hermanos y hermanas, de que esta revelación se aplica a estos días y a esta época. Mientras nuestra atención se dirige a los países extranjeros donde ha habido guerras y donde todavía las hay, dentro de las propias fronteras de esta gran república hay quienes quisieran cambiar nuestra forma de gobierno e imponernos el mismo tipo de gobierno que Lucifer propuso en los concilios de los cielos.

Ahora bien, aquellos hombres sabios a quienes el Señor levantó en los días de Washington, Jefferson, Franklin, Robert Morris y Hamilton nos proporcionaron un modelo de gobierno que seguir, un modelo de gobierno que nos ha traído numerosas bendiciones, una forma de gobierno que nos ha convertido en la nación más fuerte y, permítanme decirlo, más rica del mundo, porque se ha fundado en el principio del albedrío. Cada persona ha tenido el derecho de hacer lo que ha deseado en los campos de la industria, la agricultura o cualquier otro. Ha tenido el derecho de adorar a Dios conforme a los dictados de su propia conciencia. Ha tenido el derecho de poseer bienes. Ha tenido el derecho de expresarse como le parezca y ha disfrutado del privilegio de una prensa amplia y libre. Pero, por otro lado, vemos que la filosofía del maligno pretende enseñarnos que, después de todo, nuestro gobierno debe centralizarse en manos de uno o dos hombres. Algunos abogan por cambiar nuestra forma de gobierno. Abogan por someter la industria y el trabajo a un control rígido. Abogan por que el gasto deficitario sea el camino seguro hacia la prosperidad. Quisieran desvirtuar la Constitución. Se han esforzado, por medio de los diversos sistemas educativos de este gran país, por enseñarnos doctrinas contrarias a las doctrinas y los principios sobre los que se funda esta gran república. Quisieran restringir nuestra libertad de culto. Quisieran quebrantar las relaciones familiares. Así pues, al comparar estos dos grandes sistemas, podemos ver claramente que no son sino una continuación de aquella gran batalla que tuvo lugar en el mundo de los espíritus.

Cuando pienso en estos hombres sabios, George Washington, Jefferson y Franklin, pienso en hombres que fueron siervos de Dios, levantados con el propósito de establecer la Constitución y este gran gobierno. Thomas Jefferson fue investido de lo alto con poder profético. Si estudian las Doctrinas de la democracia que Thomas Jefferson defendía hace ciento treinta años, descubrirán que en muchos aspectos nos hemos apartado de los principios que nos hicieron una nación grande y poderosa.

DECLARACIÓN DE JEFFERSON SOBRE EL GOBIERNO CENTRALIZADO

Quienes quisieran cambiar nuestra forma de gobierno centralizarían todos sus poderes y funciones en manos de unos pocos. Acudamos a este hombre de Dios, Thomas Jefferson, a quien el Señor levantó para ayudar a establecer esta gran república. ¿Qué dijo Jefferson con respecto al gobierno centralizado?

Nuestro país es demasiado grande para que todos sus asuntos sean dirigidos por un solo gobierno, y ciertamente creo que, si prevaleciera el principio de que un derecho común rigiera en los Estados Unidos, este llegaría a ser el gobierno más corrupto de la tierra. ¡Cuánto se ampliaría el campo para los manejos interesados, la especulación, el saqueo, la creación de cargos públicos y la búsqueda de esos cargos si todos los poderes de los estados pasaran a manos del gobierno general! La verdadera teoría de nuestra Constitución es, sin duda, la más sabia y la mejor: que los estados sean independientes en todo lo que concierne a sus asuntos internos, y estén unidos en todo lo que respecta a las naciones extranjeras.

A lo largo de los años transcurridos, los estados han cedido muchos de sus derechos al gobierno federal. Como resultado, nos estamos convirtiendo, en muchos aspectos, en una nación sometida a una estrecha supervisión. Este hombre de Dios comprendía esto y nos advirtió y previno para que protegiéramos nuestros derechos como estados y como personas.

Jefferson previó el momento en que, si se reglamentaban nuestros negocios y todas nuestras actividades, llegaría un día de hambre. Les leeré una de sus declaraciones: «Si desde Washington se nos indicara cuándo sembrar y cuándo cosechar, pronto nos faltaría el pan».

Estamos viviendo precisamente en esos días. Hemos visto la escasez de pan; hemos visto la escasez de carne; hemos visto la escasez de azúcar; hemos visto la escasez de muchos de los artículos de primera necesidad. Estoy seguro de que este sabio hombre de Dios disfrutaba de la inspiración del espíritu de profecía cuando hizo la declaración anterior.

