Conferencia General Octubre 1946


Guiar a los jóvenes y rescatar a quienes se han apartado

Élder Thomas E. McKay
Ayudante del Consejo de los Doce Apóstoles

Al guiar y dar responsabilidades a los jóvenes, eliminar las causas del mal y rescatar a quienes se han apartado, ayudamos a las personas a permanecer fieles y a participar en la obra del Señor.


Presidente Smith, consejeros y mis hermanos y hermanas: Desde nuestro regreso de Europa, en la primavera de 1940, he tenido el privilegio de visitar tres de las misiones y casi todas las ciento cincuenta y ocho estacas de la Iglesia, y de participar en sus conferencias trimestrales. Esta es una oportunidad que he apreciado mucho.

RECONOCIMIENTO POR LA BUENA LABOR

Es bueno mantenerse ocupado; al menos, lo es para mí. El trabajo es una gran bendición. Alguien ha dicho que ni siquiera una mula puede dar coces mientras está tirando de una carga. Ha sido muy interesante e instructivo conocerlos mejor a ustedes, excelentes líderes de estaca y de barrio, verlos en acción, observar cómo hacen las cosas y, estaba por decir, cómo algunos de ustedes no las hacen; pero eso no sería justo, porque todos ustedes, hasta donde he podido observar, están realizando una magnífica labor. Por supuesto, algunos lo están haciendo mejor que otros. Por ejemplo, en algunas estacas encontramos muy pocos jóvenes en las reuniones, no solo en nuestras conferencias, sino también en las reuniones sacramentales, mientras que en otras estacas casi la mitad de los asistentes son jóvenes de veintiún años o menos; la mayoría están allí porque se les ha pedido y se les ha preparado para ofrecer la música; a otros se les han dado asignaciones específicas. En algunas conferencias trimestrales hemos tenido hasta trescientos jóvenes que han ofrecido música de excelente calidad. Un coro del Sacerdocio Aarónico, compuesto por doscientas treinta y ocho voces juveniles de timbre claro, interpretó varias selecciones de gran calidad en la sesión general del sacerdocio de la conferencia; uno de los números fue tan sobresaliente que se les pidió repetirlo en la sesión de la noche. Varias estacas tienen coros de entre cincuenta y doscientas cincuenta voces, integrados enteramente por miembros del Sacerdocio Aarónico. En una estaca, un coro de adultos del Sacerdocio Aarónico ofreció al menos parte del programa musical. Permítanme aprovechar esta oportunidad para felicitar al Obispado Presidente de nuestra Iglesia por los magníficos esfuerzos que está realizando en favor tanto de los muchachos como de los hombres del Sacerdocio Aarónico. Después de efectuar un estudio de los miembros del Sacerdocio Aarónico, que mostró que había casi tantos hombres —es decir, mayores de veintiún años— como muchachos menores de veintiún años, se dispusieron a descubrir la causa, el origen de tal situación, y ahora procuran eliminarla. Están colocando una cerca al borde del precipicio. Muchos de ustedes conocen el poema «La cerca o la ambulancia», que ilustra lo que quiero decir con descubrir y eliminar el origen del mal.

«LA CERCA O LA AMBULANCIA»

La comunidad estaba dividida en dos bandos: uno estaba a favor de colocar una cerca alrededor del precipicio; el otro, de tener una ambulancia abajo, en el valle. Y, al parecer, la ambulancia contaba con la mayoría; así que pusieron la ambulancia abajo, en el valle. Entonces un anciano sabio comentó: «Me asombra que las personas presten más atención a remediar las consecuencias que a detener la causa, cuando harían mucho mejor en procurar prevenir».

«Detengamos de raíz todo este daño», exclamó él,
«Vengan, vecinos y amigos, unámonos;
si colocamos una cerca al borde del precipicio, casi podríamos prescindir
de la ambulancia abajo, en el valle».
«Oh, es un fanático», respondieron los demás,
«¡Prescindir de la ambulancia, jamás!
También prescindiría de todas las obras de caridad, si pudiera;
no, las apoyaremos para siempre».
Pero los pocos sensatos, que también son prácticos,
no tolerarán por mucho más tiempo semejante desatino;
creen que es mejor prevenir que curar,
y pronto su bando será el más fuerte.
Es mejor guiar bien a los jóvenes que recuperarlos cuando sean mayores,
pues la voz de la verdadera sabiduría llama:
rescatar a quienes han caído es bueno,
pero es mejor evitar que otros caigan.
Es mejor cerrar la fuente de la tentación y del delito
que librar del calabozo y de las galeras;
es mejor poner una cerca firme en lo alto del precipicio
que una ambulancia abajo, en el valle.

EL OBISPADO PRESIDENTE COLOCA UNA CERCA AL BORDE DEL PRECIPICIO

Un estudio realizado por el Obispado Presidente muestra que, por regla general, los doce muchachos del cuórum de diáconos permanecían activos y eran dignos de ser ordenados maestros, pero algunos se perdían durante su etapa como maestros, y más aún durante su etapa como presbíteros; de ese modo, el grupo de adultos del Sacerdocio Aarónico seguía aumentando, y tanto la Iglesia como el Estado se veían obligados a afrontar mayores gastos y dificultades para proporcionar más ambulancias. El Obispado Presidente está realizando una magnífica labor al eliminar la causa, al colocar una cerca al borde del precipicio. Los obispos de los barrios también están llevando a cabo un programa de asignaciones específicas. El obispo, que es el presidente del cuórum de presbíteros, recibe como grupo a los presbíteros que proceden del cuórum de maestros, y se hace sentir a este grupo de muchachos que pertenecen al obispo, que son su guardia personal especial; además, se les prepara para que se recomiende su ordenación como élderes en grupo, sin que ninguno quede atrás y se sume al número de adultos del Sacerdocio Aarónico, y así pueda reducirse la cantidad de ambulancias.