Hay quienes quisieran cambiar nuestra forma de gobierno y someternos a un control rígido en todas nuestras actividades. No pasaría mucho tiempo antes de que se llamara a los hombres a realizar trabajos, estuvieran o no capacitados para hacerlos. Se les impondría el yugo del trabajo sin oportunidad alguna de expresar sus propios deseos. La servidumbre pronto dominaría la vida de las personas.

Además, este sabio hombre de Dios vio que, si alguna vez llegara el momento en que se nos sometiera a un control rígido, perderíamos nuestra independencia y todas las bendiciones que nos han llegado por medio de la Constitución de los Estados Unidos. Dijo lo siguiente al hablar de ese control rígido, que no es ni más ni menos que nazismo, comunismo o fascismo, las formas de gobierno que han encadenado a los pueblos de Alemania, Rusia, Italia y otras naciones. Si adoptáramos «ismos» extranjeros,

[…] sucederá como en Europa, donde todo hombre debe ser lucio o gobio, martillo o yunque. Nuestros funcionarios y los suyos son productos del mismo taller, hechos de los mismos materiales y por la misma mano. Si los estados contemplan con apatía este silencioso descenso de su gobierno al abismo que habrá de tragárselo todo, solo nos quedará llorar por la naturaleza humana, que parece no poder ser controlada sino con una vara de hierro, y por quienes denigran al hombre al considerarlo incapaz de gobernarse a sí mismo.

LA DEUDA TRAE SERVIDUMBRE

Luego están quienes quisieran cambiar nuestra forma de gobierno, esos hombres inicuos de quienes habló el Señor en una revelación al profeta José, diciendo que tramaban y planeaban acabar con lo que el Señor nos había dado; una de sus líneas de ataque es la deuda perpetua. Tal vez les interese saber, y sin duda ya lo saben, que uno de los mayores defensores de uno de estos «ismos», Lenin, el gran revolucionario ruso, dijo: «En cuanto a los Estados Unidos, dejaremos que gasten y gasten hasta llegar a la bancarrota; entonces tomaremos el poder».

¿Qué dijo Thomas Jefferson, este sabio hombre del Señor, con respecto a la deuda perpetua? Dijo:
No me cuento entre quienes temen al pueblo. De él dependemos para conservar la libertad. Y para preservar su independencia, no debemos permitir que nuestros gobernantes nos carguen con una deuda perpetua. Debemos elegir entre la economía y la libertad, o el derroche y la servidumbre.

Espero que no hayamos llegado tan lejos en esta nación nuestra que, por el derroche en que hemos incurrido, nos hayamos acarreado la servidumbre.

Ahora es el momento. Ahora es el momento, si hemos de preservar nuestra independencia y libertad, de hacer saber a aquellos en cuyas manos hemos puesto los asuntos del gobierno que no vamos a tolerar que continúe el gasto desmedido, pues, tan cierto como que esa política continúe, nos enfrentaremos a la bancarrota, y con la bancarrota vendrá esa cosa inevitable y terrible que llamamos revolución. Y con la revolución llega la oportunidad para que quienes, dentro de las fronteras de nuestro país, quisieran destruir nuestro gobierno intervengan y tomen el poder. Ellos también cambiarían nuestra forma de gobierno, y ¿qué dijo este sabio hombre del Señor, Thomas Jefferson, con respecto a ese cambio?

Le dije al presidente Washington que, si pudiera preservarse el equilibrio entre los tres grandes poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, si pudiera mantenerse independiente al poder legislativo, nunca temería el resultado de tal gobierno; pero que no podía dejar de inquietarme al ver que el poder ejecutivo había absorbido al legislativo. Cuando todos los asuntos de gobierno, internos y externos, tanto los pequeños como los grandes, se concentren en Washington como centro de todo poder, quedarán sin efecto los controles previstos de un gobierno sobre otro, y este llegará a ser tan venal y opresivo como el gobierno del que nos separamos.

Hermanos y hermanas, estas son las palabras de uno de los siervos inspirados de Dios, uno de aquellos a quienes Él nos dijo por revelación que había levantado para ayudar a establecer el gobierno de los Estados Unidos.

LOS BENEFICIOS DE LA LIBERTAD

Les pido que comparen los frutos de esta gran república con los de aquellas naciones donde han aceptado, o se les han impuesto, estos «ismos» del maligno. Por ejemplo, los Estados Unidos, con aproximadamente el seis por ciento de la población mundial en el seis por ciento de su superficie, disfrutan del cuarenta y cuatro por ciento de la riqueza productiva del mundo. Treinta millones de familias viven en viviendas estadounidenses valoradas en ciento dos mil millones de dólares. Cultivan seis millones y medio de granjas cuyo valor se calcula en cincuenta y ocho mil millones de dólares. Las familias estadounidenses disfrutan del uso de veinticinco millones de automóviles, diecinueve millones de teléfonos y cuarenta y cinco millones de radios.