EL PRIVILEGIO DE VOTAR

Es bueno estudiar las causas. Las llamadas ambulancias están aumentando de muchas maneras, y seguirán haciéndolo hasta que se descubran y eliminen las causas. El voto es un medio muy conveniente que tenemos en este gran país libre para eliminar las causas o fuentes que hacen necesario pagar miles de dólares por ambulancias —ustedes pueden nombrar los males que representan las ambulancias—, y permítanme instar, con todo el énfasis posible, a que cada persona demuestre su aprecio por su ciudadanía en esta tierra de libertad votando cada vez que se presente la oportunidad y contribuyendo así a mantener libre este país. Mis sentimientos acerca del voto son tan profundos que, en ocasiones, cuando veo la indiferencia que manifiestan tantos de los nuestros, desearía que pudiera imponerse alguna sanción a quienes desatienden este derecho otorgado por Dios. Considero que toda persona que tiene derecho a votar y no lo hace no es un ciudadano bueno y leal. Y eso es especialmente cierto en el caso de los miembros de la Iglesia. No solo no son buenos ciudadanos, sino que, en mi opinión, tampoco son buenos Santos de los Últimos Días, y deberían sentirse muy avergonzados.

Quizás sea prudente que, en este punto, vuelva al tema de «La cerca o la ambulancia», tal como lo ejemplifica el Obispado Presidente. Estos hermanos no solo están abordando la causa y cuidando de estos muchachos, sino que también procuran ofrecer un remedio a quienes ya han caído por el precipicio. Han preparado un esquema definido, un curso de estudio y un cancionero; han asignado a estos miembros adultos la responsabilidad de procurar que todos estén cómodos en cuanto a los asientos y la ventilación. A muchos de ellos también se les asignan proyectos de bienestar. En un barrio de una estaca del sur que visité, se informó que todos los miembros adultos del Sacerdocio Aarónico estaban activos. En otra estaca, un barrio envió un grupo bastante numeroso, ocho hombres que se habían preparado y habían demostrado ser dignos de recibir el Sacerdocio de Melquisedec; vinieron juntos al templo y fueron sellados a sus esposas y a sus hijos por la eternidad, y no solamente «hasta que la muerte los separe».

MILITARES QUE HAN REGRESADO

Me alegra mucho que la Presidencia de la Iglesia haya nombrado un comité para atender a nuestros cien mil miembros de las fuerzas armadas. Una vez más, es mejor prevenir que curar. No se puede calcular el bien que este comité y los coordinadores han logrado al rodear con sus brazos a nuestros militares, guiarlos por lugares peligrosos y hablar con ellos en las encrucijadas. También me complace que se haya nombrado al presidente Hugh B. Brown para trabajar en la Universidad Brigham Young y continuar su magnífica labor con los hombres y las mujeres de las fuerzas armadas. Quizás sería conveniente que también se nombrara un comité semejante para atender a los cientos de jóvenes que se encuentran dispersos por todo el país, algunos de ellos lejos de barrios, estacas o ramas organizados, muchos de los cuales ocupan puestos de gran responsabilidad en los negocios, la política, la educación y otras profesiones. Son excelentes jóvenes, inteligentes, y estoy seguro de que los presidentes de misión recibirían con agrado a hombres especialmente capacitados para ayudarlos a ponerse en contacto con estos jóvenes tan inteligentes que, en palabras del Anciano de Tres sabios necios, han llegado a la edad de la razón.

EL PRESIDENTE SMITH: EMBAJADOR DE BUENA VOLUNTAD

Sin duda, vale la pena salvar a estos jóvenes, y me complace mucho que el presidente Smith —nuestro embajador de buena voluntad— esté tomando la iniciativa en este aspecto; con su espíritu bondadoso, tolerante y afable, se ha esforzado por hablar con muchas de estas personas. Conozco personalmente a dos o tres que, gracias al interés del presidente Smith por ellos, ahora están utilizando los talentos con los que han sido abundantemente bendecidos en favor de la Iglesia en lugar de hacerlo en contra de ella. El presidente Smith, al igual que los presidentes que lo han precedido, es el hombre indicado, en el lugar indicado y en el momento indicado. Él es el profeta para nosotros en esta época.

El Salvador también nos dio un magnífico ejemplo que todos debemos seguir. Saulo, otro joven brillante que había llegado a la edad de la razón, estaba tan seguro de sí mismo que perseguía a los cristianos e incluso colaboró en el apedreamiento de uno de los profetas; pero eso no impidió que el Salvador le tendiera la mano y le hablara, y, con el tiempo, Saulo llegó a ser Pablo, uno de los más grandes apóstoles, el gran Apóstol de los gentiles. Nuestro Señor también dejó a las noventa y nueve y halló un gozo supremo al rescatar a la que se había perdido  Mateo 18:12

Que Dios nos bendiga a todos, hermanos y hermanas, con sabiduría, especialmente a ustedes, líderes de estaca y de barrio, en nuestros esfuerzos por descubrir y eliminar las causas, las fuentes del mal, y al mismo tiempo seguir trabajando diligentemente para remediar y eliminar los males que ahora existen, lo ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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