Y así podría continuar y señalarles los frutos, los frutos temporales, que hemos recibido por haber tenido el privilegio de vivir bajo un gobierno fundado en el principio divino del albedrío. Después de todo, hermanos y hermanas, estas cifras son un tributo a la sabiduría de nuestro sistema de gobierno, con su libertad y su iniciativa individual, que siempre han sido el impulso de estos logros.

Ahora les pido que comparen estos logros y frutos con los de aquellas naciones que han adoptado un sistema en el que los hombres y las mujeres están sometidos a un control rígido, donde no se atreven a expresar sus pensamientos ni tienen el derecho de adorar a Dios conforme a los dictados de su conciencia. ¿Han logrado resultados semejantes a estos? Ustedes y yo sabemos que no, y que nunca podrán hacerlo, porque mientras la persona esté encadenada, no habrá oportunidad para el progreso individual. Y una de las cosas grandiosas y gloriosas de nuestra república es que la persona es lo que cuenta, y el Estado existe para servirle. No se convierte en un simple peón del Estado ni en un engranaje de una gran máquina; es el fin del gobierno. Y mientras la persona siga siendo el fin de este gran gobierno, pueden tener la plena seguridad de que continuaremos progresando y disfrutaremos en el futuro de todas las bendiciones que hemos tenido en el pasado.

DEBEMOS VALORAR LA CONSTITUCIÓN

Es de vital importancia que en nuestros hogares enseñemos a nuestros hijos que Dios nos dio este gran gobierno y su ley fundamental, que Él inspiró a los hombres que redactaron la Constitución de los Estados Unidos  D. y C. 101:80. ¡Oh, me temo que en nuestras escuelas se presta poca atención a la Constitución! Me temo que nuestros jóvenes y nuestras jovencitas no están aprendiendo mucho acerca de esta gran república y, siendo así, es hora de que en el hogar nosotros, como padres, asumamos la responsabilidad de enseñar a la juventud del país la verdad misma que Dios reveló para el establecimiento de la Constitución de los Estados Unidos y la organización de nuestra república.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS SERVIDORES PÚBLICOS

Es hora de que los servidores públicos consideren el servicio en el gobierno como un llamamiento grande y sagrado, no como uno en el que reciben beneficios especiales para sí mismos, sino como uno en el que están dispuestos a servir al pueblo de la mejor manera posible.

Siempre que pienso en la obligación de servir en el gobierno, me viene a la mente uno de aquellos antiguos patriotas que vivieron poco después de la Guerra de Independencia y antes de la Guerra Civil: Henry Clay. Cuando estaba a punto de dejar el manto que descansaba sobre él como uno de los servidores de su gran estado, dijo:
Puedo apelar con inquebrantable confianza al Árbitro Divino en cuanto a la veracidad de la declaración de que no me ha influido ningún propósito impuro ni ningún motivo personal, de que no he procurado ningún engrandecimiento personal, sino que, en todos mis actos públicos, he tenido la mirada plenamente centrada y un corazón ferviente y devoto, dirigidos y dedicados a lo que, según mi mejor juicio, consideraba el verdadero interés de mi país.

Quisiera Dios que todo servidor público tuviera esa actitud, y estoy seguro de que, si la tuvieran, recibiríamos de sus manos un servicio que perpetuaría y preservaría los grandes principios sobre los que descansa esta república. Hemos sido bendecidos con profetas de Dios que, de cuando en cuando, nos han llamado la atención sobre la Constitución de los Estados Unidos como una revelación de Dios.

Brigham Young declaró lo siguiente, y estoy seguro de que al hacerlo expresó los sentimientos de todos nosotros:

Debemos sostener la Constitución de los Estados Unidos y todas las leyes justas. Nos aferraremos a la Constitución de nuestro país y al gobierno que venere esa carta sagrada de los derechos de los hombres libres y, si fuera necesario, derramaremos nuestra mejor sangre en defensa de todo principio bueno y justo.

Un francés a quien no conozco hizo esta declaración:
Se ha dicho que los Estados Unidos son el único país que pretende escuchar las enseñanzas de sus fundadores como si todavía estuvieran vivos.

Ruego humildemente que hagamos algo más que pretender escuchar las enseñanzas de los fundadores de esta gran nación, que hagamos de sus enseñanzas parte de nuestra religión, a fin de que lleguemos a conocer a estos grandes hombres de los días de la Revolución, los reverenciemos y los honremos como siervos de Dios; ruego que todos lo hagamos, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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